Guía argumental de Lost Odyssey – Parte 1
Guía argumental de Lost Odyssey – Parte 1
Fecha de publicación: 15 de septiembre de 2025
Autor: Chris Herraiz
Etiquetas: Lost Odyssey
Fecha de publicación: 15 de septiembre de 2025
Autor: Chris Herraiz
Etiquetas: Lost Odyssey
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Capítulo 1 – Inmortal

  Dos ejércitos gigantescos se enfrentan en las Cimas de Wohl. Unos, identificados con armadura dorada, pertenecen a la república de Uhra. Sus rivales, unos cánidos humanoides ataviados con armaduras negras, representan a Khent. Ambos ejércitos poseen enormes máquinas de guerra capaces de hacer estragos entre las filas enemigas. El mayor poderío físico de los khentianos decanta rápidamente la balanza a su favor. Sin embargo, Uhra cuenta con un inigualable as bajo la manga: máquinas imbuidas de magia que resucitan a los caídos. A este paso, la batalla se prolongará durante horas.
  El guerrero más destacado del bando uhrano es el alférez Kaim Argonar, comandante del 17º Pelotón. Por algún motivo, no viste la misma armadura dorada de la que hacen gala sus compañeros, sino que, en cierto modo, podemos considerar que, tanto en su forma de vestir como en la de combatir, va por libre. Kaim extermina a todo el que se cruza en su camino con gran facilidad. Incluso una de las máquinas de guerra khentianas cae ante su espada. El alférez lucha con la confianza de saber que, si lo derrotan, será resucitado de inmediato.
  Pero la batalla está a punto de sufrir un final inesperado. Los ejércitos de Uhra y Khent observan el cielo con horror cuando un meteorito se precipita sobre ellos, sin darles tiempo para huir. En cuestión de segundos, la roca y la lava contenida dentro del meteorito transforman el campo de batalla en un cementerio de proporciones colosales.
  Una figura surge, indemne, de entre las ruinas de las Cimas de Wohl. Es, claro está, Kaim Argonar. ¿Cómo ha podido sobrevivir, si todas las máquinas de resurrección han sido destruidas? Pronto lo sabremos. Parece que, además de él, los únicos supervivientes han sido algún que otro khentiano malherido. Kaim acaba amablemente con su sufrimiento y se dirige al borde exterior de las Cimas de Wohl, donde se reúne con una unidad de soldados uhranos que han llegado en busca de supervivientes.
  —¿Y los demás? —pregunta uno de los soldados—. ¿Estás solo?
  —Sí.
  —¿Cómo te llamas? ¿A qué unidad perteneces?
  —Alférez Kaim Argonar. Comandante de la 17ª División, Soldados Acorazados de la Magia.
  —Es un milagro. Síguenos, por aquí.
  Los soldados tienen preparados un par de vehículos acorazados para llevarse a los supervivientes. Sí, «supervivientes», en plural, pues al final resulta que Kaim no era el único afortunado. Una médica se encarga de tratar a varios soldados heridos, quienes, por suerte para ellos, se hallaban lejos del centro de la batalla en el momento del impacto del meteorito. Y eso no es todo. Una mujer joven, cuya vestimenta también difiere del uniforme oficial uhrano, se halla a bordo de uno de los vehículos acorazados.
  —Es la oficial Sez Balmore, de la 43ª División de la Magia —explica una médica—. Al igual que tú, salió indemne.
  —¡Sois milagros andantes! —exclama su compañera.
  Sez parece haber reconocido a Kaim, pero este la ignora. Está demasiado cansado para hablar.

Capítulo 2 – Consejo de Uhra

  Los vehículos acorazados llegan a la capital de la República Mágica de Uhra, que recibe el mismo nombre que la nación a la que pertenece. Es decir, Uhra, a secas.
  —Alférez —dice uno de los soldados—, tú te apeas aquí. El Consejo desea oír la versión del superviviente.
  Kaim se dispone a abandonar el vehículo junto a los soldados. Sez se pone en pie rápidamente para seguirlos.
  —A ti no te han convocado, oficial Balmore —le informa el soldado.
  —¡Eh, pero yo también he sobrevivido!
  —El Consejo solo ha convocado al alférez Argonar. Siéntate y no protestes.
  Es curioso que un soldado normal y corriente se permita hablar así a una oficial. De esta conversación podemos deducir que los guerreros que no portan uniforme dorado pertenecen a una jerarquía diferente.
  Para acceder a Uhra, Kaim y sus dos escoltas (Talam y Ogles) deben atravesar la Gran Puerta, una estructura estrechamente vigilada por decenas de soldados. Un ascensor los conduce al monorraíl, uno de los dos medios de transporte más utilizados en aquella ciudad, junto a los taxis mágicos. Tras la revolución magicoindustrial, Uhra presenta un aspecto mecanizado, sin apenas vegetación. Gran parte de los habitantes agradecen las mejoras que trajo la revolución, pero muchos otros aseguran que la calidad de vida no ha hecho más que empeorar desde entonces. Por ejemplo, el ecosistema ha sufrido cambios irreversibles y los animales de fuera de la ciudad se están transformando en bestias monstruosas.
  Así es como lo presenta el propio juego: «Hace 30 años, un nuevo poder se manifestó en el mundo. Con su descubrimiento llegó la revolución magicoindustrial. A este poder se lo llamó “energía mágica”. Nadie puede explicar aún por qué este poder, un poder que simplemente permanecía enterrado en todas las criaturas humanas, emergió repentinamente del modo en que lo hizo. Ahora, esa energía mágica impregna cada rincón del mundo. Ha cambiado el modo de vivir de la gente, ha transformado la industria e incluso ha alterado la naturaleza de la guerra».
  Volvemos al monorraíl.
  —Tú eres el soldado inmortal, ¿no? —pregunta Ogles a Kaim—. De la 17ª División. ¡Los del frente! Es imposible sobrevivir a lo sucedido en las Cimas de Wohl. Pero aquí estás, sin un rasguño.
  —Disculpa, alférez —dice Talam—, pero todo esto es muy raro. Lo poco que salvamos estaba lejos de la zona del impacto. E incluso allí hubo heridos. Cuesta creer que alguien sobreviviera a algo así.
  —Pues no lo creas —responde Kaim, indiferente.
  —Al Consejo no le gustará esa actitud —le advierte Ogles—. Venga, cuéntanos. ¿Cómo lo lograste?
  Pero Kaim sigue sin ganas de charlar.
   
  Mientras tanto, los seis miembros del Consejo Central de Uhra, encabezado por el presidente Roxian, están reunidos en el edificio de gobierno. Como es una conversación muy caótica, voy a indicar quién habla antes de cada frase. Tres de ellos ni siquiera tienen nombre. Especial atención a Roxian y Gengara, que son los más importantes para el argumento.
  —[Roxian] ¿Es verdad que los khentianos quieren una tregua?
  —[Damora] Sí. Dicen que ha muerto la mitad de su población. La guerra la empezaron ellos, es justo que se retiren.
  —[Hombre remilgado] Y hemos perdido millares de soldados. Tras una pérdida así, si Gohtza nos atacara, seríamos incapaces de defender la nación.
  —[Mujer] Se comenta que Gohtza es la auténtica responsable del intento de invasión.
  —[Roxian] ¿Qué te hace pensar eso?
  —[Mujer] Se ha confirmado el traslado de material militar de Gohtza a Khent. Creemos que Gohtza pretende usar Khent para mantener la agitación y desestabilizar Uhra.
  —[Damora] ¿Quiere decir que el impacto del meteorito lo urdió Gohtza?
  La mujer no tiene pruebas que confirmen esa teoría, así que prefiere no seguir hablando.
  —[Hombre anciano] Señor, poseo información inquietante al respecto. Es posible que el impacto haya sido provocado por un incidente en Gran Arca.
  —[Roxian] Gran Arca… No es la primera vez que oigo algo así.
  —[Hombre anciano] No es seguro, pero, quizá, parte de la energía mágica se haya fugado de Gran Arca, interferido con algo del espacio exterior y, a la postre, provocado el desastre.
  —[Roxian] Gengara, Gran Arca es de su competencia. ¿Tiene algo que decir?
  —[Gengara] De momento, no. ¿De dónde ha sacado esa información? —pregunta al anciano—. La construcción de Gran Arca va sobre ruedas.
  —[Hombre remilgado] Dadas las pérdidas de las fuerzas de Uhra, creo que solo podemos proteger nuestra tierra con la energía mágica que producirá Gran Arca. No debemos debatir los pros y contras de Gran Arca hasta que analicemos la situación internacional.
  —[Roxian] Cierto. Pero nuestro plan de usar energía mágica es un arma de doble filo. Con tantos rumores circulando, convendría pausar la construcción de Gran Arca.
  —[Gengara] ¿Qué?
  —[Roxian] Solo temporalmente. Cuando esté probado que Gran Arca no tuvo nada que ver con el impacto del meteorito, reanudaremos la construcción.
  A Gengara no le ha hecho ninguna gracia aquello. Pero no tiene más remedio que aceptarlo, pues, como máximo mandatario de la república, Roxian tiene la última palabra.
  El Consejo Central recibe a Kaim en cuanto este llega al edificio de gobierno. Talam y Ogles, los escoltas, se despiden de él. Su participación en la historia ha sido breve, pero jamás los olvidaremos (mentira).
  —Alférez Kaim Argonar —dice el presidente Roxian—, gracias por su buen hacer. He oído que le han apodado «el inmortal». Dicen que no sobrevivió nadie, ni de Uhra ni de Khent, tras el impacto del meteorito en las Cimas de Wohl. —Una vez más, ignoran a Sez Balmore y los demás soldados supervivientes—. Mas aquí está, ileso, pese a hallarse en el lugar exacto del impacto. ¿Cómo sobrevivió?
  —No lo sé.
  Gengara interviene.
  —Señor, permítame explicarlo. Este hombre es inmortal gracias a mi energía mágica. Yo le lancé un conjuro de inmortalidad.
  —Um… Dígame, alférez, ¿cómo funciona el hechizo de inmortalidad?
  —No lo sé —repite Kaim, a solo un paso de comunicarse mediante gestos o emojis.
  —¿Qué? ¿Ni siquiera sabía que estaba hechizado?
  —No lo recuerdo. No recuerdo nada.
  —Señor —dice Gengara—, el alférez perdió sus recuerdos. Pero domina la energía mágica, y he estudiado sus habilidades.
  —Cuéntenos más sobre eso, Gengara —le pide Roxian.
  —Con el debido respeto, señor, el hechizo es una maldición. Se dice que el mero hecho de oírlo atrae a la muerte. Por la seguridad de todos, es mejor mantenerlo en secreto.
  —Um… De acuerdo. Confío en usted, creeré que no conviene saberlo. La muerte debería estar únicamente en manos del destino, y eso no podemos combatirlo. —Roxian se dirige nuevamente a Kaim—. Alférez, ya que es inmortal, el Consejo quiere encomendarle una misión especial. Por eso lo hemos convocado. Queremos que vaya a Gran Arca.
  —¡Señor! —exclama Gengara, quien no parecía conocedor de dicha decisión del Consejo (lo cual es extraño, dado que pertenece a él).
  —Gengara, no puede seguir ocultándolo. Hasta ahora, la construcción dependía de usted. Pero hemos perdido el contacto con el emplazamiento. Hasta que se confirme que el proyecto Gran Arca es seguro, se suspende la construcción.
  —Pero… —Gengara prefiere no insistir—. Entendido, señor.
  —Bien. En cuanto a usted, alférez Argonar… ¿Sabe algo de la construcción de Gran Arca en el mar de Baus?
  —He oído que es un arca mágica.
  —Así es —responde Roxian—. Como ya ha podido oír, hace tiempo que se cortó la comunicación con dicho emplazamiento. Dada la peligrosidad de las fugas de energía mágica, creemos que solo alguien inmortal debería investigar el origen.
  —Bueno, no soy el único inmortal…
  —¿Cómo dice?
  —En las Cimas de Wohl. Otra inmortal. Se llama Balmore.
  Gengara tuerce el gesto al escuchar ese nombre. Es evidente que la conoce, pero opta por guardar silencio.
  —Ah, estupendo —dice Roxian—. Ella lo acompañará. Me aseguraré de que se lo hagan saber. ¡Vamos, prepárenlo todo!
  —Enseguida, señor —asiente Damora.
  Sin embargo, Gengara todavía no se da por satisfecho.
  —Señor, disculpe mi impertinencia, pero… construimos Gran Arca por el bien del país y de su gente, y…
  —¡Suficiente! —lo interrumpe Roxian—. Esperaremos al informe de Kaim.
  —Como desee, señor.
  —Puede retirarse, alférez.
  Kaim abandona el edificio de gobierno. La reunión, no obstante, continúa.
  —Bien, señores —dice Roxian—. Propongo retirar a Gengara del proyecto Gran Arca, y transferir el control a este Consejo. Además, hasta que el alférez Argonar concluya su investigación, propongo que Gengara permanezca en su residencia bajo vigilancia. Quienes se opongan, que levanten la mano.
  —Parece que no puedo sino aceptar —responde el hombre remilgado.
  Ni siquiera Gengara eleva su mano, sabedor de que su voto no serviría de nada.
  —Veo que nadie pone objeción —prosigue el presidente Roxian—. Está decidido.

Capítulo 3 – Recuerdos olvidados

  Kaim Argonar dispone de tiempo libre antes del inicio de su próxima misión. Sez Balmore y él tendrán que buscar el origen de unas supuestas fugas de energía mágica. Por ahora, Kaim puede descansar en la posada. Sin embargo, podría ser buena idea darse una vuelta por la ciudad para hablar con los uhranos. Es así como nosotros, los jugadores, aprendemos que la república se instauró doce años atrás. El rey Zypha, amado por todos, abdicó tras la muerte de la reina. Tiempo después, el rey murió en «circunstancias sospechosas» no especificadas. Las malas lenguas culpan a Roxian y Gengara de esta fatalidad. Zypha y la reina anónima (algo bastante habitual en los JRPG, todo sea dicho) tenían un hijo, lord Tolten, cuyo paradero y ocupación actual tampoco especifican. Pronto lo conoceremos.
  Ahora, tenemos que dar la bienvenida a uno de los elementos más identificativos de Lost Odyssey. Al hablar con Tolsan (¡no confundir con Tolten!), el dueño de la posada, Kaim recuerda una historia de su pasado. No es más que la primera historia de las muchas que componen la colección «Mil años de sueños», una serie de relatos, cada cual más triste y desgarrador que el anterior, obra de Kiyoshi Shigematsu. No exagero si digo que nunca he visto nada igual. Son más de treinta relatos cortos hechos con intención de dejar al lector hecho polvo. Y desde luego que lo consigue. Voy a transcribirlos todos en la guía argumental, porque merecen muchísimo la pena. Pero no lo voy a hacer ahora. Por el momento, lo único que necesitamos saber, de la información sacada de esos primeros relatos, es que Kaim tiene ¡mil años! Al ser inmortal, ha experimentado la pérdida de innumerables seres queridos. Es decir, que eso de que fue Gengara quien volvió inmortal a Kaim era mentira cochina.
  Por la noche, Kaim tiene un sueño. Pero uno de verdad, sin relato añadido, aunque con pinta de tratarse de otro recuerdo auténtico. Ni siquiera Kaim es capaz de discernir entre realidad y ficción. Sea como sea, en este sueño se ve a una niña a punto de saltar por un acantilado. Kaim trata desesperadamente de evitarlo, pero no llega a tiempo. La niña se precipita al vacío. Kaim y una mujer con gafas lloran desconsolados. Todo cobrará sentido a su debido momento.
  Por la mañana, Kaim sale a dar un paseo. Al pasar junto a un espejo, se da cuenta de que un hombre lo está siguiendo de forma no demasiado disimulada. El alférez le prepara una emboscada en un callejón. En cuanto el tipo gira la esquina, Kaim lo agarra por el cuello.
  —¿Por qué me sigues?
  —Eres Kaim Argonar, ¿verdad? —dice como puede—. El señor Gengara me pidió que lo hiciera. Me ha encargado decirte que fueras a su mansión. Quiere contarte una cosa.
  Kaim suelta el agarre.
  —¿Y tú eres…?
  —Jansen, mensajero del señor Gengara, para servirte.
  Kaim acepta la invitación de Gengara y se dirige a su mansión. Sin embargo, el consejero está reunido, por lo que Kaim tendrá que esperar fuera. Nosotros, mientras tanto, vamos a presenciar dicha reunión.
  —¡El arresto domiciliario es excesivo! —protesta Tolten, hijo del fallecido rey Zypha—. No comparto la decisión de Roxian. No te preocupes, Gengara.
  —Gracias, alteza. Es más de lo que podía pedir. Su padre estaría orgulloso.
  —Jamás estaré a la altura de mi padre. Y, ahora que Uhra es una república, puedes tratarme como a un ciudadano más. Nada de «alteza».
  —Debo mostrarle el respeto que merece su sangre azul.
  —Cuida tus palabras, Gengara. Creerán que eres un disidente ansioso por restaurar la monarquía.
  —Me alegro de que haya venido a verme. —El consejero se inclina ante Tolten—. Siempre ha sido muy amable conmigo.
  —Tú me introdujiste al mundo de la magia. No puedo sino estarte agradecido. —Tolten camina de un lado para otro, pensativo—. No entiendo a Roxian. Creo que planea detener la actividad de Gran Arca. Me exaspera. Todo el país se beneficia de la energía mágica, pero Roxian no parece comprender lo que Gran Arca significa. ¡Imagina cuánto mejorará la vida de la gente si intensificamos la energía mágica con Gran Arca! Ya no harían falta soldados. Tú has visto el futuro de Uhra y sabes que Gran Arca lo haría posible. Roxian es demasiado obtuso para que el país prospere.
  —Celebro que lo entienda. Aunque detengan Gran Arca, podemos desarrollar un motor mágico mucho mejor.
  —Dime qué necesitas, Gengara. Te ayudaré.
  —No lo merezco, alteza.
  Tras la reunión, Tolten abandona la mansión en su coche privado. Kaim y él se cruzan sin pronunciar palabra. Los empleados de Gengara acompañan a Kaim hasta el estudio de la mansión, donde aguarda el consejero.
  —Oh, aquí está. —Gengara da la bienvenida a Kaim, quien se arrodilla ante él y le besa mano—. Lo he hecho llamar por un motivo.
  —Espere.
  El alférez ha notado que no están solos. Un tercer hombre permanece escondido tras una columna. Se trata de Jansen, el supuesto mensajero. Kaim lo saca de su escondite amenazándolo con la espada.
  —¡Ey, ey, ey! —Jansen no se resiste—. No voy armado, ¿vale? ¡Calma!
  —¿Qué haces aquí?
  —Ya te dije que solo soy un mensajero. Quería comprobar si habías venido o no. Ya veo que sí. ¡Me alegro!
  Notaréis que Jansen suele hablar de forma atropellada. Es un personaje de lo más peculiar.
  —Basta, Kaim. —Gengara evita que corra la sangre—. Es de fiar.
  —Gracias —dice Jansen—. Aunque un poco tarde…
  —Nos será de ayuda —sigue el consejero—. Es astuto y sagaz, y tiene muchos contactos. Quiero que lo lleve con usted a Gran Arca.
  —No es buena idea, señor —replica Kaim.
  —Sabía que diría eso, je, je —responde Jansen, resignado—. ¡Problemas! ¡Hola!
  Pero Gengara insiste.
  —La otra inmortal de la investigación podría ser peligrosa. —Se refiere a Sez Balmore, obviamente—. En su día fue pirata. No sé qué la llevó a unirse a nuestro ejército. Bueno, el pasado es el pasado, y no sé más de ella. Llévese a Jansen. La tendrá vigilada. Aunque no lo parezca, sabe cómo tratar con las mujeres.
  Al parecer, las mujeres requieren manual de instrucciones.
  —He oído que es un bombón —dice Jansen mientras se sienta en un sofá con total confianza—. La habéis visto, ¿no? —Los otros dos hombres le dedican sendas miradas de pocos amigos—. Vale, vale, me callo. Cuánta seriedad…
  Kaim acepta llevar a Jansen consigo, no porque lo considere necesario, sino porque así se lo ha ordenado Gengara. Pero, hasta el inicio de la misión, volverán a separar sus caminos.
  —Recuerde, Kaim —le dice Gengara al oído—. Solo puedo fiarme de usted. De momento, no tengo permitido salir de la mansión, pero Gran Arca es mi vida. Si algo va mal, necesito que use sus poderes inmortales para averiguar qué ocurre. ¿Entendido?
  —Sí.
  —Ya le daré instrucciones. Ahora váyase.
  En cuanto Kaim abandona el estudio, Gengara entrega una pequeña bolsa a Jansen.
  —Por las molestias.
  —Uh, bravo. Será divertido trabajar con él. Pero, señor, he estado pensando… Trabajar con ese será como jugar con fuego. ¿Se ha fijado en sus ojos? Qué miedo. Esto me da mala espina. Me temo que esta pequeña garantía no bastará para que lo vigile. Necesitaré un poco más, ¿entiende?
  —Ya tienes un contrato mágico. No seas codicioso. —Gengara enciende un candelabro con un hechizo de fuego para amedrentar a Jansen—. ¿Sigues pensando que te pago poco?
  —No es gracioso, ¿vale? Uf, qué gente… Mejor voy a darme un baño.
  Mientras tanto, Kaim se ha topado con Sez Balmore. No es un encuentro casual, pues la mujer inmortal lo estaba buscando.
  —He oído lo de la investigación de Gran Arca. Parece que nos ha tocado. No les basta con que sigamos vivos, ¿eh? Siempre pasa algo. Cuéntame, ¿qué averiguaste en el consejo?
  —Nada que te ataña.
  —Ah, ¿sí? Oye, ¿no nos conocemos de antes? Um… No pasa nada si no te acuerdas, porque yo tampoco.
  —¿Tú también has perdido los recuerdos? —pregunta Kaim.
  —No recuerdo nada. Solo sé que me llamo Sez Balmore. Dicen que antes era pirata. ¿No te parece raro que ambos perdiéramos la memoria y seamos inmortales? Quizá nos conocíamos. Es lo que siento al mirarte. ¿Seríamos enemigos? ¿O aliados? ¿Amantes, tal vez? —Kaim la ignora—. ¿Ansioso por salir mañana de viaje, Kaim Argonar?
  —¿Mañana?
  —¿El Consejo no te ha avisado? Partimos hacia Gran Arca por la mañana. Pensé que ya lo sabrías. ¡Prohibido llegar tarde!
  Sez sale corriendo. Pese a su comportamiento tan extrovertido y cercano, la expresión de su rostro al marcharse parece indicar que está ocultando algo…

Capítulo 4 – Montañas Ípsilon

  Un nuevo día, una nueva misión. Kaim Argonar y Sez Balmore se reúnen ante la Gran Puerta de Uhra.
  —¿Salimos ya? —pregunta ella, impaciente.
  —Espera. Hay alguien más en el equipo.
  —¿Qué? No sabía nada.
  Jansen aparece unos minutos después, acompañado por tres mujeres jóvenes, de escaso ropaje y actitud exageradamente cariñosa.
  —¡Eh, muy buenos días a todo el mundo! —exclama Jansen al llegar a la Gran Puerta—. Je, je… Os veo triple…
  —¿Este es el otro? —pregunta Sez, incrédula.
  —¡Oh, nena, qué mujer! ¡Es mi día de suerte!
  Sez se aleja de él.
  —¡Apesta a alcohol!
  —¿A qué se debe el retraso? —le recrimina Kaim.
  —¿No lo ves? —Jansen señala a sus acompañantes con la mirada—. Un hombre tiene que hacer ciertas cosas antes de una misión así. ¡Gracias, amorcitos! ¡El gran Jansen sale a buscar una muerte segura! Ya os echo de menos… —Jansen mira a Kaim con nerviosismo—. Eh… ¿Me dais quince minutos más? Quince para ella, quince para ella y quince para ella. Solo son tres cuartos de hora…
  —¡Como si te fuéramos a esperar, borrachuzo! —lo interrumpe Sez, menos paciente que Kaim—. Vosotras, podéis iros. Gracias por traerlo.
  Sez recompensa a cada chica con una moneda. Esto hace que ellas empiecen a comportarse de forma igual de cariñosa con Sez. Un momento bastante incómodo para la mujer inmortal, que no tarda en quitárselas de encima.
  Por el bien de todos, será mejor olvidar esta última escena y comenzar la misión…
  Vamos a ubicarnos. Las Cimas de Wohl, donde cayó el meteorito, se hallan en el extremo noroeste del continente. La ciudad de Uhra está justo al sur de Wohl. El destino de Kaim, Sez y Jansen está más allá de las montañas Ípsilon, al este de Uhra, aún lejos de lo que podríamos considerar el centro del continente. No será un viaje fácil, sobre todo porque Jansen no deja de quejarse.
  —«Dinero fácil, basta con acompañarlos…». Qué aburrimiento. ¡Ni siquiera hay camino!
  —Cálmate —responde Sez—. Si con esto basta para agotarte, mala cosa.
  —Bueno, en la cama aguanto mucho más.
  Sez, haciendo gala de un gran autocontrol, opta por ignorar ese comentario.
  —Tenemos que cruzar unas montañas altas y escabrosas. El tiempo es impredecible. Como el terreno es inestable, también tendremos que estar atentos a los desprendimientos. Aunque prefiero verte caer a ti antes que a ninguna roca.
  —Je, je, je… Muy graciosa —responde Jansen con tono irónico—. ¿Sabes? Lord Gengara decía que tenías mala memoria. O sea, seguro que conoces bien estas montañas. Y, por supuesto, todos los días te depilas y te repasas las cejas. Además, me debes dinero, así que… No sé, no lo entiendo. ¿De verdad no recuerdas nada?
  —Bueno, mi cuerpo sí.
  —¿Qué?
  —Hubo un tiempo en el que iba por aquí a toda prisa. Era pirata, y se supone que también recorrí estas montañas. Pero el caso es que no recuerdo qué parte de todo eso es verdad. No tengo ninguna respuesta.
  —Oh… ¿Y tú, Kaim? ¿Te ha dicho alguien a qué te dedicabas antes?
  —No.
  —¿Nada?
  —Nada.
  —Bueno, con tanta alegría y buen humor, es normal que nadie se acuerde de ti.
  —No me importa —replica Kaim—. Mi cuerpo también recuerda. Recuerda… el dolor. Si llegara a recordar, y mi pasado no fuera gran cosa, creo que sería mejor no recordar.
  —Ah, bien visto.
  —Kaim —dice Sez—, no hay ninguna prisa. Los recuerdos te volverán poco a poco. Y no todos serán malos.
  El grupo se topa con los primeros enemigos. Hay varios detalles importantes que quiero mencionar, como, por ejemplo, la capacidad de Jansen para lanzar magia. Sin duda, debía ser eso a lo que se refería Gengara con «contrato mágico». Es decir, que Jansen ha obtenido esa habilidad gracias a Gengara. Como dato añadido, los inmortales pueden aprender habilidades de los humanos normales, por lo que Kaim y Sez también pueden aprender magia al luchar junto a Jansen. Pero esto son cuestiones jugables sin mayor trascendencia. Lo que sí atañe al apartado argumental, y no podemos pasar por alto, es saber cómo afecta al juego que varios de los protagonistas sean inmortales. Es decir, ¿significa esto que resulta imposible perder? Pues tendría sentido que fuese así, la verdad… Pero sería bastante decepcionante, ¿no? Es por eso que Mistwalker se ha tomado ciertas licencias con el tema de la inmortalidad en combate. Si la vida de Kaim o Sez cae a cero, ambos resucitan al cabo de varios turnos. Pero si todos los personajes se quedan sin vida al mismo tiempo, fin de la partida. Han dado un poco de lado la coherencia argumental por el bien de la jugabilidad.
  Kaim, Sez y Jansen encuentran una cabaña de piedra abandonada en las montañas Ípsilon. El mensajero insiste en descansar, ya que no tiene tanto aguante físico como los inmortales. Sez se opone, pero Kaim acepta. Ganadores por mayoría. Además, queda implícito que Kaim es el líder de la expedición.
  Mientras sus dos compañeros descansan, Jansen examina una pequeña perla oscura que lleva en el bolsillo. Es un regalo de Gengara, aunque con no muy buenas intenciones: Jansen debe utilizarla si Kaim o Sez comienzan a recobrar sus recuerdos. ¿Qué trama el consejero? ¿Tiene algo que ocultar? Jansen se asegura de volver a esconder la perla antes de que Kaim o Sez puedan verla.
   
  La escena se traslada al castillo de Uhra. Aunque Tolten asegure que ya no es parte de la realeza, pues hace más de una década que viven en una república, y, por lo tanto, según sus palabras, «pueden tratarlo como a un ciudadano más», no parece dispuesto a renunciar al castillo ni a las sirvientas. Eso de mantener los privilegios, pero no las obligaciones, no suena mal, ¿eh? En cualquier caso, Tolten está a punto de cenar. Una joven mujer le sirve un plato de sopa, que el príncipe (no lo es, pero vais a aceptarme la licencia) se dispone a ingerir tan pronto como deje de quemar. Sin embargo, la espera es inútil, pues Gengara irrumpe en el comedor antes de que Tolten pueda llevarse la cuchara a la boca.
  —Perdone la intrusión.
  Sin más explicaciones, Gengara arrebata el plato de sopa al príncipe y lo arroja al suelo.
  —¡¿Qué haces?!
  —Espere un momento.
  Gengara suelta a un ratón junto a la sopa derramada.
  —¿Qué sucede? —insiste Tolten, desconcertado—. ¡El Consejo te puso bajo arresto domiciliario!
  —Observe.
  El ratón cae panza arriba y deja de moverse. ¡La sopa estaba envenenada! No solo eso, sino que, en cuestión de segundos, el cuerpo del ratoncito se transforma en una planta monstruosa, a la que Gengara extermina con un hechizo de fuego.
  —¡¿Qué significa esto?! —exclama Tolten.
  —Hay quien no desea que se restaure el poder de la monarquía.
  —¡Pero yo no quiero volver al poder!
  —Con todo respeto… Aunque algunos necios apoyan totalmente nuestra actual república, hay otros que desean reinstaurar una monarquía firme y poderosa. Pese a los deseos de su alteza, nuestro país se debate entre dos fuerzas políticas. El pasado contra el presente. Debe tenerlo en cuenta. Afortunadamente, noté el peligro mediante energía mágica. Aunque estoy bajo arresto, no podía permitir que usted fuese asesinado. Tengo muchos modos de venir en secreto, alteza.
  —Pero, si Roxian supiese que has salido de tu casa, te impondrían mayores restricciones aún.
  —Sé cuidar de mí mismo, alteza.
  —Pero yo no —se lamenta Tolten—. Si no hubieses venido, habría acabado como ese ratón…
  —Siempre podrá contar conmigo, alteza.
  —Gracias, Gengara. Gracias…
  El consejero deja a Tolten en el comedor y se dispone a volver a su mansión. Antes de abandonar el castillo, no obstante, entrega una bolsa de dinero a la sirvienta que preparó la sopa.
  —Debemos seguir presionándolo —dice él—. Estaré en contacto cuando llegue el momento.
  ¡Todo ha sido un plan de Gengara!

Capítulo 5 – Fuga de energía

  Ha comenzado a llover cuando Kaim, Sez y Jansen abandonan la cabaña de piedra. Aun así, deben seguir avanzando. El clima les concede una tregua antes de llegar a la cima de las montañas Ípsilon. Desde allí pueden observar, en todo su esplendor, el mar de Baus. Junto a la costa, en una pequeña península, hay una estructura muy alta y estrecha, como una vara gigantesca clavada en la tierra.
  —¿Qué es eso? —pregunta Jansen.
  —Gran Arca —explica Sez—. Esa luz que se ve debe de ser energía mágica. Es probable que haya una fuga.
  Los tres observan Gran Arca en silencio.
  —Ya he visto esto antes… —dice Kaim al cabo de unos segundos.
  —¿Dónde? —pregunta Jansen.
  —Um… No lo recuerdo.
  Perdón por el inciso, pero ¿qué les hace pensar que fue en otro sitio? Lo lógico, con lo poco que saben, es que viera Gran Arca allí mismo, tal y donde está construida, tiempo atrás. Kaim solo recuerda que Gran Arca emitía mucha luz y que él estaba desnudo.
  —¿Será un déjà vu? —dice Jansen—. O tal vez estés recuperando la memoria.
  —Entonces —insiste Sez—, ¿sientes como si hubieras visto esto antes?
  —¿Por qué te interesa tanto? —responde Kaim, receloso.
  —Solo estoy siendo amistosa.
  —No vuelvas a mirarme así.
  —Es que creía que tú… Bah, olvídalo.
  Qué momento tan tenso ha surgido de la nada. Aunque, para «surgido de la nada», el monstruo volador que ataca al grupo en la cima de las montañas Ípsilon. Su nombre es Grilgan, y su labor consiste en demostrarnos que Lost Odyssey puede hacerse realmente complicado desde el principio si no vamos bien preparados y jugamos con mucha cabeza.
  —Uf, lo conseguimos. —Sez respira aliviada tras el combate.
  —¡¿Cómo puedes estar tan tranquila?! —exclama Jansen, todavía con el susto en el cuerpo—. ¡Casi me comen vivo!
  —Bueno, no estaría mal, así hablarías menos.
  En el extremo sur de las montañas Ípsilon hay un complejo minero. Kaim, Sez y Jansen lo rodean y llegan a la base de construcción de Gran Arca. Allí conocen a un técnico llamado Tawilon.
  —¿Quiénes sois?
  —¿Nadie te ha avisado? —responde Sez—. Somos investigadores enviados por el consejo. Me llamo Sez. Él es Kaim. El otro da igual.
  —Ah, es que se han cortado nuestras comunicaciones. El motor mágico se ha vuelto a averiar y se ha filtrado energía mágica por todas partes.
  —¡Sabía que estaba descontrolado! —dice Jansen—. ¿No fue lo que hizo caer el meteorito?
  —¿Meteorito? ¿De qué hablas? Hemos hecho lo que hemos podido. Evacuamos la zona, pero no sin antes colocar una válvula de control para detener el flujo. Hace tres días, la fuga era increíble.
  —Hace tres días… —repite Sez—. Fue justo cuando cayó el meteorito.
  Es decir, que todo apunta a que, en efecto, la fuga de energía mágica está relacionada con la caída del meteorito. Algunos técnicos sospechan que no fue un accidente, sino un sabotaje, pues, según ellos, se dieron demasiadas casualidades a la vez. Ahí queda eso.
  En la base de datos del recinto hay información interesante. Echémosle un vistazo.
   
  «Gran Arca: Para responder a las nuevas necesidades de la revolución magicoindustrial, el Consejo de Uhra desarrolló el proyecto de construcción de Gran Arca. El proyecto está dirigido por el consejero Gengara, el mejor hechicero de la historia de Uhra. Su objetivo último es explotar y maximizar la reserva de energía mágica nacional.
  Anomalías en el mar de Baus: Las perturbaciones en el mar de Baus, debidas a la gran cantidad de energía mágica, se han estudiado con detenimiento. El efecto secundario más preocupante ha sido la rápida transformación de la flora y la fauna en monstruos, especialmente las criaturas marinas. De tamaño descomunal y a menudo extremadamente agresivos, estos monstruos han empezado a atacar a las personas. Se cree que estas transformaciones son debidas a la energía mágica de la zona.
  Hipercorrientes: Aunque su fuerza y su velocidad hagan que parezcan un fenómeno sobrenatural, las hipercorrientes son totalmente normales y no están relacionadas con la reciente aparición de la energía mágica. Se tiene constancia de su presencia en los mares de todo el mundo desde hace mucho tiempo, pero, según algunos informes recientes, la energía mágica aumenta su tamaño y su velocidad. Hoy en día, tanto las zonas de hipercorriente como las aguas colindantes se consideran extremadamente peligrosas.»
   
  Kaim, Sez y Jansen se dirigen a la península donde se eleva Gran Arca, junto al mar de Baus. Como no tardan en descubrir, numerosos monstruos están mordisqueando las enormes tuberías para extraer y consumir la energía mágica. Entre ellos destaca un gran gusano de arena llamado Bogimoray. Acabar con ellos no soluciona el problema de la fuga, pero, al menos, evita que vaya a peor. Y les da experiencia.
  De pronto, un grupo de soldados rodea al trío. Sus armaduras de color blanco les son desconocidas. Algunos, incluyendo el hombre que parece estar al mando, permanecen algo alejados, mientras los demás se enfrentan en combate a Kaim y compañía. Pintan bastos para nuestros héroes.
  —¡Es inútil! —se lamenta Sez—. ¡Jansen, ataca la tubería! ¡Prende la energía mágica!
  —¡¿Qué?! ¡Eso no va a funcionar!
  —¡No tenemos otra opción!
  —Jansen, hazlo —le pide Kaim.
  Aunque no le parece buena idea, Jansen lanza un hechizo directo contra la fuga de energía. La explosión resultante no solo incapacita a sus enemigos, sino también a ellos tres. Al final no era tan buena idea, no.

Enlaces:

Parte 1: capítulos 1-5 cursor
Parte 2: capítulos 6-15
Parte 3: capítulos 16-25
Parte 4: capítulos 26-37
Mil años de sueños

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