Análisis: Thimbleweed Park

Tras muchos años viviendo en la mediocridad creativa, Ron Gilbert, en un acto de nostalgia y sensatez, ha decidido dar un paso (tecnológico) atrás, creando un videojuego que recuerda, por motivos evidentes, a los inigualables The Secret of Monkey Island y LeChuck’s Revenge, así como a su predecesor, Maniac Mansion.

No es que espere encontrar algo igual, pero tendría que ser muy idiota, como fan de las aventuras gráficas en general y de MI en particular, para no dar una nueva oportunidad a su sucesor espiritual.

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