Undone

El mismo día en que te das cuenta de que ver una serie concreta se está convirtiendo en una de las mejores experiencias de tu vida, al menos dentro del universo del entretenimiento, es el instante en que comprendes cuánto te va a doler su ausencia una vez haya terminado. Pasa igual con las personas, y más aún con los perros y gatos, cuya esperanza de vida es tan corta en comparación con la nuestra. Pero no se puede evitar, ¿verdad? Cuando quieres darte cuenta, has desarrollado un vínculo emocional donde antes no había nada.

Eso fue lo que me ocurrió con Lost, lo que me ocurrió tiempo después con Breaking Bad, y lo que, mucho más recientemente, me ha ocurrido con BoJack Horseman. Esta última, la que sin duda considero una de las mejores series de la historia, y la mejor protagonizada por un caballo, ha dejado una huella imborrable en mi mente (porque decir «en mi corazón» me parecía de un melodramatismo que no le hace justicia). Y ahora que, después de seis temporadas, se ha ido para siempre, queda un vacío difícil de llenar.

Pero había que intentarlo…, y es ahí donde entra en juego Undone.

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