Análisis: Left 4 Dead

Rebuscando y rebuscando en los análisis, me he percatado de algún que otro juego que no está analizado por aquí todavía. De todos ellos, hoy os analizo aquí con pelos y señales Left 4 Dead, puesto que lo tengo más reciente y fresco que cualquier otro, y porque, sobre todo, es uno de mis juegos favoritos de esta generación. Y qué menos que seguir con nuestra pequeña tradición de analizar los juegos a destiempo y cuando ya están pasados de moda (trolls venid a mí).
Aprovecho para hacer un llamamiento: si alguien está interesado en pagarnos por cada análisis y mandarnos juegos gratis conforme van saliendo, que nos lo haga saber, que así seguro que dejamos de analizar juegos desfasados, como dicen por ahí.

En fin, como conclusión, L4D es un juego lo suficientemente notable como para merecer ser analizado en la web de videojuegos menos leída de la red, así que vamos allá.

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Coopera Conmigo Vol. 2

CooperaConmigoVol2

Bien, después de la primera entrega de Coopera Conmigo, hoy os traigo fresquito el segundo y último volumen. Si en la anterior publicación hablábamos de los cooperativos “vintage”, en esta quiero dejar un pequeño espacio para los cooperativos de nueva generación.

Lo curioso de todo esto, es que para buscar los viejos clásicos cooperativos de antaño, me costó la misma vida decidirme por unos cuantos de los muchos que había jugado en mis años mozos, para que la cosa no se alargara demasiado, pero a la hora de contar los buenos cooperativos actuales, la verdad, casi me bastan los dedos de una mano.

Sin entreteneros más (que seguro que tenéis mucho por beber hacer un viernes noche), os dejo con los que para mí han sido los mejores cooperativos (o más entretenidos) que he probado.

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36 Años de Terror

36AñosDeTerror

Recuerdo mi primer juego de terror. En mi barrio era toda una leyenda. Solo unos pocos disfrutaban de él dentro de sus grises de 32bits, y hablaban verdaderas maravillas y grotescas anécdotas terroríficas, mientras el resto nos mordíamos las uñas pensando que jugar a tal “atrocidad” debía ser la experiencia más sobrecogedora jamás vivida. Hablo de Resident Evil.

Una tarde-noche, en casa de un amigo, unos pocos invitados, sin luces, y todos postrados frente al enorme televisor, descubrimos lo que significaba cruzar el umbral que separaba el miedo real del miedo ficticio. El impacto en nuestras mentes fue brutal. Para nosotros, acostumbrados a jugar a los Super Mario y a los Sonic, ese era un mundo totalmente desconocido que difícilmente podíamos comprender y entender como posible. Yo, personalmente, y como jugador asiduo desde la gran NES de Nintendo de 8bits, me vi encaminado hacia un mundo de “pesadilla” que quedaría marcado en mí hasta los días presentes: quería ser un “survivor horror”.

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