Relato: Descenso a la fama

Descenso a la fama

  Sus más de cincuenta vídeos subidos a una plataforma multimedia de Internet, no sumaban más de ochocientas visualizaciones en total…, de las cuales, probablemente, la mitad fueran suyas.
  Aun así, Luis no se rindió.
  Sus numerosos fracasos, si esa palabra es válida para un chico de catorce años, le hicieron comprender que no bastaba con intentar imitar a los influencers famosos. Él no tenía su labia, su belleza, su dinero ni su suerte. Luis comprendió que, para hacerse famoso, tendría que ofrecer a los espectadores algo diferente.
  Tras mucho reflexionar, tuvo una idea que, sin duda, sonaba prometedora. Y aunque en ese momento no podía saberlo, a la postre fue la idea que lo catapultó a la fama. Quizá no una fama mundial ni duradera, pero suficiente para dejar de ser una persona anónima. Suficiente para aumentar exponencialmente el número de reproducciones. Suficiente, incluso, para recibir comentarios de cariño de gente que hasta entonces lo había tratado con desprecio.
  Nacido a principios del siglo XXI, Luis podía presumir de haber crecido rodeado de tecnología. Tenía todo el conocimiento de la humanidad al alcance de la mano, de forma gratuita y a tan solo unos clics de distancia. Desde las investigaciones científicas más relevantes de la historia, hasta los datos más insignificantes sobre la vida del famosillo de turno. ¿Por qué se curva la luz al pasar cerca de las estrellas? “Porque la aceleración provoca una fuerza gravitatoria”. ¿Quién construyó el primer avión? “Los hermanos Wright”. ¿Cuánto dinero gana Messi cada minuto? “Alrededor de 240€”. Cualquier cosa. Todo. Internet era un ser omnisciente, al que recibían con la naturalidad implícita en una generación que no conocía un mundo desconectado de la red.
  La propagación y naturalización de la tecnología en el siglo XXI trajo consigo este nuevo oficio, el de los influencers. O, más bien, habría que decir que no es un trabajo de por sí, sino una categoría que engloba diferentes ocupaciones. Un influencer puede dedicarse a la moda, otro a la fotografía, otro a hablar sobre cine… Es lo bueno y malo de esa profesión: puedes hacer lo que quieras, pero, al mismo tiempo, nada de lo que hagas te garantiza el éxito. ¿Y qué es lo que proporciona ese ansiado éxito?
  Luis se había enganchado a los vídeos de Internet por el mismo motivo que otra gente pasa el día viendo la televisión o escuchando la radio: porque le hacían sentirse acompañado. En su caso, con más motivo. El oficio de sus padres, la ganadería, los obligaba a vivir en un pueblo muy pequeño, sin más compañía que otros ganaderos, seis o siete ancianos, ovejas, cerdos y gallinas. Luis era el único niño en muchos kilómetros a la redonda. Únicamente se juntaba con otros chicos en el colegio, al que iba en autobús, y ni siquiera podía considerarlos realmente “amigos”. Mientras los demás se juntaban todas las tardes para, por ejemplo, jugar al fútbol, él no tenía más remedio que quedarse en su casa, navegando por Internet.
  Era cuestión de tiempo que dejara de conformarse con ser espectador, y pasara a querer formar parte activa de la comunidad. Ya había oído mucho; ahora quería hacerse oír. Compartir su vida con los demás. Que otros lo admirasen como él admiraba a sus influencers favoritos. Tal vez así, al fin, consiguiese amigos.
  Sus padres, alarmados por el amarillismo habitual de los medios de comunicación, se negaron a comprarle un teléfono móvil. Creían que así protegían a su hijo. Cometieron el error de creer que la prevención pasaba por la prohibición, y no por la educación. Nunca mostraron demasiado interés por las aficiones de Luis, ni se informaron demasiado por las posibilidades de Internet. En realidad, lo que habían hecho era aislarlo completamente de sus compañeros de clase. Y eso fue lo que llevó al chico a necesitar el mundo virtual.
  Tan pronto como consiguió ahorrar algo de dinero, Luis compró una webcam. Tuvo que saltarse una clase para ir a por ella, y debía mantenerla oculta siempre que sus padres estuvieran en casa. Pero el riesgo merecía la pena. Era su llave hacia la fama. Al primer escalón de una larga escalera, más bien.
  Cuando Luis se quedaba solo en casa, instalaba la webcam y se grababa en vídeo. Como muchos de los influencers a los que seguía, se limitaba a hablar sobre los temas de moda. Su cultura era demasiado limitada como para hablar de algo más, y le daba vergüenza que los demás conocieran su estilo de vida. Así era imposible triunfar; no era más que una gota en el océano.
  El objetivo de Luis, en realidad, no era ser famoso ni ganar dinero. Luis, como casi todos, y sin ni siquiera saberlo, anhelaba la validación de los demás. Un comentario o un “Me gusta” eran suficientes para hacerle feliz. Y eso no era bueno. Al contrario: la necesidad insatisfecha de atención le causaba una enorme frustración. Dejó de subir vídeos por placer, y empezó a hacerlo por obligación. Empezaba a desesperarse; se sentía más solo que nunca. Podía comprender el no tener amigos al vivir aislado de los demás, pero ahora, creyéndose perfectamente comunicado con todo Internet, se sentía… ignorado.
  Así fue como se le ocurrió la idea que lo cambiaría todo. Una idea que se antojaba perfecta, pues tanto si triunfaba como si no, saldría ganando. Si el vídeo tenía éxito, dejaría de ser el “niño ignorado”. Y si no, significaba que su decisión había sido correcta, pues no importaba a nadie.
  Para el vídeo número cincuenta y nueve, Luis colocó la webcam, se aseguró de que la posición era correcta, e inició una retransmisión en directo.
  Dos días después, su vídeo ya estaba borrado. Sin embargo, tuvo decenas de miles de espectadores, empezando por absolutamente todos sus compañeros de colegio, demasiado insensibilizados por la televisión y los videojuegos como para escandalizarse por un cuello roto.
  Luis acabó colgado en Internet, de la forma más literal posible. Finalmente tuvo éxito…, pero eso él nunca lo sabría.

9 comentarios sobre Relato: Descenso a la fama

  • Lázaro Oscuro

    ¡Qué cantidad de cosas has proyectado en el texto! Vello de punta con ese final. Fantástico.

  • superjmanplay2

    Oye, cuando pincho sobre el rectangulito rojo con el triángulo blanco dentro no se reproduce el vídeo. Por favor, arréglalo.

  • Gold-St

    Excelente, como de costumbre. Conciso y potente. Deberías mandar currículum a netflix, estoy seguro de que podrías salvar a Black Mirror de lo que se ha convertido XD.

  • XexuWilder

    Muy chulo el texto, lo único que es quizás demasiado previsible de la mitad para el final, pero genial para ser tan corto

  • maquinangel

    Sí, desde la mitad del relato, ya me lo imaginaba. Coincido que mandes algunos de tus relatos a Netflix, a ver si pueden mejorar Black Mirror, este podría ser un buen capítulo, ya que lamentablemente, la realidad supera en mucho a la ficción.

  • Lázaro Oscuro

    Aviso: SPOILERS (¡pero no sé que haces leyendo esto primero!).

    @XexuWilder y @maquinangel Yo no creo que sea _demasiado_ previsible. ¿Mejoraría el relato si el final fuese feliz para Luis, ya que sería inesperado? No lo creo.

    Desde mi punto de vista, los motivos por los que visteis venir el giro son:

    1. Que habéís visto otras películas, libros, etc… y estais acostumbrados.
    2. Que habéis establecido una comprensión tácita con @Chris H., comprendiendo su intención y adonde quería llegar.

    Pero no creo que eso le quite impacto, al contrario. A medida que vas leyendo, la intuición de que algo no va bien te impulsa a seguir leyendo (porque en el fondo, no queremos confirmar nuestros temores, pero más en el fondo…). Los sustos puntuales solo dejan una huella superficial. Me aterra mucho más el suspense, porque cala hondo en el corazón, o aún peor: brota de él.

    PD: A propósito, @Chris H. Se que es un comentario un poco tiquismiquis, pero, ¿no sobra el sangrado en el primer párrafo? Acabo de notar que usas este otro formato para los párrafos, a diferencia de los post «normales», y la verdad, ¡me ha llamado la atención!

    • No es que sobre ni falte; es cuestión de estilos. El formato de los relatos lo hago igual que el de mis novelas, incluyendo la tabulación del primer párrafo.

  • Lázaro Oscuro

    @Chris H.: Sí, lo sé. Seguramente me obsesiono demasiado con estas cosas. El motivo por el que me ha llamado la atención es que este estilo es preferido en textos largos o impresos, y me parece tremendamente coherente. Hasta hace poco no me había preocupado tanto por el estilo, y no me había fijado en que tenías esa costumbre en el blog 🙂

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