Guía argumental de Kingdom Hearts – Parte 1

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“He tenido sueños muy raros últimamente… Me pregunto si todo esto será verdad… o no.”

Con Kingdom Hearts se inicia una extensa y compleja saga, cuyo argumento se ha ido enrevesando cada vez más, especialmente a causa de los saltos temporales entre unos juegos y otros.

Comienzo de esta manera la tarea de poner orden y sentido a toda la saga, en una serie de libros que incluirá la (a día de hoy) próxima entrega: Kingdom Hearts III. Procuraré especificar el orden recomendado de lectura y dejar todo bien explicado; será mi contribución para devolver la luz al Reino de los Corazones.

Capítulo 1 – Luz y sombra

  Sora está en medio de una plataforma redonda y brillante, de color verde, con el dibujo de una joven mujer, rodeada por las caras de otras siete personas y múltiples animales. Ante él se alzan tres altares, sobre los que reposan una espada, un escudo y un bastón mágico. Tiene que elegir (por motivos de jugabilidad, no argumentales; haga lo que haga terminará manejando una espada).
  Cuando finalmente se decide, oye una voz dentro de su mente:
  —(Hay tanto que hacer en tan poco tiempo… Pero ve con calma. No tengas miedo. La puerta sigue cerrada.)
  De pronto, la plataforma desaparece, provocando que Sora caiga al vacío…, y aparezca sobre una segunda plataforma, ésta de color morado, con el dibujo de una mujer con traje elegante.
  —(En ocasiones tendrás que luchar con aquellos que van tras tu poder.)
  Varios seres oscuros, más pequeños que Sora, aparecen de la nada. El chico usa su recién obtenida arma para intentar defenderse, aunque aquellos seres son como sombras, capaces de esquivar sus ataques fundiéndose con el suelo.
  Tras eliminar a unos pocos, toda la plataforma se vuelve oscura, absorbiendo a Sora a su interior. Esto hace que aparezca en una tercera plataforma, de color rosa, con tres corazones dibujados en su superficie. Allí, además, hay una puerta que Sora no duda en atravesar.
  —(Espera. Esa puerta no se abrirá aún. El día en que abrirás la puerta está a la vez lejos y cerca.)
  Sora aparece en una nueva plataforma anaranjada, con el dibujo de una joven dormida, abrazando una rosa y rodeada de grandes zarzas espinadas. A su alrededor aparecen numerosos seres oscuros, a los que logra derrotar.
  De uno de los lados de la plataforma surge un puente que conduce hasta la quinta plataforma, con otra mujer de vestido elegante, en este caso amarillo, dibujada en el suelo.
  —(Cuanto más te acerques a la luz, mayor será tu sombra.)
  Al escuchar estas palabras, Sora se gira hacia su propia sombra…, y observa horrorizado cómo ésta cobra vida.
  —(Pero no tengas miedo.) —continúa la voz—. (Y no lo olvides…)
  La sombra aumenta en tamaño, hasta alcanzar una altura de más de diez metros. Por suerte, su gran tamaño también la ha vuelto lenta y predecible, por lo que Sora logra esquivar sus ataques. Sin embargo, lo peor está por llegar: el suelo se vuelve oscuro, atrapando al chico, que ahora es presa fácil para la gran sombra.
  —(Pero no tengas miedo… Tienes el arma más poderosa de todas. Así que no lo olvides. Tú eres el que abrirá la puerta).

Capítulo 2 – Islas del Destino

  Sora abre los ojos. Está tumbado sobre la arena de la playa, donde se había quedado dormido, disfrutando el buen tiempo.
  Al mirar hacia arriba, descubre que hay alguien observándolo de cerca. Sora se sobresalta, pues creía estar solo.
  —¡Qué susto, Kairi!
  —Sora, pedazo de vago —bromea la chica—. Sabía que te encontraría aquí roncando.
  —¡No, es que una cosa negra enorme me ha tragado! ¡No podía respirar!
  —¿Sigues soñando?
  —¡No era un sueño! ¿O sí? No lo sé… ¿Qué sitio era ése? Tan raro…
  —Sí, claro…
  Viendo que Kairi no se cree ni una palabra, Sora decide cambiar de tema:
  —Oye, Kairi, ¿cómo era la ciudad donde vivías de pequeña?
  —Ya te lo dije, no lo recuerdo.
  —¿Y nunca has querido volver?
  —Bueno, aquí soy feliz… Pero ya sabes… No me importaría ir a verla.
  —¡A mí también me gustaría! ¡Y otros mundos que haya por ahí! ¡Quiero verlos todos!
  —¿Y a qué esperamos?
  Su conversación se ve interrumpida por otro chico, de pelo largo y grisáceo, llamado Riku.
  —¡Eh! ¿No os estaréis olvidando de mí? Soy el único que se ocupa de la balsa. Y tú eres tan vaga como él —dice a Kairi.
  —Vale, vale —la chica sonríe avergonzada—. ¡La terminaremos juntos! ¡Os echo una carrera!
  Sora, Riku y Kairi salen corriendo, atravesando la playa de una de las islas que forman las conocidas como “Islas del Destino”. Allí también hay otros tres niños (Selphie, Tidus y Wakka). Del resto de habitantes no se da información, aunque más adelante se confirma que hay bastantes más, pues hay ayuntamiento, colegio, etcétera. Sora y Riku viven con sus respectivos padres, mientras que Kairi ha sido adoptada por el alcalde.
  Tras pasar la tarde buscando materiales para la balsa que están construyendo, Sora, Riku y Kairi observan la puesta de sol desde la playa.
  —Así que el hogar de Kairi está por ahí fuera, ¿verdad? —insiste Sora, muy interesado en salir de la isla para conocer otros lugares.
  —Puede ser —responde Riku—. Pero nunca lo sabremos si nos quedamos aquí.
  —¿Hasta dónde llegaremos en una simple balsa?
  —¿Quién sabe? Ya improvisaremos.
  —Supón que llegas a otro mundo —dice Kairi con una sonrisa—. ¿Qué harías allí?
  —Pues no lo he pensado —reconoce Riku—. Lo único que quiero saber es por qué estamos en esta isla. Si hay otros mundos, ¿por qué hemos acabado en éste? El nuestro es sólo un trocito de algo mucho más grande. Podríamos haber ido a parar a cualquier otro sitio, ¿no?
  —No lo sé —contesta Sora, abrumado.
  —Exacto. Por eso tenemos que salir a averiguarlo. Aquí sentados no cambiaremos nada. ¡Lo mismo de siempre!
  —Has estado dándole vueltas, ¿eh? —pregunta Kairi.
  —Te lo debo a ti. Si no hubieras venido, creo que nunca habría pensado en nada de esto. Gracias, Kairi.
  Antes de marcharse, y sin que Kairi se entere, Riku entrega a Sora una fruta amarilla con forma de estrella.
  —Querías uno, ¿verdad?
  —Un fruto del paopu…
  —“Si dos personas lo comparten, sus destinos se unirán. Formarán parte el uno del otro, pase lo que pase”. Venga, sé que quieres probarlo.
  —¿De qué estás hablando?
  Riku ríe y sale corriendo, seguido de cerca por su amigo.

Capítulo 3 – Llamada del destino

  Al día siguiente, Sora y Selphie charlan junto a la playa de la isla.
  —¿Has oído hablar del poder del fruto del paopu? —pregunta ella—. Dicen que si lo compartes con alguien a quien aprecias, ¡quedas unido a esa persona para toda la eternidad! —Selphie suspira—. ¡Qué romántico! Tengo que probarlo alguna vez.
  Wakka y Tidus se están preparando para investigar una cueva, cuya entrada se encuentra bajo un gran árbol, en el centro de la isla. Sora prefiere no decir nada, aunque él ya ha entrado muchas veces, acompañado de Kairi. Allí hay multitud de dibujos grabados en piedra que ambos hicieron, además de una puerta cerrada, que nunca han podido atravesar.
  Sora decide volver a visitar aquella cueva secreta para añadir un nuevo dibujo: Kairi comiendo un fruto del paopu. Apenas ha terminado, un hombre encapuchado, cubierto por un manto marrón, le sorprende por la espalda.
  —He venido a ver la puerta de este mundo. Este mundo ha sido conectado.
  —¿De qué hablas?
  —Está unido a la oscuridad, y pronto perderá la luz.
  —…Deja de asustarme, seas quien seas. ¿De dónde vienes?
  —Aún no sabes lo que hay al otro lado de la puerta —el hombre habla de forma enigmática, con voz ronca.
  —¿Entonces eres de otro mundo?
  —Hay tanto que aprender… Y tú entiendes tan poco…
  —Ah, ¿sí? ¡Pues saldré a enterarme de lo que hay por ahí!
  —Un esfuerzo inútil. El que nada sabe, nada entiende.
  Lleno de rabia, Sora observa la puerta cerrada. Cuando dirige su vista nuevamente al hombre encapuchado, éste ha desaparecido.
  Un rato después, Sora y Kairi se reúnen junto al pequeño embarcadero de la isla.
  —Riku ha cambiado —dice ella.
  —¿Qué quieres decir?
  —Bueno… —la chica se queda en silencio.
  —¿Estás bien?
  —¡Sora, vamos a buscar la balsa y vámonos! ¡Los dos solos!
  —¿Eh?
  —¡Era broma! —Kairi ríe, ante el desconcierto de su amigo.
  —¿Qué te pasa? Eres tú la que ha cambiado, Kairi.
  —Quizá. Estaba un poco asustada al principio, pero ahora estoy lista. No importa adónde vaya ni lo que vea; siempre podré volver aquí. ¿Verdad?
  —¡Por supuesto!
  —Sora, no cambies nunca.
  Antes de la hora de cenar, Sora regresa a su casa. No puede dejar de pensar en el viaje que iniciarán al día siguiente, y en las palabras de Kairi. Pero enseguida ocurre algo que lo saca de sus pensamientos.
  —¿Una tormenta…? —Sora observa el paisaje a través de la ventana de su cuarto—. ¡Oh, no! ¡La balsa!
  Su madre lo llama para cenar, pero él ya no está allí; ha salido de su habitación por la ventana, con la intención de llegar cuanto antes al lugar donde tienen guardada la balsa, temiendo que la tormenta la destroce.
  Al mirar hacia el cielo, Sora descubre que ha aparecido una enorme esfera de oscuridad sobre las islas. Y por si eso fuera poco, múltiples seres similares a los de su “sueño” comienzan a surgir del suelo. Esta vez no tiene forma de acabar con ellos, así que únicamente le queda correr.
  Atravesando un puente, Sora llega a la más pequeña de las islas, donde encuentra a Riku.
  —¿Dónde está Kairi? —pregunta Sora—. ¡Pensé que estaba contigo!
  —La puerta se ha abierto… —Riku no parece asustado.
  —¿Qué?
  —¡La puerta se ha abierto, Sora! ¡Ahora podemos ir al mundo exterior!
  —¿De qué estás hablando? ¡Tenemos que encontrar a Kairi!
  —¡Kairi viene con nosotros! Una vez que salgamos, quizá no podamos volver. A lo mejor no volvemos a ver a nuestros padres, pero puede ser nuestra última oportunidad. El miedo no debe detenernos. ¡No temo a la oscuridad!
  Riku ofrece su mano a Sora, mientras el suelo se llena de oscuridad, atrapándolos a ambos. El primero permanece en calma, mientras que el segundo intenta llegar hasta él de forma desesperada. La oscuridad es demasiado poderosa; no hay nada que hacer.
  De pronto, ocurren dos cosas extrañas. Primero, Riku desaparece, envuelto en oscuridad. Inmediatamente después, una espada con forma de llave aparece en la mano de Sora, mientras una voz suena en su cabeza:
  —Llave espada
  Con esta nueva arma, Sora es capaz de eliminar a todos los pequeños seres oscuros que salen a su paso. Su siguiente paso es encontrar a Kairi. Para ello, se dirige al lugar secreto, bajo el gran árbol, donde los monstruos son incapaces de perseguirlo. Y allí, frente a la puerta permanentemente cerrada, se halla Kairi.
  —Sora… —la chica parece mareada.
  La puerta se abre de golpe, y de ella sale una ráfaga de aire que empuja a Sora hasta la playa. Pero el escenario ha cambiado, pues ahora apenas queda una pequeña parte de la isla en pie, mientras que el resto ha sido absorbido por la gran esfera de oscuridad, cuyo tamaño se ha multiplicado.
  La situación no deja de empeorar: ante él aparece la gran sombra que fue incapaz de derrotar en su “sueño”. Sora se arma de valor y, equipado con la llave espada, se lanza al ataque, logrando dañar al monstruo. Pero el combate termina ahí, pues la esfera se ha hecho más grande aún, y los absorbe a ambos.
  Esta vez nadie despierta. Lo que acaba de ocurrir no era un sueño.

Capítulo 4 – Desaparición real

  Donald, mago de la corte y mano derecha del rey Mickey Mouse, accede a la sala del trono.
  —¡Buenos días, majestad!
  Sin embargo, allí no hay nadie. Pluto, el perro del rey, se acerca a él con una carta en la boca, que Donald lee inmediatamente. Al hacerlo, sus ojos se abren como platos, entre sorprendido y preocupado.
  Donald corre en busca del capitán de los caballeros reales, su inseparable compañero Goofy. Lo encuentra dormido en el jardín del castillo.
  —¡Despierta, Goofy, despierta! ¡La cosa es grave!
  —Hola, Donald. ¡Buenos días!
  —¡Tenemos un problema! —lo interrumpe el mago—. Pero no se lo digas a nadie.
  —¿Ni a la reina Minnie?
  —¡Ni siquiera a ella!
  —¿Y a Daisy?
  —¡No! ¡Es alto secreto!
  Por la cara de Goofy, Donald descubre que acaba de meter la pata (nota: no era un chiste). Tanto Minnie como Daisy (la novia de Donald) están detrás de él, escuchando la conversación. El mago no tiene más remedio que mostrarles la carta que Pluto llevaba en la boca:
  “Donald: Siento haberme marchado sin despedirme, pero se avecinan grandes problemas. Por algún motivo, las estrellas se han ido apagando una a una, y eso presagia un desastre.
   Lamento dejaros, pero debo ir a comprobarlo. Sé que alguien tiene una “llave” vital para nuestra supervivencia. Necesito que Goofy y tú lo encontréis y acompañéis. ¡Sin esa llave estamos perdidos! Id a la Ciudad de Paso y encontrad a León. Él os guiará en la dirección correcta.
   P.S.: ¡Excúsame ante Minnie! Gracias, amigo.”
  —¡Cielos! —exclama Daisy—. ¿Qué significará esto?
  —Significa que tendremos que confiar en el rey —responde Minnie.
  —¡Majestad! —Donald llama su atención—. No os preocupéis. Encontraremos al rey y esa “llave”.
  —Gracias a los dos. Ah, quiero presentaros a alguien. Él os acompañará y será el cronista de vuestros viajes.
  Minnie señala hacia una mesa cercana, donde no parece haber nadie. Mirando más de cerca, Donald encuentra a un ser de pocos centímetros de alto.
  —Me llamo Grillo, Pepito Grillo, a su servicio.
  —¿Tu mundo también ha desaparecido? —le pregunta Goofy.
  —Fue terrible… Nos separamos, y parece que yo he sido el único que ha llegado aquí.
  —Debes saber algo: cuando estamos en otros mundos, debemos ocultar de dónde somos. Tenemos que guardasalvar el orden mundial.
  —“Salvaguardar” —le corrige Donald.
  Los dos amigos, acompañados por el cronista Pepito Grillo y el perro Pluto, se dirigen al hangar del castillo, donde los mecánicos Chip y Chop han puesto a punto la nave Gumi que utilizan para viajar entre mundos. Es hora de iniciar el viaje.

Capítulo 5 – Ciudad de Paso

  Donald, Goofy, Pluto y Pepito Grillo (a estos dos últimos no los mencionaré las próximas veces, pero están ahí) han llegado a su destino: la Ciudad de Paso.
  —¡Mira! —Goofy señala hacia el cielo—. ¡Está desapareciendo una estrella!
  Tal y como ha dicho el capitán de los caballeros, una estrella se apaga lentamente hasta desaparecer.
  —¿Dónde estará esa llave que mencionaba la carta? —se pregunta Donald.
  —Deberíamos buscar a ese tal León.
  Pluto se separa del grupo, y encuentra a un niño inconsciente tirado en un callejón. Ese niño no es otro que Sora.
  —¿Dónde estoy…? —Sora mira al perro—. ¿Sabes tú dónde estamos?
  Pluto sale corriendo, y Sora sigue sus pasos. Ya no tiene dudas: está en otro mundo. Para su sorpresa, conserva la llave espada, lo que deja claro que aquello no fue un sueño. Es una espada especial, pues puede hacerla aparecer y desaparecer a voluntad; así es más fácil de portar.
  El primer sitio que encuentra Sora es una tienda de accesorios, regentada por un hombre llamado Cid Highwind.
  —¿En qué puedo ayudarle? —Cid se gira hacia el recién llegado—. Bah… ¡Si sólo es un crío!
  —¡No soy un crio! ¡Me llamo Sora!
  —¿Te has perdido o qué?
  —¡No! Bueno…, puede. ¿Dónde estamos?
  Cuando Cid y Sora intercambian información, el tendero siente algo de lástima por el chaval, y se ofrece a ayudarle cuando lo necesite. Sora abandona la tienda sin perder tiempo, pues quiere encontrar a Riku y Kairi cuanto antes.
  Tras abandonar el llamado Distrito 1, Sora llega al Distrito 2, donde presencia una escena horrible: un hombre cae al suelo, malherido, mientras de su interior surge un corazón de luz, que es absorbido por una criatura oscura. El hombre desaparece ante sus ojos, mientras múltiples monstruos pequeños surgen del suelo, como ya ocurriera en ocasiones anteriores.
  —¡Son esas criaturas de la isla! —exclama Sora.
  El chico acaba con ellos y regresa al Distrito 1, que ha dejado de ser una zona segura. Algunos de esos monstruos campan a sus anchas también por allí.
  —Están por todas partes —dice un hombre joven, sorprendiendo a Sora.
  —¿Quién eres tú?
  —Y seguirán atacándote mientras tengas la llave espada. Pero ¿por qué elegiría a un crío como tú?
  —¡Eh! ¿Qué has querido decir con eso?
  —No importa. Déjame ver esa llave espada.
  —¿Qué? —Sora empuña su arma—. ¡Ni se te ocurra!
  —Vale, como quieras.
  El desconocido saca su propia espada (o más bien “sable pistola”), y ambos se enfrentan en un duelo mano a mano, que termina con Sora tirado en el suelo, exhausto. Tras la batalla, una joven chica se aproxima a ellos.
  —Te falta práctica, León.
  —He tenido piedad de él. Las cosas están mucho peor de lo que pensábamos.

Capítulo 6 – La banda de León

  Un rato después, Sora despierta sobre una cama, en el interior de una pequeña casa. A su lado hay una figura borrosa.
  —Vamos, perezoso, despierta —es Kairi—. ¿Estás bien?
  —…Creo que sí.
  —Las criaturas que te han atacado van tras la llave espada. Mejor dicho, tras el corazón de quien la tiene.
  —Me alegro de que estés bien, Kairi.
  —¿“Kairi”? ¿De quién hablas? ¡Yo soy la gran ninja Yuffie! —la chica observa de cerca a Sora, que sigue confundido—. Creo que te has pasado, Squall.
  Tras recuperarse, Sora descubre que, efectivamente, aquella chica ni es Kairi ni se le parece. Squall es con quien se acaba de enfrentar, y Yuffie es la que llegó justo después.
  —Me llamo León —Squall corrige a su amiga.
  Aunque su nombre real es Squall Leonhart, prefiere que lo llamen “León” para intentar olvidar el pasado…, pues todo su mundo fue destruido por los sincorazón.
  —¿Dónde está mi llave espada? —pregunta Sora.
  —Teníamos que alejarla de ti —explica Yuffie—, para despistar a esas criaturas. Por ella te localizan.
  —Era la única manera de ocultarles tu corazón —añade León—, pero no servirá por mucho tiempo. Todavía me cuesta creer que tú seas el elegido.
  León devuelve la llave espada a Sora, quien permanece sobre la cama.
  —No entiendo ni jota. ¿Qué pasa aquí?

  Mientras tanto, Donald y Goofy caminan por otra calle de Ciudad de Paso, cuando una joven mujer se acerca a ellos.
  —Perdón, ¿os envía el rey?
  —Sí. ¿Quién eres?
  —Me llamo Aeris. Ya sabéis que ahí fuera hay otros mundos aparte de vuestro castillo, ¿verdad?
  —Sí —responde Donald.
  —Pero se supone que es algo secreto —añade Goofy, tapándose la boca.
  —Bueno, nunca había habido contacto entre ellos —dice Aeris—. Hasta ahora. Cuando llegaron los sincorazón, todo cambió.

  —¿Los “sincorazón”? —Sora está recibiendo esa misma información.
  —Los que te atacaron —explica Yuffie—. Los atrae la oscuridad del corazón de la gente.
  —Y hay oscuridad en todos los corazones —añade León.
  —¿Has oído hablar de un tal Ansem?

  —¿Ansem…? —Goofy no recuerda haber escuchado antes ese nombre.
  —Estaba estudiando a los sincorazón, e hizo informes detallados sobre su investigación.
  —¿Podemos verlos?
  —Están dispersados por todas partes. Por distintos mundos.
  —¡Oh! Puede que el rey haya ido a buscarlos.
  —Sí, eso pensaba yo.
  —¡Hay que encontrarlo sin demora!
  —¡Espera! —interrumpe Donald—. ¡Antes necesitamos esa “llave”!
  —Así es —Aeris asiente con la cabeza—. La llave espada.

  Sora observa su llave espada.
  —Los sincorazón temen a la llave espada —dice León—. Por eso te persiguen a toda costa.
  —Bueno, yo no la pedí.
  —La llave espada elige a su dueño —explica Yuffie—. Y te eligió a ti.
  —¿Cómo ha podido ocurrir? Recuerdo que estaba en mi habitación… —Sora se sobresalta ante ese recuerdo—. ¡Espera! ¿Qué le ha pasado a mi casa, a mi isla? ¡Riku! Kairi…
  —No tengo ni idea —concluye León antes de cambiar de tema—. Yuffie, vamos a reunirnos con Aeris.
  Pero no hay tiempo para eso, pues Yuffie acaba de descubrir que la casa está siendo rodeada por sincorazón, algo más grandes e inteligentes que los anteriores contra los que luchó Sora. Por suerte, ahora no está solo: León y él se ocuparán de ellos.
  —Olvídate de los secundarios —sugiere Squall—. Busquemos al líder.

Capítulo 7 – El trío

  Mientras León vigila el Distrito 1, Sora se dirige a la plaza del Distrito 3. Allí se topa por primera vez con Donald y Goofy, quienes tratan de hacer frente a los sincorazón.
  —¡La llave! —exclaman ambos al ver el arma de Sora.
  Un sincorazón más grande que los demás, protegido por una armadura, aparece ante ellos. Los tres unen fuerzas para acabar con él, en lo que, aunque ellos aún no lo sepan, es el comienzo de una larga y poderosa alianza (o “amistad”).
  —¿Así que me buscabais? —pregunta Sora cuando vuelve la calma.
  —Han estado buscando al portador de la llave espada —responde León, quien ha acudido a su encuentro junto con Yuffie.
  —¡Ven con nosotros! —dice Goofy—. Iremos a otros mundos en nuestra nave.
  Sora acepta; tiene un buen motivo para ello:
  —Quizá así pueda encontrar a Riku y Kairi…
  —¡Por supuesto! —responde Donald.
  —¿Estás seguro? —le pregunta Goofy por lo bajo.
  —No mucho, pero lo necesitamos para encontrar al rey.
  León da un paso al frente y se dirige al chico:
  —Sora, ve con ellos. Sobre todo si quieres encontrar a tus amigos.
  —Sí, quizá lo haga…
  —¡Pero no puedes venir con esa pinta! —replica Donald—. Nada de enfados, y nada de caras tristes, ¿vale?
  —¡Debes tener un aspecto gracioso, como nosotros! —añade Goofy.
  —Nuestra nave funciona con caras felices.
  Las palabras de Donald y Goofy cumplen su objetivo, consiguiendo sacar una sonrisa a Sora, que a su vez hace reír a los demás.
  Tras despedirse de León, Yuffie y Aeris, los hombres de confianza del rey Mickey muestran a Sora su nave Gumi. Además, Donald le enseña a utilizar hechizos mágicos, mientras que Goofy le enseña técnicas de combate.
  Además, antes de abandonar Ciudad de Paso, Sora conoce a Juanito, Jaimito y Jorgito, tres sobrinos de Donald que regentan una tienda de objetos.
  Con todo listo para comenzar el viaje a otro mundo, Sora y sus dos nuevos amigos (sin olvidar a Pepito Grillo y Pluto) se montan en la nave Gumi.

  Mientras tanto, una mujer con aspecto de hechicera observa desde lejos las andanzas de Sora.
  —La llave espada lo ha elegido… ¿Conquistará él la oscuridad… o la oscuridad lo absorberá? En cualquier caso, puede sernos útil.

Enlaces:

Parte 1: capítulos 1-7
Parte 2: capítulos 8-29
Parte 3: capítulos 30-49

Saga completa:
– Kingdom Hearts
Kingdom Hearts: Chain of Memories

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