Crash Bandicoot

No puedo decir que Crash Bandicoot, tanto el personaje como el videojuego homónimo, me sean desconocidos. Tampoco lo son para la inmensa mayoría de videojugadores con un mínimo de edad, ya que se trata de una figura emblemática asociada a la marca PlayStation. Casi pareciera que se tratara de una mascota de Sony, no de Naughty Dog.

Jugué a esta primera parte (pues son tres juegos) hace muchos años, únicamente los primeros niveles. Quizá fuera una demo, o tal vez me lo prestaran. No lo recuerdo. El caso es que no despertó en mí ni el más leve interés, a diferencia de otros videojuegos de plataformas, o del propio Crash Team Racing, que me robó horas y horas de ocio.

Ahora, gracias a la remasterización (o «remasterización plus», según sus creadores), y a mi recién adquirida Nintendo Switch, he podido conocer a Crash en profundidad, y cambiar esas primeras impresiones lejanas por una opinión hecha y derecha, contrastada.

Mi conclusión no se hará esperar: odio Crash Bandicoot.

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