Análisis: Assassin’s Creed Rogue

Rogue tiene un estigma que, por mucho que se esforzara, no iba a poder quitarse: parecía, parece y, de hecho, ES una versión reducida de Black Flag.

Desde los inevitables prejuicios, entiendo (porque me ha pasado) que pueda resultar poco llamativo volver a jugar a un título tan parecido a su predecesor. Y si voy a defenderlo (en parte) no es porque me haya divertido jugando a «cosas nuevas»… sino porque me he divertido jugando a «lo mismo». Eso también tendrá su mérito, digo yo…

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