Análisis: Hatoful Boyfriend

Una tarde de domingo, te reúnes con tu grupo de amigos en la terraza de un bar. Pedís bebida, habláis de vuestras cosas, debatís sobre política… y, cuando la discusión alcanza un punto bastante serio, uno de tus colegas, el más borderline, cuenta un chiste sin venir a cuento.
El chiste ni siquiera es bueno; más bien es bastante malo. Sin embargo, todos reís. Algunos, por inesperado. Otros, porque se ríen con cualquier cosa.
Vuestro amigo borderline se viene arriba, cuenta el chiste cuatro veces seguidas más, y después lo intenta complementar con una historia que termina siendo seria, desviándose totalmente del objetivo principal de un chiste, que es hacer gracia, y volviéndose cansino.

Ése es el análisis más exacto que veréis nunca de Hatoful Boyfriend. Lo de después es relleno.

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