House of Cards

House of Cards tiene un gran hándicap: nuestros prejuicios (o juicios, que no nos lo ponen fácil con tanta corrupción) hacia el mundo de la política.
Es una serie que trata sobre eso: política. Y, a priori, puede no ser lo que más nos interese ver. Puede sonar aburrido. Lo entiendo. Pero no dejéis que vuestros prejuicios os alejen de una de las mejores series de los últimos años.

Me bastó con ver dos capítulos para saber que no podría evitar ver las cuatro temporadas… y quinta en camino. Porque es una serie que enseguida muestra sus cartas (a diferencia de otras que tardan varios capítulos en despegar), que no tiene bajones, y a la que es muy difícil no engancharse.

Game of Chairs

Lo que más me echaba para atrás antes de ver la serie, era mi total desconocimiento de la política estadounidense. Sé que hay un presidente… y poco más.
Sin embargo, por suerte para la gente como yo (que, supongo, será mayoría), nos encontramos con una serie sin apenas tecnicismos, donde enseguida conocemos el cargo de cada personaje importante, aunque no sepamos exactamente su función, y donde es imposible perderse. Vamos, que no tiene nada que ver con The Big Short, una de las películas peor contadas de todos los tiempos. Algo está bien contado si lo puede entender cualquier persona inteligente, sin necesidad de tener estudios sobre ese campo.

Eso no significa que sea una serie para todo el mundo. Está contada con mucha astucia, llena de diálogos cultos, y con situaciones con claros dobles sentidos o mensajes ocultos. Es decir, puede haber tanto significado en una conversación como en un plano enfocando hacia algo sin aparente trascendencia. No basta con estar atentos; hay que pillarlo. Creo que cualquiera puede disfrutar de la serie, pero pocos lo harán del 100%.
He llegado a hablar de esto con gente a la que no considero ni mucho menos estúpida, y he descubierto que algunas cosas las habían pasado por alto. Por tanto, no descarto que yo también haya pasado por alto situaciones de este tipo.
Es algo que el espectador medio no sabe apreciar, porque no lo entiende, pero que, si te llega, la serie te hace su cómplice, y no puedes evitar quedar encantado ante su forma no verbal de narrar la historia.

Francis “Frank” Underwood, personaje interpretado por Kevin Spacey, es el principal baluarte de la serie. Es el protagonista, pero no precisamente el bueno. Un hombre dispuesto a pisar a quien haga falta para conseguir sus ambiciones políticas.

Pero si consigue enganchar con el espectador no es sólo por su inteligencia, humor y despotismo, sino por cómo nos hace partícipes de la historia, testigos de todos sus pensamientos y acciones, gracias a las constantes rupturas del cuarto muro. Tanto las veces que se gira a cámara para hablarnos directamente, como cuando nos dedica un guiño o sonrisa, que no podemos evitar devolverle, aunque sea mentalmente.

Otra de las cosas más llamativas del personaje de Frank es su relación con Claire, su mujer. No se parecen en nada a la típica pareja de película, y son dos personajes que se compenetran perfectamente, y se mejoran (como personajes) el uno al otro.
Es un tema recurrente, pero que, lejos de cansar, no deja de profundizar, hasta convertirse por momentos en lo más importante.

Entre medias, tenemos otras subhistorias (aunque totalmente relacionadas con Frank), como las de Zoe Barnes o Peter Russo. Ella, una periodista que hará cualquier cosa por conseguir la fama. Él, un político ex-alcohólico dispuesto a redimirse. Por separado, dos personajes sin mucho fuelle. Pero bajo los hilos del titiritero Underwood…

Hay otros personajes de mucho nivel, como Doug Stamper o Remy Danton, que demuestran que el mérito no es sólo de Frank y Claire.

Quiero insistir en la regularidad de calidad, pues no es fácil divertirse con todos los capítulos de una serie, por mucho que ésta nos guste. No me pasó ni con Breaking Bad, que es mi serie favorita, del mismo modo que no me gustan todas las canciones de mis grupos musicales predilectos.
En House of Cards, desde el primer capítulo de la primera temporada, hasta el último de la cuarta (que vaya tela cómo termina, por cierto), estuve pegadísimo al televisor o tablet. Es una pena tener que esperar ahora más tiempo hasta que salga en Netflix…

Sólo le voy a poner dos defectos:
– Su necesidad excesiva de escandalizar en determinados capítulos, con cosas que no aportan mucho, o nada, o que se podrían insinuar de forma más elegante.
– La pretenciosidad de algunos momentos, o lo perfectas que suenan algunas conversaciones (siempre tienen la respuesta más ocurrente). A veces los guionistas se gustan demasiado a sí mismos.
Pequeños puntos negros tapados por una historia tan bien contada, con conversaciones muy interesantes y giros de guion que dejan con la boca abierta… pero que ahí están.

Ah, y por mencionar algo de videojuegos: estaría bien que Kevin Spacey hubiera jugado a Call of Duty alguna vez en la vida, para saber que no se dispara con ese botón.

2 comments to House of Cards

  • Nicolas Flamel

    Cuanta razón en todo el artículo…

    Ciertamente la temática me echaba la serie bastante para atrás al principio, aunque basta con ver un episodio para al menos darse cuenta que es muy diferente de lo que uno podría esperar.

    Resaltar el enorme nivel de muchos de los personajes “secundarios”, ya sea que aparezcan en todos los episodios, como el ya mencionado Doug Stamper, o que aparezcan solo en pocas ocasiones, como el “cocinero” Freddy, a partir de su relación con Frank enriquecen bastante la trama de la serie.

    Por cierto, lo pretencioso de algunos episodios ya me parecía también algo negativo de varios episodios en las penultimas temporadas de Dr. Who, con la diferencia de que en aquella era algo más frecuente y evidente, aunque tampoco creo que afectara mucho a la calidad general de la serie.

  • Gold-St

    @Chris tanto caso te hizo Spacey con lo de jugar al Call of Duty que terminó siendo protagonista de uno de los últimos.

    No tengo nada que añadir al artículo, es una serie que sobresale en todos sus sentidos y muy posiblemente, gracias a eso, no sea para todo público. A mí me ha parecido reveladora y deprimente, te obliga a entender que por mucha ilusión y esperanza que tengas en que “las cosas mejorarán” a nivel político, siempre, SIEMPRE, casa decisión “positiva” oculta mucha mierda y maldad por detrás.

    Sí quiero señalar la actuación de Spacey como algo increíble, porque aparte de los guiones bien construidos, el tío tiene una química con el personaje que deja humillados a nivel profesional a “valuartes” de los malos de series, como puedo decir, que se me ocurre ahora mismo, a Cersei Lannister.

    @NicoFlamel revisa tu último párrafo porque hay algo mal redactado. Casi das a entender que hay algo malo en Doctor Who. Si fuera así (que no es así, pero si fuera), no sería culpa de la serie, sino de un espectador indigno. Allons-y! (A ver si logramos que Chris también se enganche a DW)

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