The Witness

Todo comienza en un pasillo. A un lado, una negrura infinita que nos impide avanzar. Al otro, una puerta cerrada. Sobre ella hay un panel con dos puntos; al unirlos, la puerta se abre. Más adelante, un nuevo panel nos conduce hasta un colorido jardín. Para salir, tenemos que manipular otros cuantos paneles, cada uno ligeramente más complicado que el anterior, pero todos basados en la misma premisa: unir dos puntos.

Una vez en el exterior de aquel jardín, tenemos libertad para movernos libremente por el mapa. Y es entonces cuando encontramos un panel diferente a los anteriores: éste, sin abandonar el estilo de puntos, muestra varios símbolos extraños. ¿Cómo podemos resolver un puzle cuyas reglas desconocemos?

El error, como no tardamos en comprender, es creer que los puzles son los paneles. Pues, en realidad, el puzle es el lugar en el que estamos.

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