Ynys: La gema Notan

No tendría más de diez u once años cuando, animado por a saber qué o quién, me lancé a escribir mi primera novelilla. Era una historia de aventuras, de supervivencia, todo lo inocente que pueda esperarse de un niño…, si bien es cierto que contaba con un desarrollo argumental demasiado oscuro y cruel como para estar recomendada para zagales de tan corta edad.

¿Quién me iba a decir que esa protonovela acabaría tomando forma y mutando en una criatura digna de ser presentada al mundo? Así fue como, media vida después, nació Ynys, a la que definí como un remake de aquella misma idea, manteniendo el espíritu, pero extendiendo la trama y dándole un enfoque adulto.

Lo cierto es que esta anécdota, sin ser falsa, hay que cogerla con pinzas. Si alguien hubiera podido leer tanto la historia original como su sucesora, Ynys, se daría cuenta de que es una referencia simbólica, casi autoparódica. La novela del pequeño Chris no podía considerarse tan siquiera un boceto del producto final.

Y siguiendo en esa misma línea humorística de la parodia, de una parodia tan sutil que sólo podrán llegar a entenderla un servidor, único ser humano que sufrió ambas novelas, y aquellos lectores con envidiable atención para los detalles, nació el título de la segunda y última parte de esta dulogía: «La gema Notan». Un título engañoso, ya os lo adelanto, así como también lo es la propia portada… y la trama. Pero ésa era la intención. Aún no sabéis de qué va, y ya estáis metidos en su argumento.

O quizá todo lo que os he contado hasta ahora es mentira. Al fin y al cabo, estamos en territorio de ladrones y estafadores. Aquí, la «verdad» es circunstancial.

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