The Legend of Zelda: Breath of the Wild
The Legend of Zelda: Breath of the Wild
Fecha de publicación: 27 de octubre de 2020
Autor: Chris H.
Categoría: Análisis
Fecha de publicación: 27 de octubre de 2020
Autor: Chris H.
Categoría: Análisis

No voy a decir que me sorprenda, pues ya me lo advirtieron antes incluso de comprar la Switch, pero no estamos ante lo que podríamos definir como “un Zelda al uso”. La impresión que tuve al empezar a jugar era que se trataba de un videojuego diferente e independiente, adaptado al universo de esta famosísima saga, con intenciones puramente económicas (¿y/o falta de imaginación?). Algo semejante a lo que ocurrió el siglo pasado con Super Mario Bros 2 (originalmente llamado Super Mario Bros USA), que, para quien no lo sepa, no es más que una adaptación de Yume Kōjō: Doki Doki Panic.

Breath of the Wild ha resultado ser un videojuego de exploración, tanto para Link como para el jugador, quien se encuentra con una experiencia muy diferente a lo que cualquier conocedor de la saga podría esperar de este nuevo título. Quiero tratar de plasmar esa sensación de exploración y descubrimiento en este análisis, por lo que he decidido escribirlo en forma de diario, que iré elaborando tras cada sesión de juego.

En el momento de escribir estas líneas apenas acabo de empezar la aventura, así que estoy expectante por conocer su desarrollo. ¡Comenzamos!

Día 1

Link despierta en un santuario, sin saber cómo acabó ahí ni por qué. Ha perdido la memoria; el clásico recurso, del que, en este caso, no veo motivos para quejarme. Acepto el reto: un nuevo comienzo. Al fin y al cabo, es la base de toda la saga, pese a que insistan en intentar enlazar innecesariamente los diversos capítulos.

La primera sorpresa no tarda en llegar: el juego ha sido doblado al castellano. Aunque la sorpresa no es tanto el idioma en sí, como el hecho de que haya voces en las conversaciones. ¡Un gran paso para la saga! Que debería haber llegado mucho antes, todo sea dicho. El caso es que cambié el idioma de las voces a japonés, así que no puedo opinar mucho sobre el doblaje castellano.

La suave y desconocida voz femenina que lo despierta no tarda en desvanecerse. Link se encuentra, entonces, desorientado, semidesnudo y sin más posesiones que su ropa interior y la piedra Sheikah, un artefacto de una civilización supuestamente extinta.

El inicio bien podría parecer un videojuego de supervivencia, pues Link debe conseguir ropa, armas, comida y materiales. Llama la atención la variedad de objetos que se pueden usar como armas, empezando por un simple palo o un hacha de leñador. Incluso podemos arrebatar las armas a nuestros enemigos y usarlas contra ellos, por lo que nunca nos faltarán en el inventario. Hay que elegir bien, ya que se rompen con el uso, y no es que duren mucho.

El estilo de batalla es una versión mejorada de los últimos Zelda, con un sistema de contraataque muy bien implementado, así como el uso del sensor de movimiento (jugando en Switch Lite, al menos) en el caso del apuntado con arco. Es posible usar el entorno para derrotar a los enemigos, ya sea causando desprendimientos de pesadas rocas o usando una antorcha para quemar la hierba. Esto último es, sin duda, una de las cosas que más me han llamado la atención de mi primer día de juego.

Hay veces en que la acción directa es inevitable, pero, en muchas ocasiones, podemos beneficiarnos del sigilo para aproximarnos en silencio y causar daño letal a los enemigos o capturar animales (todavía no sé bien para qué). En la pantalla se nos indica el nivel de ruido que estamos causando, por lo que no basta con acercanos agachados, sino que hay que mover el stick con mucha delicadeza. Cuando aprendes a usarlo, es muy satisfactorio.

Como ya es habitual, Link cuenta también con distintos artefactos que puede usar tanto en combate como en exploración. El primero es un imán que nos permite mover grandes objetos de metal. El hyliano (raza de Link, para quien no lo sepa) puede crear puentes, arrojar cajas contra enemigos, sacar cofres del agua… Muy útil, y, de nuevo, bien implementado.

Día 2

Hoy me he dedicado a la caza y la cocina. Desde luego, lo último que esperaba en un Zelda. Pero si algo me quedó claro ayer, es que este juego sabe cómo sorprender.

Los animales, así como las plantas, setas, manzanas y demás ingredientes que podamos encontrar durante la exploración, pueden ser mezclados libremente en un caldero, elaborando multitud de platos. Es un proceso sencillo, intuitivo y muy recomendable, ya que obtenemos platos cuyas propiedades superan a las de los ingredientes por separado. Por ejemplo, si tenemos dos ingredientes que, al consumirlos, nos curan medio corazón cada uno, el plato cocinado puede llegar a curarnos un par de corazones. Es decir: el doble que si los comemos por separado. También podemos añadir efectos extra, como menor cansancio al correr. Seguro que hay muchos más, pero yo acabo de empezar, así que no puedo poner más ejemplos.

De las cosas que más me sorprendieron de este segundo día, destacaría la posibilidad de talar árboles con un hacha, lo que no sólo cambia el paisaje, sino que puede ser utilizado para superar obstáculos. Tengo que decir que el mapa me parece algo vacío, y que echo en falta música durante la exploración. No sé vivir sin música. Por contra, agradezco la opción de teletransporte a puntos determinados del mundo, con tiempos de carga cortísimos.

Un anciano pide a Link que supere los cuatro santuarios repartidos por la meseta. El primero era aquel donde consiguió el imán, el primer artefacto. El segundo está muy cerca de allí. Dentro se consiguen las bombas, un elemento recurrente de la saga. Ahora, las bombas son ilimitadas aunque con “tiempo de enfriamiento” (hay que esperar para volver a usarlas).

Pese a todo, sigo pensando que Breath of the Wild no termina de encajar con el concepto de The Legend of Zelda. Podría haberse llamado de cualquier otra manera, con un/a protagonista nuevo/a, y nada habría cambiado. Tampoco es que sea algo malo, faltaría más.

Cuando vuelvo a mirar el reloj de mi móvil, veo que han pasado dos horas. ¡¿Ya?! Ni siquiera he sido capaz de hallar el tercer santuario. Entonces, me subo a una torre alta y observo alrededor. Veo lo que parece un santuario, pero está lejísimos, encima de una montaña aparentemente inalcanzable. No, no puede ser eso. ¿O sí?

Día 3

Breath of the Wild me recuerda al primer título de la saga en un aspecto: no pretende ser amigable con el jugador. Con la diferencia, claro está, de que el videojuego de NES, así como su secuela (The Adventure of Link), están hechos a mala leche. Son difíciles de narices. Breath of the Wild no es, por el momento, difícil en absoluto, sino más bien todo lo contrario. Lo que pasa, y eso es culpa nuestra, es que nos obliga a pensar las cosas de forma diferente a como lo haríamos en Skyward Sword, Twilight Princess y demás.

El tercer santuario, el de la “montaña inalcanzable”, era el siguiente objetivo. Toca ponerse a escalar. Link puede trepar por casi cualquier terreno natural, ya sean rocas, árboles o montañas. El hyliano tiene una barra de energía que se vacía más bien rápido, por lo que hay que actuar con cabeza, si no queremos acabar hechos papilla. Para nadar ocurre lo mismo; no me lo esperaba y me ahogué. En este caso concreto, hay que encarar la montaña desde el lado donde hay “descansos” a mitad de subida, para ir recuperando fuerzas. Como dije antes: nada difícil, pero se te tiene que ocurrir.
Dentro del santuario hay un artefacto capaz de detener el tiempo en los objetos, con lo cual podemos atravesar plataformas que no cesan de moverse, o, lo que es más original, almacenar energía cinética para… Bueno, mejor lo explico con un ejemplo. Detenemos el tiempo en una roca, la golpeamos varias veces con un martillo, y después reanudamos el tiempo. Al volver a la normalidad, la roca sale disparada con la fuerza sumada de todos esos martillazos. No sé si tendrá mucha utilidad, pero es curioso.

Si el tercer santuario parecía difícil de alcanzar, el cuarto lo será mucho más. Hay que cruzar un extenso terreno nevado, en el que Link pierde vida gradualmente hasta morir. Se antoja imposible, de momento. Una nota me insinúa que puedo conseguir ropa de nieve, pero no tengo los materiales necesarios. No importa. Ya he aprendido la lección, por lo que sé que, en este Zelda, los “problemas” pueden enfocarse de diversas maneras. Lo que hago, por lo tanto, es rodear la zona nevada e intentar acceder a ella desde el lado contrario; no desde el largo y tranquilo camino nevado, sino desde un barranco. Cerca de allí hay un caldero para cocinar, en el que preparo varios platos que otorgan resistencia contra el frío. Me basta con uno de ellos para llegar al santuario por el “camino difícil”. Lo que consigo es un artefacto que permite convertir el agua en pilares de hielo. Y con esto termino mi misión.

Link y el anciano se reúnen en el Templo del Tiempo, donde nos explica que, en realidad, se trata del espíritu del último rey de Hyrule. Ya nada queda del reino, después de que Ganon resucitara y asesinara a cuatro de los cinco elegidos, al reactivar unas bestias mecánicas de la antigüedad. El quinto elegido, quien lleva todo un siglo dormido, no es otro que Link. Además, el rey nos cuenta que su hija, Zelda, se selló a sí misma en el castillo de Ganon para evitar que su maldad se propagase por Hyrule. Nuestra misión, por lo tanto, es derrotar a Ganon. Así nos lo indica la lista de misiones desde el primer momento, como si nos invitara a ir directamente a por el jefe final. Curioso. Tenemos una segunda misión, la más recomendable, en la que se nos aconseja viajar a Kakariko para hablar con Impa. Vale, esto ya sí que huele a The Legend of Zelda. Con su simpleza y falta de imaginación habitual, hablando del apartado argumental, pero Zelda al fin y al cabo.

Día 4

Todo lo que he hecho hasta ahora no ha sido más que un tutorial, por llamarlo de alguna manera. La verdadera aventura empieza hoy, desde el momento en que el rey de Hyrule, antes de desaparecer, nos entrega la paravela (a medio camino entre un paracaídas y un ala delta), con la que podemos abandonar la meseta y recorrer libremente el mundo. ¡Y vaya mundo más grande! Miro mi posición en el mapa, camino varios minutos, vuelvo a mirar mi posición… ¡Pero si apenas he avanzado!

Debo decir que no me divertía tanto con un Zelda desde A Link to the Past (mi favorito) y Ocarina of Time. Poder jugarlo en versión portátil es un extra, aunque verlo en el televisor debe de ser una auténtica maravilla gráfica. Por desgracia, no me será posible, así que me conformo con esto.

Como no sé dónde ir, acabo caminando en círculos e investigando sin más, ignorando todas las misiones. Puedo ir adonde quiera, lo cual resulta un poco agobiante al principio. El mundo está lleno de santuarios opcionales, que consisten en pruebas cortas y variadas. Al superarlas, obtenemos emblemas de valor, con los que aumentamos la vida o la resistencia de Link.

Por el mundo hay también escondidas unas criaturas pequeñas y verdosas, los kologs, que me dan semillas. Aún no sé para qué sirven, pero parece otra búsqueda opcional que añadir a la lista.

Día 5

Tengo la sensación de que podría perderme en el mundo durante días, sin hacer otra cosa más que explorar. Vaya donde vaya, hay aldeas, postas, campamentos enemigos, santuarios y demás lugares de interés.

Las postas son unos establos que hay repartidos por el camino, en los que conseguimos misiones secundarias y almacenamos a nuestros caballos. Eso dicen. Fue una sorpresa, ya que no tengo caballo alguno. Poco después descubrí que podemos capturar caballos salvajes, domesticarlos, ponerles nombre y quedárnoslos para siempre. Genial.

En pantalla tenemos dos indicadores importantes: la hora del día y la previsión del clima. Después de varias sesiones de juego, tengo que decir que me parece uno de los elementos más logrados de Breath of the Wild. De noche, no sólo duermen los habitantes de las aldeas, sino también la mayoría de los monstruos. Una buena ocasión para machacarlos en silencio. La lluvia provoca que Link se resbale al intentar escalar. ¡Si hay tormenta, más os vale desequiparos cualquier arma o escudo metálico! Yo lo descubrí por las malas, cuando me cayó un rayo en la cabeza. Si sois de los que se asustan con los truenos, lo vais a pasar mal, porque he visto cómo derriban árboles, provocan incendios… Una pasada. Y los enemigos no están a salvo de ellos.

En un momento dado, al llegar la medianoche, ocurrió algo espantoso. La música se tornó tétrica y el cielo adquirió un tono rojizo. No tardé en descubrir que era a causa de la luna, convertida en una gigantesca bola roja, como si estuviese a punto de caer sobre Hyrule. Es la luna carmesí, un fenómeno que ocurre cada X días (no sé cuántos)…, y que resucita a todos los enemigos que hayamos matado hasta entonces. ¡Vaya susto me llevé! ¡Me pilló justo en medio de un campamento enemigo!

Esta experiencia traumática me ha ayudado a conocer mejor a los monstruos. Concretamente, la capacidad de algunos para noquearte de un solo golpe. Hay que jugar con cabeza, usar bien el sigilo y no bajar la defensa. Lo dicho: sin ser difícil, requiere saber jugar. Un sistema de combate simple pero bien implementado.

Día 6

Se puede ganar dinero vendiendo objetos obtenidos al matar enemigos. Con las rupias he podido comprar una armadura nueva (tres piezas: cabeza, tronco y piernas). He tardado seis días en lograr que Link no parezca un pordiosero.

La mayoría de santuarios son entretenidos, aunque hay alguno puntual con un diseño mejorable. El sensor de movimiento para mover plataformas no me ha terminado de convencer; de momento, junto con algunos pequeños problemas de cámara y apuntado, son las únicas pegas que le pongo.

Me han regalado una cámara de fotos, con la que pretenden que retrate, ojo a esto, a absolutamente todos los animales, enemigos, alimentos y armas del juego. Estamos hablando de cientos de fotografías. ¡Reto aceptado!

También me han dado unas pocas fotografías de puntos concretos de Hyrule. Tengo que encontrarlos para activar recuerdos del pasado de Link y Zelda. Aunque sea opcional, me parece tan importante como la historia principal. No hay prisa; ya los encontraré durante la exploración. Este viaje promete ser laaargo…

Día 10

El mundo es enorme. Pero ENORME. Y está plagado de secretos. En todas partes hay cosas que hacer. Con decir que una vez me perdí, me adentré en un bosque extraño, y, por casualidad, encontré la Espada Maestra…, que ni siquiera puedo coger.

De verdad, es increíble. Es un no parar. Hay muchas regiones, muy diferentes entre sí, cada una de ellas dividida en subregiones. El mapa se desvela escalando torres de vigilancia, a las que después nos podemos teletransportar, igual que a las decenas de santuarios. Da la sensación de que no hay dos zonas iguales. Así es imposible cansarse de explorar.

Las leyendas hablan de cuatro bestias mecánicas gigantescas, creadas para destruir a Ganon, y que ahora han caído bajo su influjo. En conclusión: me tocará luchar contra ellas. ¿De verdad estoy capacitado? Si hay enemigos “normales” que me matan solo con darme los buenos días…

Día 15

Tengo como veinte o treinta misiones pendientes, entre principales y secundarias, pero todavía sigo explorando. Aún me quedan varias regiones por desbloquear, así como postas y santuarios (¡hay 120!) por encontrar. La toma de fotografías, que a punto estuve de ignorar, ha resultado ser muy entretenida. Voy con la cámara equipada en todo momento, como un turista.

El mimo con que han creado el mundo es de matrícula de honor. Es todo lo opuesto al germen conformista que impera (cada vez más) en el sector.

La historia, eso sí, no podría importar menos. ¡Aquí hemos venido a jugar! Es una lástima, porque cuenta con personajes carismáticos, y no creo que les costase mucho esfuerzo desarrollar un argumento de más de cuatro líneas. De todas formas, mentiría si dijera que lo echo en falta. Por ahora, quiero seguir viendo mundo.

Día 30

Llevo un mes jugando. Día tras día me dedico a explorar el mundo. Encuentro secretos por todas partes. ¡Y aún me falta mucho mapa por desvelar! Pocas veces me he divertido tanto perdiéndome a propósito.

Me he comprado una casa, estoy ayudando a construir una nueva aldea… Hay misiones muy interesantes, alejadas de las típicas tareas de recadero. Pero no os voy a engañar: todavía no he hecho muchas, ya que prefiero seguir viajando.

La jugabilidad cuenta con algunos detalles muy interesantes, que demuestran el buen hacer de Nintendo. Os doy un par de ejemplos.
Si usamos un arma con propiedades eléctricas en una zona de agua, la electricidad se transmite a los enemigos y animales que toquen el agua. Puede servir tanto para atacar a enemigos desde lejos como para pescar. Aunque un buen hyliano pesca usando bombas.
Del mismo modo en que llevar equipo metálico durante una tormenta resulta peligroso, tampoco es recomendable llevar equipo de madera cerca de un volcán. Puede acabar ardiendo. Aunque, por otro lado, podemos aprovechar un arma envuelta en fuego para hacer más daño, antes de que se rompa.

La variedad de la que presume en el resto de apartados le falta en el diseño de enemigos, que son todos iguales. Y ya ni hablemos de las hadas. Eso sí: hay algunos enemigos tan espectaculares que compensan todo lo demás. Cuando estaba junto a un lago y vi surgir de las profundidades a…

Día 60

Acabo de dar un gran salto temporal, y os pido perdón por ello. He estado todo un mes sin escribir porque ya no había mucho que añadir sin entrar en el terreno de los spoilers. Pero no os confundáis: he jugado a Breath of the Wild todos los días, y he disfrutado desde el primero hasta el último sin llegar a cansarme ni por un momento.

Antes de seguir, tengo que haceros una confesión. Me he comprado una Switch normal (antes usaba la portátil) exclusivamente para jugar a Zelda en el televisor. Y no me he arrepentido ni un segundo de mi decisión. Breath of the Wild es, por sí solo, suficiente justificación para comprar una Nintendo Switch.

Después de dos meses de juego ininterrumpido, y una cantidad de horas que me resulta imposible de calcular (porque un bug ha provocado que mi Switch dejara de llevar la cuenta a las 55 horas), al fin he completado el mapa del mundo y he conocido a todas las tribus. Quiero insistir en ello: ¡he tardado dos meses! Lo cual, por cierto, no significa que ya haya terminado. Todavía me quedan zonas por visitar, santuarios que localizar y misiones que cumplir.

Empiezo a otear el final en el horizonte…, y siento tristeza.

Día 70

Para el tramo final me he visto obligado a usar guía, pues quería sacar el 100% de santuarios y misiones. El mapa es tan grande y está tan lleno de recovecos, que temía tardar otras doscientas horas en completarlo. Aun así, he dejado cosas sin hacer, como la búsqueda de los kologs que os comentaba en el cuarto día, y que me ha acompañado toda la aventura. Sus semillas sirven para ampliar el inventario. He llegado al final con unos 250… ¡de 800! Y yo que pensaba que me quedarían pocos, porque he estado todo el rato pendiente de ellos…

Tras la batalla definitiva y la posterior conclusión, queda en mí una sensación de satisfacción plena. Qué maravilla. Qué auténtico juegazo. Qué experiencia inolvidable.

Me da pena la inexpresividad de Link (que no es lo mismo que su mudez), porque es ponerse palos en las ruedas. ¿Por qué no puede actuar siempre como con las hadas? Breath of the Wild tiene personajes interesantes y momentos emotivos, todo ello muy poco aprovechado. ¿Por qué autolimitarse de esta forma en vez de apuntar más alto? La respuesta, os guste o no, está en el público medio de Nintendo.

Y es una pena, digo, porque Breath of the Wild ya es, sin dudarlo, uno de mis Zelda favoritos…, pero ha tenido en su mano elevarse al primer puesto. Y eso, el simple hecho de aspirar a ello, es digno de celebración.

Me quito el sombrero, Nintendo.

Lo mejor:
– Todo lo relacionado con la exploración del mundo, que es el auténtico protagonista de Breath of the Wild.
– Retos y secretos por todas partes.
– Ambientación muy inmersiva.

Lo peor:
– La inexpresividad de Link.
– Echo en falta más música.

(Versión analizada: Nintendo Switch)

3 Comentarios

  1. Khanen

    Coincido contigo prácticamente en todo el análisis.

    Después de jugarlo en su día allá por 2017 y de nuevo este verano pasado (esta vez conseguí todos los kolog tras unas 150 horas), yo lo describía como “un juego para jugar”. Tiene su historia ahí, es correcta, y ni destaca ni molesta, pero la verdadera esencia del juego es la de horas que puedes pasarte entretenido solo con su propia jugabilidad, matando monstruos, cabalgando, en la moto o simplemente haciendo nada, yendo de un lado a otro a ver que hay en esa colina.

    Me pregunto qué nos sorprenderá Nintendo con la segunda parte 😛

    Saludos!

    Saludos.

    Responder
    • Chris H.

      Guau. Me entran sudores fríos de pensar en encontrar los 800 kolog… hasta con guía.

      Responder
  2. maquinangel

    Se antoja jugarlo. Mientras leía, me imaginaba a FF XII, tiene su historia, sus personajes, el villano, los buenos, pero… las cacerías, las historias secundarias, el simple hecho de explorar y jugar, eso eso lo que llena el juego, y es muy satisfactorio. Me encantó el análisis.

    Responder

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  1. Khanen

    Coincido contigo prácticamente en todo el análisis.

    Después de jugarlo en su día allá por 2017 y de nuevo este verano pasado (esta vez conseguí todos los kolog tras unas 150 horas), yo lo describía como “un juego para jugar”. Tiene su historia ahí, es correcta, y ni destaca ni molesta, pero la verdadera esencia del juego es la de horas que puedes pasarte entretenido solo con su propia jugabilidad, matando monstruos, cabalgando, en la moto o simplemente haciendo nada, yendo de un lado a otro a ver que hay en esa colina.

    Me pregunto qué nos sorprenderá Nintendo con la segunda parte 😛

    Saludos!

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    • Chris H.

      Guau. Me entran sudores fríos de pensar en encontrar los 800 kolog… hasta con guía.

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  2. maquinangel

    Se antoja jugarlo. Mientras leía, me imaginaba a FF XII, tiene su historia, sus personajes, el villano, los buenos, pero… las cacerías, las historias secundarias, el simple hecho de explorar y jugar, eso eso lo que llena el juego, y es muy satisfactorio. Me encantó el análisis.

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