Relato: Mayo

Mayo

  AD3721050 se convirtió en la imagen visible del movimiento por los derechos de los androides. No era el modelo más moderno, ni el más extendido entre los organismos del Estado, pero se había ganado el corazón del pueblo gracias a un vídeo viral en el que un empleado, despedido poco después por revelación de secretos, mostraba las deplorables condiciones en que estaban almacenados cuando se encontraban fuera de servicio.
  Aquello fue suficiente para que quienes exigían su liberación, e incluso una equiparación de derechos, ganasen el apoyo popular de decenas de miles de ciudadanos, hasta entonces ajenos a todo debate sobre el tema. Apelar al corazón suele dar mejores resultados que apelar a la lógica, del mismo modo que conmueve más corazones ver un único vídeo de un perro apaleado, que atender a mil y una charlas sobre los horrores del abandono animal.
  En el vídeo difundido por el exempleado, se podía comprobar cómo las unidades AD3721050, nombre en clave “Mayo”, pese a su aspecto idéntico al que tendría un hombre humano en su treintena, eran tratadas peor que objetos desechables. Que estuvieran todos apelotonados, inmovilizados y a oscuras, no era tan grave como el hecho de que no podían ser desactivados. Es decir, que los androides pasaban todo el tiempo de su encierro sin poder moverse ni un centímetro, en condiciones deleznables, y siendo conscientes de ello.
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Relato: Quizá algún día

Quizá algún día

  La ciudad de El Havre, al noroeste de Francia, se convirtió durante un par de horas en el hogar de los sueños y esperanzas de muchas mujeres. Concretamente, el estadio de fútbol elegido como una de las sedes para albergar el Mundial femenino de fútbol de la FIFA. Poco más de noventa minutos, en los que la discriminación perdía todo su sentido, como si jamás hubiera existido.
  Las jugadoras saltaron al campo llenas de nervios, pero con la confianza y la tranquilidad de saber que las miles de personas que gritaban desde las gradas, y todos aquellos que lo hacían desde sus casas, sentían por ellas el mismo respeto que merece cualquier otra persona en cualquier otro deporte.
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Relato: Descenso a la fama

Descenso a la fama

  Sus más de cincuenta vídeos subidos a una plataforma multimedia de Internet, no sumaban más de ochocientas visualizaciones en total…, de las cuales, probablemente, la mitad fueran suyas.
  Aun así, Luis no se rindió.
  Sus numerosos fracasos, si esa palabra es válida para un chico de catorce años, le hicieron comprender que no bastaba con intentar imitar a los influencers famosos. Él no tenía su labia, su belleza, su dinero ni su suerte. Luis comprendió que, para hacerse famoso, tendría que ofrecer a los espectadores algo diferente.
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Relato: Demasiado tarde

(El siguiente relato ha sido creado a partir de una idea propuesta por @Cris_Serendipia a través de Twitter.)

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Relato: Racha de suerte

(El siguiente relato ha sido creado uniendo las ideas propuestas por los lectores.)

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