Capítulo 1 – Fábrica Taumatec
Un chico de cabello grisáceo yace en el interior de un enorme complejo industrial. Se ha golpeado la cabeza y ha quedado inconsciente a causa de una explosión. A su lado hay dos robots, que parecen estar tratando de reanimarlo. Son robots con personalidad e importantes para el argumento, así que vamos a darles unos nombres provisionales. El primero, de aspecto humanoide, será «Roboto». El segundo, un pequeño dron volador, será «Drono».
—¿Está bien, Leo? —pregunta el dron.
—La explosión mágica parece haber inutilizado al maestro Leo —añade Roboto—. El radio de detonación está aumentando. Si no nos vamos rápido…, estamos perdidos.
—¡Vamos, Leo! ¡Reiníciese! ¡Reiníciese! ¡Esa «cosa» va a volver!
Leo recupera el conocimiento y se pone en pie con dificultad.
—¿Q-qué…? ¿Qué está pasando…?
—¡Reinicio completado con éxito! —exclama Drono, aliviado.
—¿Eh? ¿Dónde estoy?
Al parecer, Leo no recuerda nada.
—Usted se encontraba combatiendo en esta Fábrica Taumatec —informa Roboto—. El fuego que puede observar es el resultado de dichos combates.
—¿Qué? No… Espera un…
—¡Cuidado! —alerta Drono—. ¡Tenemos compañía!
Varios robots atacan a Leo y sus dos acompañantes. El humano descubre, para su propia sorpresa, que es diestro manejando una espada. Roboto posee un rifle de plasma. Drono, que no ha sido fabricado para luchar, se limita a mirar y hacer comentarios.
—Hay algo que sí tengo claro —dice Leo, aún con los recuerdos borrosos—. Si no salimos de aquí cuanto antes, estaremos en problemas.
—Entendido —asiente Roboto—. Ejecutando orden de huida.
—¡Rápido! —apremia Drono—. ¡Antes de que esa «cosa» nos encuentre!
Leo y los robots amistosos eliminan a las unidades que les salen al paso. No son rivales para ellos. Sin embargo, no tardan en detenerse de nuevo.
—Uf… Mi cabeza… —se lamenta el humano.
—¿Se encuentra bien, maestro Leo? —pregunta Drono.
—Mi análisis sugiere… que no —apunta Roboto.
—Callad un momento —les pide Leo—. Siento como si la cabeza me fuese a explotar. —El chico se toma unos segundos para recuperarse—. Bueno, ¿de qué me conocéis? ¿Somos… amigos, o algo así?
—Maestro Leo —responde Roboto—, usted nos ha reprogramado y reiniciado para que cumplamos todas sus órdenes, demandas, exigencias, instrucciones, directivas…
—Vale, vale, ya lo pillo. Es decir, ¿que vosotros dos estabais en esta fábrica?
—Afirmativo. Han transcurrido… dos horas y cuarenta y tres minutos desde que nos reinició, maestro Leo.
—Oh… No recuerdo nada de eso. Lo único que recuerdo es mi propio nombre. ¿A qué he venido?
—Su comportamiento actual parece indicar algún fallo de memoria —aprecia Roboto—. Es probable que las partículas mágicas de la explosión hayan afectado su sistema nervioso.
—¿Qué explosión?
—Los tanques que ha destruido están emitiendo alguna clase de energía mágica peligrosa.
—¿Es culpa mía? Genial… Uno recoge lo que siembra, supongo.
El trío continúa avanzando a través de la Fábrica Taumatec. Y este es un momento tan bueno como cualquier otro para explicar de dónde procede esa palabra tan rara. La taumaturgia, según la RAE, es la «facultad de realizar prodigios». Es sinónimo de «magia». Por lo tanto, «Taumatec» es una mezcla de magia y tecnología. Quienes hayáis jugado a Final Fantasy VI (o algunos posteriores, sobre todo el XIV) conoceréis bien la tecnología Magitec. Es la misma idea.
—¡Tenemos que seguir avanzando! —dice Drono—. Esa «cosa» se acerca.
—¿Qué es esa «cosa» que no dejas de mencionar? —pregunta Leo.
—¡Ya lo verá! ¡Viene hacia nosotros! ¡Rápido, rápido!
Pero no tienen adónde huir. Un robot enorme, con brazos capaces de lanzar rayos láser, les corta el camino.
—¡Peligro! ¡Peligro! —exclama Drono—. ¡Esa «cosa» es… esa cosa!
—Todavía se encuentra en estado de desarrollo —informa Roboto—. No puedo procesar cómo es capaz de moverse con tanta rapidez en su condición actual.
—No nos queda más remedio que luchar —concluye Leo.
El chico y Roboto logran incapacitar al Roborganizador, el robot guardián. Pero aún es pronto para cantar victoria, ya que el Roborganizador cuenta con la ayuda de pequeños drones reparadores muy veloces. La huida se reanuda. Y esta, lejos de conducirlos a la salida, los lleva a la azotea de la fábrica. Allí no parece haber salida.
—¿Se encuentra bien, maestro Leo? —pregunta Roboto.
—Su cara parece estar sufriendo un error —añade Drono.
—Recuerda que el maestro Leo es humano. El término correcto es «está pálido».
Un objeto cae del bolsillo de Leo. Es un dispositivo electrónico rectangular. Al recogerlo del suelo, el chico experimenta una visión de una aldea construida en la ladera de una montaña.
—¿Qué era eso…?
De pronto, el dispositivo emite una voz.
—Por favor, visualice a la persona o lugar elegido para la transferencia del cuerpo mediante el sistema de vector mnemónico.
No os preocupéis si no habéis entendido nada, porque Leo tampoco.
—¿«Transferencia del cuerpo»? ¿«Vector mnemónico»?
—Es un dispositivo de teletransporte —informa Roboto—. Al menos, así fue como lo definió antes de perder la memoria. De hecho, dijo que fue ese dispositivo el que lo trajo aquí.
—Oh… ¿Quién será capaz de diseñar algo así?
—¡Usted, al parecer! —responde Drono.
—Bueno, sea como sea, parece que hemos encontrado una forma de escapar. Lo único que tengo que hacer es recordar esa imagen que acabo de visualizar.
Según el dispositivo, para teletransportarse hay que pensar en una persona o lugar. Leo confía en poder viajar a la aldea de la montaña. Por desgracia, no consigue volver a manifestar aquella imagen en su mente. Y lo que es peor: el Roborganizador, completamente recuperado del combate anterior, acaba de encontrarlos de nuevo.
—Tengo que recordar…
Leo cierra los ojos. Entonces, no solo recuerda aquella aldea montañosa, sino también a una chica de más o menos su edad. Ni siquiera sabe quién es, pero su recuerdo es suficiente para activar el dispositivo de teletransporte.
Roboto y Drono no tienen tanta suerte…
—¡Oh! —exclama el dron—. ¡Ha desaparecido!
—Se le ha caído algo —observa su compañero.
Y eso es todo cuanto podemos ver antes de que el Roborganizador se abalance sobre ellos.




Capítulo 2 – En
«Mecateria… La infestación mecánica se expande sin cesar desde un agujero en el cielo. Atrae a los humanos para absorber su energía vital. Se replica a velocidades alarmantes, y pronto cubrirá el mundo entero… La mecateria provoca un efecto catastrófico sobre la tierra. La gente lo considera obra de un “Dios Malévolo”. En poco tiempo, por todos los rincones del mundo se oye susurrar su nombre…»
Leo ha aparecido en la localización de sus recuerdos: la aldea de En. El dispositivo ha quedado destruido tras el teletransporte, señal de que estaba defectuoso. Por eso Roboto y Drono no se han transportado a la vez que Leo. Ya no hay nada que pueda hacer por ellos.
Recorrer la aldea no le trae ningún nuevo recuerdo, pero le sirve para volver a aprender cosas que ya sabía, como la supuesta existencia de un «Dios Malévolo», creador de la mecateria. ¿Y qué es la mecateria, o materia mecánica? Se trata de unas esferas blancas de las que emanan tentáculos oscuros, capaces de drenar la vida de quienes se acerquen demasiado. Por ahora, el Distrito Nuevo, la parte inferior de En, está a salvo de esta infestación, pero el Distrito Antiguo ya empieza a sufrir sus efectos. Tal vez por eso han aparecido monstruos en la zona alta de En.
—¡Eh, Leo! —El chico se sorprende al escuchar aquel grito. Un hombre con delantal de cocinero se aproxima a él—. Ya has vuelto, ¿eh? ¿Qué tal te ha ido?
—Perdona, ¿nos conocemos?
—¿Te has dado un golpe en la cabeza? Has venido a por una tortilla, ¿verdad? ¡Mi especialidad! Nunca te cansas, ¿eh? ¡Ja!
—Supongo que no…
Leo opta por no dar explicaciones y sigue a aquel hombre en silencio. Este lo lleva hasta su bar, el Ojos Chiribitas.
—Dame un minuto. ¡Te prepararé una tortilla en un santiamén!
—Yo… no recuerdo nada.
—¿Cómo dices?
—Estaba en una fábrica extraña… Entonces, me atacó un robot igual de extraño… Y un par de robots parlantes me salvaron…
—¿Robots? ¿Una fábrica? ¿De qué narices hablas?
—No lo sé… Es todo lo que recuerdo —confiesa Leo.
—¿Lo dices en serio? ¿Has olvidado todo? ¿Hasta las sabrosas tortillas del viejo Sid?
Es de suponer que Sid es él mismo, aunque hable en tercera persona.
—Todo —reconoce Leo.
—No me fastidies…
Sid le cuenta todo lo que recuerda para ayudarlo a recobrar la memoria. Esta parte no se muestra en el juego, así que saltamos al final de la conversación.
—¿Dices que estaba buscando tesoros? —pregunta Leo, sorprendido.
—Sí. ¡En medio de la Infestación Meca, nada menos! Tal vez echar un vistazo a tu botín te refresque la memoria. Siempre que vuelves de viaje, vienes aquí a dejar tus tesoros.
Por «aquí», Sid se refiere a una habitación oculta en la bodega, tras una estantería. No hay mucho mobiliario, pero sí una buena cantidad de objetos extraños.
—No soy muy ordenado, ¿eh? —bromea Leo al ver el estado de aquella habitación—. ¿Qué se supone que es esto?
—La Caja de Juguetes Mini.
—¿La qué? Vaya nombre más absurdo.
—¡Se lo pusiste tú! Era la habitación de Bernard.
—¿Quién es ese?
—Madre mía, ¿tan fuerte te has golpeado la cabeza? Bernard es tu padre.
—¿Mi padre…? —Leo observa a su alrededor—. Oh, ya recuerdo… Fue mi padre quien construyó esta sala.
—Te dejo solo para que eches un vistazo. A ver si consigues recordar algo. Cuando hayas terminado, tendré una tortilla esperándote.
Sid se marcha de la Caja de Juguetes Mini.
Hay varios objetos que llaman especialmente la atención de Leo. El primero es un dispositivo electrónico redondo cuya utilidad desconoce, pero que no duda en guardarse en el inventario. El segundo y el tercero son una pareja de mapas que muestran dos mundos diferentes. El cuarto es una nota en la que él mismo apuntó algo: «8 de octubre: A la fábrica. 14 de octubre: ¡Cita con la princesa! Huevos. Arroz. Kétchup». Bueno, esa lista de la compra final no es tan importante, pero ¿a qué se refería con «Cita con la princesa»?
El último objeto merece mención aparte, pues es el más extraño de todos. Se trata de una máscara negra, que cubre nariz y boca, con un símbolo rojo del que emana energía. El símbolo se parece a una X, con un círculo entre las dos líneas superiores y otro idéntico entre las inferiores.
—He visto antes este símbolo… ¡Ah, ya me acuerdo! Es el tesoro que encontré en la Infestación Meca.
Leo recoge la máscara y regresa a la sala principal del bar Ojos Chiribitas.
—¿Has logrado recordar algo? —le pregunta Sid.
—Algo, aunque no mucho.
Leo sufre otro dolor de cabeza. Por un instante, puede vislumbrar a aquella chica que también recordó fugazmente en la Fábrica Taumatec.
—¿Qué te pasa? —dice Sid, alarmado—. ¿Tienes hambre? ¡Ahora mismo te sirvo la tortilla!
—No… Es… una chica.
—¿Te refieres a la chica del otro día?
—¿Quién?
—Una chica te ayudó a volver aquí después de que te metieras en problemas. Tenías muy mal aspecto. Hablas de ella, ¿no?
Leo no está seguro.
—¿Dices que me salvó?
—Si no me equivoco, vive en la tienda de adivinación del Distrito Antiguo.
—¿Una tienda de adivinación? Supongo que no hay nadie más apropiado para decirme quién soy… Iré a echar un vistazo.
—No tienes más que subir por el camino que sale de la plaza.
Leo abandona el Ojos Chiribitas sin dar las gracias, sin despedirse… y sin comerse la tortilla. Bueno, vamos a suponer que ha hecho las tres cosas, ¿por qué no?




Capítulo 3 – Owen y Kina
La tienda de adivinación de Owen está situada en el punto más alto de En. La mecateria impide que se pueda seguir ascendiendo por la montaña. Como la infestación siga avanzando, aquel edificio pronto quedará rodeado por las supuestas creaciones del Dios Malévolo.
Owen da la bienvenida a Leo en su tienda.
—Ah, hola de nuevo.
—Así que ya he estado aquí antes…
—¿Por qué lo dices? ¿Es que no te acuerdas?
—He perdido la memoria.
—Qué terrible desgracia —responde Owen—. ¿Y esperas recuperarla mediante el poder de la adivinación?
—Sí.
—Muy bien. Sígueme. ¡Kina, tenemos un cliente! ¡Ven a echarme una mano!
Leo reconoce de inmediato a la chica que aparece por la puerta del fondo. Es la misma joven de sus visiones.
—¡Tú! —Leo corre hacia ella—. ¡Eres el motivo de que haya venido a esta aldea!
—Oh… ¿El chico del bosque?
—Soy Leo. ¿Y tú…?
De pronto, Leo sufre otro dolor de cabeza. Este viene acompañado por una Reminiscencia, con mayúscula. Es decir, uno de los múltiples relatos a los que recurre Fantasian para contar determinadas partes del argumento. Algunos están narrados por los propios personajes, como el que comienza a continuación. En estos casos, lo indicaré en el título. Si no veis ninguna indicación, se trata de un narrador omnisciente ajeno a la historia.
Notaréis que el estilo de las Reminiscencias es diferente al del resto de la guía argumental. No seré yo contándoos lo que pasa en el juego, sino que voy a limitarme a traducirlos y adaptarlos tal y como aparecen. Bueno, con un par de arreglos, como hago siempre. Vamos allá.
[Reminiscencia: Recuerdos del encuentro (por Leo).]
Iba caminando por el bosque. Los rayos del sol… El piar de los pájaros… El bello paisaje, como sacado de un cuadro, dibujó una sonrisa en mi rostro. «El tesoro del bosque…». «Una petición…». Palabras inconexas vagaban por mi mente. No sé por qué estaba en el bosque. En cualquier caso, llevaba prisa. O eso creo…
Mientras caminaba por la hierba alta, me topé con un jardín de flores. Poseían una belleza tan cautivadora que bajé la guardia. No puedo recordar gran cosa aparte de eso… Solo la inmensidad del jardín. Toqué las flores sin dudarlo. Entonces, caí al suelo. Mi cuerpo estaba paralizado… Mi mente, nublada… Mis labios, secos… En efecto, las flores eran altamente venenosas.
—¿Ha llegado… mi fin?
Entonces, mientras yacía allí, pensativo e inmerso en una extraña calma, una luz radiante envolvió mi cuerpo. No recuerdo cuánto duró. Lo único que sé es que quería permanecer así por siempre. Aquel suave resplandor era tan tranquilizador…
Sí… Fuiste tú quien me salvó.
Y aquí termina la primera Reminiscencia. Lo notaréis por los saltos de línea. O porque os lo digo yo expresamente, como en este caso…
—Fuiste tú —dice Leo a Kina—. Me salvaste con tu magia.
—Sí, me acuerdo de ti. ¡Pero no se lo digas a Owen! ¡Si se entera de que he usado magia sin su permiso, se enfadará conmigo!
Por suerte, Owen está algo alejado, así que no puede oírlo.
—Entiendo —asiente Leo—. Verás, he perdido la memoria…
—Vaya… —Kina se queda pensativa—. Quizá Owen pueda ayudarte con su poder de vislumbrar el pasado y el futuro.
—Eso espero.
Leo y Kina regresan junto al adivino.
—¿Estás preparado? —pregunta al chico de cabello grisáceo.
—Sí. Por favor, léeme la fortuna.
—Estupendo.
Owen extiende un brazo, mostrando la palma de su mano.
—¿Qué te pasa en la mano? —pregunta Leo, desconcertado (y poco avispado).
—La tarifa… —murmura Kina.
—¿Qué tarifa?
—Puedo restablecer tus recuerdos —dice Owen—. Pero no gratis, me temo. Lo irónico es que ya sé que no puedes pagarme… Por lo tanto, no puedo leer tu fortuna.
—¿Lo único que te importa es el dinero? —protesta Leo—. Menuda pérdida de tiempo…
Leo se marcha de la tienda de adivinación a toda prisa, sin ocultar su malestar. Pero no llega muy lejos, pues Kina va tras él.
—¡Espera! Quiero ayudarte.
—¿Cómo?
—Necesitas dinero para recuperar tus recuerdos, ¿verdad? ¡Puedo ayudarte a conseguirlo!
—No hace falta. Me las apañaré. —Está claro que Leo sigue molesto—. Encontraré otro modo de recuperar mis recuerdos si es necesario. Me lo merezco, por creer que un viejo estafador como ese podría ayudarme.
—¡No hables así de Owen! ¡No te cobraría si no estuviese obligado a ello!
—¿«Obligado»? ¿Quién lo está obligando?
—Vam… Vam el Malévolo.
[Reminiscencia: El poder de Owen.]
Un rugido atronador emergió de la sala de adivinación, despertando a Kina.
—¡Kina! ¡Kina! —gritó Owen desde detrás de la puerta.
Sorprendida y preocupada, Kina salió a toda prisa de la cama. Cuando accedió a la sala de adivinación, encontró a Owen sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra una estantería, moviendo la boca como un pez.
—¡Owen! ¡¿Estás bien?!
Kina corrió hacia el anciano y lo ayudó a ponerse en pie. En cuanto la sintió a su lado, Owen comenzó a gritar.
—¡Kina! ¡Ha sucedido algo increíble!
—¿Qué ha sido ese sonido tan horrible? —preguntó ella.
En medio de aquel alboroto, ninguno de los dos era capaz de hablar coherentemente. Owen siguió gritando.
—¡Era Vam el Malévolo! ¡Ha aparecido ante mí y me ha concedido un poder increíble! ¡Nadie volverá a tacharme de charlatán! ¡Desde ahora, mis palabras serán consideradas auténticas profecías!
¿Estaba soñando Owen? ¿O lo estaba Kina? A ella le costaba entender sus palabras. Owen volvió a la cama, y Kina apenas pudo conciliar el sueño en toda la noche.
Después de aquel suceso, la actitud de Owen cambió. Comenzó a aumentar sus precios, cobrando cantidades exageradas de dinero. Pero aquello no fue lo único sorprendente. Las predicciones de Owen, todas ellas, acababan cumpliéndose. Owen era capaz de vislumbrar el pasado y el futuro de los clientes, lo que le permitía darles palabras precisas de orientación. Había dejado de ser un adivino del montón. Se convirtió en un profeta.
Las proezas del talento de Owen se transmitieron de boca en boca entre todos los habitantes de En. El poder para vislumbrar el pasado y el futuro… Eran muchos los que estaban dispuestos a pagar cualquier precio por contratar sus servicios.
—Escúchame bien, Kina. La codicia por el dinero es la energía más poderosa de la humanidad. Vam el Malévolo… No: lord Vam me ha otorgado este poder. Los deseos desesperados son lo que hace latir el corazón de la gente. Nunca lo olvides.
Kina no estaba segura de entender lo que quería decir. Esas palabras no sonaban como el Owen de siempre. Desde aquella noche, Kina lo escuchaba murmurar un nombre: «Vam el Malévolo».
A medida que pasaban los días, Kina cada vez estaba más preocupada. Temía que ese nombre significara algo realmente peligroso.
Mientras leíamos la Reminiscencia, Kina ha contado a Leo esta misma historia, pero con sus palabras.
—Nada de eso tiene sentido —concluye Leo—. Gracias por compartirlo conmigo, pero prefiero buscarme la vida por mi cuenta.
—Vale…
—Ah, y gracias también por salvarme en el bosque.
—Te encontré por el olor. Tienes un… olor misterioso.
—¿Tanto huelo?
—¡No digo que sea un olor malo! —puntualiza Kina—. Más bien…, un olor conmovedor.
—¿Un «olor conmovedor»?
—Por eso te salvé. Tu olor me hizo querer ayudarte.
—Mira, Kina… —Leo sigue sin estar convencido—. Me siento halagado. Supongo. Pero puedo apañármelas solo, ¿vale?
—Entendido…
—Hay monstruos por la zona. No puedo permitirme ponerte en peligro.
—¡Cuidado, detrás de ti!
El oportuno aviso de Kina evita que unos monstruos voladores ataquen a Leo. Este se ocupa de ellos… con ayuda de la propia Kina, quien no solo tiene hechizos curativos, sino también ofensivos. Vamos, que sabe defenderse.
—Has vuelto a salvarme —reconoce Leo, avergonzado.
—¿Entonces…?
—Vale, me has convencido. ¿Quieres acompañarme?
—¡Sí! ¡Gracias!
—Ja… Eso debería decirlo yo.


Capítulo 4 – Mirador de la torre
Leo necesita dinero para que Owen trate de esclarecer su pasado, con el objetivo de restaurar sus recuerdos. Kina se ha ofrecido a echarle una mano. Pero, antes, la chica tiene una petición: subir al mirador de la torre de En. No es algo que pueda hacer a menudo, pues la torre se encuentra en el Distrito Nuevo, y parece que ella sale poco de casa…
Leo y Kina observan una pintada que hay cerca de la base de la torre. Es un símbolo extraño de color rojo (nada que ver con el de la máscara que había en la Caja de Juguetes Mini). Al acercarse, tres figuras aparecen ante ellos, como surgidas de la nada. Son una mujer y dos hombres, todos jóvenes. Para hacer la conversación comprensible, os voy a adelantar sus nombres: Morrigan, Dotty y Folt.
—¡Hola otra vez, guapo! —dice Morrigan a Leo—. Eres incapaz de mantenerte alejado de nuestro símbolo, ¿eh?
—¿Quiénes sois?
—¡Venga ya, no nos tomes el pelo! ¡No puedes habernos olvidado!
—¿Los conoces, Leo? —pregunta Kina.
—Qué va. Al menos, creo que no.
Morrigan, Dotty y Folt se muestran decepcionados.
—Hmm… —Folt examina a Leo—. Parece que le pasa algo.
—¡Ah, ya lo entiendo! —responde Dotty—. ¡Es un doble!
Los otros dos no opinan lo mismo.
—¡Bah! —dice Morrigan—. ¡Permítenos refrescar tu memoria!
—¿Hacemos lo de siempre, querida hermanita? —pregunta Folt.
—¡Por supuesto!
Aquellas tres personas tan extrañas, que resultan ser hermanos, comienzan a ejecutar una coreografía que tienen más que ensayada. Voy a poner quién habla antes de cada frase, porque es un poco lioso.
—[Morrigan] ¡Bailando hacia tus sueños! ¡Morrigan la Mariposa!
—[Dotty] ¡Entrenando por encima del límite! ¡Dotty el Bestia!
—[Folt] ¡Estremeciendo más allá del mañana! ¡Folt el Bravo!
—[Morrigan] ¡Resplandeced por diversión!
—[Dotty] ¡Resplandeced por la gloria!
—[Folt] ¡Resplandeced para que todo el mundo os vea!
—[Todos] ¡Somos… las Tri-Estrellas Cenicienta!
Por suerte, luchan mejor que actúan. Aunque su fuerza combinada no les basta para derrotar a Leo y Kina.
—¡Sabía que tenías potencial! —dice Morrigan.
—¡La próxima vez no tendremos piedad! —añade Dotty—. ¡No lo olvidéis!
—¡Nos enfrentaremos a vosotros tantas veces como queráis! —dice Folt.
—¡Adiós por ahora! —se despide Morrigan.
Las Tri-Estrellas Cenicienta se marchan tal y como llegaron, envueltos en un destello. Se inicia así una misión secundaria que se prolonga hasta casi el final de la historia principal, con una sucesión de combates en distintas ubicaciones del mundo. Puede parecer intrascendente, pero ya os adelanto que no es así. Para empezar, no mentían al decir que conocían a Leo. Pero habrá que esperar muchísimo hasta descubrir por qué. Olvidémonos de ellos por ahora.
Este inesperado encuentro no ha quitado las ganas a Kina de subir al mirador de la torre. Una leyenda local asegura que las parejas que suben juntas quedan ligadas por toda la eternidad. ¿Funcionará con Leo y Kina? Pues no, porque no son pareja. Este misterio ha quedado resuelto mucho antes que el de las Tri-Estrellas Cenicienta.
—¡Mira! —exclama Kina, ya en el mirador—. ¡Se puede ver el bosque!
—¿Qué bosque?
—¡Ese de ahí! —La chica señala a lo lejos. El bosque está casi totalmente rodeado por mecateria—. De pequeña vivía allí. ¡Ah! ¡Hay un lugar en el bosque donde puedes conseguir todo el dinero que quieras! Aunque no es el tipo de dinero que aceptan en la aldea…
—¿No es dinero real? —pregunta Leo, extrañado.
—Owen dice que lo importante no es el dinero en sí, sino las emociones que hay detrás. ¡Así que puede valer para leer el futuro!
—¿Qué se supone que es? ¿Dinero mágico? No termino de entenderlo, pero, si Owen lo acepta, ¡estamos tardando en conseguirlo!
Leo y Kina abandonan la aldea de En y se dirigen al sur.



Capítulo 5 – Bosque Meridional
Leo no conserva ningún recuerdo de aquel lugar. Para Kina, en cambio, es como volver a casa.
—Siento como si nunca me hubiera ido… ¡Hasta sigue oliendo igual! Owen me encontró en este bosque y me acogió. No nos hemos separado desde entonces.
—Vaya… Debiste de tener una infancia complicada.
—No, fue bastante feliz. Todos los días eran pacíficos. Pero…, una vez, me dejé llevar con mi magia y provoqué algunos daños. Owen temía que pudiera volver a ocurrir. Se esforzó mucho para que yo aprendiera a controlar mejor mis poderes. Ya tengo mucha más confianza en usar mi magia para curar a los demás, y todo eso. Owen me enseñó todo lo que sé.
—A mí lo que me gustaría es ver cuánto daño puedes hacer con tu magia ofensiva.
—No sé… Todavía me da un poco de miedo usarla.
—Lástima…
Desde luego, Leo no es la persona más madura del mundo.
Kina todavía no ha desvelado cómo pueden conseguir mucho dinero en el bosque, pero parece conocer bien aquella zona, así que Leo se limita a seguirla. Llegado un momento, pasan junto a un gran jardín de flores. Un lugar que Leo sí recuerda bien.
—Fue aquí donde colapsé. Tú llegaste poco después.
—Sí, aquí nos conocimos. Pero ¿qué te pasó? ¿Te atacaron monstruos?
—No. Fue por culpa del veneno de las flores. —De pronto, Leo recuerda algo más—. Es verdad… No pudieron ser los monstruos, porque estaban… Estaban… ¡Ajá! Ya sé para qué sirve esta cosa. —El chico saca de su inventario el dispositivo redondo que se llevó de la Caja de Juguetes Mini—. ¿Cómo se llamaba? Dimen… ¡Ah, es una Mazmorra Dimensional! Podríamos haberla usado para evitar luchar. ¡Qué pena no haberme acordado antes! Este dispositivo encierra a los monstruos en otra dimensión. Sigue los mismos principios del dispositivo de teletransporte, pero con una finalidad diferente. Abre un portal alrededor del enemigo…
—Espera —lo interrumpe Kina—. Más despacio, por favor.
—Ah, perdona. Al fin he recordado algo y me he dejado llevar por la emoción.
Mejor os lo explico yo. Mientras la Mazmorra Dimensional esté activa, los combates aleatorios de Fantasian se anulan. En su lugar, esos monstruos se teletransportan al interior del dispositivo, donde Leo y sus aliados (ahora en singular, pero no por mucho tiempo) pueden combatirlos en el momento que prefieran. La Mazmorra Dimensional tiene un límite de capacidad. Una vez alcanzado, estarán obligados a iniciar un combate masivo. Aunque no quiero entrar a valorar cuestiones jugables, es un sistema magnífico, ya que nos permite elegir cuándo priorizar los combates y cuándo la exploración. Esos «combates masivos», como los definía hace un momento, son muy llevaderos gracias a los potenciadores de los que disfrutan Leo y compañía dentro de la Mazmorra Dimensional. Los únicos enemigos que no pueden ser capturados son aquellos demasiado poderosos o contra los que no hayan combatido nunca con anterioridad. Todo esto no tiene mayor relevancia argumental.
Leo y Kina prosiguen con su paseo por el bosque. Poco después, la chica se planta frente a un tocón de poca altura.
—¡Oh, es el tocón de Owen! Le gustaba mucho sentarse aquí.
Lo que comienza ahora es un recuerdo de Kina, que, no obstante, el juego no identifica como Reminiscencia. La diferencia es evidente: aquí no hay narrador. Simplemente, somos testigos de la escena, o serie de escenas, como en cualquier otra situación de la historia.
Un tiempo indeterminado atrás, Kina encontró a Owen sentado en aquel tocón.
—¡Aquí estás! Te estaba buscando.
—Kina, quiero decirte algo… Creo que deberíamos irnos a vivir a la aldea.
—Pero podría hacer daño a alguien con mi magia…
—Has crecido mucho, Kina. Creo que podrás controlarla. Además, creo que te vendría bien otra clase de educación.
—¿Qué quieres decir?
—Necesitas entender a los seres humanos.
Con esto, Owen no estaba insinuando que Kina no fuese humana, sino que había vivido aislada en el bosque hasta que lo conoció a él, así que no estaba acostumbrada a tratar con gente.
—¡Tú eres un humano, Owen! ¡Eso es todo lo que necesito saber!
—Kina, yo no estaré aquí eternamente. Necesitas conocer a más personas para entenderlas. El nombre que te di, «Kina», es una palabra del vibrano antiguo que significa «destino».
Más adelante conoceremos el reino de Vibra.
—¡Pero yo no sé cuál es mi destino! —protestó Kina.
—El destino es algo que uno debe encontrar por sí mismo. Y ha llegado el momento de que lo hagas.
Volvemos al presente.
—¿Podemos sentarnos a descansar? —pide Kina a Leo.
—Claro.
Y, ahora sí, se inicia una Reminiscencia… que sucede en el presente. Sí, este juego es un poco confuso a veces. Que no os despiste el tiempo verbal empleado por la narración.
[Reminiscencia: La esencia del bosque.]
Un único rayo de sol surgió de entre las hojas de los árboles, iluminando un solitario tocón. Kina se aproximó a él mientras Leo observaba a poca distancia. Kina permaneció en silencio, disfrutando de la tranquilidad del bosque. Entonces, como si pretendiera tocar la luz del sol que atravesaba el follaje, extendió la mano.
—Es cálida —murmuró Kina.
Se colocó bajo la luz, miró hacia arriba, cerró los ojos y respiró hondo. El olor del bosque y los rayos del sol cosquillearon las fosas nasales de Kina y llenaron sus pulmones. Ambos sintieron una brisa agradable.
—Este es mi lugar favorito… Es muy especial para mí. —Kina habló con tono satisfecho mientras sonreía a Leo—. Owen y yo paseábamos por esta zona todos los días. Cada vez que veníamos, él se sentaba a descansar en el tocón. Me contaba muchas historias.
Kina contempló el tocón con una expresión de cariño. Para Leo, era como si Owen estuviese sentado allí mismo.
—¿Qué historias te contaba? —preguntó Leo.
—Sobre humanos y sobre el mundo —respondió Kina mientras se sentaba en el tocón.
La vista desde allí era la misma vista que tendría Owen cuando ocupaba aquella posición. Los recuerdos de los días que Kina y Owen pasaron juntos en aquel lugar comenzaron a manifestarse en la mente de la chica.
—Cuando era pequeña, Owen era lo más importante para mí. Era la única persona a la que conocía. Y este bosque era todo mi mundo. Pero Owen me enseñó que el mundo es mucho más grande que este bosque. Que hay más mundos aparte de este, que hay más gente, y que todo está conectado.
—Es decir, que era como tu profesor.
Kina sonrió ante las palabras de Leo.
—Sí, era mi profesor.
La chica se quedó en silencio, con la mirada perdida en el bosque.
(Ahora, la Reminiscencia da un salto al pasado.)
—¿Qué son los humanos?
Kina hacía esta pregunta a menudo cuando era pequeña. Owen, el único humano al que ella conocía, era un hombre de avanzada edad, muy diferente a una niña tan joven. Para Kina, Owen parecía pertenecer a una especie distinta.
Para mantener los poderes de Kina bajo control, Owen se quedó a vivir con ella en el bosque y le enseñó a sobrevivir. Pero Owen estaba preocupado, pues había algo que Kina no lograba comprender: los seres humanos.
Owen decidió trasladarse a la aldea de En para que Kina pudiera aprender sobre los humanos. El negocio de adivinación fue útil para enseñar a Kina sobre esta cuestión. Tenía todo tipo de clientes: viejos, jóvenes, ricos, pobres… Solo con escuchar sus historias, Kina empezó a descubrir la complejidad de sus sentimientos, sus naturalezas ambivalentes y sus variadas emociones. Como adivino, Owen escuchaba todas sus preocupaciones y se limitaba a ofrecerles consejos. Sus palabras siempre eran amables, y su corazón siempre estaba abierto a los demás. Animaba a todos sus clientes, consolaba a aquellos que lloraban y motivaba a quienes se mostraban asustados. La inquietud de todos ellos desaparecía con tan solo hablar con Owen. Llegaban a la tienda con expresiones oscuras y sombrías, y la abandonaban con miradas cargadas de esperanza, sin excepción.
—Oye, Owen. ¿Por qué la gente piensa tanto en los demás? ¿Por qué sufren tanto por lo que les pase a otros? Se enamoran, discuten por negocios, e incluso se pelean con sus propias familias… Ocultan cosas a la gente que quieren. Tienen celos de sus amigos, e incluso los traicionan. ¿Por qué no pueden todos llevarse bien, como nosotros?
Owen respondió con una sonrisa a la duda honesta de Kina.
—Porque el amor, el odio y todo lo que hay entre medias… es parte de la naturaleza humana.
«¿Qué son los humanos?». Con el tiempo, Kina comenzó a hacerse esa pregunta a sí misma. Y la pregunta evolucionó en algo más grande: «¿Qué soy yo?».



Capítulo 6 – La vida del bosque
Leo y Kina continúan con su misión por el Bosque Meridional. No es que sea una tarea complicada, la de encontrar dinero, pero con tanto recuerdo (más lo que queda) parece que lleven toda la tarde dando vueltas.
Acaban de llegar a una cabaña, algo vieja y no muy bien conservada. La vegetación se abre paso.
—¡Mira! —exclama Kina—. Aquí es donde vivía.
[Reminiscencia: La casa vieja.]
—Owen me contó que la usaban como almacén de carbón. La compró casi regalada.
La vieja cabaña, fabricada con ladrillos y madera, parecía abandonada desde que se marcharon Kina y Owen. Expuestas a los elementos, las partes hechas de madera habían comenzado a desintegrarse. Los primeros recuerdos de Kina eran en aquella cabaña. Owen era la única persona a la que podía considerar familia.
El aire a su alrededor sufrió un cambio repentino. Aunque no había señales de peligro, Leo puso una mano sobre el mango de su espada y se giró. Fue entonces cuando divisó a aquel pequeño monstruo, semioculto entre unos arbustos. Era una bestia de seis patas, cuyo pelaje se mimetizaba con el verdor del bosque. Sin dejar de observar a Leo y Kina, estiró su larga y gruesa cola, y movió su nariz puntiaguda.
—Es un tioris —dijo Kina, como saludando a un viejo amigo.
—A lo mejor digo una tontería, pero ¿es tu amigo? —preguntó Leo.
—Qué va. —Kina rió, todavía mirando al tioris—. Pero, cuando era pequeña, mi primer amigo fue un tioris.
Sin preocuparse por la suciedad del suelo, Kina se agachó y sonrió al tioris. Acto seguido, tendió su mano derecha. El tioris olfateó las yemas de sus dedos.
—Los tioris tienen un olfato muy agudo. Me gustaba imitarlos. Así.
Kina inhaló profundamente a través de su nariz. Con la mano aún tendida hacia el tioris, cerró los ojos. El tioris observó con curiosidad aquel comportamiento tan propio de animales. Tras coger mucho aire, Kina comenzó a exhalar por la boca.
—Ahora tú.
—¿Yo?
Kina asintió.
—Sí, quiero que sientas el bosque.
—Nah, paso —dijo Leo.
—Venga —insistió Kina con firmeza—. Inténtalo.
Hablaba como una madre regañando a su hijo.
—Bueno…
A regañadientes, Leo cogió aire.
—Con la boca no —lo corrigió—. Con la nariz. Y cierra los ojos. Hazlo como yo.
Kina le hizo otra demostración. Incapaz de negarse, Leo siguió sus instrucciones.
—Tienes los ojos abiertos, ¿verdad? —dijo Kina enseguida.
—¿Cómo lo sabías?
—Porque sí.
—Vaya respuesta…
—Cierra los ojos e inténtalo de nuevo.
Leo cerró los ojos y cogió aire, esta vez siguiendo las indicaciones de Kina.
—¿Puedes sentirlo, Leo? —preguntó ella.
—¿Hm?
Privado del sentido de la vista, los demás sentidos comenzaron a agudizarse. A medida que fue repitiendo la respiración, su mente se calmó por completo. El olor de la tierra, los árboles, las hojas y las flores llenó sus fosas nasales. Leo detectó olores que no era capaz de reconocer. Cada olor era único y le recordaba a todos los seres vivos que habitaban el bosque. El canto de los pájaros, el crujido de las ramas y el susurro de las hojas en el viento llenaron sus orejas. Los pasos de los pájaros y los insectos que caminaban por las ramas imbuían al bosque de ritmo. Los rayos del sol que atravesaban las hojas calentaban su piel. Podía sentir la respiración invisible del bosque. Al dejarse llevar por la situación, Leo pudo sentir cómo su conciencia se hacía una con la tierra.
Leo abrió los ojos.
—Has podido sentirlo, ¿verdad? —preguntó Kina con una sonrisa, aún con los ojos cerrados.
—Sí… ¿Cómo lo sabías?
Percibiendo la duda en sus palabras, Kina al fin abrió los ojos.
—Puedo notarlo —dijo ella—, porque, ahora mismo, somos parte del bosque. De pequeña jugaba a un juego… Intentaba identificar cada olor. Cada uno es como una voz diferente. Puedo oler si una persona se encuentra bien o mal, e incluso si tienen sueño o hambre. Sé cómo se sienten todos los seres vivos del bosque.
En condiciones normales, Leo no habría creído posible algo así. Sin embargo, podía creerlo en alguien como Kina.
—Seguí oliendo el bosque hasta que comencé a entenderlo. Así hice muchos amigos.
Kina se giró hacia el tioris, todavía a su lado. Este había bajado la guardia por completo. Se aproximó a Kina con paso lento pero decidido. Kina le acarició el lomo y la cola con delicadeza.
—Este lugar está repleto de aromas maravillosos y familiares. Me reconforta.
—Ya veo… Así que este es tu auténtico hogar.
Kina asintió con la cabeza, se puso en pie y comenzó a caminar. Contemplándola desde detrás, era como si se estuviera fusionando con el bosque. La chica se giró hacia Leo, quien permanecía en el mismo sitio, y le dedicó una sonrisa. La visión de Kina, bañada por el brillo de la luz del sol que se filtraba entre las hojas, lo dejó sin aliento. Kina era una con el bosque.
Leo volvió a tomar aire. Él también quería sentir la vida del bosque.


Capítulo 7 – Pasado y futuro
Dos capítulos después de internarse en el Bosque Meridional, Leo y Kina llegan a su destino.
—¡Es aquí! —exclama la chica—. ¡Aquí está el árbol que da dinero mágico!
Ante ellos hay un árbol monstruoso (porque es un monstruo, vaya, no por su tamaño), con frutos dorados que no dejan de regenerarse.
—¿Este árbol da dinero mágico? —pregunta Leo, sorprendido.
—Sí.
—¡Pues tomemos un poco prestado!
Leo y Kina derrotan al árbol. No necesitan matarlo, pues, en realidad, no es una criatura malvada.
—Con un poco será suficiente —dice Kina mientras recoge unas cuantas monedas mágicas.
—Al final, parecer que el dinero sí crece de los árboles…
—¡De este sí! Pero creo que nos hemos pasado con él…
—¿Se pondrá bien? —pregunta Leo.
—Sí, no tardará en recuperarse. A veces se vuelve demasiado salvaje, así que un poco de poda le viene bien. ¡Hemos venido en el momento adecuado!
—Volvamos a la tienda de Owen.
Leo quiere tomar un desvío para examinar la mecateria que empieza a apoderarse del bosque. Tal vez, observarla pueda ayudar a desbloquear sus recuerdos.
—Creo que solía buscar en lugares como este —dice el chico—. Pero ¿el qué?
—¿Tanta prisa tienes por morir?
La advertencia de Kina no es en vano. Uno de los tentáculos de la mecateria alcanza a Leo, quien gime de dolor. Por suerte, no dura mucho. Kina usa su magia para curarlo.
—Es la misma luz de aquella vez… —murmura Leo para sí mismo.
—Esta mecateria fue esparcida por el Dios Malévolo —dice Kina.
—Ese que Owen llama «Vam», ¿no?
—Sí… ¿Por qué haría un pacto con alguien así?
—Sea como sea, deberíamos volver a En.
Owen los está esperando en la tienda de adivinación. Tal y como suponía Kina, el dinero mágico es pago suficiente para su padre adoptivo. Pero no basta con eso. También necesita tomar prestado un objeto valioso de Leo. No es que tenga muchas posesiones, así que le entrega la máscara con el símbolo mágico que se llevó de la Caja de Juguetes Mini.
—Ahora —dice Owen—, proyectaré tu conexión con este objeto. Eso me permitirá desentrañar los secretos de tu pasado.
La magia adivinatoria de Owen surte efecto enseguida. Leo comienza a recobrar parte de sus recuerdos.
—Ya me acuerdo… Mamá… Papá…
Lo primero que ha recordado, quizá por ser el suceso que más lo ha condicionado en toda su vida, es la muerte de su madre durante un experimento. Disena, que así se llamaba la mujer, falleció mientras investigaba un misterioso guantelete, del que emanaba una energía oscura similar a la de la máscara. Además, tenía el mismo símbolo rojo. Insisto: nada que ver con el símbolo de las Tri-Estrellas Cenicienta, aunque compartan color. El pequeño Leo quiso quedarse el guantelete como recuerdo de su madre, pero Bernard, su padre, se lo impidió. Era un objeto muy peligroso.
Owen, Kina y Leo se sorprenden cuando la máscara comienza a brillar. Su energía se expande por toda la sala hasta ocuparla por completo. Parece como si se estuviesen transportando a una dimensión oscura. Entonces, un ente aparece ante ellos. Su forma es casi humana, excepto por su gran altura y sus tres pares de brazos. Es el Dios Malévolo.
—¡¿Lord Vam?! —exclama Owen, asustado—. ¡¿Cómo es posible?!
—Te estoy agradecido, Owen. Me has guiado hasta el merodeador.
—¿«El merodeador»? —pregunta Leo—. Espera, ¡¿hablas de mí?!
—Tienes algo que me pertenece. He de recuperarlo.
Vam derriba a Leo con suma facilidad y le arrebata la máscara (aunque no la tenía él, ya que la estaban usando para la magia de adivinación, pero bueno). No contento con eso, Vam eleva su enorme espada para darle el golpe de gracia. Kina trata de proteger a Leo con su cuerpo, pero ¿qué puede hacer una simple chica contra un supuesto dios?
Cuando la espada está a punto de caer sobre Kina y Leo, se detiene en medio del aire, como si hubiese chocado contra un muro invisible. Alguien, o algo, ha creado una barrera protectora. ¿Quién? ¿Leo? ¿Kina? ¿Owen? ¡Ninguno de los tres! La responsable se manifiesta ante ellos, tal y como hizo el propio Vam antes. Es una bella mujer, también de gran tamaño, que permanece estoica entre los humanos y el Dios Malévolo.
—¿Qué está pasando? —pregunta Leo, recuperado del golpe.
—No lo sé… —reconoce Kina—. Creo que… está protegiéndome.
Qué egocéntrica. En realidad, con lo poco que saben, uno pensaría que los está protegiendo a todos. Lo cual no significa que se equivoque…
—Qué poder tan extraño —dice Vam—. Merodeador de los Artefactos Divinos y demás humanos… Me aseguraré de recordaros… y de provocar vuestra aniquilación.
Vam desaparece. La mujer que los ha protegido también. En pocos segundos, la sala recupera la normalidad.
—Vam el Malévolo —dice Leo, aún conmocionado—. ¿Qué está pasando?
—Yo tampoco lo entiendo… —responde Kina.
—En efecto, era lord Vam —asiente Owen—. Pero he notado algo diferente en él… Rebosaba maldad…
¿Quién lo sospecharía de alguien conocido como «el Malévolo»?
—Me ha llamado «merodeador»… —dice Leo.
En realidad, lo ha llamado «merodeador de los Artefactos Divinos». Pero este asunto lo dejamos para más tarde. Owen está más preocupado por otro asunto.
—Parece que he perdido mi poder… Escuché la voz de lord Vam en mi mente. Me dijo: «La hora se acerca. Ya tengo todas las “Emociones Concentradas” que necesitaba».
—¿Qué significa eso? —pregunta Leo.
—Lo desconozco. Pero estoy seguro de algo: el poder que me otorgó Vam se ha desvanecido. Parece que ya he cumplido mi propósito. —Owen se gira hacia su hija adoptiva—. Kina… Deberías ir con Leo. Posees una magia poderosa. Desde que te encontré, siendo todavía una bebé, supe que había algo especial en tu interior. Ahora, al fin, comienza tu viaje…
—¿Qué te pasa de repente? —pregunta ella.
Pero Owen la ignora.
—Leo, viajero entre mundos… A ti también te aguarda un destino especial. Lo noté antes de que desaparecieran mis poderes. Tal vez estabais destinados el uno al otro.
—¿«Destinados»? —dice Kina, sorprendida—. ¿Nosotros?
—Eso es un sinsentido —replica Leo—. ¡Ni siquiera he recuperado la mayoría de mis recuerdos! ¿Qué voy a hacer en mi condición actual?
—Cuida de Kina, por favor… —le pide Owen.
—¿Que cuide de mí? —La chica se muestra indignada—. ¡¿De qué hablas, Owen?!
—¡Márchate, Kina! ¡Este ya no es tu hogar!
—¡Pero…! Vale, como quieras.
Kina abandona la tienda de adivinación, visiblemente molesta.
—¡¿Por qué la hablas así?! —protesta Leo.
—Por favor, cuida de Kina. Es el futuro que vislumbré en el último momento…
Owen comienza a toser.
—Tienes muy mala cara —dice Leo—. ¿Vas a contarme qué ocurre en realidad?
—No me queda mucho tiempo —confiesa Owen.
Por eso ha «echado de casa» a Kina. Quiere ahorrarle el sufrimiento de la pérdida de su padre adoptivo.
—Puedes contar conmigo —dice Leo—. Cuidaré de ella.





Capítulo 8 – Encontrar un propósito
Leo no tarda en encontrar a Kina en el Distrito Antiguo de En.
—Nunca había visto a Owen comportarse así… —dice ella.
—Me ha dicho que tuvo una última predicción. Nos vio viajando juntos. Tiene que ser cierto, ¿no? Ven conmigo.
—¿Owen ha dicho eso…? —Kina se queda pensativa—. Qué raro. Voy a hablar con él.
—Eh… No puedes.
—¿Por qué no?
—Porque no. Owen me ha pedido que cuide de ti. Se lo he prometido. Ayúdame a cumplir la promesa.
—Pero, Leo… No sé qué debería hacer…
—Pues ya somos dos. ¡Descubrámoslo juntos! Mis recuerdos, tu propósito… Tal vez podamos ayudarnos el uno al otro.
—Vale, iré contigo.
Leo propone visitar a Sid, el propietario del bar Ojos Chiribitas. Este reconoce a Kina nada más verla.
—¡Anda, pero si es la chica de la tienda de adivinación! Al final la has encontrado, ¿eh?
—Sí —asiente Leo.
—Soy Kina. ¿Nos hemos conocido antes?
—No personalmente —responde Sid—, pero te he visto por el pueblo. Sí que has… florecido, ¿no?
—Eh… —Kina no sabe cómo reaccionar a ese comentario tan inapropiado.
—Ah, perdona. No quería incomodarte. ¡Lo he dicho como un halago, en serio! —Sid se apresura a cambiar de tema—. Bueno, ¿hay alguna novedad, Leo? ¿Recuerdas algo?
—No estoy seguro, pero… siento como si tuviese que ir a algún sitio, más allá de ese lugar repleto de máquinas.
—¡Oye, se me ocurre una idea! ¿Por qué no visitas la Caja de Juguetes principal? Según me contaste, está en la capital del reino.
—¿Otra Caja de Juguetes? No es una mala idea. Tal vez mi padre dejó algo que pueda refrescar mi memoria.
—¡Y es el momento propicio para ir! —añade Sid—. Está a punto de llegar un barco con destino a la capital. Pensaba subir a bordo, pero el bar me tiene muy ocupado. ¡Podéis quedaros esto!
Sid les entrega dos (convenientes) billetes de barco.
—¡Guau! —exclama Leo—. ¿Billetes para un crucero? ¿Estás seguro?
Kina los olfatea. Algo le huele mal. En su caso, no queda claro si de forma literal o metafórica…
—Son falsos.
—¡¿Q-qué?! —responde Sid—. ¡¿Cómo lo has averiguado?!
—Por el olor.
—Oye, Sid… —dice Leo—. ¿Quieres que nos metamos en problemas?
—No, no te preocupes. ¡Mis falsificaciones nunca han sido descubiertas!
—Acaba de pasar ahora mismo. Literalmente.
—¡No te quedes en los detalles! Dirigíos al puerto, actuad con normalidad y subid al barco.
A falta de un plan mejor, eso será lo que harán.
Hay que remarcar que En no es una aldea costera. El puerto está construido en la entrada del desierto, ya que los barcos son voladores. Es decir, que pueden viajar por arena o por mar, pero no por encima de las montañas, puesto que no pueden elevarse demasiado.
Decenas de habitantes de En han acudido al puerto para presenciar la llegada del Uzra, un imponente crucero de 340 metros de largo y 529 000 toneladas de peso. Pero a Leo y Kina les llama la atención otra cosa; un suceso cercano con el que se topan sin querer. Tres hombres con aspecto de bandidos están acosando a un hombre con cicatrices por todo el cuerpo, al que llaman «Tan». Lejos de escapar, Tan se enfrenta a ellos, con ayuda de una bestia que lo acompaña, parecida a… un zorro de tres colas, por ejemplo. Leo y Kina acuden en su auxilio.
—Apartaos de mi camino —les advierte Tan—, o acabaréis muertos.
—¿Crees que me voy a quedar de brazos cruzados mientras luchas contra esos tres tíos? —replica Leo.
—Tú verás. Haz lo que quieras.
Leo, Kina, Tan y la bestia acaban con los tres supuestos bandidos. La chica ignora al hombre y se acerca al cuadrúpedo.
—¡Qué mono! Huele a buen chico.
—No te acerques —responde Tan—. No le gustan los extraños.
Sin embargo, la bestia se muestra dócil ante Kina.
—¿Decías? —bromea ella.
—¿Qué eres? —Tan no da crédito—. Nunca había visto a Galf comportarse así con alguien. ¿Será que hueles como ella? Como el bosque…
Galf, la bestia, desaparece ante sus ojos.
—¡Ha desaparecido! —Kina remarca lo obvio.
—Sí —dice Tan—. Es una bestia espiritual.
Al parecer, el hombre de las cicatrices puede invocarla gracias al farol que lleva colgando del cinturón.
—¿Una bestia espiritual? —pregunta Leo.
—Eso he dicho —responde Tan, cortante—. Gracias por la ayuda.
Y, sin más explicaciones, aquel tipo tan extraño se marcha en dirección al Distrito Nuevo de En. Os adelanto que volverán a verlo en el futuro. Leo y Kina toman el camino contrario, hacia el crucero de lujo Uzra.
—¿Qué vamos a hacer si descubren que los billetes son falsos? —Kina no puede ocultar su nerviosismo.
—Encontraremos otro modo.
Pero no es necesario poner la venda antes de la herida. Las falsificaciones de Sid están muy bien hechas. El problema, en cualquier caso, es que Kina se comporta de la manera más sospechosa posible. Solo la rápida intervención de Leo evita que el empleado encargado de revisar los billetes descubra que algo va mal.
Con todos los tripulantes (y dos extra) a bordo, el Uzra comienza su viaje hacia el norte, a través del gran desierto.




Enlaces:
– Parte 1: capítulos 1-8 ![]()
– Parte 2: capítulos 9-18
– Parte 3: capítulos 19-31
– Parte 4: capítulos 32-45
– Parte 5: capítulos 46-58









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