Relato: Entre nosotros
Relato: Entre nosotros
Fecha de publicación: 5 de octubre de 2020
Autor: Chris H.
Categoría: Relatos
Etiquetas:
Fecha de publicación: 5 de octubre de 2020
Autor: Chris H.
Categoría: Relatos
Etiquetas:

(Relato basado en Among Us, videojuego multijugador para PC y dispositivos móviles, publicado por la compañía estadounidense InnerSloth)

Entre nosotros

– PRIMERA PARTE –

  Toda la tripulación se reunió en el ala médica, alertados por Rojo, quien acababa de toparse con una escena dantesca. Morado y Rosa yacían en el suelo, cubiertos de sangre, inmóviles. No necesitaron examinarlos de cerca para comprender que ambos estaban muertos. Las profundas laceraciones y los órganos desparramados por el suelo evidenciaban que aquello no había sido un accidente laboral, sino un asesinato en toda regla.
  —¡¿Quién ha sido?! —exclamó Marrón, mirando a sus compañeros con una mezcla de ira y perplejidad.
  —No tengo ni idea —respondió Rojo, tratando de conservar la calma—. Estaba realizando una inspección rutinaria, como todos los días, cuando escuché un fuerte golpe metálico. Vine corriendo a investigar… y me encontré con esto.
  —¿No viste a nadie más? —preguntó Naranja.
  —Me pareció ver una figura a lo lejos, en el pasillo, pero no estoy seguro de quién era.
  —¡Haz memoria! —insistió Marrón—. ¡Eres el único testigo!
  —Ya he dicho todo lo que sé. —Rojo se encogió de hombros—. Si lo recordara, os lo diría. Pero estaba todo muy oscuro, y…
  —Mirad esto —los interrumpió Azul—. Ahí, en el suelo.
  Azul señaló con la cabeza hacia uno de los laterales del ala médica, donde se hallaba el conducto de ventilación, con el suficiente tamaño como para dar cabida a una persona tumbada. La tapa que debería bloquear el paso al conducto estaba tirada a un lado, y presentaba unas manchas casi inapreciables, aún húmedas, de color rojo.
  —Es sangre —observó Verde—. ¿El asesino ha escapado por aquí?
  —¡O quizá estaba escondido antes de que llegaran las víctimas! —dijo Marrón.
  —Te acercas —asintió Azul—, pero estás obviando lo más importante: ¿cómo iba a matar a dos personas a la vez? Lo más probable es que se escondiera después de asesinar a Morado o a Rosa, de ahí las manchas de sangre. Cuando la segunda víctima encontró el cadáver, el asesino salió a toda prisa del conducto de ventilación y acabó con su vida del mismo modo en que lo había hecho pocos minutos atrás con la primera.
  —¿Y por qué no mató también a Rojo usando el conducto de ventilación? —preguntó Verde, tratando de seguir el razonamiento de Azul.
  —Por el ruido —dijo el propio Rojo, adelantándose a la explicación—. Cuando mató al segundo hizo mucho ruido; ése era el golpe metálico que oí. Así que no tuvo más remedio que salir corriendo.
  —¡Joder! —protestó Marrón—. ¡Deberías haberte dado más prisa! ¡Ahora sabríamos quién es el puto asesino!
  Blanco se interpuso entre ellos para evitar que la discusión pasase a mayores. Como capitán, era su responsabilidad mantener la convivencia lo más pacífica posible.
  —Señoras, señores, tranquilícense. No llegaremos a ninguna parte si entramos en pánico y nos dedicamos a gritarnos los unos a los otros.
  —¿Qué podemos hacer, capitán? —preguntó Amarillo, tembloroso.
  —¡Tenemos que encontrar al asesino y hacérselo pagar! —exclamó Marrón.
  —Debemos encontrarlo, sí —asintió Blanco—. Pero no por venganza, sino para evitar que se produzcan más asesinatos. —El capitán miró a su tripulación, con expresión pensativa—. Creo… Creo que ha llegado el momento de consultar al Ordenador.
  Por “Ordenador”, Blanco se refería al sistema de IA, o Inteligencia Artificial, de la estación espacial. Y es que aquellos hombres y mujeres no eran personas normales, sino los diez astronautas pioneros elegidos por la ONU para iniciar la colonización del planeta Venus. Una misión que, por desgracia, acababa de sufrir un duro revés.
  Blanco, Rojo, Marrón, Azul, Verde, Naranja, Amarillo y Negro se sentaron alrededor de una de las mesas redondas de la cafetería, lejos del baño de sangre en que se había convertido el ala médica, tras las muertes de sus dos compañeros. Sin tiempo para templar los ánimos, el capitán tomó el turno de palabra.
  —Ordenador, dos de nuestros tripulantes han sido asesinados. ¿Cómo deberíamos actuar, según el manual de procedimiento?
  —Analizando… —La voz robótica de la IA resonó por toda la nave—. Víctimas confirmadas: Morado y Rosa. Sus constantes vitales se han detenido por completo. Objetivo: identificar al asesino.
  —¡Eso ya lo sabemos! —protestó Marrón—. ¡Queremos saber cómo hacerlo!
  —Alerta: detecto una anomalía en el número de tripulantes. Según la base de datos, el equipo está formado por nueve tripulantes, no diez.
  —¿Estás seguro, Ordenador? —Blanco se quedó tan sorprendido como sus compañeros.
  —Afirmativo. Resultado del análisis: hay un impostor entre los miembros de la tripulación.
  Todos se miraron entre sí, estupefactos, como si aquello no fuese más que un mal sueño del que estaban a punto de despertar. Una de las personas que tenían alrededor, uno de los astronautas con los que llevaban semanas conviviendo, era en realidad un impostor dispuesto a matarlos a todos para sabotear la misión.
  —¿Por qué no nos dices quién es, sin más? —pidió Verde a la IA.
  —Mi programa ha sido alterado para que me resulte imposible diferenciar al impostor mientras se encuentre dentro de la nave. Procedimiento: los tripulantes deben votar quién creen que es el culpable. El tripulante que más votos reciba será eyectado de la nave. Entonces, y sólo entonces, podré confirmar si era el impostor.
  —¿Y si nos equivocamos? —preguntó Azul, una de las dos únicas féminas de la tripulación, junto con Naranja.
  —El tripulante eyectado morirá, y no se permitirá realizar una segunda votación, salvo que haya un nuevo asesinato o se presione el botón de emergencia. Precaución: el botón de emergencia está limitado a un único uso por tripulante.
  —¡¿Pero qué mierda es ésta?! —Marrón golpeó la mesa con furia.
  —Así es el procedimiento, según el manual. Si no están de acuerdo, pueden presentar sus quejas al servicio técnico de…
  —Vale, vale —lo interrumpió Blanco—. Suficiente por ahora. Gracias, Ordenador.
  Cuando la Inteligencia Artificial dejó de hablar, la cafetería se vio inmersa en un tenso silencio, alimentado por el miedo y la desconfianza que afloraba entre aquellos ocho astronautas. Uno de ellos era un impostor. Pero ¿quién?
  Azul fue la primera en pronunciarse.
  —Entonces, Rojo, ¿no recuerdas a quién viste salir del ala médica?
  —Como ya dije, estaba todo muy oscuro. Ni siquiera estoy seguro de haber visto a alguien. A lo mejor fue mi imaginación jugándome una mala pasada…
  —Pues deberíamos actuar con sensatez y no votar a nadie —concluyó Azul—. Me niego a acusar a alguien sin pruebas. ¿Sería eso posible, Ordenador?
  —Afirmativo. Quien desee votar nulo, no debe más que solicitarlo. En caso de mayoría de votos nulos, nadie será eyectado. En caso de empate, tampoco será eyectado ningún tripulante.
  —Mi voto es nulo. —Una vez más, Azul fue la primera en dar el paso.
  —Creo que es una sabia decisión. —Blanco se sumó a la proclama de su subalterna—. Mi voto también es nulo.
  Uno tras otro, los tripulantes siguieron los pasos del capitán, reclamando su derecho a voto nulo. Nadie quería arriesgarse a provocar la muerte de alguien inocente. Antes de acusar, necesitarían pruebas concluyentes sobre las que sostenerse.
  —¿Y ahora qué? —preguntó Naranja, sin saber qué hacer.
  —Sé que no es lo que quieren oír —respondió Blanco—, pero debemos proseguir con nuestro trabajo, o todo esto habrá sido en vano.
  —Perdone el atrevimiento, capitán —dijo Marrón—, pero ¿cómo espera que sigamos trabajando con un impostor entre nosotros?
  —Comprendo su reticencia, Marrón. Pero, en realidad, es la mejor manera de librarnos de él. Una vez hayamos terminado las tareas que tenemos pendientes, podremos regresar a la Tierra y poner este caso en manos de las autoridades pertinentes. Si no lo hacemos, estaremos aquí encerrados… para siempre.
  Ante semejante planteamiento, nadie puso objeciones. Debían correr un alto riesgo si no querían pasar el resto de sus vidas en la estación espacial, acompañados por un impostor, que, volviese a actuar o no, suponía un peligro inminente para la vida de los siete tripulantes auténticos.
  —¿Puedo sugerir una idea, capitán? —dijo Rojo.
  —Adelante —Blanco le hizo un gesto para que siguiera hablando.
  —Deberíamos trabajar por parejas. Tardaremos el doble, sí, pero nos aseguraremos de que no haya más asesinatos. El impostor no se atreverá a matar a nadie, porque lo identificaríamos de inmediato, tan solo con ver quién es la víctima.
  —No lo veo —replicó Naranja—. ¿Qué pasa si me toca hacer equipo con el asesino y decide matarme igualmente?
  —Lo descubriríamos al instante —repitió Rojo.
  —¿Y eso a mí de qué me sirve, eh? ¡Ya estaré muerta para entonces!
  Naranja sintió un golpe en el cuello, que a punto estuvo de hacerla caer de la silla; no porque hubiese sido un impacto violento, sino por el susto. El artífice de aquel falso ataque fue Negro, sentado a su lado, quien no había abierto la boca en todo el rato.
  —¡¿Por qué has hecho eso, payaso?! —protestó Naranja.
  Negro le dedicó una inquietante sonrisa antes de contestar.
  —Si hubiese tenido un cuchillo en la mano, ahora estarías muerta.
  —¿Qué narices…? ¿Te has vuelto loco o qué?
  Pese al extraño comportamiento de Negro, sus palabras no carecían de significado. Blanco, a diferencia de Naranja, supo leer entre líneas.
  —Lo que Negro quiere decir, si no me equivoco —dijo el capitán—, es que el impostor podría asesinar a uno de nosotros aquí y ahora, sin mucho esfuerzo. Si no lo hace es porque, obviamente, no quiere ser descubierto. Por esa misma razón, no asesinará a nadie si vamos por parejas. ¿Es eso?
  Negro se limitó a sonreír, de brazos cruzados, apoyado contra el respaldo de la silla, como si estuviese disfrutando de aquella escena.
  —Está bien… —Naranja se dio por vencida—. ¡Pero no pienso ir con Negro!
  —Ni yo con Rojo —añadió Marrón—. Su versión me ha dejado muchas dudas.
  Rojo se encogió de hombros, sin darle más importancia.
  —Yo iré con él —se ofreció Azul.
  Aunque no se atrevió a decir nada, Verde se sintió muy dolido por la decisión de Azul. Confiaba en poder trabajar con ella y tener una excusa para pasar tiempo juntos, a solas. Tal vez, incluso, podría haber llegado a confesarle lo que sentía por ella… Pero su gozo en un pozo. Ahora iba a tener que conformarse con aguantar los interminables monólogos de Marrón sobre deportes y política.
  Las cuatro parejas, por lo tanto, serían las siguientes: Azul y Rojo, Verde y Marrón, Naranja y Amarillo, Blanco y Negro.
  Durante los siguientes minutos, todos trataron de recobrar la compostura y terminar sus tareas cuanto antes. No era un plato de buen gusto, sobre todo la parte de eyectar los cadáveres de Morado y Rosa para evitar coger infecciones, pero era un precio a pagar a cambio de librarse de una muerte segura. Sólo necesitaban aguantar un poco más. Unas pocas horas más, y podrían activar el sistema de hibernación para regresar a la Tierra. Una vez activado, ninguno de los tripulantes, incluyendo al impostor, despertaría hasta llegar a su destino, lo que significaba que no tendría que morir nadie más…
  Pero las cosas no iban a ser tan sencillas.
  —Alerta: el sistema de emergencia ha sido activado. Por favor, reúnanse en la cafetería.
  Todos corrieron al punto de reunión, temiéndose lo peor. La sorpresa, en cambio, fue descubrir que no había muerto nadie. Los ocho estaban allí, sanos y salvos.
  —Ordenador, ¿qué ha pasado? —preguntó Blanco.
  —La tripulante Naranja ha pulsado el botón de emergencia. Procedimiento: la tripulación debe efectuar una nueva votación.
  —¡¿Por qué cojones pulsas el botón?! —protestó Marrón—. ¡Me has dado un susto de muerte!
  —Cállate y escúchame —replicó Naranja—. ¡Sé quién es el asesino! ¡Es Amarillo!
  —Pero… ¡yo no he hecho nada! —se defendió el acusado.
  —¡Exacto! Yo estaba ocupándome de todas las tareas, y él no hacía nada más que mirarme como un psicópata.
  —¡Porque tengo miedo! ¡Mira, me tiemblan las manos!
  —¡Te tiemblan porque te he descubierto! ¡Mi voto va para ti!
  —Ah, ¿sí? —Amarillo apretó los puños con rabia—. ¡Pues yo te voto a ti!
  —No os precipitéis —les recriminó Azul—. Cambiad el voto a nulo y sigamos con las tareas.
  —No está permitido cambiar los votos —informó la IA.
  —Bueno, no pasa nada —dijo Rojo—. Podemos votar nulo los demás y seremos mayoría.
  —Sí, podríamos hacer eso… —respondió Negro con una voz que casi fue un susurro—. Aunque, si Amarillo no va a hacer sus tareas, nunca nos podremos marchar de aquí…
  —¡Negro tiene razón! —exclamó Marrón—. ¡No pienso pasar el resto de mis días aquí por culpa de un cobarde! ¡Amarillo, te voto!
  —Yo no he dicho que fuera a votar a Amarillo… —Negro se encogió de hombros—. Pero, está bien, me has convencido.
  —¿Yo a ti? —Marrón lo miró con expresión de confusión.
  —¡¿A qué esperáis los demás?! —gritó Naranja, ansiosa—. ¡Os estoy diciendo que es él!
  —No lo tengo tan claro como tú —replicó Azul—. Es tu palabra contra la suya. Voto nulo.
  —Sí, yo opino igual —asintió Rojo—. Mi voto es nulo.
  —El mío también —añadió Blanco—. Naranja, no debería actuar de forma tan impulsiva.
  —¡Pero es que estoy convencida! —insistió Naranja, con ánimo incansable.
  —Faltan treinta segundos —informó la IA—. Resultados provisionales: Amarillo, tres votos; Naranja, un voto; tres votos nulos.
  Todos dirigieron sus miradas hacia Verde, el único que faltaba por votar. Su primer impulso fue el de no decir nada, dejar que terminara la votación con resultado nulo. No tenía ganas de pensar. Aunque jamás lo reconocería, estaba enfadado. Le molestaba profundamente ver a Azul y Rojo tan unidos, dándose la razón el uno al otro, como si fuesen los mejores amigos del mundo. “¿Acaso está Azul enamorada de Rojo?”. “¿Qué ve en él?”. “Se cree tan listo, el muy…”. La mente de Verde era un polvorín. Se sentía un cero a la izquierda. ¿Y cómo iba a dejar de sentirse así, si no hacía nada por remediarlo? En cambio, si tomaba la iniciativa y resultaba ser más listo que Rojo… Sí, eso haría. Apoyaría a Naranja. Si acertaba, Azul se daría cuenta de lo inteligente que era. Si fallaba, al menos confiaba en que se pusiera celosa al ver cómo se hacía amigo de Naranja.
  Con todas esas ideas difusas en la cabeza, Verde tomó la decisión que cambiaría el devenir de la tripulación.
  —Voto a Amarillo.
  —¡Nooo! —El acusado dio un paso atrás, aterrado—. ¡Que yo no soy!
  Pero ya no había nada que pudiera hacer para salvarse.
  —Votación terminada. Tripulante Amarillo, ríndase y diríjase a la sala de eyección.
  —¡No!
  Amarillo salió corriendo, con intención de escapar a través de los pasillos. Sin embargo, apenas pudo dar un par de pasos antes de recibir una descarga eléctrica de la propia nave, que lo noqueó al instante. Marrón y Naranja se bastaron para transportar su cuerpo inconsciente hasta la misma sala de eyección que habían utilizado para desprenderse de los cadáveres de Morado y Rosa.
  Los tripulantes supervivientes observaron a través de las ventanas de la nave cómo Amarillo salía disparado por la compuerta y se perdía en la negrura infinita del espacio, para nunca más despertar.
  —Amarillo no era el impostor.

¡Esto no ha hecho más que empezar!

Entre los siete astronautas se oculta un impostor sin escrúpulos. ¿Quién pone en peligro las vidas de sus compañeros y el futuro de la misión espacial?

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3 Comentarios

  1. ElRisas

    Vaya, vaya… Así que el amarillo no era… ¿Para cuándo la segunda parte? Me ha gustado lo que he leído. Un abrazo, nene. ¡Sigue así!

    Responder
    • Chris H.

      Muy pronto, no os haré esperar mucho.

      Responder
  2. Alex

    Si naranja no es la impostora, es tan asesina como el mismo impostor. Además, aunque los tripulantes no se han dado cuenta aún, ahora el impostor tiene un sistema para matar a los demás tripulantes sin necesidad de mancharse las manos. Dudo que nadie quiera hacer pareja con naranja en la próxima ronda, así que aunque no se ha percatado, se ha puesto a si misma una diana en la espalda, aunque si tuviese que apostar, el próximo en caer será verde.

    Responder

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  1. ElRisas

    Vaya, vaya… Así que el amarillo no era… ¿Para cuándo la segunda parte? Me ha gustado lo que he leído. Un abrazo, nene. ¡Sigue así!

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    • Chris H.

      Muy pronto, no os haré esperar mucho.

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  2. Alex

    Si naranja no es la impostora, es tan asesina como el mismo impostor. Además, aunque los tripulantes no se han dado cuenta aún, ahora el impostor tiene un sistema para matar a los demás tripulantes sin necesidad de mancharse las manos. Dudo que nadie quiera hacer pareja con naranja en la próxima ronda, así que aunque no se ha percatado, se ha puesto a si misma una diana en la espalda, aunque si tuviese que apostar, el próximo en caer será verde.

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