Guía argumental de Illusion of Time / Illusion of Gaia – Parte 1
Guía argumental de Illusion of Time / Illusion of Gaia – Parte 1
Fecha de publicación: 16 de julio de 2014
Autor: Chris H.
Fecha de publicación: 16 de julio de 2014
Autor: Chris H.

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Introducción

  El mundo estaba en la era de las grandes exploraciones. Buscando nuevas tierras, los hombres descubrieron viejas reliquias de antiguas culturas.
  Con el paso del tiempo, aparecieron muchas leyendas. Una leyenda de cada ruina, una leyenda de cada cultura. Se encontraron varias reliquias en las ruinas. Una de las leyendas hablaba de estatuas extrañas con forma de espíritus. ¿Qué era un espíritu para los antiguos? Las ruinas no nos lo dicen.
  La gente que llegó a las ruinas en busca de riquezas, entró y nunca más volvió a ser vista. Algunos decían que había trampas para proteger los tesoros, otros decían que era una maldición. Nadie pensó que estas ruinas traerían el desastre…

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Capítulo 1 – South Cape

  Un nuevo día de clase termina en la tranquila villa costera de South Cape. Tan solo cuatro niños acuden a la escuela, ya que “Cabo del Sur” (que es lo que significa “South Cape” en castellano) es un pueblo más bien pequeño. Los nombres de estos jóvenes son Will, Lance, Seth y Erik. Conozcámoslos un poco mejor.
  Will es el protagonista de Illusion of Time. Tras la muerte de su madre y la desaparición de su padre, un explorador llamado Olman, Will fue acogido por sus abuelos, Bill y Lola, con quienes vive desde entonces. Olman fue visto por última vez un año atrás, durante una expedición a la Torre de Babel, en la que también participaba el joven Will. El chico fue el único que logró regresar a su hogar, aunque ni siquiera sabe muy bien cómo lo consiguió. Will sueña con convertirse en aventurero para, algún día, poder buscar a su padre. Parece poco probable que Olman haya sobrevivido tanto tiempo, pero Will no pierde la esperanza de reencontrarse con él.
  Lance es el mejor amigo de Will. Su padre, que también era explorador, desapareció en la Torre de Babel junto con Olman, por lo que ahora Lance y su frágil madre viven solos. La mujer lleva deprimida desde aquella tragedia, lo que le está costando un alto precio a su salud.
  Seth es el más inteligente del grupo. Al igual que Will y Lance, su vida tampoco es de color de rosa, pues sus padres discuten todo el tiempo, haciendo muy difícil la convivencia en su hogar. Seth es la única razón de que sus padres no se hayan separado…, aunque flaco favor le están haciendo, la verdad.
  Erik es el benjamín de la pandilla. Aun así, acude a la misma clase que sus compañeros, ya que, al ser tan pocos, no pueden dividir las enseñanzas por edades. La mansión de su familia es el edificio más grande de South Cape, por lo que parece evidente que no van faltos de dinero. Erik tiene tres hermanas que, o bien todavía no van al colegio, o ellas si cuentan con una clase aparte.
  Como dato curioso, en la versión original Will se llama Tem (“Temu”), Lance se llama Rob (“Robu”) y Seth se llama Maurice (“Morisu”). Erik se mantiene igual (“Erikku”).
  Los cuatro amigos suelen juntarse en lo que llaman “cueva del acantilado”, un lugar apartado, pegado al mar, donde pueden divertirse y relajarse tras la correspondiente jornada escolar. Y el día en que da comienzo la historia de Illusion of Time no será distinto.
  Cuando Will llega a la cueva, Lance y Seth ya se encuentran allí, jugando a las cartas. Erik se une a ellos poco después, con expresión alarmada.
  —¡Eh! ¡Noticias! ¡Grandes noticias! ¡La princesa ha huido del castillo de Edward! ¡Dicen que está en South Cape!
  —¿Eso es todo? —responde Lance, poco interesado en el tema—. ¡Venías tan deprisa que pensé que algo realmente importante había pasado! La princesa debe ser esa chica mimada, Kara… ¡La que te gusta tanto!
  —¡Mentira! —protesta Erik, avergonzado—. ¡Quizá los soldados vengan aquí a buscarla! Los soldados del castillo de Edward van muy chulos. Yo también quiero un casco de acero como los suyos.
  Los cuatro amigos deciden no dar más importancia a aquel asunto. No es algo que les afecte de ninguna manera.
  —¿Qué podríamos hacer hoy? —pregunta Seth.
  —Quiero ver el misterioso poder de Will —pide Erik, emocionado.
  Los extraños poderes de Will no dejan de sorprender a sus amigos, quienes le piden demostraciones una y otra vez. El hijo de Olman puede atraer objetos sin tocarlos, tan sólo usando una flauta que trajo consigo de la Torre de Babel. Si bien no funciona con cualquier objeto, es una habilidad que ha logrado dominar con el tiempo.
  Y ahí no acaba la cosa…
  —Pondré 4 cartas boca abajo —Lance prepara el siguiente “espectáculo”—. Elige la que creas que es el as de diamantes.
  Will recoge un naipe…. y, como siempre, acierta.
  —Debe de ser algún tipo de poder psíquico —concluye Seth—. Si no te conociera, pensaría que es magia. La mayoría de la gente tiene cinco sentidos: vista, oído, gusto, olfato y tacto. Creo que el poder psíquico de Will es una especie de sexto sentido.
  Aunque Seth trata de buscar una explicación racional a estos poderes telequinéticos y telepáticos, lo cierto es que Will posee una capacidad extrasensorial única, que también le permite detectar portales oscuros que comunican con otra dimensión. Es el Espacio Oscuro, un lugar completamente vacío, excepto por el misterioso ser con rostro de mujer que parece estar esperándolo cada vez que Will atraviesa los portales.
  —Soy Gaia, fuente de toda vida. Te ayudaré en tu viaje. Sólo alguien con el Poder Oscuro puede ver este espacio. Tú eres el elegido.
  Todos estos poderes serán fundamentales en el viaje que Will está a punto de iniciar.
  Hechas las presentaciones, comencemos con la historia.

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Capítulo 2 – La niña y el cerdo

  Tras pasar toda la tarde jugando con sus amigos, Will regresa a casa a tiempo para la cena. Allí, en la primera de las dos plantas que componen su hogar, se encuentra con alguien inesperado: es… un cerdo. Cuando Will intenta subir por las escaleras que comunican con el segundo piso, el cerdo se lo impide, interponiéndose en su camino.
  —¡Hamlet! ¡No deberías molestar a los extraños! —una chica baja por las escaleras, reprendiendo al cerdito—. ¿Es esta tu casa?
  —Sí —responde Will, desconcertado.
  —Francamente, tu aspecto es lamentable. Tu padre y madre… no están aquí, ¿verdad? —la chica mira una foto que hay colgada en la pared—. ¿Son estos tus padres?
  —Mi padre es un explorador. Él…
  —Ya lo sé —lo interrumpe—. Olman, el explorador. Dicen que desapareció.
  —Volverá algún día.
  —Estás triste, ¿verdad? Yo estaría triste si me hubiera pasado a mí. Lo siento… —la chica intenta cambiar de tema—. Bueno, ¿hay algún piano por aquí?
  —No, no lo hay. Pero la abuela Lola es una gran cantante.
  —Lo sé, están cantando arriba. ¡Tienen unas voces muy potentes!
  Sin Hamlet molestando, Will puede ascender a la segunda planta para pedir explicaciones a sus abuelos. Y no podía haber elegido peor momento, pues, apenas ha puesto un pie arriba, escuchan un grito procedente del piso inferior. Dos soldados han irrumpido en la casa y han arrinconado a la chica y a su cerdito Hamlet contra la pared.
  —¡Princesa! —exclama uno de ellos—. ¡Te estábamos buscando!
  —¡No te conozco! —replica la chica—. ¡Fuera!
  —Pero ¿qué dices? Si no te llevo a casa perderé la cabeza.
  —¿Y a mí qué me importa si pierdes tu cabeza?
  —¡Princesa! —insiste el hombre—. ¿Crees que no tengo nada mejor que hacer que buscarte? Debo llevarte a casa. ¡Órdenes del rey!
  Uno de los soldados levanta a la chica en brazos sin que ella pueda resistirse. Antes de salir de la casa, la princesa dedica unas palabras a Will.
  —Perdona por haberte mentido. Soy Kara, la hija del rey Edward. Will, siento como si nos conociéramos de antes; como si ya fuéramos buenos amigos…
  Los dos soldados se marchan de allí, llevando a la princesa y a Hamlet con ellos, y dejando a Will a solas con sus abuelos.
  —El castillo de Edward… —Lola se queda pensativa—. Hay un gran laberinto debajo del castillo. Tu abuelo lo diseñó.
  —¿Qué? —responde Will, sorprendido—. ¿De verdad?
  —Yo era arquitecto —explica Bill—. Hay una prisión debajo del castillo. Tiene forma de laberinto para evitar que los prisioneros escapen. Siento haber construido una prisión donde gente desaparece y nunca más se vuelve a oír de ella…

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Capítulo 3 – Anillo de cristal

  “Aquella noche, Will soñó que Kara y él emprendían un viaje por el mundo… A la mañana siguiente, algo empezó a pasar…”

  Cuando Will despierta, su abuela Lola le informa de una sorprendente noticia.
  —Buenos días, Will. Has recibido una carta del rey Edward.
  La misiva dice lo siguiente: “Trae el anillo de cristal de Olman al castillo de Edward.”
  —¿Un anillo de cristal? —se pregunta Bill—. No tengo ni idea de a qué se refiere. No había nada así en el equipaje que dejó tu padre.
  —He estado de mal humor desde que vi esta carta —protesta Lola—. Oh, Will, te enseñaré una canción. Cuando estoy triste, tararear esto me hace sentir mejor.
  Lola comienza a tararear una melodía. Aunque Will no la había oído nunca, le resulta extrañamente familiar. No es que el chico sea muy buen cantante, pero puede interpretarla con la flauta, algo que le será de ayuda en el futuro próximo.
  Es día libre en el colegio, así que Will podrá acudir al encuentro del rey Edward sin dilación. El castillo está ubicado al norte de South Cape, muy cerca de allí, por lo que no tarda en llegar. Tras mostrar la carta a los soldados de la entrada, éstos le dejan pasar, no sin antes advertirle de que el rey está en medio de su desayuno, por lo que deberá esperar a que termine (a mí me pasa lo mismo con los funcionarios cada vez que voy al ayuntamiento). Will aprovecha para deambular por el castillo, y termina encontrándose de nuevo con la princesa Kara.
  —Tú… —ella lo ha reconocido al instante—. Ayer…
  —Me ordenaron que trajera el anillo de cristal al rey Edward.
  —¡Terrible! ¡Es terrible! ¡De nuevo, mi padre está intentando apoderarse de los bienes de otra persona! —la chica parece preocupada—. Últimamente, algo muy extraño ha pasado en el castillo. Mi madre ha contratado a un famoso cazador. Es siniestro. Tengo miedo. Mi padre y mi madre parecen haber cambiado. ¡Por favor, sálvame! ¡Sácame de aquí!
  Por desgracia, no hay nada que Will pueda hacer por ella en esas condiciones. Un soldado vigila a la princesa para que no vuelva a escaparse, y él debe acudir a su cita con el rey, quien ya ha terminado su desayuno.
  En el salón del trono, el rey Edward y la reina Edwina esperan la llegada de su invitado.
  —¿Eres Will? —Edward mira con altivez al chico de South Cape—. Tienes un aspecto lamentable. Bien, ¿has traído el anillo de cristal?
  —No —confiesa sin rodeos.
  —¡¿Cómo te atreves?! ¡Guardias, meted a esta descarada comadreja en la prisión! ¡Después, id a su casa y buscad el anillo!
  Will no entiende nada de lo que está ocurriendo, pues él nunca había oído hablar del anillo que, en teoría, perteneció a Olman. Si ha acudido al castillo, ha sido precisamente para saber más sobre él. Pero tanto el rey como la reina se niegan a escuchar.
  Los soldados acompañan al chico hasta una preciosa habitación de piedra y musgo, en lo más profundo de la mazmorra subterránea.
  —¿Por qué tendré que sufrir así…? —se lamenta Will—. ¿Qué será de mí ahora…? Da igual, tengo que pensar en una forma de salir de aquí.
  Will examina a fondo su celda, pero no halla ninguna posible vía de escape. Los muros son muy gruesos, y la puerta de barrotes está firmemente cerrada. La única comida que le proporcionan los soldados son trozos de pan duro. Cómo ha cambiado su vida en tan poco tiempo…
  El día da paso a la noche, y Will se queda dormido. Entonces, empieza a oír un sonido distante, como una voz, que cada vez suena más nítida. Cuando Will abre los ojos, descubre que la voz surge de… ¿su flauta?
  —Will… Soy yo, tu padre.
  —¿Padre…? —Will no da crédito.
  —Eras un niño muy guapo. Has crecido mucho. ¿A que está bueno el pastel de la abuela Lola?
  —¡Por supuesto, papá! ¡¿Dónde estás?!
  —No te lo puedo decir ahora. Tengo algo que pedirte. Escucha: yo también estuve encerrado en esta celda. Mira la pared de la izquierda.
  Allí hay una piedra de color rojizo. Will la recoge, atrayéndola con sus poderes telequinéticos.
  —¿Sabes algo del abuelo Bill? —pregunta la voz desde la flauta.
  —Era arquitecto, ¿no?
  —Tu abuelo conoce el secreto de esa piedra.
  —¿El secreto…?
  —En el futuro te enfrentarás a algo terrible.
  —¿Tengo que hacerlo? —Will muestra dudas.
  —Recoge las piedras dejadas por tus enemigos. El poder del Cristal está dentro de ellas. Ese poder demostrará ser tu aliado. Debes visitar las ruinas del mundo y encontrar las Estatuas Místicas. Cuanto más cerca estés del Cristal, mayor será el poder del demonio… Will… Vamos… Rápido. Primero, a las ruinas incas…
  La voz de la flauta disminuye hasta desaparecer. Y no, no ha sido un sueño.

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Capítulo 4 – El laberinto

  Poco después de despedirse de la voz de Olman, Will escucha otro llamativo sonido cercano. Esta vez no procede de ningún instrumento musical, sino del exterior de la celda.
  —¡Oink, oink!
  Will se aproxima a los barrotes que lo separan de su libertad. Ahí está Hamlet.
  —¿Éste es el cerdo de Kara? ¡Qué suerte! Hay una carta y una llave atadas a su cola…
  La carta dice lo siguiente: “Estoy triste de saberte en prisión. Lo que ha hecho mi padre es horrible, pero yo también estoy cautiva en una prisión de seda y oro. Esta noche huiré del castillo para siempre. Tú también quedarás en libertad. -Kara-”
  Gracias a la llave de Hamlet, Will consigue salir de la celda. Es pronto para cantar victoria, pues tiene por delante un reto aún mayor. Tal y como le advirtió su abuelo Bill, la mazmorra está construida en medio de un laberinto subterráneo, que dificulta la fuga de los prisioneros. Y, por si fuera poco, el laberinto está plagado de trampas y monstruos. Es una suerte que Hamlet haya llegado hasta allí de una pieza.
  Will se arma de valor y empuña su flauta, pues es su única arma. Uno a uno, los monstruos van cayendo ante sus envites, dejando tras de sí más de esas piedras rojas, como la que le mostró su padre en la celda. Will descubre que, al matar monstruos y absorber esas piedras (de alguna forma que es mejor no saber), aumenta su poder. Lo que al principio parecía un reto imposible, ya no lo es tanto.
  En un momento dado, una flor de tipo diente de león pasa flotando junto a él. No hay ni pizca de viento, por lo que resulta inexplicable la forma en que se desplaza por el aire, como si tuviese vida propia. Además, ¿qué pinta una flor tan bien cuidada dentro de esa mazmorra podrida? Y eso ni siquiera es lo más sorprendente…
  —¡Sígueme antes de que te atrapen los monstruos!
  ¿Qué? ¿La flor ha hablado? Y no sólo eso, sino que parece querer indicar el camino a Will. El chico la sigue hasta un túnel sin salida.
  —Intenta tocar la flauta —dice la flor—. Toca la melodía.
  Will sólo conoce una melodía: la canción de Lola. El chico se concentra y toca esa preciosa canción que le había enseñado su abuela el día anterior, provocando que aparezca un interruptor oculto. Vaya ideas arquitectónicas tan locas tenía el bueno de Bill…
  Pero el laberinto continúa, y nuevas dificultades se presentan ante él: ahora hay un interruptor al que no puede llegar, ni siquiera con su flauta. Los poderes telequinéticos no lo salvarán esta vez. Por suerte, ante Will aparece uno de esos portales dimensionales que sólo él puede ver, y que lo transportan al Espacio Oscuro. Allí, Gaia cura sus heridas. Además, Will descubre que la sala ya no está tan vacía como antes, pues ha aparecido un pedestal cilíndrico, sobre el que se eleva la estatua de un hombre de larga melena y armadura plateada, que sostiene una espada entre sus manos.
  —Tu forma es sólo temporal —dice Gaia—. Colócate delante de la estatua que hay junto a ti.
  Al hacerlo, Will escucha una voz masculina en su cabeza. Es la voz del espíritu contenido en la estatua.
  —Will, te he estado esperando. Soy Freedan. Soy eterno. Deja que te ayude en tu viaje. Con el paso del tiempo, llegarás a entender mi naturaleza.
  Por unos instantes, el cuerpo de Will se ilumina con un brillo cegador. Cuando este brillo desaparece, Will ha dejado de ser él mismo, adquiriendo la forma y habilidades de Freedan. Se podría decir que es la mente de Will en el cuerpo del caballero, o una especie de fusión entre ambos. Sea como sea, para no liarnos, me referiré a él con el nombre que se corresponde con su apariencia física.
  Freedan regresa al laberinto mediante el portal. En su nueva forma, escapar de la mazmorra será un juego de niños. Freedan es más fuerte que Will, y su espada, como es obvio, es mejor arma que la flauta. Gracias a la mayor longitud de la espada, Freedan logra presionar el interruptor al que el chico no llegaba, y después se deshace de todos los monstruos que salen a su paso. ¡Pan comido!
  En cuanto Freedan encuentra la salida del laberinto subterráneo, vuelve a transformarse en Will. Su ayuda ya no es necesaria, pues, desde ahora, será más importante el sigilo que la fuerza bruta. Normalmente hace falta acceder al Espacio Oscuro para transformarse, pero habrá casos excepcionales, como éste, en que no sea así.
  En la puerta que comunica el laberinto con la bodega del castillo, Will se topa con una chica de pelo azul.
  —¡Qué sorpresa! —exclama ella—. ¡Puedes cambiar tu aspecto, como yo! Soy Lilly, una chica de Itory protegida por el Espíritu de la Flor —ella era el “diente de león”—. ¿Cómo…, cómo puedes conocer una melodía que sólo conocemos nosotros?
  —La aprendí de mi abuela Lola.
  —He probado un trozo de su pastel. Tiene un sabor raro, ¿no?
  —¡¿Conoces a mi abuela?!
  —Fue ella quien me pidió que te rescatara… —la chica se queda en silencio, escuchando con atención—. El Anciano me está llamando… Me tengo que ir. ¡Nos vemos! ¡Adiós, Will!
  La chica se transforma en flor y se marcha volando de allí.

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Capítulo 5 – Desaparición

  El castillo permanece en el más absoluto silencio. Casi todos los soldados duermen. Will tiene vía libre hasta la habitación de la princesa Kara, quien aguarda su llegada con expectación.
  —¡Sabía que vendrías! ¡Por favor, sácame de aquí!
  Antes de marcharse, Will recoge del sótano una pata de yak, por si les entra hambre más adelante.
  —Vamos a tu casa —sugiere la princesa—. Estoy preocupada por tus abuelos.
  Will y Kara corren hasta South Cape. En el interior de la casa del chico, se encuentran todo patas arriba, como si alguien hubiera entrado a robar. Y lo que es peor: no hay ni rastro de Bill y Lola.
  Tras registrar el piso de arriba, Kara alerta a Will.
  —¡Ven aquí! ¡Deprisa! ¡Es terrible, terrible!
  —¡¿Qué pasa?! —Will acude de inmediato.
  —¡Mira la pared! Esta marca, un chacal… ¡El Chacal ha estado aquí!
  —¿El Chacal?
  —¡Es el cazador que ha contratado mi madre! ¡Un hombre malvado y sin escrúpulos! Cuando va a por ti, no hay nada que pueda detenerlo. ¡Desprecia la vida humana!
  —Mis abuelos… —Will se teme lo peor.
  Los dos chicos dirigen su mirada hacia la puerta, donde acaba de aparecer un diente de león. Ante el asombro de Kara, ya no de Will, la flor se transforma en la chica de pelo azul que decía llamarse Lilly.
  —No os preocupéis —dice ella.
  —¡¿Quién eres tú?! —Kara retrocede, asustada.
  —Soy amiga de Will.
  —Lilly, ¿sabes qué ha pasado? —pregunta el chico.
  —Tus abuelos están a salvo. Están en mi pueblo, Itory.
  —¡Nunca había oído hablar de ese pueblo! —replica la princesa.
  —Naturalmente —dice Lilly—. Mi pueblo está rodeado por una barrera mágica. La gente normal, como tú, no puede verlo. ¡Vamos, Will!
  —¡Yo también voy! —responde Kara.
  —Es demasiado peligroso para una princesa.
  —¡No puedes detener a una princesa! ¡Yo hago lo que quiero!
  —Típico de una princesa…
  Aunque su relación no ha comenzado con buen pie, Lilly acepta llevar a Kara con ellos, rumbo a Itory.

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Capítulo 6 – Itory

  Tras dejar atrás el castillo y llegar a las montañas del norte, Lilly se detiene en un lugar aparentemente vacío.
  —Éste es mi pueblo. Quizá os sorprenda que no haya casas —es lo que se suele esperar de un pueblo, sí—. Will, toca otra vez esa melodía del laberinto.
  El chico hace sonar su flauta de nuevo. La melodía que le enseñó Lola se propaga por la montaña, llevada por el viento. Una luz cubre la zona, y, en cuestión de segundos, varias casas aparecen de la nada.
  —¿Sorprendidos? —dice Lilly—. Ya os conté que una barrera mágica envolvía el pueblo. La gente no puede verlo —la chica se acerca a Will para hablar con él a solas—. La princesa será una molestia… En el camino, todo lo que oía era “me duelen los pies, tengo sed”. Estoy harta de oírla.
  —No lo aguanto más —protesta Kara, como si le hubiera leído la mente—. Me duelen los pies.
  —Bueno, vale ya. Venid conmigo. Os enseñaré mi casa.
  Allí, tal y como aseguraba Lilly, se encuentran los abuelos de Will.
  —¡Nos ha pasado una cosa terrible! —dice Lola—. Un hombre llamado Chacal entró en nuestra casa con varios soldados. Les hice pasar un mal rato con un pastel de marsupial envenenado. Entonces, huimos.
  Will decide dar un paseo en solitario por Itory, para conocer mejor aquel misterioso pueblo y a sus habitantes.
  —Los incas que vivían aquí eran una tribu sin un lenguaje escrito —le cuenta una mujer—. Sus leyendas viven en sus canciones. Aunque parezcan melodías sin sentido, tienen un mensaje.
  El chico llega a un pequeño jardín que hay junto al pueblo, y que parece estar vacío. Sin embargo, no tarda en escuchar una voz cercana.
  —Has venido, Will… Estoy aquí, entre las flores. He vivido demasiado.
  Un hombre se aparece ante él, con cuerpo translúcido. Es el Anciano que mencionó Lilly en el castillo.
  —No puedo vivir sin la protección del Espíritu de la Flor. Te pareces mucho a tu padre. Parece que fue ayer cuando llegó a este pueblo…
  —¿Mi padre?
  —Tu madre, Shira, era la única hija de tus abuelos, Bill y Lola. Era muy hermosa. Tu padre se enamoró de ella y se la llevó del pueblo. La tribu Itory tiene un extraño poder, pero el de Shira era especialmente fuerte. Construyó una barrera para esconder el pueblo, pero tu padre la cruzó fácilmente. Pensándolo bien, él también era raro… Bueno, te voy a confiar el cuidado de la estatua inca heredada por el pueblo. Las estatuas son la clave del acertijo inca, no tocadas por manos humanas durante siglos. Hay una estatua especial en la cueva de abajo. Usa toda tu habilidad para encontrarla.
  Will se dirige a la cueva que le indica el Anciano, aunque allí no hay nada de interés. Tras investigar con minuciosidad el interior de la cueva, descubre que uno de los muros suena hueco, como si hubiera una habitación secreta al otro lado. El chico logra derribar el muro y acceder a una pequeña sala con un altar. Sobre él hay una estatua dorada: la estatua inca. Después, regresa a hablar con el Anciano.
  —Me pregunto si has venido a esta tierra para resolver el acertijo inca… Te contaré la leyenda de nuestro pueblo: “Pon la estatua sobre el Acantilado Larai, bajo las ruinas, donde no llegue el aliento de los espíritus. Los vientos del valle te llevarán al Barco de Oro”. Dicen que la Tribu de la Luna tiene otra estatua. Pídele a Lilly que te lleve ahí. Id con cuidado.
  Will, intrigado por lo que acaba de escuchar, regresa a casa de Lilly, a quien repite todo lo que el Anciano le ha contado.
  —¿Qué? ¿La Tribu de la Luna? —la chica se muestra sorprendida—. No son una tribu como te la imaginas. Se parecen más a… extrañas sombras. Viven en lo alto de la montaña.
  Lilly se ofrece a guiar a Will hasta allí. Pero antes…
  —¡Yo también voy! —exclama Kara—. Desde que escapé de la reclusión del castillo, quiero verlo y oírlo todo.
  —¡No! —replica Lilly—. ¡Es demasiado peligroso para una princesita! Si no quieres molestar a Will, espera aquí en silencio.
  —Parece que soy la única que no va… ¡Se lo diré a la abuela Lola! ¡Chincha!
  Tras esta rabieta infantil, Kara se marcha de allí a toda prisa.
  —Se ha enfadado… —dice Will.
  —Buena medicina para una niña egoísta —concluye la chica peliazul.
  Will y Lilly ponen rumbo a la cima de la montaña, donde vive la Tribu de la Luna.

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Capítulo 7 – Tribu de la Luna

  Lilly y Will llegan sin contratiempos a la cima de la montaña. Es un camino corto y tranquilo. Aunque a primera vista parece que aquel sitio está vacío, los chicos no tardan en escuchar una voz.
  —Buenas tardes… ¿Dando un paseo?
  Will busca por todos lados el origen de la voz, sin éxito.
  —Arriba —sigue la voz—. Este cuerpo es más ligero que el aire.
  —¿Quién eres? —pregunta Will, inquieto.
  —Somos la Tribu de la Luna, también conocida como “Sombras”.
  Unos espíritus blanquecinos se aparecen ante ellos, como cabezas que flotan en el aire, sin el resto del cuerpo. Sus frases no tienen ningún sentido para Will.
  —Donde quiera que haya luz, hay sombras. Nosotros, que cambiamos al ser bañados por la luz una sola vez, pasaremos nuestro futuro en un mundo sin luz.
  —El cometa es un vehículo de destrucción, cuya luz demoníaca cambia a todas las criaturas. Es el resto de un arma de una terrible y antigua guerra.
  —Viene una vez cada ochocientos años. Ésta es la cuarta vez. Cuanta más luz recibes, más fuerte se hace el Poder Oscuro. ¿Qué nacerá de la luz esta vez…?
  —Hemos transcendido el tiempo y hemos vivido mucho… Vimos la destrucción del Imperio inca. La estatua inca duerme en la cueva de más adelante. Si quieres, te la daremos.
  Interesado en este último dato, Will se adentra en la cueva que hay allí, y que, como no tarda en comprobar, ha sido ocupada por unos gusanos monstruosos.
  —Ésta es la forma final de aquellos tocados por la luz del cometa —le explica uno de los espíritus—. Son malvadas criaturas, cuyos corazones están llenos de odio y ansias de destrucción.
  Entonces, ¿eso que denominan “luz del cometa” transforma seres vivos en monstruos? Un final terrible, sin duda…
  Tras librarse de los gusanos, Will consigue la segunda estatua inca. ¿Y ahora qué? Lilly propone viajar a las ruinas incas.
  —No quiero luchar contra los demonios —dice Will—, pero, si mi padre está vivo, haré lo que sea por verlo. Uno no entiende realmente cuánto le importan sus padres hasta que los pierde…
  Las ruinas no están lejos de Itory, así que llegan en poco tiempo. Lilly cuenta a Will la historia de aquel sitio.
  —Después de ser invadidos, los incas decidieron abandonar su tierra en busca de un mundo nuevo. Construyeron un barco enorme en secreto, y lo llenaron de tesoros y artefactos de oro. Pero no hay constancia de cuándo partió el barco… Es probable que ése sea el Barco de Oro inca que mencionó el Anciano. No creo que haya contado nunca esta historia a ningún extraño. Me pregunto qué quiere que hagas…
  De repente, una chica sale de detrás de una columna de piedra, sobresaltándolos a ambos. Es Kara.
  —¡Eres un miserable! —dice a Will—. ¡¿Cómo pudiste dejarme atrás?!
  —¡¿Qué haces en un lugar como éste?! —le recrimina Lilly—. ¡Es peligroso!
  —Lola me habló de este sitio. ¡He estado esperando! ¿Qué está buscando Will en las ruinas?
  —Una princesa no puede entenderlo… Será mejor que tú y yo esperemos aquí, ¿vale?
  Las dos chicas se quedan en el exterior de las ruinas, mientras Will se interna en el Acantilado Larai, un viejo templo pegado al mar, con intención de resolver el misterio que esconde aquel lugar. Potentes ráfagas de aire atraviesan el acantilado, lo que hace a Will recordar las palabras del Anciano.
  —“Pon la estatua sobre el Acantilado Larai, bajo las ruinas, donde no llegue el aliento de los espíritus. Los vientos del valle te llevarán al Barco de Oro”.
  ¿Se referiría a las ráfagas de aire, con eso de “el aliento de los espíritus”? Tras buscar durante un rato, Will encuentra un lugar donde no llega “el aliento”; es decir: donde no corre el aire. Hay dos muescas en el suelo, sobre las que sitúa ambas estatuas inca. Al hacerlo, puede conocer de primera mano el significado de la expresión “los vientos del valle”, pues una corriente de aire de inusual fuerza lo lleva volando hasta una cueva cercana, imposible de alcanzar de otro modo.
  En el extremo contrario de la cueva hay una puerta, pero un monstruo enorme, Castoth, le impide el paso. Y como pedirlo “por favor” no funciona, va a tener que luchar contra él. El monstruo es muy fuerte, pero Will tiene una idea: cerca de la cueva hay un portal que comunica con el Espacio Oscuro. Will se acerca a la estatua de Freedan, y, segundos después, el guerrero está listo para la batalla. Su espada hace pedazos al monstruo que custodiaba la cueva, Castoth, momento en que Will recupera su forma original. ¡Gracias de nuevo, Freedan!
  Al otro lado de la cueva hay un pasillo, que conduce hasta un agujero en el suelo. No hay más opciones, así que… ¡para abajo!

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Capítulo 8 – Barco de Oro

  A través del agujero, Will ha caído sobre lo que, en primera instancia, le parece un suelo de madera. En realidad, se trata de la cubierta de un barco dorado. Todo está en penumbra a su alrededor, por lo que apenas puede ver más allá de unos cuantos metros.
  Para sorpresa de Will, el barco no está vacío. Hombres, mujeres y niños con ropajes antiguos… Sin duda se trata de los incas. ¿Cómo han podido sobrevivir durante tanto tiempo ahí encerrados?
  —¡Mira, mira! —exclama un chico—. ¡El rey ha vuelto! ¡Pero mucho más bajito!
  —¡Es el rey! —añade un hombre—. ¡Está a salvo!
  —La reina está en su camarote —le informa una mujer—. Ve a verla, que sepa que estás bien.
  Aunque no comprende por qué toda esa gente lo llama “rey”, Will decide seguir su consejo y visitar a la supuesta reina. Hay que destacar que dentro del barco todo está limpio y ordenado, como si el tiempo no hubiera pasado por él. Muy, muy extraño…
  El chico se encuentra con la reina, sentada en su trono. A su lado hay un segundo trono, éste vacío, que pertenece al rey. Es decir: ¿a Will?
  —Bien —dice ella—, has vuelto sano y salvo. Como ya te habrán explicado, hasta ahora he estado custodiando la Estatua Mística del Viento, que recibiste de los espíritus. Está en el joyero de la bodega.
  ¿Estatua Mística? ¿No es eso lo que le pidió Olman, hablando desde la flauta, que debía buscar por el mundo? Will decide bajar a la bodega y quedarse la Estatua Mística, sin que nadie ponga objeciones. Al fin y al cabo, es su rey.
  De vuelta en la cubierta exterior, el vigía lo llama desde lo alto del mástil.
  —¡Oh, rey bajito! ¡Mira! ¡El barco está saliendo de la cueva!
  Will se une a él en el puesto de vigilancia, instantes antes de que la oscuridad dé paso a la luz, causando destellos en el casco del barco, totalmente recubierto de oro.
  —Tras vivir tanto en la oscuridad —sigue el vigía—, la luz es como un nuevo principio. ¿Cómo pueden destruir los invasores un mundo tan bonito como éste?
  El Barco de Oro navega sin rumbo fijo, en busca de un nuevo mundo. Por su parte, tras disfrutar de las vistas y charlar con la tripulación, Will decide dormir un rato.

  En sueños, Will se encuentra en su casa de South Cape. Allí hay una mujer que no es su abuela Lola, aunque la conoce igual de bien…
  —¡¿Madre?!
  —Mira al cielo —dice Shira—. El cometa es tan hermoso… Tras muchos años, el cometa se acerca a la Tierra. Algunos dicen que es una estrella maldita. Otros, que es propicia. Will, te vigilo constantemente…

  Will despierta sobresaltado. A su lado están Lilly y Lance, observándolo. Su mejor amigo, así como Seth y Erik, han seguido el rastro de Will hasta las ruinas incas, donde se toparon con Kara y Lilly. Poco después, los cinco lograron dar con el paradero del Barco de Oro inca.
  Pero hay otra cosa que ha llamado la atención de Will, mucho más sorprendente aún que la presencia de sus amigos. El barco está en muy mal estado, con tablones rotos y huesos humanos por todas partes. Nada que ver con la situación que vivió antes de dormir. Es como si… hubieran pasado cientos o miles de años. ¿Aquello también fue un sueño?
  Will corre hasta el trono de la reina, donde todavía permanece sentada. Con una diferencia: ahora es un esqueleto vestido con ropajes ennegrecidos. Entre sus restos destaca un anillo de oro.
  —Este anillo debe de ser uno de los artefactos del barco —dice Lilly—. El más valioso, seguro.
  —Mucha gente ha perdido la vida buscando este anillo —añade Kara—. Lo quiero. Es tan bonito… Tengo que quedármelo.
  —¡¿No tienes vergüenza?!
  Una fuerte sacudida transforma la ira de Lilly en preocupación. Poco después llegan una segunda y una tercera. Todas sus sospechas de que pueda deberse a causas naturales desaparecen al darse cuenta de la horrible realidad.
  —¡Es Riverson! —exclama Lilly.
  Will y Lance corren hacia la cubierta. Antes de llegar, oyen un grito de Seth. Sin embargo, cuando llegan, únicamente encuentran a Erik, llorando.
  —¿Qué le ha pasado a Seth? —pregunta Lance, nervioso.
  —¡Un pez enorme chocó contra el barco! —explica Erik entre lágrimas—. ¡Seth cayó al agua! ¡Fue engullido por el pez!
  Ese supuesto pez gigantesco, Riverson (que es una mala adaptación de “Leviatán”), no se ha dado por satisfecho con Seth, pues sigue embistiendo contra el Barco de Oro una y otra vez.
  —¡Nosotros seremos su postre! —se lamenta el pequeño de la pandilla.
  La siguiente sacudida parte en dos el casco del barco, lo que provoca que todos sus ocupantes salgan disparados y caigan al mar…

IllusionOfTime08

Capítulo 9 – A la deriva

  El monstruo marino, Riverson, se ha tragado a Seth y ha destrozado el barco, separando a todos los demás chicos y chicas. Por ahora, de los únicos que tenemos noticias es de Will y Kara, quienes han conseguido aferrarse a un trozo de madera de dos o tres metros de largo y ancho, que usan a modo de balsa improvisada. Por desgracia, no es el fin de sus problemas, pues se encuentran desorientados, en medio del mar, sin apenas comida. Es una suerte que Will decidiera coger aquel trozo de carne del sótano del castillo…, pero ¿y luego qué?
  Las horas transcurren muy lentamente. El día da paso a la noche, sin que aún tengan el más mínimo indicio de dónde están ni hacia dónde se dirigen. Y así llega el segundo día, tan poco esperanzador como el primero. No hay rastro de sus amigos ni de tierra firme.
  Will, hambriento, trata de coger algún pez para comer, pero Kara le para los pies.
  —¡¿Qué estás haciendo?! ¡¡Pobres peces!!
  Al parecer, Kara prefiere pasar hambre antes que ver morir a un animal delante de ella. Un poco hipócrita, si tenemos en cuenta que el día anterior se comió un trozo de carne, que no salió de una planta, precisamente…
  Damos un salto temporal hasta el cuarto día de naufragio. Ya llevan tres sin comer, y eso les empieza a pasar factura. Cuando el sol está a punto de ocultarse, Kara encuentra una botella flotando junto a la balsa. Dentro hay una carta, que dice lo siguiente: “Vamos en un barco para ser vendidos como mano de obra en otras tierras. Si alguien lee esto, por favor, ayúdenos… -Sam-”.
  —Dice que quiere ser salvado…, pero soy yo quien debe ser salvada. ¡Oh, tengo tanta hambre…!
  —Deberías haberme dejado pescar unos cuantos peces… —protesta Will.
  —¡No puedo hacer daño a algo tan bonito!
  —¡¿Crees que es mejor morirse de hambre?!
  —¡El pescado crudo me da asco! —insiste Kara—. ¡Nunca lo probaría! ¡Además, el pez lucha por mantenerse con vida! ¡¿Has pensado alguna vez cómo debe de sentirse el pez?! ¡¡Si quieres comértelo, adelante!! ¡¡Yo no pienso hacerlo!!
  Will le hace caso, por no discutir. Pero, cuando llega el séptimo día a bordo de aquella pequeña balsa, las cosas cambian. Ambos están tan débiles que no tardarán en morir. No hay tiempo para dilemas morales. Will usa su flauta para pescar unos cuantos peces, y le ofrece la mitad a la princesa, cuya actitud ha cambiado de forma radical.
  —Will… Perdona que te hablara de esa forma… Me comeré el pescado. No podré hacer nada si muero de hambre. Sólo en tiempos de paz puedes rechazar comida que no te gusta…
  Los días siguen pasando sin novedades. Ya llevan doce a la deriva. Lo cierto es que es imposible sobrevivir tanto tiempo sin agua, y menos aún si hubiesen cometido la locura de beber agua de mar, pero aceptemos que pudieron sobrevivir gracias al “sacrificio” de los pececitos…
  Durante esa noche, Kara y Will contemplan las estrellas, sentados en la balsa.
  —Las estrellas son preciosas —dice ella—. Si fuera más alta, podría tocarlas —claro que sí, campeona—. Seguro que Lilly y Lance están mirando también este cielo estrellado… —del pobre Erik no se acuerda—. Si pudiera hablar con las estrellas, sabría dónde están… Vaya, no había visto esa estrella roja que está tan cerca de la constelación Cygnus. ¿Le pedimos un deseo? Presiento que se hará realidad. Will, cierra los ojos.
  Como podemos comprobar, pasar tanto tiempo juntos ha hecho que su amistad crezca. Y es una suerte que así sea, pues todavía les queda una larguísima travesía marítima por delante…
  Día dieciocho. La crisis que están viviendo ha hecho madurar a la princesa, quien ya no se comporta como una niña mimada. Sin embargo, están a punto de encontrarse con otro problema.
  —¿Qué es eso? —dice la chica de repente—. ¡Ahí, en el agua!
  Varios tiburones se aproximan a la balsa. Kara está muy asustada, aunque pronto se da cuenta de que no tiene motivos para ello.
  —Dan vueltas alrededor de nuestra balsa, pero no atacan… —observa con extrañeza—. ¡Ya lo entiendo! ¡No tienen hambre! Mi abuelo decía que los humanos son los únicos que matan aun sin tener hambre.
  Los tiburones se marchan de allí, dejando a los dos chicos de nuevo a solas, reflexionando sobre lo que acaba de ocurrir.
  Se cumplen tres semanas desde el naufragio. Los dos están ya muy débiles.
  —Cuando estaba en el castillo —dice Kara—, me encantaba mirar la puesta de sol. Era tan bonita desde el pasillo del castillo… Pero ahora he llegado a odiarla. Tras la puesta de sol, llega la oscuridad… Pensé que nunca más volvería a ver amanecer. Ahora veo un bonito amanecer cada día. Contigo a mi lado, hasta puedo disfrutar de momentos como éste.
  Will intenta contestar a Kara, pero, por alguna razón, no consigue pronunciar las palabras. Su visión se nubla y cae al suelo, inconsciente.

IllusionOfTime09

Enlaces:

Saga del Cielo y la Tierra: introducción

Soul Blazer: capítulos 1-11

Illusion of Time, parte 1: capítulos 1-9
Illusion of Time, parte 2: capítulos 10-26

Terranigma, parte 1: prólogo, capítulos 1-5
Terranigma, parte 2: capítulos 6-12
Terranigma, parte 3: capítulos 13-40
Terranigma, parte 4: capítulos 41-49

2 Comentarios

  1. MarinaNT

    Te acabo de comprar la guía argumental en formato físico, y espero con muchas ganas que te animes a hacer la del terranigma y/o Soulblazer. Te las compraría también sin pestañear. ¡Muy buen trabajo!

    Responder

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  1. MarinaNT

    Te acabo de comprar la guía argumental en formato físico, y espero con muchas ganas que te animes a hacer la del terranigma y/o Soulblazer. Te las compraría también sin pestañear. ¡Muy buen trabajo!

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