Guía argumental de Final Fantasy XV – Parte 1

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Prólogo

  “Durante siglos, la magia sagrada del Cristal Divino protegió a nuestro mundo y a sus habitantes. Pero, con el tiempo, la promesa de su poder nos trajo la guerra.
   Lucis, un reino mágico protegido por el poder del Cristal. Niflheim, un imperio militar dominado por las máquinas, fortalecido por el poder de su magitek. Hace mucho tiempo que ambos libran una guerra.
   Con el paso de los años, Niflheim invadió naciones cercanas gracias a la supremacía de su tecnología. Para defenderse, Lucis elevó un muro mágico, cuya fortaleza procede del propio Cristal.
   Sólo Insomnia, ciudad principal y último bastión de la defensa de Lucis, logró escapar al control de Niflheim por muchos años.
   Con la intensificación de la contienda, el príncipe Noctis de Lucis había acudido a Tenebrae para curarse de una grave lesión. Hizo el largo viaje con su padre, el rey Regis. Mi madre, mi hermano y yo, realeza de Tenebrae, les habíamos dado una cálida bienvenida.
   Entonces llegaron los ataques, en todas partes y simultáneamente. En un mero instante, toda Tenebrae quedó envuelta en llamas. El ataque de Niflheim pretendía acabar con los visitantes de Lucis.
   Desde ese día hasta hoy, Tenebrae vive bajo la mano de hierro de Niflheim, enemigo declarado de Lucis.”

– Lunafreya Nox Fleuret, princesa de Tenebrae

Dramatis personae

  Debido al ritmo tan rápido de la película, donde apenas hay tiempo para profundizar en los personajes, puede resultar muy confusa la gran cantidad de nombres relativamente complejos que se presentan en tan corto espacio. Es por ello que he decidido crear una pequeña guía con casi todos los personajes que aparecen en la película:
  · Regis Lucis Caelum: rey de Lucis. Posee un enorme poder mágico otorgado por el anillo de la familia (“Sello de la Luz”) y el Cristal mágico (“Santálita”). Su mayor debilidad es su único hijo, Noctis.
  · Noctis Lucis Caelum: príncipe heredero.
  · Clarus Amicitia: ocupa el puesto de “Escudo del rey”. Aunque no forma parte del consejo, su opinión es muy valiosa para Regis.
  · Iedolas Aldercapt: emperador de Niflheim, al que sólo le falta Lucis para tener todo el mundo bajo su dominio.
  · Ardyn Izunia: canciller de Niflheim. Grandilocuente y osado.
  · General Glauca: líder militar de la Infantería Magitek de Niflheim. Siempre lleva una armadura que le cubre todo el cuerpo, además de una gran espada.
  · Sylva Nox Fleuret: reina de Tenebrae, asesinada por el ejército de Niflheim.
  · Ravus Nox Fleuret: príncipe de Tenebrae. Su cargo ha perdido validez desde que fueron conquistados por Niflheim. Ravus culpa a Regis de lo ocurrido.
  · Lunafreya Nox Fleuret: hermana pequeña de Ravus. A diferencia de su hermano, ella conserva su cariño hacia Regis y Noctis.
  · Titus Drautos: capitán de los Glaives reales. No sólo tiene la tarea de dirigirlos en combate, sino que es el encargado de entrenarlos personalmente.
  · Nyx Ulric: miembro de los Glaives, apodado “héroe”. Fue salvado por Regis de pequeño, y siente la necesidad de devolverle el favor defendiendo Lucis con su vida. Vive atormentado por la pérdida de su familia.
  · Libertus Ostium: miembro de los Glaives. Mejor amigo de Nyx. Ambos proceden de Galahd. No es el más inteligente, pero tiene buen corazón.
  · Crowe Altius: miembro de los Glaives. Perdió a sus padres siendo muy pequeña, y fue encontrada por Libertus, con quien tiene una relación fraternal.
  · Luche Lazarus: miembro de los Glaives. Debido a su inteligencia, el capitán Drautos lo considera un miembro muy valioso.
  · Pelna Khara: miembro de los Glaives. Profesa gran admiración hacia Nyx, al que afirma deberle la vida.
  · Tredd Furia: miembro de los Glaives. Aunque lucha por defender Lucis, siente que están siendo utilizados como carne de cañón.
  · Axis Arra: miembro de los Glaives, amigo de Tredd y Sonitus.
  · Sonitus Bellum: miembro de los Glaives, amigo de Tredd y Axis.
  · Petra Fortis: miembro de la Guardia real. No siente mucha simpatía por los inmigrantes.
  · Pruvia Colpus: miembro de un grupo rebelde que se opone al rey.

Capítulo 1 – Lucis y Niflheim

  Doce años después de los hechos narrados por Lunafreya, la guerra entre Lucis y Niflheim se encuentra en un punto crítico. El rey Regis ha reunido un ejército de guerreros de élite para combatir la amenaza imperial. Son los llamados “Glaives reales” (o “Kingsglaive”), y poseen un poder mágico muy superior al de los soldados normales, obtenido del propio rey y la Santálita.
  Uno de ellos destaca por encima de los demás: Nyx Ulric, al que sus propios compañeros apodan “héroe”, y que es capaz de utilizar mejor que cualquier otro Glaive el poder mágico de teleportación de Regis: el don Lux, una habilidad que les permite arrojar su arma y teletransportarse hasta ella.
  La narración se inicia durante la gran batalla entre ambas naciones. Nyx, junto a Libertus Ostium, Crowe Altius, Pelna Khara y muchos otros compañeros, consiguen hacer frente durante un tiempo al ejército magitek y a las hordas de monstruos enviados por Niflheim. Es una batalla igualada…, hasta que Niflheim libera al “demonio”: un ser gigantesco que obliga a retirarse al ejército de Lucis.
  Durante la huida, Nyx desobedece la orden de retirada para regresar al campo de batalla y rescatar a su amigo Libertus. Una buena acción que, sin embargo, le supone un castigo por parte del capitán de los Glaives reales, Titus Drautos.
  —No te engañes, Nyx Ulric. La fuerza que tienes no es más que un préstamo del rey. No eres nada sin él. Puedes retirarte. Serás informado de tu reasignación.
  De vuelta en Insomnia, Drautos informa al rey de lo ocurrido en el campo de batalla, incluyendo cómo el demonio obligó a retirarse a los Glaives, y la posterior sorprendente retirada también del ejército de Niflheim.
  —Una retirada repentina e inexplicable —dice el rey.
  —Pero seguimos en peligro, majestad —responde Clarus Amicitia, su mano derecha—. No sabemos cuándo volverán a atacar.
  Las sorpresas no dejan de llegar, pues un guardia comunica a los allí presentes que Niflheim ha enviado a un representante para reunirse con ellos de forma pacífica. Es un hombre de aspecto extravagante, que entra en la sala con una sonrisa, saltándose toda formalidad, como si ambos países no estuvieran en guerra.
  —Un placer, queridos habitantes de Lucis.
  —¿Tan atrevido se ha vuelto Niflheim como para enviar de emisario al mismísimo canciller? —pregunta Regis—. Y sin protección, además.
  —Que el gran rey Regis me reconozca es todo un honor. Pero permítame respetar el protocolo y presentarme de todos modos: Ardyn Izunia, canciller de Niflheim, para servirle —el hombre hace una reverencia—. Acudo a usted en este día tan aciago para ofrecerle un acuerdo de paz.
  —¿Paz? —Regis no da crédito.
  —Como sin duda ya supondrá, nuestra reciente maniobra no fue ninguna retirada estratégica. Llamémoslo… un gesto de buena voluntad imperial. Como usted, no queremos nada más que poner fin a esta guerra sin sentido.
  —Ah, ¿sí? —las palabras del rey denotan ironía.
  —¡Por supuesto! Y sólo requerimos una condición: exceptuando su grandiosa Insomnia, Lucis debe ceder todos los demás territorios al dominio de Niflheim —Ardyn abre los brazos—. ¡Ah, Insomnia…! La joya de la corona del Reino de Lucis… Oh, casi me olvido. Sólo hay una pequeña trivialidad más. Concierne a su hijo. El cautivador príncipe Noctis de Lucis, y la bella princesa Lunafreya de Tenebrae, deberán desposarse.
  Regis abre los ojos como platos al escuchar aquellas palabras.
  —Parece irritado, alteza —sigue Ardyn—. Le aseguro que la princesa aún lo tiene en alta estima, tal y como ha hecho estos doce largos años.
  Ése era el tiempo que Regis y Noctis llevaban sin ver a Lunafreya. Noctis y “Luna”, como él la llamaba, eran muy buenos amigos de pequeños, pero todo acabó con la invasión de Niflheim a Tenebrae. Cuando se inició el ataque, Regis plantó cara al general imperial Glauca, aunque poco después, viendo a su hijo, lesionado y en silla de ruedas, en peligro de ser asesinado por las tropas imperiales, lo cogió en brazos y se alejó tan rápido como pudo, abandonando a Lunafreya y a su hermano Ravus, mientras la madre de ambos, Sylva, era asesinada delante de sus ojos…

Capítulo 2 – Rendición

  Tal y como le advirtió el capitán Titus Drautos, Nyx ha sido reasignado a un puesto de menor importancia: ahora es un simple vigilante de la puerta de acceso a la ciudad. Empleo respetable, claro, aunque humillante para alguien del nivel del “héroe” de los Glaives.
  —Aquí no nos tomamos bien la insubordinación —le dice su nuevo compañero, Petra Fortis—. Hazte un favor y echa un vistazo a tu alrededor. Estás viendo lo que suponen cien años de paz. Una paz duradera que tenemos gracias al Muro. No necesitamos a ningún inmigrante como tú dando brincos por aquí y dándoselas de héroe de guerra.
  Nyx aguanta el monólogo sin replicar. Puede que aquella no sea su ciudad de nacimiento, y puede que haya sido penalizado por desobedecer una orden, pero daría su vida por Insomnia y el Reino de Lucis.
  Al llegar la noche, Nyx se reúne en un bar con algunos de sus compañeros Glaives: Libertus, Crowe y Pelna.
  —¿Un día duro en la puerta? —bromea Libertus.
  —No seas idiota —le reprende Crowe—. Está allí por tu culpa —la mujer golpea a Libertus en la pierna, todavía lastimada, que casi le había costado la vida en la batalla contra Niflheim—. ¿Le has dado ya las gracias?
  —¡Anda ya, Crowe! Nyx y yo somos demasiado amigos para eso. Nos ayudamos mutuamente; siempre ha sido así.
  Pelna regresa a la mesa con bebidas para todos.
  —¡Por la patria! —exclama.
  —¡Y el hogar! —responden los demás, completando la consigna de los Glaives.
  —¿Qué tal en tu nuevo puesto? —pregunta Pelna.
  —Los guardias son un encanto —responde Nyx sarcásticamente.
  —Sí, seguro. Ya sabemos que odian a los de fuera más que a nada. Se aburren y no tienen nada mejor que hacer.
  —Aburrirse no está tan mal; implica que hay paz. Lucharía cien guerras más para que Galahd fuera un aburrimiento.
  —Lucha cuanto quieras, pero no mueras aún. Todavía estoy en deuda contigo.
  —¿Qué sería de los Glaives sin su héroe? —dice Libertus con algo de sorna.
  —Los de Niflheim se fueron con el rabo entre las piernas —responde Crowe, intentando quitar hierro al asunto.
  Es otro Glaive, Luche Lazarus, que escucha todo aquello desde la barra del bar, quien responde a la mujer.
  —No huyeron; estaban jugando con nosotros. ¿Sabéis que después enviaron a un emisario a la ciudadela?
  —¿Para qué? —pregunta Libertus—. ¿Para ofrecer su rendición?
  —Para exigir la nuestra.
  —¡Y una mierda!
  —¿Que no? Piénsalo: el Imperio tiene a Lucis sometido. Es el momento perfecto para hacer exigencias.

  Algunos consejeros del rey comparten la opinión de Luche, y así se lo hacen saber a Regis.
  —Estamos perdiendo la guerra, majestad. Lucis no puede depender sólo de los Glaives. Aceptar la tregua podría ser nuestro mejor movimiento.
  —Mientras resista el Muro —replica otro—, no necesitamos una tregua. Y si cae, aún tenemos el Antiguo Muro.
  —Sí, pero esta tregua pondrá fin a los combates. Si pudiéramos ceder…
  —Ceder no es inteligente —interrumpe Clarus—. Desconocemos las verdaderas intenciones de Niflheim. No se engañen: los Muros no son impenetrables.
  —No nos quedan muchas salidas —dice Regis—. El Nuevo Muro extrae su poder del trono; podré mantenerlo por algunos años si el Reino lo requiere. Pero el canciller dijo una verdad: somos viejos, y puedo no tener el suficiente poder para mantener el Muro Antiguo. No tengo fuerzas para una ofensiva que gire las tornas de esta guerra.
  Sintiéndose acorralado, Regis se ve obligado a aceptar el tratado de paz. Deben entregar oficialmente todos los territorios de Lucis a Niflheim, con la única excepción de Insomnia. A cambio, Niflheim garantiza la seguridad de todas las ciudades y de sus habitantes, así como el cese de las hostilidades.

Capítulo 3 – El nuevo rumbo de los Glaives reales

  La paz ha llegado…, y no todos están contentos con el resultado. Los Glaives han sido derrotados “en los despachos”.
  —Todo lo que hemos luchado… —dice Crowe—, no ha servido para nada.
  El capitán Titus Drautos reúne a todos los Glaives (Nyx incluido), para informarles de las novedades.
  —El rey ha hablado; ya lo habéis oído. Se cederán al Imperio las tierras más allá del Muro.
  —¡¿Por qué ha aceptado el rey?! —protesta Libertus.
  —Para acabar esta maldita guerra. Crowe, prepara tu despliegue. Tendrás que infiltrarte en Tenebrae. Los detalles de la misión son secretos. Te informaré en mi despacho en treinta minutos. Y Nyx: hoy te toca en la Puerta Oeste. Te han reasignado a la guardia del castillo. Pueden retirarse.
  Drautos se marcha, dejando a sus Glaives a solas.
  —¿A esto te referías, Luche? —pregunta Libertus.
  —No era nuestra decisión —responde Lazarus.
  —¡Pero son nuestras ciudades! ¡Nuestra gente! ¿Vas a aceptar y abandonarlos sin más?
  —Si no aceptamos la decisión, el Imperio desatará un infierno sobre Insomnia.
  —¡Y nosotros contraatacaremos!
  Libertus intenta encararse con Luche, cabreado por su pasividad y resignación, pero los demás consiguen tranquilizarlo.
  —¿No lo entiendes? —dice Tredd Furia, otro de los Glaives—. No somos nada para ellos. Ratas venidas de más allá del Muro. Sólo nos utilizaron porque vieron que podíamos usar su magia. Por eso nos eligieron de entre todas las demás ratas, y nos dejaron mordisquear el valioso poder de su majestad. Pero con la guerra terminada, nos tocará volver a las cloacas. Si tanto echáis de menos vuestra casa, ¿por qué no volvéis? Niflheim os recibirá con los brazos abiertos.
  —Tu casa también está allí —replica Nyx—. ¿O ya se te ha olvidado?
  Tredd se marcha, dando por finalizada la discusión, y evidenciando más aún la tensión que se vive entre los Glaives tras la polémica decisión de Regis.

  Mientras tanto, en Tenebrae, Lunafreya intenta escapar de su mansión para evitar ser parte del acuerdo entre Lucis y Niflheim. No consigue ir muy lejos, pues su hermano y un grupo de soldados la interceptan antes de salir del edificio.
  —No recuerdo haberte dado permiso para salir, Lunafreya —dice Ravus—. Debes esperar hasta tu viaje a Lucis. Es por tu propio bien.
  —¿Qué razones tiene el Imperio para desposarme con Noctis?
  —Les han ofrecido la paz a cambio de vuestro matrimonio.
  —¿Y esperas que me lo crea?
  —Lo que creas no me concierne. Sí me concierne que te escapes a hablarle al asesino de madre de un complot que has soñado.
  —Te equivocas al odiar al rey Regis, Ravus. Niflheim mató a madre, no él. La asesinaron y te convirtieron en su perro faldero.
  Ravus encierra a su hermana en una habitación, donde deberá aguardar hasta el momento de su viaje a Insomnia.

  Para la misión secreta en Tenebrae, Crowe debe hacerse pasar por una trabajadora de la compañía Chocobo Veloz. Antes de marcharse de la ciudad, la Glaive enseña a Nyx y Libertus el contenido de una pequeña caja que le han entregado.
  —¿Un pasador? —pregunta Nyx—. No pensé que fueran de tu estilo.
  —No es para mí —responde ella—. Es un regalo para la princesa. Pero no digáis nada; nadie puede saberlo.
  Tras despedirse de sus amigos, Crowe monta en la parte trasera de la furgoneta de Chocobo Veloz, donde guarda una moto que, posteriormente, deberá usar en la misión. El conductor de la furgoneta abandona la ciudad, y lleva a Crowe hasta un punto intermedio entre Insomnia y Tenebrae. Después se marcha; el resto depende sólo de ella.
  Una segunda furgoneta, de color negro, se acerca a aquel lugar. Crowe la mira con desconfianza…

Capítulo 4 – Reencuentro y despedida

  Tres días antes de la firma del tratado de paz, la princesa Lunafreya llega a Insomnia junto al canciller Ardyn y muchos soldados imperiales. Gran parte de la ciudad está de celebración.
  Mientras Nyx camina hacia su lugar de trabajo, un lujoso coche se aproxima a él. El conductor es el capitán de los Glaives, Titus Drautos.
  —Sube.
  —Me esperan en mi puesto, señor.
  —Nuevas órdenes: tenemos que recoger a la princesa.
  Nyx obedece.
  —Bonito coche.
  —Es del príncipe. Se encuentra fuera de la ciudad.
  —¿No tendría que estar planeando su boda, señor?
  —No me llames “señor”. El rey tiene sus propios planes. El príncipe Noctis y la princesa Lunafreya se reunirán lejos de Insomnia.
  —¿Y qué hace ella aquí?
  —Complicar las cosas. La misión de Crowe era sacar a la princesa de Tenebrae. Todavía no sabemos lo que salió mal.
  Titus conduce sorteando las manifestaciones en contra de aquel tratado. Muchos habitantes de Insomnia no lo ven con buenos ojos.
  —Sé lo que opinas de la guerra —dice el capitán—, pero ¿qué opinas de la paz? ¿Te parece bien renunciar a tu ciudad?
  —Es la decisión del rey —responde Nyx con resignación—. Estoy en deuda con él. Tuve suerte; hay gente en Galahd que no la tuvo. Y pueden estar seguros de que volveré.
  —¿Y qué harás sin la magia del rey? Querer salvar a la gente no te hará ganar guerras.
  —No se trata sólo de mí… Libertus es el que debería preocuparle. Volverá en cuanto las cosas empeoren.
  —Pues lo peor está por venir.
  Cumpliendo con su nueva misión, Nyx escolta a Lunafreya hasta el castillo, para que pueda reencontrarse con Regis. La princesa y el rey se muestran muy felices de volver a verse.
  —Ha pasado mucho tiempo, majestad —dice ella.
  —Sí… Demasiado.
  —El príncipe Noctis no está aquí, ¿verdad?
  —No, querida. No está aquí. Soy demasiado anciano para librar esta guerra. No tengo más remedio que recibir al Imperio y aceptar su tratado. Aun así, esperaba celebrar la boda en otro lugar; uno seguro. Envié a una de mis Glaives a buscarte, pero… No es demasiado tarde; puedo buscar una escolta. Por favor, ve con mi hijo.
  —No. El Imperio me seguirá allá donde vaya. Eso sólo supondría un peligro mayor para el príncipe. Mi deber es protegerlo y ver cómo cumple su destino. Estos doce años no han cambiado eso.
  —¿Y qué pasa con tu propio destino?
  —Mi deber es mi destino, majestad. Estoy preparada para aceptar cualquier cosa que me ocurra.
  Fuera del castillo, Nyx vuelve a reunirse con Titus.
  —¿Ha sido un reencuentro feliz? —pregunta el capitán.
  —¿Niflheim la ha tenido como rehén todo este tiempo?
  —Es un símbolo de paz. Eso es todo lo que sé.
  —Pues no lo parece —replica Nyx—. Está aquí por algo más importante que eso.
  —Tu deber es protegerla. Ni mirar, ni escuchar, ni pensar. ¿Está claro?
  El teléfono de Titus empieza a sonar, y no trae buenas noticias: han encontrado el cuerpo sin vida de Crowe.
  Nyx y Titus se reúnen con Libertus en la morgue, donde pueden comprobar que no se trataba de un error: es el cuerpo de aquella mujer.
  —¿En qué consistía realmente su misión? —pregunta Libertus—. Ningún Glaive acaba muerto en una misión estándar.
  —Me aseguraré de que lo investiguen —responde el capitán—. Era una buena soldado. Su muerte no quedará sin respuesta.
  Libertus y Nyx abandonan la morgue.
  —Como es la vida, ¿eh? —dice el primero—. Se crió siendo huérfana, escapó de su pueblo… Todavía recuerdo la primera vez que la vi… Estaba escuálida, toda cubierta de lodo… No tenía ni un amigo en el mundo. ¿Y qué pasa con los ojos? —Libertus recuerda la expresión de terror en la mirada del cadáver—. Había algo extraño en los ojos… Ella se merecía algo mejor… Y hubiera hecho cualquier cosa por… —lleno de rabia y esforzándose por no llorar, Libertus se arranca la insignia de Glaive y la lanza lejos.
  —Crowe murió como Glaive —responde Nyx—. Aún puedes honrarla luchando como tal.
  —A veces eres más tonto que yo, ¿sabes? ¡¿Es que no lo entiendes?! ¡Lucis mató a Crowe! Vuelve al castillo. Dile al rey que no logrará la paz echando a los débiles a los lobos. A partir de ahora libraré mi propia lucha. Ya nos veremos, héroe.
  Antes de marcharse, Titus entrega a Nyx una caja con los enseres personales de Crowe. Dentro hay pocos objetos: un teléfono móvil, un reloj parado… Uno de ellos llama su atención, pues le trae a la memoria la última conversación que tuvieron: es el pasador que debía llevar a la princesa.

Capítulo 5 – Víspera del tratado

  La noche antes de la firma del tratado de paz, finalmente se produce la esperada reunión entre los líderes de ambos países: Iedolas Aldercapt y Regis Lucis Caelum.
  —Una recepción grandiosa, rey Regis. Con ella honra a todo Niflheim.
  —El honor es nuestro, emperador Aldercapt. Ha venido de muy lejos para honrarnos con su presencia.
  —Era lo menos que podía hacer. Mañana será un día histórico para nuestras naciones. Y su Insomnia es una auténtica maravilla. Mis ciudades palidecen en comparación a ella. Rezo para que podamos ganar mucho con esta visita.
  A pocos metros de ellos, Lunafreya se aproxima a Nyx, que hace la función de vigilante en aquella fiesta.
  —Ayer no pudimos presentarnos debidamente —dice ella.
  —Eso tendrá que esperar, alteza. Estoy de guardia.
  —Entonces no podría estar en un lugar más seguro. ¿Puedo preguntarle su nombre?
  —Nyx Ulric.
  —Hay algo más que quiero pedirle, Nyx Ulric. El rey Regis dijo que había enviado a alguien a buscarme. Me gustaría darle las gracias en persona. ¿Dónde puedo encontrar a esa valiente soldado?
  Nyx se mordió el labio, y miró a la princesa sin saber cómo hacer que aquella respuesta no sonara muy desagradable. No necesitó decir nada; ella lo entendió.
  —Lo siento mucho. No lo sabía…
  —No se preocupe —Nyx metió la mano en su bolsillo y sacó el pasador de pelo—. Tome. Lo llevaba ella. Era para usted. Quédeselo.
  —Lo llevaré siempre conmigo. Gracias.

  En otro lugar de la ciudad, Libertus, todavía con muletas debido a su lesión de pierna, se encuentra en un salón recreativo. Allí escucha una conversación.
  —¿Tienes idea de lo que significa esta supuesta paz? Vamos a perder nuestras ciudades. Todas. Para siempre.
  Ni su presencia en el salón recreativo, ni haber escuchado aquella conversación, se han producido por casualidad. El Glaive ha ido a buscar a esas personas.
  —Se rumorea que aquí hay gente que odia el tratado de paz —dice Libertus a los allí presentes—. ¿He venido al lugar correcto?
  —Desde luego —responde un tipo llamado Pruvia Colpus—. Saludad a un hombre que dedica sus días al leal servicio de nuestro buen rey.
  —Dedicaba —puntualiza Libertus—. Esos días se han terminado. No seguiré escuchando las mentiras de ese maldito. Estará sentado en un trono, pero no es un rey. Al menos no para mí.
  —Muy bien, entonces. Bienvenido a la resistencia, hermano. Espero que estés dispuesto a hablar.

  Pocas horas después, sólo Lunafreya queda en la azotea donde se reunieron los líderes de ambos países. La princesa está rezando por el bienestar de Noctis, cuando un hombre con armadura pesada se acerca a ella.
  —¿A qué dios le reza? Usted, esclava del destino. Abandone sus oraciones. Los dioses no la escucharán.
  —General Glauca, ¿qué hace aquí?
  —Usted es demasiado inteligente como para creer en esta paz. Es una pena que no haya visto a su amado Noctis. Tiene otro propósito.
  —No estoy aquí por Niflheim.
  —No —replica Glauca—. Está aquí por mí.
  —¿Por usted? No lo entiendo.
  —Mañana lo entenderá.

Capítulo 6 – Tratado de paz

  Es el gran día, y Nyx se prepara para iniciar su jornada de trabajo. Antes de salir de casa, descubre algo sorprendente: el reloj de Crowe ha vuelto a funcionar. Extraño, dado que la última vez que lo vio parecía roto. Además, avanza de forma inusual.
  Al llegar al castillo, el Glaive recibe una llamada alarmante: no hay rastro de la princesa. El contingente de Niflheim está en movimiento, pero Lunafreya no va con ellos. Nyx corre de vuelta hasta su casa y coge el reloj de Crowe. Sigue funcionando, lo que parece confirmar la teoría que ronda por su cabeza: no es un reloj sino un localizador. Concretamente, el localizador del pasador de pelo que Crowe debía entregar a Lunafreya.
  Nyx transmite por radio los números a Pelna, y éste no tarda en darle la localización exacta.
  —Son de un lugar treinta kilómetros al sur de Insomnia.
  —Eso es fuera del Muro.
  Nyx corre de vuelta hacia el castillo. Intenta comunicarse por radio con el capitán Drautos, pero no obtiene respuesta. Es Pelna quien vuelve a ponerse en contacto con él pocos minutos después.
  —Hay una flota de naves en ese punto.
  —¿Niflheim?
  —Sí, y parecen listas para la guerra.
  —¿Dónde está el capitán?
  —En la ciudadela.
  —No responde a la radio.
  —No sé, estará ocupado con el equipo de escolta.
  —Pelna, un último favor: prepara a los Glaives para la acción.
  —¿Sin la aprobación del capitán?
  —Confía en mí. ¡Hazlo!
  Nyx llega a la sala del trono, donde consigue reunirse con el rey antes de que éste se marche a firmar el tratado.
  —¡Majestad, autorice el despliegue de los Glaives! Hay una flota de combate de Niflheim a treinta kilómetros al sur. Y tienen a la princesa.
  Al escuchar eso último, todo rastro de duda desaparece de la mirada de Regis.
  —Clarus, coloca guardias fuera de la sala del tratado.
  —Creerán que desconfía de la paz —responde el Escudo del rey.
  —Todos desconfiamos. Hazlo. Quizá tengamos que arrestar al emperador Aldercapt.
  —¡¿Arrestarlo?! ¡Eso sería una nueva declaración de guerra!
  —Todavía estamos en guerra, Clarus. Y tú, Nyx Ulric: ¿cuánto tardarán los Glaives en desplegarse?
  —En cuanto dé la orden.
  —Entonces adelante. Salva a Luna.
  Nyx convoca a tantos Glaives como le es posible (es decir, todos menos el capitán y Libertus).
  —Tenemos dos objetivos: salvar a la princesa y evitar que las naves de Niflheim lleguen a Insomnia.
  —Los Glaives permanecerán unidos —dice Luche—, con o sin capitán. ¡Por la patria!
  —¡Y el hogar! —responden todos al unísono.
  Siguiendo las indicaciones del localizador, no tardan en encontrar las seis naves imperiales, que están empezando a despegar con rumbo a Insomnia. Nyx y los demás consiguen infiltrarse en ellas sin ser vistos… O eso creen.

  Un hombre se acerca al emperador Aldercapt, que está en la sala del tratado.
  —Los Glaives se han infiltrado en las naves. Todo marcha según el plan.
  Segundos después, Regis llega a esa misma sala.
  —Siento haberme retrasado. Ha habido un pequeño imprevisto.
  —Nada preocupante, espero —responde Aldercapt.
  —Un simple robo, nada más —Regis mantiene la calma, aunque sus palabras van con doble sentido.
  —Atrevido ladrón para robar a un rey. Quizá las barreras mágicas y las puertas del castillo no lo mantengan todo a salvo.
  —Quizá. Pero no importa; pronto será devuelto todo lo que robaron.
  —Impresionante. Es un ejemplo de compostura real —Aldercapt se inclina hacia el rey—. Pero debo preguntar: ¿cómo puede estar tan seguro?
  —Porque no se trata de una mera baratija. Es algo que posee voluntad propia. Suficiente para escapar de cualquier ladrón.
  —Parece un objeto muy valioso…
  Clarus interrumpe la conversación para transmitir un mensaje importante al rey.
  —Los Glaives han rescatado a la princesa, majestad —le susurra al oído.
  —¿Ha encontrado ya al ladrón? —pregunta Aldercapt, intrigado por tanto secretismo.
  —Así es —responde Regis—. Y lo que fue robado permanece intacto.
  —Qué buena noticia. Es un alivio oír eso.
  Ambos se aproximan a la mesa donde deben firmar el tratado de paz. Sin embargo, Regis no ha dicho su última palabra.
  —Dígame, emperador: ¿qué condena recibe alguien que comete un robo en su Imperio?
  —Una de las más severas. Aunque existe una excepción.
  —¿Y cuál es?
  —Una curiosa ley antigua que aún permito en las zonas más remotas. El ladrón que escapa de su captor no puede ser juzgado por su delito.
  —Una advertencia para la víctima. “No demuestres ninguna debilidad o caerá sobre ti el peso de la justicia”.
  —No, buen rey. Todo lo contrario. Sirve para advertir a la mano de la justicia de que no pierda nunca el control.
  Varias explosiones ponen en alerta a todos los allí presentes. El rey y el emperador desenfundan sus armas, apuntándose mutuamente, mientras todos los demás hacen lo mismo. Nadie sabe qué ocurrirá, pero hay algo seguro desde hace varios minutos: ese tratado jamás será firmado.

Capítulo 7 – El plan del emperador

  Pelna es el primero en encontrar a la princesa. Tras deshacerse de los vigilantes, roba la tarjeta de seguridad a uno de ellos y consigue liberarla. Nyx llega poco después…, justo a tiempo para presenciar una escena sobrecogedora: un tentáculo gigante aparece por el fondo del pasillo y agarra a Pelna, que no puede hacer nada por defenderse. El tentáculo estampa a Pelna contra una pared, acabando con su vida de golpe.
  Nyx y Lunafreya huyen por los pasillos de la nave.
  —¿Quién la trajo aquí? —pregunta el Glaive.
  —El general Glauca.
  —La han usado de cebo. Pretendían alejarnos de la ciudad.
  Nyx se encuentra con varios de sus compañeros, a los que advierte de que se trata de una trampa. Sin embargo, su respuesta es del todo inesperada: lo atacan sin contemplaciones. Nyx consigue deshacerse de ellos, y no tarda en observar cómo aquello se ha convertido en toda una guerra interna. Un grupo de Glaives está asesinando a traición a todos los demás.
  Aprovechando el caos reinante, el tentáculo reaparece y agarra a Lunafreya. La criatura a la que pertenece es un pulpo monstruoso gigantesco que tenían encerrado en la nave, y al que Nyx no duda en atacar para salvar a la princesa. Gracias al poder de teletransportación, consiguen librarse de sus tentáculos sin muchas dificultades.
  Cuando ya se encuentran sobrevolando Insomnia, Luche se aproxima a ellos a bordo de una pequeña nave imperial. El pulpo coge al Glaive desprevenido, lanzándolo por los aires. Afortunadamente, Nyx consigue ponerse a los mandos de la nave antes de que se estrelle. Lunafreya y él tratan de huir, pero el monstruo ha logrado agarrarse a la pequeña nave, impidiendo que ésta pueda maniobrar con facilidad. En un acto desesperado, Nyx acerca la nave a una especie de mástil enorme, con el que atraviesa al pulpo, quien al fin deja de suponer una amenaza.
  —Lléveme con el rey Regis —pide Lunafreya.
  —¿Se ha vuelto loca? Insomnia es una zona de guerra.
  —Tengo un deber. No puedo incumplirlo.
  —Sí, no es la primera vez que lo oigo…
  —Pues dese prisa —insiste ella.
  —¿Prisa para qué? ¿Para que la maten?
  —No temo a la muerte.
  —Deje ya ese papel de princesita valiente. Rece para que este trasto aguante el viaje.
  —No hay tiempo. Iré por mi cuenta.
  —¿Lleva alas debajo del vestido? No puede usar magia.
  —No sólo la magia hace milagros. No temo a la muerte. Lo que temo es no hacer nada y perderlo todo.
  La princesa salta de la nave en dirección a uno de los balcones del castillo. La alta velocidad de la nave y la distancia no le auguran un feliz aterrizaje, por lo que Nyx se ve obligado a saltar tras ella y utilizar el don Lux para salvarla.
  —Dele las gracias a la magia por este milagro, alteza.

  Mientras tanto, los guardias del castillo están enfrentándose a los soldados de Niflheim.
  —¡El Cristal! —grita Petra a sus compañeros—. ¡Quieren el Cristal!
  Sin el poder de los Glaives a su lado, los guardias no pueden evitar que los soldados imperiales lleguen hasta la sala central del castillo, donde ponen varias bombas que inutilizan la defensa de la ciudad. El Muro desaparece.
  —El Cristal no le servirá de nada —dice Regis a Aldercapt.
  —Ni a usted, en cuanto me lo lleve de esta maldita ciudad.
  Varias unidades magitek acuden en ayuda del emperador, quien se marcha de allí tranquilamente junto a todos sus compañeros humanos, dejando que sean esos soldados robóticos quienes acaben con la mayoría de los dirigentes de Lucis.
  Regis utiliza un hechizo de Rayo que fulmina de golpe a todas las unidades magitek, otorgando a los pocos supervivientes un momento de tranquilidad.
  —Debemos escapar mientras podamos —dice Clarus.
  —No —responde el rey—. Me temo que escapar ya no es una opción.
  Ante ellos acaba de aparecer el general Glauca, con una espada enorme y la ya habitual armadura pesada cubriéndole todo el cuerpo. Clarus y otras cuatro personas se interponen entre Regis y Glauca, dispuestos a dar su vida por el rey.
  —Si queréis marcharos, hacedlo ahora —dice Regis.
  —¿Y abandonar a mi rey? —responde Clarus—. De eso nada. Además, nuestra magia depende de usted. Si cae, Lucis también caerá.
  —Entonces volvamos a la refriega, viejo amigo.
  Glauca elimina a los cuatro primeros rivales de una sola embestida, sin ninguna dificultad, y después ataca a Clarus y Regis. El poderío físico de Clarus y la magia de Regis detienen sus primeros impactos, pero Glauca logra separarlos. El general de Niflheim arroja una espada que atraviesa el torso de Clarus. El Escudo del rey cae al suelo, exhalando su último aliento.
  —Ya tienes el Cristal —protesta Regis—. ¿Qué más quieres arrebatarme?
  Glauca vuelve a atacar, consiguiendo herir al rey en el brazo. El anillo de la familia real cae de su mano y rueda hasta los pies de otro hombre que acaba de entrar a la sala. Es Ravus Nox Fleuret.
  —El anillo de los Lucii… Perdí a mi madre, mi país, mi derecho de nacimiento… Niflheim fue la única vida que me quedó. Y todo ello por esto. Este anillo me pertenece.
  Al darse cuenta de lo que está a punto de suceder, el propio Glauca ataca a Ravus. Pero ya es demasiado tarde. Cuando el hermano de Lunafreya se coloca el anillo en uno de sus dedos, el tiempo se detiene a su alrededor.
  —¡Escúchenme, antiguos reyes de Lucis! ¡Soy Ravus Nox Fleuret! ¡No hay nadie más digno de vuestro poder que yo! —sin embargo, el poder mágico que ha despertado no lo recibe como esperaba—. No… ¿Por qué? ¡¿Por qué me rechazáis?!
  Su mano empieza a arder, una sensación que pronto se extiende por todo el brazo. El anillo vuelve a caer y a rodar, alejándose de Ravus, mientras éste grita de dolor en el suelo.
  En ese momento, Nyx y Lunafreya entran en la sala. Con la ayuda del Glaive, Regis consigue escapar junto a los dos recién llegados. Sin embargo, la huida llega a su fin poco después, cuando el rey se para junto a una pared especial.
  —Luna, esto lleva a un pasadizo secreto. Cuando hayas huido, ve a Altissia. Noctis te espera allí.
  —¿Sabía que esto pasaría? —pregunta Nyx, sorprendido.
  —Sí —reconoce Regis—. Pero era la única forma de alejar su ira de Noctis.
  —¿Así actúa nuestro rey? ¿Sacrifica a los hijos de Lucis para salvar al suyo?
  —Para salvar el mundo —replica Lunafreya.
  Regis pone fin a la discusión; no hay tiempo para debatir.
  —Lleva a Luna a salvo hasta Altissia. No es una orden de un rey a un Glaive; es una súplica de hombre a hombre. Por favor, Nyx Ulric, protégela. Por el futuro de todos.
  Regis extiende la mano hacia Lunafreya, mostrándole su anillo, el Sello de la Luz, que recuperó tras el accidente de Ravus.
  —Toma. Ya es hora de traspasarlo a un nuevo dueño.
  La princesa coge el anillo, mientras Regis utiliza un hechizo que crea una barrera mágica entre él y sus dos acompañantes, además del pasadizo secreto.
  —¡No lo haga! —exclama Lunafreya, comprendiendo lo que pretende el rey.
  —Sé que tu madre habría querido lo mismo que yo: que Noctis y tú seáis felices. Todos estos años cautiva por haberte fallado… No volverá a pasar. No habrá más puertas que sellen tu destino —Regis dirigió su mirada al Glaive—. Nuestra esperanza está contigo, Nyx Ulric. Te deseo suerte.
  Poco después, el general Glauca logra encontrar al rey, quien ya ha dejado de huir. Está decidido a luchar hasta el final, para dar tiempo a Lunafreya y Nyx.
  —Contemplen al rey de Lucis, que acaparaba la tranquilidad entre sus valiosos Muros. ¿Dónde está ahora tu tranquilidad, rey? Ahora hallarás la paz con la rauda caída de mi acero.
  Al igual que hizo con Clarus, Glauca logra derrotar sin dificultades a su oponente, atravesándole el torso con su espadón. El rey Regis Lucis Caelum se desploma sobre el frío suelo del castillo.

Capítulo 8 – El fin de Lucis

  Aldercapt y Ardyn se encuentran a bordo de una nave imperial, listos para marcharse de Insomnia.
  —Bueno, me atrevo a decir que todo ha salido según el plan —dice el emperador—. Hemos derribado el Muro, y la ciudad correrá su misma suerte.
  —Entonces será mejor que partamos —responde el canciller—. El sol está a punto de ponerse, y no tenemos por qué quedarnos a presenciar los terrores de la noche.

  Las naves imperiales aterrizan en Insomnia, donde miles de soldados armados abren fuego sobre los habitantes de la ciudad.
  Pruvia, el líder de la resistencia, se encuentra en la plaza que hay frente al castillo.
  —El juicio final ha comenzado. Es el amanecer de una nueva era.
  Un disparo le impacta en el pecho, dejándolo gravemente herido. Cuando los soldados se han marchado, Libertus encuentra a Pruvia tirado en el suelo, aún con vida.
  —¿Te encuentras bien?
  —Al fin somos libres…
  —¿Libres? ¿Cómo que somos libres?
  —El Imperio. Nos lo prometieron. Este distrito es nuestro. Para todos los refugiados. Es nuestro nuevo hogar.
  —¡¿Hiciste tratos con Niflheim?!
  —Toma —Pruvia le entrega un comunicador—. Reúnete con los demás. Eres el héroe de nuestra revolución, hermano.
  Libertus acaba de descubrir que el grupo autodenominado “la resistencia” trabajaba en secreto con el Imperio…, y han utilizado la información confidencial que Libertus compartió con ellos para perpetrar su ataque.

  Nyx y Lunafreya huyen en coche, cuando una nave imperial les da alcance. A bordo viajan varios Glaives, quienes abren fuego contra ellos. La princesa se pone al volante mientras Nyx lanza su daga a la nave, intentando usar el don Lux para teletransportarse. Sin embargo, tal y como Nyx suponía que ocurriría tras la muerte del rey, su poder ha desaparecido.
  —Nada de distorsiones esta vez, héroe —dice Tredd Furia, uno de los traidores.
  A su lado se encuentran otros dos Glaives: Axis Arra y Sonitus Bellum.
  Cuando Nyx vuelve a tomar los mandos del coche, descubre que una camioneta de la Guardia real los sigue muy de cerca. Es Petra Fortis.
  —Estás destrozando mi ciudad, Glaive. Te dije que no te hicieras el héroe. Yo me ocupo de la nave. Ya veo que tú tienes que ocuparte de la realeza.
  Petra saca una ametralladora por la ventanilla y comienza a disparar, obligando a la nave de Tredd Furia y demás Glaives a cambiar ligeramente el rumbo. Gracias al Guardia real, Nyx y Lunafreya consiguen escapar de los traidores. Por desgracia, no tardan en ser encontrados por unidades magitek, que logran volcar el coche. Nyx y Lunafreya se refugian en un edificio cercano, huyendo de los disparos.
  —¿Qué ha hecho para cabrearlos tanto? —pregunta el Glaive.
  —No vienen a por mí. Quieren el anillo.
  —¿Qué tiene ese anillo de especial? Y no me diga “que el futuro depende de él”.
  —El anillo comulga con los Lucii, y contiene un gran poder.
  —¿Qué poder? —insiste Nyx.
  —Uno prohibido. Sellado dentro del anillo hace mucho.
  El Glaive cree saber a qué se refiere la princesa de Tenebrae.
  —¿El Antiguo Muro? Creía que era un cuento de niños.
  —Le aseguro que no lo es. Pero los Lucii conceden su poder sólo a los que consideran dignos.
  —Entonces, el tipo que se lo puso antes, no fue considerado digno, supongo.
  —…Era mi hermano. Estos doce últimos años han cambiado a Ravus. Está atado al pasado y perdido en su codicia de poder.
  Ambos se quedan en silencio unos segundos. Finalmente, es Nyx quien habla.
  —Yo también tenía una hermana pequeña. Se llamaba Selena. La mataron cuando llegó el Imperio. No pude salvarla. Me sentía tan impotente como ahora. No pude enseñarle el futuro que quería.
  —El poder verdadero no lo hallan aquellos que lo buscan. Es algo que llega a quienes lo merecen. Su hermana también quería que usted viera un futuro. Cualquiera querría lo mismo para sus seres queridos.
  Varios monstruos voladores irrumpen sorpresivamente por la ventana.
  —¡¿Cómo nos han encontrado?!
  Nyx se encarga de ellos. Al examinarlos, descubre el motivo.
  —El pasador. Pueden rastrearlo. Démelo.
  Lunafreya se lo entrega, instantes antes de que una nueva oleada de monstruos acuda a su encuentro. Nyx y Lunafreya logran deshacerse tanto de las criaturas como del localizador.
  —Si los Lucii existen —protesta él—, no parece importarles que destrocen su ciudad.
  Sin tiempo para descansar, una voz suena por el pinganillo que Nyx lleva en la oreja.
  —Aquí Drautos, ¿me oyes?
  —Más oportuno imposible, capitán.
  —Reúnete con los demás en la Sección D, ¿entendido? Tengo un equipo de evacuación preparado.
  Nyx acude tan rápido como puede, pero se encuentra con que aquella zona está vacía.
  —¡Soy Ulric! ¡Tengo a la princesa! ¡Está viva, sana y salva!
  Sin embargo, no es Titus Drautos quien aparece, sino Luche Lazarus…, saludando a Nyx con un disparo en el pecho.
  —Eres un luchador incansable, Nyx, te lo reconozco. No sé cómo sigues moviéndote con esa bala de punta hueca en el cuerpo. Crowe no hacía más que gritar cuando una le reventó las entrañas.
  —¿…Por qué lo hiciste?
  —Porque los Glaives no son nada. Carne de cañón de un anciano, que mandan a luchar por Insomnia, mientras nuestro hogar está encadenado.
  —Niflheim te quitó tu casa. ¡Nos la quitó a todos!
  —Nunca has sido demasiado listo. Podrías haber tenido un nuevo futuro con el Imperio.
  Luche deja a Nyx retorciéndose de dolor en el suelo, y corre tras Lunafreya, a la que no tarda en acorralar.
  —No tienes escapatoria, princesa. Dame el anillo —ella se lo entrega—. Tantos muertos por algo tan diminuto… Pero ¿por qué? ¿Para qué?
  —Poder —responde Lunafreya—. Un poder inmenso que tú jamás podrás controlar.
  Luche, tentado por ese poder, decide ponerse el anillo. Mala decisión. Rechazado por los Señores de Lucis, su cuerpo entero comienza a arder. Pronto, del Glaive traidor no quedan más que cenizas.
  Lunafreya coge el anillo del suelo y regresa junto a Nyx.

Capítulo 9 – Poder oculto

  El capitán Drautos llega a la Sección D, donde encuentra a Nyx malherido. Sin embargo, antes de que pueda acercarse a él, un coche lo embiste, aplastándolo contra una pared. El conductor, que no es otro que Libertus, sale volando por los aires cuando Drautos utiliza su poder secreto: una armadura gruesa recubre todo su cuerpo. ¡Titus Drautos es el general Glauca!
  —Se acabó. Han liberado a los cadentes. Lucis ha caído. Entregadme el anillo.
  Lunafreya, quien ha regresado al lado de Nyx, está dispuesta a arriesgarse a utilizar el poder del anillo.
  —Usted tiene un destino que cumplir —Nyx la detiene—. Además, ¿no se lo han dicho? Yo soy el héroe aquí.
  Nyx arrebata el anillo a la princesa y se lo pone. El tiempo se detiene.
  —¡Muéstrense, reyes de Lucis!
  Los espíritus de los Lucii aparecen a su alrededor.
  —Has invocado a los guardianes del futuro de este mundo, mortal. Si ansías nuestro poder, antes debes someterte a nuestro juicio.
  —¡¿Cuánto seguirán sin hacer nada mientras Insomnia arde?! —protesta Nyx—. ¡Invoquen al Muro!
  —Tú no das las órdenes. Ni siquiera tienes sangre real. No es nuestro deber proteger la ciudad. Los hombres son ilusos que se aferran al pasado y temen al futuro. Malgastan sus fuerzas por los días pasados.
  —¿Y qué futuro guardan ustedes?
  —No tienes visión. Nunca podrás ver más allá del presente.
  —Esperen —dice otra voz—. He visto lo que su valiente alma es capaz de hacer. Él también quiere salvaguardar el futuro.
  —Majestad… —Nyx ha reconocido esa nueva voz: es Regis.
  —Muy bien, joven rey —dice el primer Lucii—. Valoraremos la valía de tu guerrero. Pero nuestra bendición tiene un alto precio. Te costará una vida: la suya —la imagen de Libertus aparece ante sus ojos—, o la de ella —ahora lo hace Lunafreya.
  —No —replica Nyx—. A la mierda su poder. No he venido a reclamarlo. Sólo he venido a decirles que no son reyes.
  —Hemos sopesado tu valía y nos parece insuficiente. Arde.
  Una llama recubre la mano de Nyx, aunque él no deja de reír.
  —¡Van a perder su anillo! Pero aún están a tiempo de salvarlo…
  —¿Ofreces tu vida a cambio, mortal?
  —No, no… Mi vida no vale nada. Dar un futuro a los que quieren verlo… Eso es todo lo que me importa.
  —No sientes temor, aunque tu futuro esté condenado. Si dicho sentimiento no es falso, quizá tengas cierta valía. Te otorgaremos nuestra luz. Pero debes saber que desaparecerá al amanecer. Y el precio por ella será tu vida.
  —Son duros negociadores —bromea el Glaive—. ¿Dónde hay que firmar?
  Cuando los Lucii desaparecen y el tiempo vuelve a la normalidad, Nyx descubre que se ha vuelto mucho más poderoso. Puede utilizar los mismos hechizos que el rey Regis. Eso pilla por sorpresa a Glauca, al que deja incapacitado.
  Libertus, parcialmente recuperado del fuerte golpe, se acerca a ellos.
  —Nyx… Lo siento.
  —No lo sientas. Me has salvado. Ahora estoy en deuda contigo.
  —Para variar…
  —Necesito que me hagas otro favor. Ella es Lunafreya Nox Fleuret, futura esposa de nuestro amado príncipe. Tiene el destino del mundo en sus manos. Mantenla a salvo; sácala de Insomnia. Ah, casi se me olvida —Nyx se quita el anillo y se lo entrega a la princesa—. Salude al príncipe Noctis de mi parte. Libertus la cuidará a partir de ahora.
  —¿Qué pasará con usted?
  —Debo seguir las órdenes del rey.
  —Le entregaré el anillo a Noctis —Lunafreya asiente—. El futuro estará a salvo, se lo juro.
  Antes de separarse, Libertus devuelve a Nyx un objeto que encontró entre los restos de un accidente: es la daga que Nyx lanzó a la nave imperial durante su huida en coche. Libertus la recogió cerca de los restos de una camioneta de la Guardia real, entre varios cadáveres: Petra, Tredd, Axis, Sonitus…
  —¿Piensas salir de la ciudad a puñetazos? —Nyx rechaza el ofrecimiento—. Llévatela. Ahora estamos en paz.
  —Arreglaremos cuentas cuando vuelvas a Galahd —responde Libertus—. Estaremos esperándote.
  —Cuento contigo, héroe.
  Glauca vuelve a ponerse en pie, por lo que Libertus y Lunafreya se marchan sin perder ni un segundo, utilizando el coche en que la princesa y Nyx llegaron a la Sección D.
  Pese a no tener el anillo, Nyx conserva los poderes de los reyes de Lucis. El combate entre ambos está igualado.
  —Ha regresado el poder de los Lucii —dice Glauca—. No importa. Es demasiado tarde. ¿Qué esperas conseguir? Un hombre contra un imperio. Contra los cadentes. ¿Cómo salvarás Insomnia sin un Muro que te proteja?
  —No lo entiendes. No lucho para salvar Insomnia.
  Mientras ambos se enfrentan en combate, varios cadentes gigantescos están destruyendo la ciudad. Al frente de ellos va el mismo monstruo que permitió a Niflheim poner fin a la batalla contra los Glaives, conocido como “demonio”. Para contrarrestar la ofensiva, Nyx usa el poder de la luz para activar los guardianes de Insomnia, unas enormes estatuas de piedra que cobran vida.
  —Así que ése es el poder del Antiguo Muro —dice Ardyn, que observa todo desde una de las naves imperiales—. Magnífico.
  Poco a poco, los guardianes de Insomnia se imponen a los cadentes, aunque el combate entre Nyx y Glauca sigue igualado.
  —¿Por qué lo hiciste? —pregunta Nyx.
  —Lucis, Niflheim… No importa a quién nos enfrentamos, sino por qué. Luchamos por nuestro hogar. Sólo a él le debemos lealtad.
  —¡¿Cómo has podido servir al Imperio después de todo lo que han hecho?!
  —No los culpo por tomar lo que les fue entregado. Culpo al hombre que se lo entregó. El hombre que se ocultó tras su Muro, y nos abandonó para salvar su trono y a su hijo. Dame el anillo y nuestra patria volverá a ser libre. El Imperio lo ha prometido.
  —No veo mucho futuro a esa promesa…
  —No seas iluso. Salva a tus amigos. Dale paz a tu hermana fallecida. ¿Acaso no luchas por eso?
  Nyx consigue destrozar parte de la armadura de Glauca, a lo que éste responde causándole una herida profunda en uno de sus brazos.
  Aprovechando que Nyx se ha visto obligado a detenerse para recuperar fuerzas, Glauca cambia de objetivo: quiere evitar que la princesa huya con el anillo. Gracias a su poder sobrehumano, no tarda en dar alcance al coche conducido por Libertus. El general salta al lateral derecho del vehículo y consigue romper el cristal, con la intención de agarrar a Lunafreya. La princesa se pone al volante mientras Libertus se abalanza sobre él, consiguiendo clavarle la daga de Nyx en el hombro. Sin reducir la velocidad, Lunafreya pega el coche a uno de los laterales de la carretera, estampando a Glauca contra un muro. Pero ni siquiera con eso consiguen deshacerse de él.
  Afortunadamente, una de las estatuas de Insomnia se planta frente a ellos y ataca a Glauca, logrando que, por fin, deje en paz a Libertus y Lunafreya. El Glaive y la princesa consiguen huir de allí sanos y salvos.
  Tras perder el coche de vista, el general de Niflheim regresa junto a Nyx. Los primeros rayos de sol de la mañana advierten de que los poderes de la luz otorgados a Nyx están llegando a su fin.
  —¿Dónde está el poder de tus reyes ahora? —pregunta Glauca—. Te han dado una responsabilidad que no puedes asumir. Ya te lo dije: querer salvar el mundo no te hace ganar guerras.
  Usando sus últimas fuerzas, los dos hombres se lanzan al ataque. La fuerza de Glauca contra la magia y agilidad de Nyx. Tras un largo intercambio de golpes, ambos terminan agotados.
  —Por mi patria —dice Glauca—, combatí y maté a las órdenes de un rey al que detestaba. Y, aun así, me traicionó. Nos traicionó a todos.
  —Todos luchamos por la misma causa —responde Nyx—. Pero tú sólo piensas en el pasado. No ves el futuro.
  —A diferencia de ti, yo aprendo de la historia.
  —Eres un esclavo del pasado.
  —El pasado es el orgullo de un hombre.
  —No. Mi orgullo es crear el futuro.
  Nyx consigue clavar su daga en el pecho de Glauca, en el mismo momento en que el demonio es derribado por los guardianes de Insomnia. El general cae al suelo, herido de gravedad.
  —El rey Regis hizo lo que hizo por el futuro —dice Nyx—. Gracias a él, nuestros hogares aún tienen esperanza.
  —Esperanza… —Glauca apenas puede mantener los ojos abiertos.
  Nyx se sienta en el suelo, contemplando la salida del sol.
  —Hay formas peores de morir. Gobierna bien, joven rey.
  Titus Drautos, tirado entre las ruinas de Insomnia, y Nyx Ulric, sentado a pocos metros de él, exhalan su último aliento casi al mismo tiempo.

Capítulo 10 – El inicio del viaje

  Cuando Libertus y Lunafreya alcanzan la salida de Insomnia, la princesa le pide que detenga el coche.
  —Debemos separarnos aquí.
  —¿Por qué?
  —No puedo viajar en secreto al lado de un héroe tan grande como usted. Y yo también debo cumplir la promesa que le hice a Nyx. Rezo para que vuelvan a verse pronto.
  —Sí… —en el fondo, ambos saben que eso no ocurrirá jamás.
  —Gracias, Libertus.
  Lunafreya se aleja de allí caminando.
  —¡Eh, reina! ¡El rey y usted siempre serán bienvenidos en Galahd! ¡Nyx y yo estaremos esperándolos!
  La princesa asiente con la cabeza, y se une a un grupo de supervivientes que abandonan la devastada Insomnia en busca de un nuevo hogar.

  Lejos de allí, cuatro personas viajan a bordo de un coche.
  —Ha pasado mucho tiempo —dice el copiloto al chico que tiene detrás—. ¿Te acuerdas de la última vez que viste a Lady Lunafreya?
  —Hace unos doce años.
  —¿Qué tenías, ocho años? —pregunta el conductor—. Erais niños.
  —Espero que no se haya hecho ilusiones —dice el cuarto.
  —¿Por qué no?
  —Intenta controlarte cuando la conozcas.
  —Espera ver a un joven príncipe —añade el copiloto.
  —Dime algo que no sepa…
  —Estamos hablando de tu boda, Noc. Tómatelo en serio.
  La animada charla se ve interrumpida cuando el coche empieza a hacer unos ruidos extraños, y se detiene lentamente…

Enlaces:

Introducción
Parte 1: Prólogo, Dramatis personae, capítulos 1-10
Parte 2: Un cuento del rey
Parte 3: Cosmogonía, Academia de Eos, capítulos 11-30
Parte 4: capítulos 31-51
Parte 5: capítulos 52-72

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:28: :29: :30: :31: :32: :33: :34: :35: :36:
:37: :38: :39: :40: :41: :42: :43: :44: :45:

  

  

  

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