Horizon Zero Dawn

El día que Guerrilla Games decidió dejar de lado la saga Killzone, para apostar por un juego completamente nuevo, la PlayStation 4 lloró de alegría. Todos salimos ganando con el cambio. No es que tenga nada en contra de Killzone…, pero tampoco a favor. Juegos de usar y tirar, que no pasarán a la historia. En cambio, Horizon ha dejado claro desde el primer momento que pretende convertirse en uno de los emblemas de Sony y PS4. Y en mi opinión, sin duda, lo ha conseguido.

Historia

Aloy es una joven mujer que ha crecido al margen de la sociedad, criada por un proscrito llamado Rost, al que las Matriarcas de la tribu Nora le encomendaron la tarea de cuidarla. Como paria, Aloy tiene que aprender a buscarse la vida desde bien pequeña, por lo que no tarda en convertirse en una experta cazadora. Su principal propósito es superar la Prueba de los Nora, donde puede ganarse el derecho a formar parte de la comunidad; no porque realmente quiera unirse a ellos, sino porque espera descubrir la identidad de sus verdaderos padres.

Todo esto sería una historia con poca sustancia, sin nada especial, de no ser porque el mundo en que se encuentran no resulta tan primitivo como parece. Pese a que viven en tribus y dependen de la caza para sobrevivir, lo cierto es que es una historia futurista, como queda claro desde el primer momento. Las tribus se ven amenazadas por máquinas con forma de animales, cuyo origen se desconoce. Además, hay ruinas por todo el mundo, en las que casi nadie se atreve a entrar, y donde se pueden encontrar instalaciones humanas muy antiguas, con tecnología avanzada incluso para nosotros.

¿Cuál es el origen de Aloy? ¿Qué sucedió para que la avanzada sociedad acabara viviendo en pequeñas tribus? Ésas son las dos claves de una historia algo (pero no mucho) más enrevesada de lo que parece a simple vista.

Foco y máquinas

Aloy tiene algo que la diferencia de los demás. No es su misterioso pasado, su instinto como cazadora ni su hábil manejo del arco…, sino un pequeño dispositivo triangular: el Foco.
Siendo aún una niña (parte jugable, por cierto), Aloy halla este artefacto futurista en una de las ruinas de los Antiguos. Al ponérselo junto al oído, puede activar una especie de holograma directamente conectado con su vista, que le muestra la localización de animales o máquinas cercanas, le permite adelantarse a los movimientos de los enemigos, y otras utilidades que, al perfeccionar su manejo, proporcionan a Aloy una gran ventaja tanto en combate como en exploración.

Nuestros enemigos principales (aunque no exclusivos) durante el juego son las distintas máquinas que pueblan el mundo. Bestias mecánicas hostiles a las que debemos derrotar con sólo dos armas: una lanza y un arco. Aparentemente sencillo, pero tan complejo como satisfactorio de manejar.

Las máquinas, en especial las más avanzadas, tienen el cuerpo cubierto por armaduras. Es gracias al Foco que podemos buscar sus puntos débiles, para después intentar hacer blanco con el arco. Pero hay otro método. Una forma que al principio es opcional, pero más adelante obligatoria: desmontar las máquinas. Combinando los distintos tipos de flechas, y aprovechando las debilidades elementales de cada componente de la máquina, podemos ir desnudando e incapacitando a nuestros enemigos. Ya no es sólo que le bajemos la defensa o pongamos al descubierto puntos débiles, sino que podemos inutilizar sus ataques más poderosos, o causar explosiones que dañen a todas las máquinas de alrededor.

Aloy puede subir nivel, pero el único parámetro que aumenta es la vida máxima. Ni siquiera hay arcos con más daño, sino que todo depende del tipo de flecha. Hay flechas normales, endurecidas, de fuego, de hielo… Pero eso no es más que el principio, pues el arco es realmente versátil. Por ejemplo, podemos lanzar bombas, o poner cuerdas para que los enemigos tropiecen, y así atacar con la lanza, aprovechando su momento de debilidad.

El resultado de combinar todas las mecánicas jugables es muy, muy bueno. Todo funciona sorprendentemente bien, lo cual es imprescindible en una jugabilidad que premia la precisión sobre machacar botones. Ir de cara con la lanza tiene todas las papeletas de acabar mal…

A esto hay que sumarle un sistema de sigilo que no tiene nada que envidiar a otros juegos; de esos que da gusto priorizar por encima de la acción. Avanzando agachada y entre la hierba alta, Aloy puede aproximarse a los enemigos para desactivarlos o matarlos de un solo golpe sin alertar a los demás, e incluso, más adelante, para sabotearlos y hacer que ataquen a las demás máquinas.

Sinceramente: no sabría decir si me gusta más el sigilo o la acción, porque está todo muy bien hecho.

Mundo abierto

El mapa de Horizon es enorme. Tanto, que al principio parece increíble que se pueda desbloquear toda la parte inexplorada. Hay variedad de territorios: zonas boscosas, zonas áridas, zonas heladas…

Además de las misiones principales, tenemos una larga lista de secundarias, algunas de ellas con personajes muy buenos. Sé que es extraño, pero me ha parecido que los mejores personajes estaban en misiones secundarias. En la principal no se han atrevido a experimentar mucho, la verdad; y menos aún profundizar.

Cumplir encargos y matar máquinas nos mantiene ocupados gran parte de la aventura, pero no lo es todo. También podemos explorar ruinas, buscar audios y textos antiguos, reunir coleccionables para cambiarlos por premios (la mayoría basura), superar pruebas de caza… Sumando todo, para completar el 100% del juego, se necesitan unas 60 horas. Algo más si le añadís el DLC, The Frozen Wilds, del que no voy a hablar (primero: porque es contenido separado; y segundo: porque no lo he jugado).

Conclusiones

La historia de Horizon me ha dejado muy frío. Es cierto que al final resulta más compleja de lo que parece al principio, pero se limita a dar vueltas sobre lo mismo, y relegando el resto de misiones a un segundo plano, por lo que casi todo termina pareciendo relleno. Tampoco me ha hecho ninguna gracia que gran parte de la historia (lo más importante, en realidad) se cuente mediante audios sin ningún tipo de animación. Un poco cutre y muy conformista.

Por suerte, la jugabilidad compensa de sobra.

Los sistemas de sigilo y combate son un éxito, tanto en planteamiento como en implementación. Cuando se le coge algo de técnica, hay batallas espectaculares. Es aquí donde Horizon se hace fuerte y brilla con luz propia; junto a la exploración, el motivo de que haya pasado sesenta horas enganchado al mando.

Horizon Zero Dawn es uno de los mejores juegos de PlayStation 4, pero con una gran tara: su argumento deja mucho que desear. Aun así, los dos Cactilios, junto con mi recomendación personal, no se los quita nadie.

Lo mejor:
– Sigilo.
– Desarmar máquinas.
– Algunos personajes secundarios.

Lo peor:
– La historia se hace aburrida.

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