Guía argumental de Final Fantasy VII: Ever Crisis – The First Soldier – Parte 1
Guía argumental de Final Fantasy VII: Ever Crisis – The First Soldier – Parte 1
Fecha de publicación: 24 de septiembre de 2023
Autor: Chris H.
Fecha de publicación: 24 de septiembre de 2023
Autor: Chris H.

Introducción

  En el año 2021, Square Enix publicó un videojuego del género “battle royale”, estilo que la gran mayoría asociaréis con Fortnite, titulado The First Soldier. Pese a contar con buenas ideas de partida, enseguida mostró su estancamiento. Los desarrolladores estaban más preocupados por vender trajes ridículos (o no) para los protagonistas que por añadir contenido de calidad. En poco más de un año, se vieron obligados a cerrar los servidores, y dejar que este vergonzoso capítulo del mejor videojuego de todos los tiempos cayese en el olvido.
  O eso creíamos. Sin embargo, apenas unos meses después de la desaparición de The First Soldier, Square Enix volvió a la carga con Ever Crisis. Es un juego muy diferente, pero no me voy a detener a describirlo, pues esto no es un análisis. Lo que nos interesa es su apartado argumental, en el que, aquí sí, no escatiman en esfuerzos.
  De salida, Ever Crisis cuenta con tres arcos argumentales. Mejor dicho: con el inicio de tres arcos argumentales. Más adelante veremos qué implica esto. Se juegan por separado, alternando entre uno y otro, cada uno con sus propios personajes. El primero, “Final Fantasy VII”, es un remake del juego original. Más simplificado y resumido, debo añadir, así que, igual que sucede con Final Fantasy VII Remake, nadie debería jugarlo sin haber completado antes el Final Fantasy VII clásico. Lo mismo ocurre con el segundo arco, “Crisis Core”, que, más que un remake, debería ser considerado demake. Este concepto se emplea cuando la nueva versión tiene un aspecto más antiguo, no por ello peor, que el original.
  Vamos a ignorar las dos primeras opciones, “Final Fantasy VII” y “Crisis Core”, pues ya tienen sus respectivas guías argumentales, y nos quedamos únicamente con la tercera: “The First Soldier”. En este arco, se nos narra una historia basada (siendo generosos) en el ya mencionado battle royale. En concreto, lo que han hecho es proporcionar una identidad a los tres personajes genéricos que aparecían en la cinemática de inicio. Esos “personajes de muestra” pasan a ser los protagonistas de una historia desarrollada en el pasado de la compilación Final Fantasy VII.
  Como adelantaba antes, Ever Crisis cuenta la historia por capítulos, que se irán publicando en bloques, con actualizaciones periódicas. Por ahora, solo tenemos disponible el inicio; que, por otro lado, no está mal. Lo que haré, por lo tanto, será publicar una nueva entrega de esta guía argumental, que os ofrezco de forma totalmente gratuita, cada vez que se amplíe la historia.
  Quiero remarcar, y con esto termino, que Ever Crisis no ha sido traducido a nuestro idioma. Parte de mi trabajo, por lo tanto, consiste en adaptarlo al castellano. No es nada nuevo para mí, pues ya tengo experiencia con Final Fantasy XIV.
  Si os gusta mi trabajo, por favor, compartidlo con quienes puedan estar interesados. Y no olvidéis echar un vistazo a mi colección de guías argumentales y a mi Patreon. ¡Gracias!

Capítulo 1 – Archipiélago de Rhadore

  15 años antes de los sucesos de Final Fantasy VII y 8 antes del inicio de Crisis Core

  Un helicóptero de ShinRa sobrevuela los alrededores del archipiélago de Rhadore, un emplazamiento que hasta ahora no había aparecido en ningún juego de la compilación. Su misión consiste en hallar un lugar apropiado para la construcción de un nuevo reactor de Mako, la energía que ShinRa extrae del Planeta, a costa de la vida del mismo.
  Quiero hacer un apunte sobre esto, en aras de la coherencia narrativa. En Final Fantasy VII, así como en su correspondiente guía argumental, nos referíamos al mundo en que se desarrolla la historia como “el Planeta”, con mayúscula, pues actuaba como nombre propio. Así se mantuvo durante toda la compilación. No ha sido hasta Final Fantasy VII Remake cuando, por primera vez, se ha usado el término “Gaia” dentro de un juego de la saga (fuera de Japón, al menos). Lo más próximo que teníamos era el Acantilado de Gaea, para ser exactos. Mientras no se mencione ese nombre, el de “Gaia”, en Ever Crisis, no veo motivo para seguir la nomenclatura de FFVII Remake. Y, por lo tanto, seguiremos llamando “Planeta”, con mayúscula, al mundo que ShinRa, con su ambición desmedida, va camino de destruir.
  La unidad de inspección está formada por tres miembros de Soldier, la rama de élite del brazo armado de ShinRa. En concreto, pertenecen a la Clase Cero. Para Glenn Lodbrok, será su primera misión como líder. Está nervioso y ansioso por comenzar. Todo lo contrario que Matt Winsord, apodado “el Profesor”, quien sabe cómo mantener la calma.
  —Si sigues así —dice Matt a su líder, en tono de broma—, te ganarás una mala reputación.
  —Mejor una mala reputación que ninguna reputación —concluye Glenn.
  El trío lo completa la asesora y francotiradora Lucía Lin, siempre unida a su arma, a la que llama “Reina”. A modo de burla, aunque siempre desde el respeto, Glenn llama a Lucía “la reina de las marcas”, entendiendo por “marca” la detección de un enemigo a larga distancia.
  La misión comienza de la peor forma posible. Antes de tomar tierra, son víctimas del ataque sorpresa de un segundo helicóptero, de procedencia desconocida. El impacto es inevitable.
  Glenn despierta poco después. Afortunadamente, no ha sufrido heridas de gravedad. Tampoco Lucía, quien está tendida a su lado, junto al helicóptero destrozado. El líder decide despertarla gastándole una pequeña broma.
  —Eh, nos atacan —le susurra al oído.
  Lucía se pone en pie de un salto, con expresión alarmada.
  —¡A vuestros puestos de combate! —exclama, aún desorientada, con el fusil en ristre.
  —Menos mal, estás bien. —Glenn respira aliviado—. ¡Esa es nuestra asesora! ¡Un aplauso para la reina de las marcas!
  —¿Cuántas veces tengo que decirte que no me despiertes así?
  Lucía se sienta en el suelo. Glenn se arrodilla a su lado.
  —Hm… Pareces aturdida. Espera, voy a quitarme los calcetines, verás como te reaniman.
  —No, gracias. —Lucía mira a su alrededor—. Por cierto, ¿dónde está Matt? Tampoco veo al resto de la tripulación.
  —La cabina se desprendió antes del accidente —explica Glenn—. Seguramente hayan acabado en el océano… ¡Eh, Matt! ¡Matt Winsord!
  Sus gritos no reciben respuesta. Al menos, no por parte de humanos. Un monstruo cuadrúpedo, con aspecto de rana mutante (según ellos), llega al lugar del accidente, atraído por el ruido.
  —¡¿Matt?! —exclama Glenn—. ¿Qué te ha pasado?
  —¡No es momento para bromas! —protesta Lucía.
  —Hay que saber reír en situaciones complicadas, mi señora.
  El monstruo tampoco se muestra muy dado a las bromas, así que no tienen más remedio que enfrentarse a él. Ya conocemos el arma de Lucía: un fusil de francotirador. Glenn, por su parte, emplea la fuerza bruta con su enorme hacha (aunque también usa martillos y guadañas).
  —Según Matt —dice Lucía tras la batalla—, las zonas ricas en Mako albergan abundantes monstruos.
  Antes de comenzar la búsqueda del Profesor, Glenn revisa el helicóptero en busca de suministros. Una de las cajas contiene tres trajes de repuesto, con los que pueden pasar desapercibidos, en contraposición a sus uniformes de Soldier. Además, lo que es más importante, el maletín del kit de detección de Mako permanece intacto. Sin él, no podrían llevar a cabo su misión. Recordemos que deben hallar algún punto rico en energía Mako para que ShinRa pueda construir el nuevo reactor.
  Tras cambiarse de ropa, Glenn y Lucía inician la búsqueda de su compañero y amigo, a través del bosque de Burmun. Aunque ellos no lo saben, se encuentran en la isla de Sijad, una de las muchas que componen en archipiélago de Rhadore.
  —¡Matt! —grita el líder—. ¡Aún te debo dinero, ¿recuerdas!?
  —¿A cuánto asciende la cifra? —pregunta Lucía.
  —Con la comida y la bebida…, a unos 3000 guiles. No, 4000. Quedaré como un idiota si muere antes de que pueda pagárselo.
  —Somos Soldier de Clase Cero —le recuerda la francotiradora—. Nacidos del Proyecto Cero. Cero pérdidas cuando muramos. Y cero deuda que reclamar o deber. A los muertos no les importa.
  —¡Vaya, qué tétrico ha sonado eso! Puede que a los muertos no les importe, pero a los vivos sí. Y sé que Matt sigue vivo. Además, yo soy más que cero. ¡Lo demostraré!
  —En realidad, eres menos que cero, si tenemos en cuenta tu deuda.
  —¡Lo solucionaré! —insiste Glenn—. No permitiré que nadie muera hoy.
  Excepto los pilotos del helicóptero, que se ve que no le preocupan mucho.
  Glenn y Lucía tienen que enfrentarse a más de esos monstruos.
  —¿Qué lugar es este? —pregunta el hombre—. ¿Una especie de comuna de monstruos?
  —Ya podían haberse comido a los que nos derribaron…
  —¿Y qué te hace pensar que estas ranas no son suyas?
  De pronto, los dos Soldier se ven sorprendidos por una voz a su espalda.
  —¡Alto ahí! —No hay peligro: es Matt—. Eso es lo que diría el enemigo si os viese. Así que procurad no hablar tan alto.
  —¡Ja, ja, ja! —Glenn corre hacia él—. ¡Profesor!
  —No me llames así. ¿Cuántas veces tengo que pedírtelo?
  —¡Profesor, Profesor, Profesor! ¡Lo diré tantas veces como quiera!
  Glenn le entrega el tercer traje de repuesto. Una vez cambiado, pueden hablar de su situación.
  —Deberíamos haber aterrizado en la isla principal —dice Lucía—. Se supone que es la más rica en Mako. Pero no sabemos dónde estamos.
  —Cuando hayamos confirmado el lugar —añade Glenn—, mediremos la densidad de Mako en busca de un punto adecuado para construir el reactor.
  —Por suerte, hemos recuperado el kit de detección —informa la asesora de la unidad al recién llegado—. Entonces, ¿el helicóptero que nos atacó pertenece a los supervivientes del ejército rhadorano?
  —Bueno —dice Matt—, nos estábamos aproximando a la isla principal, y Rhadore no tiene mucho aprecio por ShinRa.
  —Cierto —asiente ella—. ShinRa estuvo cerca de exterminarlos. Por eso han enviado a Soldier para esta misión. Es territorio hostil.
  —Dadas las circunstancias —concluye Matt—, deberíamos enviar una señal de socorro.
  —¡De eso nada! —exclama Glenn—. Voy a cumplir esta misión y a recibir mi pago. Necesito la pasta.
  —Bueno, a mí me parecen bien ambas opciones. —Lucía se encoge de hombros.
  —Está bien… —Matt se da por vencido—. Sigamos las órdenes del líder.
  —¡No se hable más! —sigue Glenn—. Lo primero de todo: reconocimiento de la zona. ¿Quién sabe? Puede que ya estemos en el lugar correcto.

Capítulo 2 – Expedición en Sijad

  Los tres Soldier de Clase Cero dedican un tiempo prudencial a recorrer la isla de Sijad, hasta convencerse de que no puede ser la isla principal del archipiélago de Rhadore. Parece desierta, excepto por los monstruos. Tampoco hay edificios ni residuos.
  —Si hubiese algo de valor —concluye Matt—, habría presencia militar.
  —Cierto —asiente Lucía—. Estamos perdiendo el tiempo aquí.
  —¡No tan deprisa! —los interrumpe Glenn—. No podéis decidir sin más que estamos en el lugar incorrecto.
  —No lo hemos decidido —replica Matt—. Hemos llegado a esa conclusión mediante la observación.
  La verdad es que no deja de ser curioso que hayan elegido a Glenn como líder, siendo, de lejos, el menos inteligente y sensato.
  —Si hubiese gente viviendo aquí —añade Lucía—, no habría tantos monstruos campando a sus anchas.
  Además de las ranas mutantes, los Soldier se cruzan con otros tipos de monstruos, todos ellos hostiles.
  —¿Utilizará el ejército rhadorano monstruos, como Wutai? —se pregunta Lucía.
  —No sabemos mucho de ellos —reconoce Matt—. Pero usar monstruos como armas no es mala idea.
  —Claro que lo es. No son perros. No pueden ser domesticados.
  —Me juego un brazo a que tú no tendrías dificultades en domesticarlos. ¿Verdad, Glenn?
  No queda claro si se refiere a Lucía o a Glenn con ese “tú”. En cualquier caso, solo era un comentario humorístico, que el líder de la unidad no ha escuchado, pues parece perdido en sus pensamientos.
  —Es cierto que no hay rastro de fuerzas militares…, pero tengo la impresión de que estamos pasando algo por alto.
  Glenn, Lucía y Matt llegan a la costa de La’paina, donde se topan con un gran número de ranas mutantes. Al principio creen tener todo bajo control, pero no tardan en verse acorralados. Hasta que, de pronto…
  —¡Guau, guau!
  —¡¿Un perro?! —exclama Glenn, sorprendido—. ¡Eh, ven aquí, Stamp! ¡Somos amigos!
  Por lo que sabemos de FFVII Remake, Stamp es la mascota ficticia de ShinRa, que usan como propaganda armamentística. Sin embargo, por aquella época, es posible que Stamp fuese un perro real, en el que más adelante se basaría dicha propaganda.
  —Ese no es Stamp —dice Lucía.
  —¡Dame tu arma! —le pide Glenn—. Lo abatiré para usarlo como distracción.
  —¡Déjalo en paz! —protesta ella, incrédula ante la falta de empatía de su jefe de equipo—. ¡Y aleja tus manos de la Reina! —añade, en referencia a su fusil.
  El perro se interpone entre el trío de Soldier y los monstruos. Contra todo pronóstico, los monstruos retroceden al oír sus ladridos. Y eso que ni siquiera es un perro grande…
  —¡Corred! —exclama una voz—. ¡Seguid al perro!
  Se trata de un chico joven, poco más que un niño, que no tiene aspecto de pertenecer a ningún grupo armado. El perro y él los ayudan a dejar atrás a los monstruos.
  —¡Nos has salvado! —dice Glenn, agradecido.
  —Aún no estamos a salvo —replica el chico anónimo—. Toda la costa es territorio de los baloirs. Es peligroso acercarse al océano.
  —¿“Baloirs”?
  —Esos bichos contra los que estabais luchando. Venga, seguidme.
  El chico sale corriendo, seguido de cerca por el perro. Antes de ir tras ellos, los Soldier dedican unos segundos a analizar la situación.
  —Es rhadorano —dice Matt—. Podría ser una trampa.
  —Podríamos estar yendo directos a un foso lleno de lanzas o de ácido —añade Lucía.
  —Bueno, hay cosas peores. —Glenn le resta importancia—. Acepto el riesgo.
  Definitivamente, es el menos apropiado para ser líder. En cualquier caso, los Soldier siguen al chico y al perro hasta El Frutal, una zona llena de flores.
  —Aquí estaréis a salvo —asegura el rhadorano—. La mayoría de los monstruos no soportan el olor de estas frutas.
  —Nunca las había visto —dice Matt—. ¿Son producto de una mutación?
  —No lo sé, pero solo crecen aquí.
  Sin tiempo para descansar, varios monstruos llegan hasta su posición. No son baloirs, sino otros que parecen escorpiones.
  —¡Nos has mentido! —protesta Glenn.
  —No —replica el chico—. Dije “la mayoría de los monstruos”, no “todos”. Estos soportan el olor. Viven aquí para evitar a los depredadores. Os habrán considerado una amenaza.
  Los Soldier acaban con ellos sin muchas dificultades. El rhadorano les entrega varias frutas que ha recolectado mientras tanto, para que su olor mantenga alejados a los demás monstruos.
  Mientras se toman un respiro, Glenn habla con Matt a solas.
  —¿Tanto esfuerzo para solo encontrar a un niño? —dice el líder, disgustado.
  —No deberíamos bajar la guardia —responde el Profesor—. Su gente puede estar escondida en los alrededores.
  —Ni siquiera tiene pinta de saber luchar.
  —Puede que sea un señuelo o un agente de inteligencia.
  —Hm… —Glenn observa al rhadorano, pensativo—. No parece mal chico.
  —¿Es una corazonada? —dice Matt—. En ese caso, me fiaré de él. Tu intuición nos ha salvado el pellejo en otras ocasiones. De todos modos, sea quien sea, confío en que recuerdes cómo actuar y qué decir para que podamos completar nuestra misión, señor líder.
  —Que sí, que sí… “No hagas nada imprudente”. Tú sígueme el juego, ¿vale?
  Los Soldier reponen fuerzas comiendo de las frutas que les ofrece el rhadorano. Mientras tanto, Lucía acaricia al perro, quien parece haberle cogido cariño muy rápido.
  —Es adorable. ¿Cómo se llama?
  —Refu —dice el chico—. Y yo soy…
  Antes de que tenga tiempo de acabar la frase, el grupo se ve asaltado por un baloir de gran tamaño, mucho más poderoso que sus hermanos. Es el rey baloir. Aunque se trata de un rival complicado, los Soldier salen victoriosos.
  —¿No se suponía que este lugar los repelía? —pregunta Glenn.
  —“El mundo está hecho de excepciones” —responde el chico—. Es un viejo refrán rhadorano. Gracias, nos habéis salvado la vida. Esto no había pasado nunca. Tal vez se deba al flujo de maná…
  —Somos nosotros quienes os estamos agradecidos —insiste Glenn—. Si no hubierais aparecido, aún estaríamos en la costa…, o esparcidos por toda ella. ¡Uf!
  —Sois de ShinRa, ¿verdad?
  —Correcto —asiente el líder—. Somos emisarios enviados por la compañía para apagar los rescoldos de la guerra.
  —De forma pacífica, claro —añade Matt.
  —Eso es maravilloso —dice el rhadorano, poco convencido—. Y también falso, ¿verdad?
  Chico listo.

Capítulo 3 – Ojos de Rhadore

  El muchacho de Rhadore se presenta: su nombre es Rosen. Glenn decide ser sincero con él y explicarle su auténtica misión: están buscando un lugar rico en energía Mako para que ShinRa pueda construir un nuevo reactor. Han acabado allí por accidente, después de que su helicóptero fuese derribado.
  Rosen confirma sus sospechas: esa no es la isla principal del archipiélago de Rhadore. Como ya os adelanté antes (espero que supierais guardarme el secreto), se hallan en Sijad.
  —La isla es pequeña y la tierra es débil. Sería difícil construir una casa, mucho menos un reactor de Mako.
  —¿Puedes indicarnos cómo llegar a la isla principal? —le pide Matt.
  —Está al sur. En bote a motor, tardaríamos entre unas pocas horas y tres días, dependiendo del estado del océano. Yo vengo de allí, así que podéis usar mi bote.
  —¿Así, sin más? —Lucía no termina de fiarse.
  —Lo único que quiero es que abandonéis esta isla lo antes posible —reconoce Rosen, sin pelos en la lengua—. El bote está amarrado en una cala, al este de aquí. Seguidme.
  El rhadorano los conduce hasta la colina de Hanaja, desde donde se puede observar la cala en la que afirma haber dejado su bote a motor. Allí, en lo alto de Hanaja, también hay una cabaña de piedra, que resulta ser el hogar de Rosen, junto a la que se eleva una enorme chimenea de ladrillos. Por algún motivo, la chimenea está atrayendo a monstruos.
  —¡Por favor, ocupaos de ellos! —les pide el chico—. ¡Esa chimenea es más importante que mi vida!
  Dicho y hecho. A los tres Soldier les sorprende que una chimenea pueda ser tan importante, pero esa no es razón para ignorar la amenaza.
  —Los monstruos se comportan así porque alterasteis el flujo de maná cuando os estrellasteis sobre la isla —dice Rosen, con carácter meramente informativo, sin tono de reproche—. Entrad, os prepararé un té.
  Glenn, Lucía y Matt acompañan a Rosen y Refu al interior de la cabaña. En un primer momento, los tres Soldier dudan sobre si beber el té que les ofrece el chico, pero deciden seguir fiándose de él.
  —¿Vivís aquí solos? —pregunta Glenn.
  Rosen se toma su tiempo para responder. Es un asunto algo complejo.
  —Esto puede ser difícil de entender para forasteros, así que empezaré por el principio. Lo que llamáis “Mako” es una forma procesada de la energía espiritual que fluye por nuestro planeta. Nosotros, los rhadoranos, nos referimos a esa energía espiritual como “maná”. Es algo que respetamos y tememos al mismo tiempo. Como ya os habréis dado cuenta, estas aguas son ricas en maná, motivo por el que proliferan tantas formas de vida a lo largo y ancho de las islas. Lo cual, por supuesto, no siempre trae la paz. A veces, el flujo de maná cambia por un motivo u otro. Como resultado, han sido varias las ocasiones en que los rhadoranos nos hemos visto atrapados por su torrente, hasta el punto de rozar la desaparición. Un torrente de maná es como un tsunami o una inundación. ¿Podéis imaginarlo? La gente y sus hogares, engullidos en un abrir y cerrar de ojos… Cuando el maná se inquieta, los primeros signos de un torrente próximo pueden apreciarse en las aguas de levante. En el océano. Se cuenta que, cuando esto ocurre, la tierra tiembla y la superficie marítima comienza a brillar.
  —¿Y tú te encargas de vigilar esas señales? —pregunta Matt.
  —Exacto. No son las únicas señales. Cuando estoy despierto, exploro la isla. Cuando estoy dormido, escucho los sonidos.
  —No sé si llamaría a eso “dormir” —replica Glenn.
  —Mi entrenamiento y talento natural me permiten hacer ambas cosas al mismo tiempo —asegura Rosen—. Lo he conseguido con trabajo duro e insistencia.
  El rhadorano bosteza, lo que demuestra que no goza de un sueño tan profundo como presume. Glenn ríe a carcajadas.
  —¿Cuánto tiempo llevas aquí? —pregunta Lucía.
  —Hará más o menos un año que Refu y yo llegamos a esta isla.
  —¿Y cuánto os quedaréis? —dice Matt.
  —Hasta la muerte. —Tras las palabras de Rosen, se hace el silencio—. No me miréis así. Es un honor ser el Ojo de Rhadore. Cuando finalice mi misión, regresaré al Planeta. Vosotros tres tampoco teméis a la muerte. De lo contrario, no habríais venido solos. No somos tan diferentes.
  Tras disfrutar de un momento de relax, los Soldier se disponen a continuar con su travesía.
  —Nos has ayudado mucho —dice Glenn—. ¿Cómo podemos compensártelo?
  —Me conformo con que os marchéis cuanto antes y olvidéis la existencia de esta isla.
  —Eso ha dolido…
  —¿De verdad vives aquí solo? —insiste Matt.
  —Sí —asiente Rosen—. Refu es mi única familia.
  —Pues, para vivir solo, tienes una buena colección de tazas…
  El Profesor demuestra, una vez más, por qué se ha ganado ese apodo. Sin duda, es el más inteligente y observador de la unidad.
  —Las hicieron los Ojos de Rhadore que me precedieron —asegura Rosen—. Ahora que lo pienso, ¿podríais ayudarme a reunir un poco de tierra y leña? Con eso estaremos en paz.
  —Una tarea aburrida —dice Glenn—, pero vale. Lo haremos.
  Los Soldier de Clase Cero se encargan de llevar los materiales solicitados por Rosen a su cabaña.
  —Gracias por vuestra ayuda. La tierra está imbuida del espíritu de la isla. Puedo convertirla en arcilla para hacer más tazas.
  —¿Que la tierra está imbuida de qué? —Glenn no ha entendido nada.
  —¿Te refieres a que contiene minerales especiales? —pregunta Matt.
  —Para vosotros, no hay diferencia —responde Rosen—. Pero, para mí… —El chico deja la frase a medias—. A lo largo de la historia, los Ojos de Rhadore han vigilado la isla principal. Las tazas que fabricaron son una expresión de su compromiso. De su dedicación y devoción a sus semejantes.
  —Un trabajo que honra aquello que más valoran —concluye Lucía.
  —Oye —dice Glenn—, ¿podrías hacernos unas a nosotros? En honor de nuestra amistad.
  —Me llevaría un mes —responde Rosen.
  —Oh, entonces olvídalo.
  Los Soldier y el rhadorano se encargan de colocar la leña junto a la enorme chimenea del exterior.
  —¿La madera también tiene algún propósito especial? —pregunta Matt.
  —No —responde Rosen—, solo para mantener el fuego encendido.
  —Con tantos monstruos —dice Lucía—, no será fácil.
  —No lo es. Refu ladra, pero solo sirve para ahuyentar a unos pocos. Tenemos que arriesgar la vida hasta para las tareas más simples.
  —Bueno… —Glenn se cruza de brazos—. Déjanoslo a nosotros. Mataremos a los suficientes monstruos como para que estéis a salvo un año entero.
  —Más bien una semana —se lamenta Rosen—. Los baloirs son extremadamente fértiles.
  —Vaya mierda…
  Lucía acaricia a Refu, quien los acompaña en todo momento.
  —También deberíamos agradecérselo a Refu.
  —¿Cómo? —pregunta su líder—. ¿Con huesos?
  —La mayoría de los perros se conforman con huesos —dice Rosen—, pero Refu es todo un glotón.
  —¿Y qué tal un poco de carne de baloir? —sugiere Matt.
  —Eso estaría bien.
  Los Soldier se ofrecen a cazar algún baloir. Cuando se alejan, el Profesor comenta algo que no ha podido evitar notar.
  —Pareces preocupado por el chico, Glenn. No es típico de ti.
  —No sé, supongo que me recuerda a mí cuando tenía su edad. No puedo ni imaginar lo que sería estar solo en esta isla, sin familia ni amigos. El silencio me volvería loco.
  —Entonces —dice Lucía—, haremos todo lo posible para animar las cosas.
  —Sí —asiente Glenn—, sería bueno verlo reír.
  Los Soldier cazan varios baloir y llevan la carne de vuelta a la cabaña de Rosen. Un rato después, el chico sale a echar más leña a la chimenea. Glenn va con él.
  —¿Por qué es tan grande esta chimenea?
  —Usamos el humo para informar a los habitantes de la isla principal. Si el humo es amarillo, significa que hay señales de peligro, por lo que deben tomar precauciones. Si es rojo, deben evacuar de inmediato.
  —¿Y por qué ahora es blanco? —pregunta Glenn.
  —Eso significa que sigo vivo.
  La tranquilidad con la que lo dice hace que Glenn se sienta incómodo. Tras esto, llega el momento de las despedidas. Rosen y Refu llevan a sus amigos hasta la cala, donde se topan con un baloir atacando el bote. El monstruo no supone ningún obstáculo, pero les ha dejado un regalito: hay un agujero en el fondo del bote.
  —Mientras el motor funcione —dice Matt—, no debería haber problema. Es viejo, pero ha sido creado por ShinRa. Una reliquia de nuestra antigua alianza.
  Se entiende, por lo tanto, que ShinRa y Rhadore eran aliados hace años.
  Arreglar el agujero no será complicado. Pero enseguida descubren que no es el único problema: la batería del motor ha caído al agua durante el ataque del baloir. Aunque la rescaten, estará inservible.
  —Hora de usar la señal de socorro —concluye Matt, resignado.
  —¡De eso nada! —Glenn lo detiene—. ¡Si enviamos la señal, ya podemos despedirnos de la recompensa!
  —Entonces, volvamos al lugar del accidente. Debería haber alguna batería que podamos aprovechar.
  Rosen, quien se conoce la isla mejor que nadie, les indica el camino más corto para volver a la zona donde cayó el helicóptero. Y, de paso, les advierte de algo.
  —Si viniera una unidad de búsqueda a por vosotros, perturbaría el flujo de maná, lo cual sería desastroso. Por favor, volved sanos y salvos.

Capítulo 4 – Olvidad este lugar

  Glenn, Lucía y Matt van camino del claro donde se estrelló el helicóptero. A lo largo del trayecto hacen varias paradas, en forma de conversaciones opcionales; pero ninguna de ellas es interesante, así que podemos obviarlas. Con una excepción. Hay un dato que sí considero importante, y es que la abuela de Glenn está hospitalizada. Ese es el motivo de que el líder de la unidad esté tan obsesionado por terminar el trabajo y cobrar. Aunque, como bien dice Matt, no tendría tantos problemas para pagar el coste del hospital, de no ser por su afición a las apuestas. Glenn se lo toma a risa, pero la verdad es que es un asunto muy serio, incluso sin la vida de su abuelita en juego.
  También será importante, no ahora, pero sí en el futuro, un monstruo contra el que luchan de camino al helicóptero, llamado Gallonbaloir. Quedaos con su nombre, porque volverá más adelante. “Gallonbaloir”, por cierto, significa “baloir grande”. Aun así, no es muy amigo del resto, pues se dedica a cazar baloirs para comer.
  Una vez en la zona del accidente, a los tres Soldier les lleva un rato encontrar una batería en condiciones. Es Glenn quien da con ella.
  —Como suele decir mi abuela: “La buena fortuna es una racha de golpes de suerte”.
  De vuelta en la cala del extremo este de Sijad, Matt se encarga de reparar el motor del bote. Mientras tanto, Glenn y Lucía echan una mano a Rosen con sus tareas rutinarias.
  —En cuanto el bote esté arreglado, nos despediremos —dice el rhadorano
  —Sabes por qué queremos ir a la isla principal, ¿no? —pregunta Glenn—. ¿Te parece bien?
  Rosen se toma unos instantes para responder.
  —No soy lo suficientemente fuerte como para mataros. Sería desperdiciar mi vida. —Sincero hasta la médula—. Además, aunque lleguéis a la isla, nada garantiza que podáis cumplir vuestra misión. Allí os toparéis con los guerreros más fuertes de Rhadore.
  —Podríamos tomarte de rehén —sugiere Lucía, para ponerlo a prueba.
  —No cambiaría nada —asegura Rosen, impertérrito—. Los rhadoranos no temen dar su vida cuando las vidas de otros están en peligro.
  —Pero alguien se pondrá triste si mueres —replica Glenn.
  —A saber…
  Una respuesta no muy convincente.
  —¿Tu familia, quizá? —pregunta Lucía, pese a que un rato antes les dijo que…
  —Si te refieres a parientes consanguíneos, no tengo ninguno. No tengo hermanos, y mis padres regresaron al Planeta después de un accidente en el mar.
  Matt acude a la cabaña para informarlos del fin de las reparaciones. Ahora sí, ha llegado el momento de las despedidas.
  —Hacía mucho que no hablaba con nadie —dice Rosen—. Lo he disfrutado mucho.
  —Estás deseando que nos vayamos, ¿eh? —bromea Glenn.
  —¿Tanto se me nota? —El chico ríe—. Por favor, olvidad este lugar.
  Rosen y Refu los acompañan hasta la cala. El rhadorano les recuerda, una vez más, que deben dirigirse al sur.
  —¿Tendremos suficiente combustible? —pregunta Matt.
  —No he gastado casi nada, no os preocupéis. ¡Buen viaje!
  Lucía y Matt se despiden con la mano. Glenn, entristecido, ni siquiera puede mirar al chico a la cara. Le ha cogido cariño y siente lástima por su solitario estilo de vida. Pero no hay nada que pueda hacer por cambiarlo, así que debe olvidarse de él y centrarse en su misión.

Capítulo 5 – Ruinas de Logues

  Glenn Lodbrok, Matt Winsord y Lucía Lin viajan a bordo del bote a motor de Rosen, en dirección a la isla principal del archipiélago de Rhadore. El líder de la unidad no puede dejar de pensar en el pobre chico al que han dejado atrás.
  —Perdió a sus padres y vive en una isla desierta por el bien de su gente… Me parte el corazón.
  —Tenemos diferentes puntos de vista, eso es todo —replica Matt, menos afectado.
  —Ya lo sé… Pero, aun así…
  —¿Qué te pasa, Glenn? —pregunta Lucía—. ¿Se ha despertado tu instinto paternal?
  Glenn observa la chimenea de la casa de Rosen, cada vez más pequeña, sobre la colina de Hanaja.
  —El humo blanco significa que sigue con vida… Buena suerte, chaval.
  Cuando están a punto de llegar a su destino, los Soldier sufren el ataque de un monstruo que los ha estado siguiendo desde Sijad: el Gallonbaloir. Los tres caen del bote, pero logran llegar a salvo a la costa de Bordoras. Y lo que es mejor: ya no hay rastro del monstruo.
  Según se especificaba en el informe de su misión, deben buscar un área conocida como las ruinas de Logues. Para ello, antes de nada, deben atravesar el monte Sunsin. La buena noticia es que no hay rastro de tropas hostiles. La mala, que allí también hay monstruos; quizá, según intuyen, para mantener alejados a visitantes indeseados. Una espada de doble filo, si es el caso.
  —¿Cómo pueden vivir aquí los rhadoranos? —se pregunta Glenn.
  —La verdad es que es una isla muy peligrosa para humanos —responde Matt—. Hay monstruos por todas partes.
  Lo cual, a él tampoco parece molestarle, pues le está sirviendo para elaborar un bestiario con la fauna del archipiélago de Rhadore. Es otra parte importante de su trabajo. Además, es posible que les paguen un extra por ello, con lo que también ha ganado el interés de Glenn.
  Antes de dejar atrás el monte Sunsin, Glenn se detiene para mirar a la lejanía. El humo sigue de color blanco, tal y como esperaban. No hay señales de peligro.
  —Ni siquiera se ve la chimenea desde aquí —observa Lucía—. Me pregunto si se sentirá solo al estar aislado de todo el mundo.
  —Dudo que sepas lo que se siente —dice Glenn—, estando siempre rodeada de los cadetes a los que entrenas.
  —Es más solitario de lo que crees —asegura la francotiradora—. No puedo decir lo que pienso ni ser yo misma con gente a la que apenas conozco. Aunque Rosen no tiene ni eso. No hay nadie con quien pueda compartir sus sentimientos.
  —Hagámosle una visita cuando terminemos la misión —propone Glenn—. Que nos cuente cómo se siente.
  Por favor, que no le pregunten otra vez por su familia.
  —Me parece bien —asiente Matt—. Podemos llevarle un regalo.
  —Y otro a Refu —añade Lucía.
  Los Soldier de Clase Cero llegan a las ruinas de Logues. Ha sido más fácil de lo previsto; no se han cruzado con ni un solo rhadorano. Sin contar a Rosen, claro. Antes de explorar la zona, Matt sugiere levantar un campamento en una cueva cercana. A Lucía no le hace ninguna gracia, porque hay murciélagos. Glenn, por el contrario, los considera “comida gratis”. En fin.
  —“Espera siempre lo peor” —recita el líder—. ¿No ponía eso en el manual de supervivencia?
  Al final, Lucía da su brazo a torcer. Matt se encarga de levantar el campamento, que, en realidad, no es más que encender una hoguera en un lugar resguardado, junto a las enormes ruinas.
  —De campamento con el Equipo Glenn —dice el líder—. Nada mal, ¿eh, Profesor?
  —Te he dicho que no me llames así. Como sigas, yo te llamaré… la escoria de los suburbios.
  —Pues vale. —Glenn se encoge de hombros—. No es que sea mentira.
  —Escoria.
  —Dime, Profesor.
  Lucía se acerca a ellos para poner fin a esa especie de discusión infantil.
  —Ey, escoria, Profesor, deberíamos seguir con la misión.
  Los dos hombres se muestran de acuerdo. Es el momento de usar el kit de detección de Mako, que, afortunadamente, no se perdió durante el naufragio. Lo único que deben hacer es hallar una zona rica en Mako, enviar las coordenadas a la base y asegurar un punto de aterrizaje para cuando lleguen los ingenieros. No debería costarles mucho, dada la ausencia absoluta de tropas hostiles. Algo, por otro lado, muy raro.
  —Hace una década que se llevó a cabo la operación contra los rhadoranos —dice Matt—. Se estima que sobrevivieron entre quinientos y mil.
  —No estoy segura de que podamos combatir a mil rhadoranos —bromea Lucía.
  —Ni a quinientos. Pero, no te preocupes, nuestro valiente líder no se deja arrastrar por los límites de la lógica. —Tras esto, Matt se pone serio—. Si lo que dijo Rosen era cierto, que no temen a la muerte, no serán rivales fáciles de vencer. Vayamos con cuidado.
  Mientras investigan las ruinas de Logues, los Soldier se topan con una extraña baldosa circular. Puede ser una trampa. Para descubrirlo, a Glenn no se le ocurre otra cosa más que pisarla. Por suerte, en realidad se trata de un mecanismo para abrir puertas. Pueden respirar tranquilos.
  —Antes de venir, escuché un rumor —dice Lucía—. A la hora de crear los equipos para esta misión, dieron prioridad a las relaciones personales por encima de la habilidad de los integrantes.
  —Tiene sentido —asiente Glenn—. Eso explica por qué nadie se opuso a que os eligiera a vosotros.
  —Esta es una situación de vida o muerte —responde Matt—. La camaradería es poderosa, sobre todo cuando las cosas se complican.
  —Así se habla.
  —Solo tengo una queja —dice Lucía—. Ahora, los jefes pensarán que me parece bien estar a las órdenes de Glenn…
  —En ese caso —dice el líder—, agárrate fuerte, ¡porque vas de cabeza y sin frenos hacia el éxito!
  Tras mucho buscar, el kit de detección, al fin, señala una zona rica en energía Mako. Ya solo resta enviar las coordenadas a la central.
  Pero no hay tiempo para celebraciones. De pronto, los Soldier perciben un ruido de motor que no tardan en identificar: ¡es un helicóptero! Las intenciones de sus ocupantes quedan patentes en cuanto la ametralladora abre fuego sobre Glenn, Matt y Lucía, quienes, indefensos, buscan cobertura entre las ruinas. Por si eso no fuera suficiente, los Soldier se ven sorprendidos por una máquina de guerra voladora, que funciona de forma autónoma, sin piloto.
  —Si morimos antes de cumplir nuestra misión —dice Lucía—, nos arrepentiremos el doble que si muriésemos en circunstancias convencionales.
  —No podemos arrepentirnos si estamos muertos —replica Matt, menos dado a bromear.
  —Eso es verdad —asiente Glenn—. ¡Si morimos, no seremos mejores que los demás Soldier de Clase Cero prescindibles!
  Afortunadamente, Glenn y sus compañeros consiguen derribar la máquina. No solo eso: también pierden de vista al helicóptero y regresan al campamento de la cueva. Por desgracia, el kit de detección de Mako ha quedado destruido tras ser alcanzado por la munición de la ametralladora. En cualquier caso, si las coordenadas se transmitieron correctamente, ya no lo iban a necesitar.
  —Aún tenemos que asegurar la zona —les recuerda Lucía.
  Glenn sugiere volver a ponerse los uniformes de Soldier. Recordemos que se vistieron con los trajes de repuesto, después del accidente, para tratar de pasar desapercibidos. No es que les haya servido de mucho.
  Mientras se cambian de ropa, una explosión cercana está a punto de hacerlos saltar por los aires. ¡Los han encontrado!

Capítulo 6 – Modelo-activo

  Glenn, Lucía y Matt siguen a resguardo en la cueva donde levantaron su campamento, mientras las explosiones se suceden a su alrededor.
  —1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34… —comienza a enumerar Matt—. 55, 89, 144, 233, 377, 610…
  —¿Qué es eso, Profesor? —pregunta Glenn.
  —La sucesión de Fibonacci. Me relaja.
  —Ah, bueno, creía que estabas sumando mi deuda.
  —¡¿Eso es lo que te preocupa ahora?! —protesta Lucía—. Me largo de aquí. No me apetece morir bajo una pila de escombros.
  —Espera. —Glenn la detiene—. No es buena idea.
  —¿Por qué no? —pregunta ella, confundida.
  —Me lo dice mi instinto.
  —Hazle caso —añade Matt—. Es un experto en situaciones al borde de la muerte. Un superviviente.
  Y enseguida comprobarán que, una vez más, su instinto no se equivoca. Una bomba cae cerca de ellos, en el lugar donde habría estado Lucía si Glenn no la hubiese parado a tiempo. Salvada por los pelos.
  —Vamos —dice el líder—, tenemos que salir de aquí. Si morimos, alguien se llevará el mérito por nuestro trabajo. ¡Esa paga extra es mía!
  Su ruta de escape se ve obstaculizada por guerreros de Rhadore. Sabían que era cuestión de tiempo acabar enfrentándose a ellos. No pueden vencerlos a todos, por lo que deciden huir a través de los túneles de la cueva. Los Soldier encuentran otra salida, pero lo único que consiguen es acabar metidos en la boca del lobo. Las tropas de Rhadore los rodean.
  Cuando todo parece perdido, un chico de cabello plateado acude en auxilio de los tres Soldier. Estos no tienen ni que moverse, pues el recién llegado extermina a todos los rhadoranos sin apenas esfuerzo.
  —Lo conozco —dice Lucía.
  —Sí —añade Matt—. El chico prodigio en persona.
  —Pero si solo es un crío —replica Glenn.
  El chico de cabello plateado se acerca a ellos.
  —Me llamo Sefirot. Soy uno de los Soldier del profesor Hojo. ¿Habéis transmitido vosotros las coordenadas?
  —Correcto —asiente Glenn.
  —He venido a ayudaros. Parece que logré llegar a tiempo. Podéis regresar a la base, yo me ocupo de todo.
  Ya que Sefirot se vale por sí solo para mantener a raya a los guerreros de Rhadore que cometan la imprudencia de acercarse a las ruinas de Logues, Glenn propone a su unidad acabar con los que aún permanecen dentro de la galería de túneles. Aunque lo cierto es que el mayor peligro siguen siendo los monstruos que campan a sus anchas también por allí.
  —Por cierto —dice Glenn a sus compañeros—, ¿qué son los Soldier del profesor Hojo?
  —No conozco los detalles —responde Matt—, pero creo que son Soldier de modelo-activo.
  Vamos a detenernos en esta última frase, porque es algo que he estado omitiendo hasta ahora a propósito. En los primeros capítulos se menciona, de pasada, que los Soldier de Clase Cero son “modelo-pasivo”, acortado como “modelo-P”. Pero no explican qué significa eso. Con la aparición de Sefirot, por fin, se resuelve la incógnita. Dejemos que sea Matt quien lo explique.
  —A diferencia de los modelo-pasivo como nosotros, sus cuerpos han sido modificados. En teoría, sus habilidades físicas están potenciadas, y poseen una mayor afinidad con la Materia.
  —¿Modificaciones físicas? —pregunta Glenn, asqueado—. ¿Solo para ser más fuertes? Entonces, no son más que armas.
  —Más allá de cómo te sientas al respecto, los modelo-activo van camino de convertirse en lo normal.
  —¡Ah, venga ya! ¡Eso es hacer trampa!
  —¿Estás celoso? —bromea Lucía.
  —¡Ni hablar! —protesta Glenn, molesto—. ¡¡Ni hablar!!
  Para sorpresa del trío, los túneles están despejados. Eso, según ellos, solo puede significar dos cosas: que los rhadoranos han huido, o que se han escondido para tenderles una emboscada. En realidad, pronto descubren que hay una tercera opción, en la que ninguno había pensado: los guerreros de Rhadore han sido asesinados… ¡por el Gallonbaloir! Es decir, el monstruo que los persiguió desde la isla de Sijad y los derribó del bote. Glenn lo ha apodado “Stamp”, como la mascota de ShinRa, porque parece estar siguiéndolo a todas partes como un perro. Hay que ver cuánto le gusta ese animal a Glenn.
  Los Soldier vencen al Gallonbaloir, pero este logra huir al sumergirse en el agua. Está claro que volverán a verse las caras.
  Con la zona despejada y la situación fuera de peligro, el Equipo Glenn se reúne con Sefirot en el campamento de la cueva, junto a las ruinas de Logues.
  —Permitidme que me presente formalmente —dice el chico—. Soy Sefirot. Me han asignado el liderazgo de vuestra unidad, así que, desde ahora, estáis bajo mis órdenes. Glenn, has hecho un buen trabajo. Gracias.
  Pese a las palabras amables de Sefirot, Glenn no se lo ha tomado nada bien. Matt y Lucía tienen que sujetarlo para tratar de tranquilizarlo.
  —¡Ni hablar! ¡Eres un cíborg! ¡Nunca serás uno de nosotros! Me niego a colaborar con alguien que no ha tenido que pasar por un entrenamiento tan brutal como el nuestro.
  —Eso me da igual —lo interrumpe Sefirot—. Lo único que me importa es que obedezcáis mis órdenes. —Los Soldier de Clase Cero no rechistan—. Antes de nada, debéis cambiaros de ropa. Después, me ayudaréis con la fase cuatro del plan: eliminar a los rhadoranos que queden por la zona.
  —¿Solo nosotros tres y tú? —pregunta Glenn, ya más calmado.
  —Eso he dicho.
  Sefirot se ha unido al grupo. Qué suerte tener a alguien así de su lado, ¿verdad?

Enlaces:

– Parte 1: introducción, capítulos 1-6 cursor
– Parte 2: capítulos 7-8
– Parte 3 (próximamente)

Saga completa:
– The First Soldier (Ever Crisis) cursor
Crisis Core
Before Crisis
Final Fantasy VII
Advent Children
Dirge of Cerberus

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