Votos nupciales
Mi amor, mi vida, mi todo. Hoy, ante estos testigos y ante el universo entero, te hago no solo una promesa, sino un juramento sagrado, un pacto que trascenderá el tiempo y el espacio. Siempre te querré con una intensidad que hará palidecer a las estrellas. Estaré a tu lado en los buenos y malos momentos, no solo como un acompañante, sino como el suelo bajo tus pies y el cielo sobre tu cabeza. Seré el escalón que te haga llegar más alto, el fiel escudero que te acompañe en la aventura de la vida, la manta de plumas que te arrope cuando tengas un mal día y la capa de invisibilidad para cuando quieras desaparecer del mundo. Nunca te negaré un beso, ni siquiera si estoy dormido o a mil kilómetros de distancia; mi alma volará hacia tus labios. Nunca te negaré un abrazo, porque tu cuerpo es el puerto donde ancla mi corazón. Nunca renunciaré a escucharte cuando tengas algo que decir, aunque sea para contarme el sueño más intrascendente o la lista de la compra; cada sílaba tuya será para mí más dulce que una sinfonía. Me comprometo a ayudarte y a pedirte ayuda con cada complicación, grande o pequeña, que surja en nuestro camino, pues somos y siempre seremos un equipo invencible, dos mitades de una misma alma. No habrá un solo día, una sola hora, un solo minuto en el que no te sientas la persona más amada, admirada y preciada del cosmos. Si bien no puedo evitar que enfermes, haré todo lo posible por lograr que mejores lo antes posible, y en ese proceso me convertiré en tu médico, tu enfermero, tu chef de caldos curativos y tu bufón personal para arrancarte una sonrisa. Cada vez que extiendas el brazo, estaré ahí. No habrá vacío que no ocupe, ni oscuridad que no ilumine con mi amor. Seré el padre devoto de nuestros hijos, el constructor de castillos de arena y el cazador de monstruos bajo la cama. Seré, con el tiempo, el abuelo de tus nietos, contando una y mil veces la historia de hoy, del día en que mi suerte cambió para siempre. Mis amigos serán los tuyos, mis secretos tus secretos, mi mundo tu reino. Lo compartiremos todo: las risas, las lágrimas, el último trozo de tarta, el mando de la televisión y el aire que respiramos. Prometo recordar cada aniversario, cada fecha importante, y crear nuevas efemérides solo para celebrarte. Tu felicidad será mi religión, tus sueños mi misión y tu bienestar mi única ambición. Juntos construiremos un refugio a prueba de tormentas, un edén doméstico donde el tiempo se detenga para admirarnos. Esta promesa no la romperá el paso de los años, ni el desgaste de la rutina, porque mi amor por ti es eterno. Y para nutrir esa eternidad, nuestro vínculo necesitará un cultivo diario, una intimidad sin tabúes. Por eso, nos fusionaremos en la cama a diario, sin excusas. Ese será nuestro ritual sagrado e inquebrantable, el fuego que mantenga vivo nuestro edén. Para mí, a poco que te cuides, siempre serás la más bella. Tu belleza es mi responsabilidad y mi recompensa. Jamás escatimaré en gastos cuando se trate de hacerte regalos: tendrás las flores más fragantes, las joyas más brillantes y todos los electrodomésticos de última generación. Quiero rodearte de comodidades, de objetos que hablen de mi devoción. Por eso, me esforzaré con cada latido para que jamás tengas que preocuparte por el mundo exterior, por sus ruidos y sus presiones. Podrás dedicarte en cuerpo y alma a las tareas sencillas y puras, como cocinar con amor, limpiar la casa para hacer de ella un santuario y educar a nuestros hijos. Ese será tu reino. Tu contribución perfecta. Y te protegeré. Ese es mi deber primordial. Te protegeré de cualquiera que quiera hacerte daño o sembrar dudas en tu mente. No importa si es un completo desconocido con una mirada inapropiada, o un familiar envidioso que no pueda soportar ver nuestra felicidad. Ahora que me perteneces, ahora que somos uno, no tienes que hacer lo que ellos te digan. Solo a mí me debes escuchar. Solo yo sé lo que de verdad te conviene. Por tu seguridad, y porque el mundo es un lugar lleno de depredadores, revisaré tu móvil y tus redes sociales. No es una invasión, mi amor. Es una trinchera. Seré tu centinela, tu filtro contra los acosadores, las malas influencias y la basura que intenta colarse en tu pureza. No quiero que nada te ensucie. Porque esto, esto que tenemos, es más grande que nosotros. Es un tesoro. Y los tesoros se guardan bajo llave. Se protegen con celo. Se preservan de cualquier mirada o mano ajena. Eres mi tesoro. Y prometo, ante todo, preservarte. Preservarte de ti misma, si es necesario. Hasta que no quede de ti nada que no me pertenezca. Hasta que tu voluntad sea la mía y tu alma descanse, por fin, bajo mi sombra.








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