Guía argumental de Final Fantasy X – Parte 1

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“Escuchad mi historia. Puede ser nuestra última oportunidad.”

Capítulo 1 – La llegada de Sinh

  —Había huido de casa y estaba en una cafetería cuando me enteré. Jecht, nuestro héroe, había desaparecido. Mi padre lo idolatraba; yo sabía cómo se sentiría… Me dije: “Zanar, ¿a qué esperas?” Volví corriendo a casa y hablamos de Jecht toda la noche. Nunca había hablado tanto con mi padre… ¡Vaya, me he puesto nostálgico! —el locutor de radio coge aire antes de continuar con la emisión—. ¡Han pasado diez años, y hoy es la final de la Copa Jecht! Los Abes de A-Este contra los Duggles de C-Sur. Sé que muchos han venido a ver a la estrella de los Abes. En un año se ha convertido en el as del equipo. Lleva la sangre de Jecht, y es el futuro del blitzbol. ¿Qué sorpresa nos dará hoy? ¿Veremos el chut legendario de su padre? ¡Qué emoción, amigos!
  La ciudad de Zanarkand está tan animada como siempre que se disputa un partido de blitzbol. Todos esperan ver al hijo de Jecht en acción, luchando por ganar la copa que lleva el nombre de su desaparecido padre, el mejor jugador de blitzbol de la historia.
  Un grupo de aficionados espera a Tidus, que así se llama el chico, en la puerta de su casa. Las adolescentes suspiran por él y los niños están deseosos de obtener su autógrafo. Tidus se detiene a cumplir cada una de sus peticiones antes de marchar hacia el estadio, no sin antes observar a un niño raro con capucha, que permanece en silencio con la mirada clavada en la estrella de los Zanarkand Abes.
  Por el camino, Tidus contempla con desprecio las enormes imágenes de su padre que adornan la ciudad. No comparte el cariño que el resto de habitantes de Zanarkand sienten por Jecht, ya que no mantenían una buena relación. Además, la madre de Tidus entró en depresión y murió poco tiempo después de la desaparición de Jecht, dejándolo huérfano desde muy joven.
  Una vez en el estadio, Tidus se prepara para el inicio del partido. El blitzbol es un deporte subacuático disputado en el interior de una gran esfera llena de agua. Los jugadores tienen la capacidad de aguantar varios minutos sin respirar, por lo que pueden permanecer buceando durante todo el partido. Juegan seis jugadores por equipo, los partidos se dividen en dos tiempos (con la posibilidad de hacer cambios en el descanso), y el balón está hecho de un material que permite su avance por el agua a gran velocidad. Una vez que se inicia el partido, está casi todo permitido: el balón se puede desplazar con las manos o con los pies (el objetivo es introducirlo en la portería rival), y no hay faltas ni nada parecido. Es un deporte bastante violento.
  Sin embargo, el verdadero peligro viene de muy lejos del estadio; concretamente del mar. Una gigantesca ola está a punto de engullir media ciudad, y, por si fuera poco, de dentro de la ola empiezan a salir ondas de energía que causan enormes explosiones allá donde impactan. Una de ellas derrumba casi por completo el estadio de blitzbol, matando a la mayoría de los allí presentes.
  Tidus consigue sobrevivir por los pelos, aunque se encuentra desorientado y sin saber adónde ir. Mire donde mire, hay gente gritando y corriendo de un lado para otro. Todos menos un hombre, que permanece inmóvil a pocos metros de Tidus. Llaman la atención sus gafas de sol, su anticuada garrafa con bebida y su aspecto desaliñado. Parece un hombre de otra época. También destaca, por encima de eso, su tranquilidad. No parece asustado por aquella horrible situación. Es como si simplemente estuviera ahí esperando a alguien, sin dar importancia a todo lo demás.
  Tidus reconoce inmediatamente a aquel hombre. Era amigo de Jecht.
  —¡Auron! ¿Qué haces aquí?
  —Te esperaba.
  —¿De qué hablas?
  Auron se aleja del estadio, y Tidus se apresura a seguir sus pasos. Sin embargo, la situación está a punto de volverse más extraña aún: de repente el tiempo se detiene. Todos los habitantes de Zanarkand quedan inmóviles. Todos menos dos: Tidus y el niño encapuchado de antes.
  —Va a empezar —susurra el niño—. No llores.
  El tiempo vuelve a fluir con normalidad. El niño encapuchado no está por ninguna parte, pero no hay tiempo para hacerse preguntas. Hay algo mucho más alarmante: dentro de la ola gigante se encuentra un monstruo de proporciones colosales.
  —Lo llamábamos Sinh —dice Auron.
  Una pequeñísima parte de Sinh (del tamaño de un autobús, para que os hagáis una idea…) se desprende de su cuerpo y cae sobre Zanarkand, soltando por sus calles a un centenar de pequeños monstruos. Auron, que estaba preparado para esto, saca dos espadas: la suya y…
  —Toma —le hace entrega de una espada más corta, de filo rojizo—. Un regalo de Jecht.
  —¿De mi viejo?
  —Espero que sepas usarla.
  Aunque a Tidus le cuesta aprender a manejarla, Auron y él consiguen abrirse paso a base de espadazos. Finalmente llegan hasta la parte de Sinh que se desprendió; es un brote con vida propia, llamado Emús. Entre ambos logran exterminarlo, especialmente gracias a la gran fuerza del amigo de Jecht.
  —¡Vámonos de aquí, Auron!
  —Nos están esperando.
  —¿Eh?
  El peligro está muy lejos de terminar, pues Sinh continúa enviando monstruos a las calles de Zanarkand. Una nueva oleada de enemigos rodea a Tidus y Auron, que se ven enormemente superados en número. Se encuentran en medio de una carretera elevada, como si fuera un puente, por lo que no tienen escapatoria.
  —Esto no me gusta… —Auron mira a su alrededor—. Haremos caer esa cosa.
  Auron señala hacia una máquina accidentada a un lado de la carretera.
  —¿Por qué? —pregunta Tidus.
  —Confía en mí.
  Ambos dirigen sus ataques a la máquina, provocando una explosión que derrumba parte de la carretera, acabando así con los monstruos cercanos. El problema es que el derrumbe de la carretera también alcanza a Tidus, que queda colgando de un saliente. Auron se acerca a él con calma; no parece muy interesado en ayudarlo.
  —Ésta es tu historia. Todo empieza aquí.
  Tidus queda cegado por una potente luz que los absorbe a ambos.

Capítulo 2 – En tierra desconocida

  “Pensé en muchas cosas: dónde estaba, qué había pasado… La cabeza me daba vueltas y tenía sueño. Creo que soñé. Soñé que estaba solo. Quería estar con alguien… para dejar de sentirme solo.”

  Cuando Tidus abre los ojos, se encuentra tirado sobre una roca, junto a las ruinas de un enorme templo antiguo. Nunca había visto un lugar como ése.
  —¡¿Alguien me oye?! ¡Auron!
  No hay respuesta. Aunque no sepa dónde está ni cómo ha llegado hasta allí, sí que sabe algo: está solo.
  Parte del templo se encuentra sumergido bajo el agua, donde unos monstruos dan la bienvenida al chico. Tidus puede hacer frente a los pequeños con la espada que le ha regalado Auron, pero pronto descubre que allí se oculta un enemigo muy poderoso, contra el que no tiene ni la más mínima posibilidad.
  Gracias a sus excelentes habilidades de buceo, Tidus consigue escapar de la bestia marina y refugiarse en el interior del templo, donde puede salir a la superficie. Por desgracia, la situación allí no es más fácil, pues es atacado por un veloz monstruo llamado Krik. Huir no es una opción; ¿es éste el final del viaje para Tidus…?
  De pronto, un grupo de hombres fuertemente armados irrumpe en el templo. Al frente de ellos va una chica cubierta por una moderna armadura ligera, con apariencia de traje de buceo, de la que sólo sobresale su rubia coleta. Con su ayuda (y la de sus granadas), derrotar al monstruo es cuestión de segundos.
  Tidus respira aliviado, creyéndose a salvo. Error. Uno de los hombres lo agarra del pelo mientras los demás le apuntan con sus armas de fuego. Hablan entre ellos en un idioma que Tidus desconoce, así que no puede responder a sus preguntas. Tras un corto debate entre ellos, la chica golpea a Tidus a traición y lo deja inconsciente.
  Los hombres arrastran al chico hasta un barco, el “Zalvage”, donde espera quien parece ser el líder del grupo: un hombre rubio con el torso lleno de tatuajes. El hombre intenta comunicarse con Tidus mediante gestos, pero éste no consigue entender nada.
  —¿Hu cypac rypmyn? Yoútyhuc o da tazynasuc xiatynda.
  —No entiendo ni jota…
  —Dice que puedes quedarte si nos ayudas.
  Al parecer, la chica es la única que conoce ambos idiomas. Tidus no tiene más remedio que aceptar el trato. Cualquier cosa mejor que ser disparado y abandonado en aquel lugar.
  —Encontramos unas ruinas en el fondo del mar —explica ella—. Es maquinaria antigua, pero quizá aún funcione. Bajaremos a activarla. ¡Y quizá encontremos algún tesoro!
  Tidus y la chica se sumergen en el agua y descienden hasta las ruinas. Pese al aspecto anticuado de su arquitectura, afectada por la humedad y el paso del tiempo, la tecnología del interior parece muy avanzada. Tras comprobar que la maquinaria hundida funciona, ambos se disponen a abandonar las ruinas, pero un monstruo con aspecto de pulpo, Thros, bloquea la salida.
  Tidus y la chica no sólo pueden aguantar durante un largo tiempo bajo el agua, sino que también son capaces de luchar, él con su espada y ella con su guante especial (además de las granadas). Tras hacer puré de pulpo, regresan nuevamente al barco.
  Aunque la mayoría de aquellos hombres se muestran desagradables con Tidus, la chica parece más amable. Incluso le lleva comida y bebida a la cubierta, ya que no le dejan acceder al interior del barco.
  —Yo soy Tidus. ¿Cómo te llamas?
  —Rikku.
  —¡De verdad entiendes lo que digo! —Tidus lo celebra—. ¿Por qué no me lo habíais dicho antes?
  —Pensábamos que eras un ahaseku.
  —¿Un qué?
  —Oh, quería decir un “enemigo”.
  —¿Y vosotros quiénes sois?
  —Somos albhed. ¿No te has dado cuenta? —Rikku lo mira extrañada—. Oye, tú no odias a los albhed, ¿verdad?
  —¿Odiarlos? ¡Ni los conozco!
  —¿De dónde eres?
  —De Zanarkand. Soy jugador de blitzbol. ¡El as de los Zanarkand Abes!
  —¿…Te has dado un golpe en la cabeza?
  —¡Me habéis golpeado vosotros!
  —Ya, bueno… ¿Recuerdas algo antes de eso?
  Tidus cuenta a su nueva amiga todo cuanto recuerda: sobre cómo es la vida en Zanarkand, sobre el ataque de Sinh y sobre la luz que los engulló a Auron y a él. Sin embargo, Rikku sigue sin creerse la historia.
  —Has estado cerca de Sinh… ¡Pero no te preocupes! Pronto estarás mejor. Dicen que Sinh te trastorna la cabeza. A lo mejor lo has soñado.
  —¿Estoy… enfermo?
  —Tienes la toxina de Sinh.
  —¿Estás segura?
  —¡Claro! ¡Si Zanarkand ya no existe! La destruyó Sinh hace mil años, así que ya nadie juega al blitzbol ahí.
  —¡¿Qué?! ¿Cómo que hace mil años? ¡Yo vi cómo Sinh atacaba Zanarkand hace unas horas! ¿Dices que eso ocurrió hace mil años? ¡Qué va!
  Rikku decide cambiar de tema. De nada sirve discutir con un “enfermo”.
  —¿Has dicho que juegas a blitzbol? Entones debes ir a Luca. Quizá alguien sepa quién eres, o encuentres a algún conocido.
  —¿Luca?
  —…Está bien, no te preocupes. Te llevaré a Luca. Hablaré con los demás. Ah, un consejo: no le digas a nadie que vienes de Zanarkand. Es un lugar sagrado de Yevon y quizá alguien se enfade.
  Ahora es a Tidus al que le cuesta creerse lo que oye. ¿Zanarkand, lugar sagrado? ¿Qué significa “Yevon”? Sus pensamientos se ven interrumpidos por un temblor. Un enorme torbellino aparece en el mar, obra de Sinh. El barco se tambalea de un lado para otro, haciendo caer a Tidus al agua. Los demás observan desde la cubierta, sin poder hacer nada, cómo el torbellino se traga al muchacho…

Capítulo 3 – Besaid

  La corriente marina arrastra a Tidus hasta una isla que le resulta desconocida. Una persona normal no habría podido sobrevivir a aquello, pero recordemos que Tidus es capaz de aguantar mucho tiempo sin respirar
  Cuando se encuentra a pocos metros de tierra firme, un balón de blitzbol impacta sobre su cabeza. Tidus levanta la mirada y se encuentra con todo un equipo que está practicando en la arena. Tidus decide devolverles el balón con uno de sus mejores chuts, dejando impresionados a todos los allí presentes.
  —Eres profesional, ¿verdad? —pregunta el que parece ser el capitán—. ¿Para qué equipo juegas?
  —¡Zanarkand Abes!
  —¿…Cómo has dicho? —todos se miran entre sí.
  Tidus recuerda el consejo de Rikku: “no digas a nadie que vienes de Zanarkand”.
  —¡Nada, no me hagáis caso! Estuve cerca de Sinh, y la cabeza me da vueltas. No sé de dónde vengo ni dónde estoy.
  —Te ha intoxicado Sinh… —responde con tono triste—. Pero al menos estás vivo. ¡Alabado sea Yevon! —los jugadores hacen una reverencia—. Soy Wakka, capitán de los Besaid Aurochs.
  Wakka propone a Tidus acompañarlo hasta Besaid, pueblo que da nombre a su equipo, y que se encuentra muy cerca de allí. Como Wakka parece un hombre en el que se puede confiar, Tidus decide hacerle un par de preguntas sobre lo que escuchó de Rikku.
  —¿Es verdad que Zanarkand fue destruida hace 1000 años y que sólo quedan ruinas?
  —En la antigüedad había muchas ciudades mecanizadas en Spira —así se llama el mundo en el que están—. La gente se divertía noche y día, mientras las máquinas trabajaban. Después… vino Sinh y destruyó las ciudades. Incluso Zanarkand. De eso hace unos 1000 años, como has dicho. Sinh es nuestro castigo por pasarnos de la raya. Lo que me pone malo es que tengamos que sufrir por aquellos tíos. Sé que debemos pagar por nuestros pecados, pero a veces cuesta aceptarlo —Wakka se echa a reír—. ¡Eso de los Zanarkand Abes ha estado muy gracioso! Quizá ese equipo haya existido alguna vez… Viviendo con todo ese lujo, seguro que eran malísimos.
  Aunque aquella historia sobre Sinh y Zanarkand sea cierta, Tidus confía en que haya alguna forma de volver a su hogar. Si Sinh fue capaz de transportarlo hasta allí, ¿podría hacerlo en sentido inverso?
  —Quiero pedirte un favor —dice Wakka.
  —Que juegue para tu equipo, ¿verdad?
  —Habrá un gran campeonato de blitz. Jugarán equipos de toda Spira. Habrá tanta gente, que sin duda alguien te reconocerá.
  No parece mala idea, por lo que Tidus acepta unirse a los Aurochs en aquel torneo.
  Finalmente llegan a Besaid, un poblado que nada tiene que ver con la Zanarkand de Tidus. No hay vehículos, ni edificios altos, ni forma alguna de tecnología avanzada.
  —Aquí nací —explica Wakka—. A los cinco años ya jugaba al blitz. A los trece entré a los Aurochs. Hace ya diez años de eso. Diez años… y no hemos ganado ni un solo partido. Tras el campeonato del año pasado, me retiré. Pensé que ya era hora. Después de retirarme conseguí otro trabajo. Pero me distraía mucho pensando en el blitz…
  —Claro, con diez años sin ganar…
  —En el primer partido del año pasado estuvimos cerca, pero tenía otra cosa en la cabeza.
  —¡Buena excusa! Así que quieres desquitarte ganando la próxima vez, ¿eh?
  —No me importa cómo quedemos mientras juguemos bien. Si nos esforzamos al máximo, estaré contento.
  —No, no, no —le corta Tidus—. Si te preguntan tu objetivo, di “¡ganar!”. Si vas a un campeonato, debes jugar por el primer puesto.
  —¡¿El primer puesto?! ¿En serio?
  Ahora ambos se encuentran motivados para el torneo. Pero eso tendrá que esperar. porque antes hay mucho que ver y conocer…

Capítulo 4 – La Legión

  Nada más llegar, Tidus se encuentra con dos hombres que le advierten de los peligros de los monstruos que rondan por la zona.
  —Son Luzzu y Gatta, de la Legión —explica Wakka.
  —¿La qué?
  —¿Has olvidado eso también? Si quieres saber de la Legión, tienen un albergue en el pueblo.
  Antes de separarse, Wakka le recuerda a Tidus cómo hacer la señal sagrada, un saludo muy importante para cualquier persona religiosa. Más le vale acordarse, porque no hacerlo podría atraer demasiadas malas miradas. A Tidus le sorprende reconocer aquella señal: es idéntica a una pose de victoria del blitzbol en Zanarkand.
  —Ahora ve a rendir tributo a los invocadores del templo.
  Tidus asiente, por no llevar la contraria a Wakka, aunque tampoco sabe nada acerca de esos “invocadores”. Antes de pasarse por el templo decide investigar un poco sobre la Legión, entrando a su albergue.
  —Te ha atacado Sinh hace poco, ¿verdad? —le pregunta Gatta—. Entonces no puede estar muy lejos… ¿Nos ocultas algo?
  —¡Claro que no!
  —Si Sinh estuviera cerca, atacaría la isla —añade Luzzu, que parece ser el de mayor rango de los dos—. Pero no lo ha hecho, me pregunto por qué.
  —Lo siento, no sé nada. Ni siquiera sé qué es la Legión.
  Al igual que Rikku y Wakka, Luzzu atribuye sus “problemas de memoria” a la toxina de Sinh, y ordena a Gatta explicarle en qué consiste la Legión:
  —Los legionarios juramos luchar contra Sinh. Tenemos cuarteles en toda Spira y aceptamos cualquier voluntario. Hace 800 años, el héroe Miihen fundó los Sables Escarlatas. La organización creció, y ahora se llama la Legión.
  —¿Habéis luchado contra Sinh durante 800 años sin poder derrotarlo?
  Gatta no sabe qué responder para defenderse, por lo que es Luzzu quien contesta:
  —Muchas veces hemos alejado a Sinh de las poblaciones. Pero eso es todo. Nadie ha podido derrotarlo de forma permanente. Nuestra misión es defender los templos, los pueblos y a la gente de Spira.
  —¿Entonces quién derribará a Sinh?
  —Podría decírtelo, pero es mejor que trates de recordar. Ve a rezar al templo. Quizá Yevon te ayude.
  Tidus escucha a los legionarios hablar sobre los preparativos de “el Plan para derrotar a Sinh”, aunque no se atreve a preguntarles más detalles. Más adelante obtendrá respuestas; ahora debería hacer caso a Wakka y Luzzu, y encaminarse al Templo de Besaid.

Capítulo 5 – Templo de Besaid

  Tidus se queda impresionado con el interior del templo. Lo que más le llama la atención son las cuatro grandes estatuas que adornan el lugar, cada una representando a una persona: Ohalland, Gandof, Yocun y Braska. Mientras las contempla, un monje se acerca a él.
  —Hace diez años que Braska se convirtió en alto invocador, y por fin nos ha llegado su estatua.
  —¿Qué es un alto invocador?
  Todos los allí se presentes se giran hacia él, murmurando y con cara de asombro.
  —Es que… me ha intoxicado Sinh… —esa excusa le vale para todo.
  —Los invocadores usan un arte secreto para proteger al pueblo de Yevon. Estos elegidos controlan entes de gran poder llamados “eones”. Los eones responden a nuestros rezos. Son la bendición de Yevon.
  Todavía con la cabeza llena de dudas, Tidus se vuelve a reunir con Wakka, quien le ofrece su cama para que pueda dormir un rato.

  Tidus sueña con una situación que vivió de pequeño. Su padre acababa de desaparecer, pero el niño no parecía muy preocupado.
  —¿Qué más da si vuelve o no?
  —¡Podría morir! —le respondió su madre.
  —¡Pues que muera!
  —¿Tanto… tanto lo odias? Si muere, nunca podrás decirle cuánto le odias.

  Cuando Tidus despierta, Wakka no está en la casa. Tras una corta búsqueda, lo encuentra en el templo con cara de preocupación.
  —¿Pasa algo? —pregunta Tidus.
  —La invocadora aún no ha vuelto de la Prueba. La aprendiz, quiero decir. Los aprendices deben pasar la Prueba y después rezar. Si sus rezos son escuchados, se convierten en invocadores.
  —Creo que lo entiendo: alguien entró ahí y aún no ha salido.
  —Ya ha pasado un día.
  —¿Es peligroso?
  —A veces sí.
  —¿Por qué no entramos a ver si está bien?
  —Ya hay guardianes dentro. Además, está prohibido entrar sin autorización.
  —¿Y si pasa algo? ¿Y si muere la invocadora?
  Haciendo caso omiso a las palabras de Wakka y del monje, Tidus decide romper con cualquier muestra de respeto hacia la religión de Yevon, entrando sin permiso en la Prueba. Consiste en un pequeño laberinto donde debe encontrar esferas y símbolos mágicos para abrir nuevos pasadizos que lleven a la sala final.
  Cuando está a punto de superar la Prueba, Wakka le da alcance.
  —Aquí sólo pueden entrar invocadores, aprendices y guardianes. Es un precepto muy importante.
  —¿Y tú?
  —Yo soy un guardián.
  —¿Un guardián?
  —Los invocadores viajan por Spira, rezando en cada templo. Los guardianes los protegen. Ahora hay dos guardianes ahí dentro. Una está siempre enfadada, y el otro… nadie sabe lo que piensa. Bueno, ya que estamos aquí sigamos hasta el fondo.
  Tal y como dijo Wakka, en la penúltima sala (antes de la Cámara del Orador) hay dos personas. Una de ellas, la mujer, no parece contenta en absoluto de que los dos chicos hayan superado el laberinto del templo.
  —¿Qué haces aquí, Wakka? ¿Es que no confías en nosotros?
  —No es eso —responde avergonzado—. Es que… ¿Ves? —susurra a Tidus—. Te dije que se enfadaría.
  Pero es el otro guardián quien más llama la atención de Tidus: una bestia de aspecto humanoide pero con rasgos felinos y la piel totalmente azul. Mide dos metros, y un cuerno sin punta sale de su frente.
  —¿Se encuentra bien la invocadora? —pregunta Tidus a la mujer.
  —¿Y tú quién eres?
  Cuando la mujer está a punto de echar a Tidus a patadas, la puerta de la Cámara del Orador se abre. Una chica sale tambaleándose, manteniéndose en pie a duras penas. La bestia azul evita que ella caiga al suelo, y, tras unos segundos, consigue reponerse. Cuando levanta la cabeza y mira sonriendo a sus guardianes, Tidus se sorprende al ver lo joven que es (tiene su misma edad), y no menos al observar que tiene un ojo de cada color: uno azul y uno verde.
  La “aprendiz” pronuncia las palabras que todos estaban esperando:
  —Lo he logrado. ¡Soy una invocadora!

Capítulo 6 – Nace una nueva esperanza

  La alegría es tal en Besaid, que sus habitantes deciden ignorar el sacrilegio cometido por el “chico nuevo”. Todos se reúnen en la plaza del pueblo para admirar los poderes recién adquiridos de Yuna, la invocadora. Mediante una danza, Yuna consigue invocar a su primer eón: Valefor, una bestia voladora, símbolo del Templo de Besaid, que ahora obedece a Yuna como una dócil mascota.
  Cuando cae la noche, Tidus busca la ocasión de disculparse ante Yuna por irrumpir de aquella manera en el templo.
  —Oye, lo siento. Sé que no debería haberlo hecho.
  —Ha sido culpa mía —la chica no parece molesta—. Me he confiado demasiado.
  —He visto tu eón. ¡Increíble!
  —¿De verdad? ¿Crees que podré ser una alta invocadora?
  —¡Por supuesto!
  —Gracias. Ahora debo irme, pero mañana tendremos tiempo para hablar.
  —¿Qué pasa mañana?
  —Iremos en el mismo barco, ¿no? Podrás contarme cosas de Zanarkand.
  Yuna se despide, momento que aprovecha Tidus para irse a dormir a la posada. Ha sido un día muy largo.
  Tidus se despierta en mitad de la noche (estaba soñando que se fugaba con Yuna y que Rikku se enfadaba… hasta que llegaba Jecht y se reía de él por no saber ligar ni chutar y estar siempre llorando), alertado por una discusión fuera de la casa de Wakka. Son el propio Wakka y Lulu, su compañera guardiana.
  —Está muerto, ¿me oyes? ¡Muerto! —dice ella, visiblemente enfadada—. El chico se parece mucho a Chappu. A mí también me sorprendió. Pero por más que se le parezca, no es Chappu. No tendrías que haberlo traído aquí.
  —Pero necesitaba ayuda…
  —¿Excusas otra vez? ¡Basta, Wakka! ¡No aguanto más!
  Cuando Lulu se marcha, Tidus se acerca al capitán de los Aurochs.
  —¿Quién es Chappu?
  —Mi hermano menor. Se parecía mucho a ti.
  —¿Está… muerto?
  —Estaba en la Legión. Lucharon contra Sinh y… Lo supe el día del campeonato —es decir, que murió hace casi un año—. Me hice guardián para luchar contra Sinh.
  —¿Venganza?
  —Eso buscaba. ¡Y ahora me importa más un juego tonto que vengar a mi hermano! Pero después del campeonato me dedicaré exclusivamente a ser guardián. Perdona… Parece que estuviera utilizándote.
  —Nada de eso. Estoy en deuda contigo. Me has ayudado mucho. Gracias, Wakka.
  A la mañana siguiente, Wakka está esperando a Tidus en la plaza de Besaid, acompañado por Lulu.
  —¡Eh, dormilón! Quiero darte algo.
  Wakka entrega una espada azul a Tidus, llamada “Fraternidad”. El filo parece estar formado de agua, aunque es sólido.
  —Es la espada que le diste a Chappu —dice Lulu, reservándose su opinión al respecto.
  —Sí… Nunca la usó. ¿Dónde está Yuna?
  Mientras esperan, Wakka le explica a Tidus cómo conocieron a la invocadora:
  —Yuna vino de Bevelle hace diez años, al comienzo de la última Calma. Ha sido como una hermana pequeña para Lulu y para mí. Pero su talento la hizo convertirse en aprendiz. Y hoy parte como invocadora.
  —También es nuestro viaje —añade Lulu—. Debemos partir juntos.

Capítulo 7 – El inicio del peregrinaje

  Finalmente, Yuna se reúne con Tidus, Wakka y Lulu. Los cuatro se dirigen hacia el muelle, aunque tendrán que hacer varias paradas antes de llegar.
  Primera parada: unos monstruos se cruzan en su camino, momento en el que Tidus descubre el potencial en combate de sus compañeros de viaje. Wakka es un hacha derribando monstruos aéreos con ayuda de un simple balón de blitzbol, mientras que Lulu es una maga negra capaz de, por ejemplo, quemar o congelar a sus enemigos. Tienen madera de guardianes.
  Segunda parada: Wakka y Yuna se detienen a rezar frente a un altar.
  —Desde antaño se acostumbra a rezar aquí por un viaje seguro —explica Wakka—. Chappu no rezó aquel día… Dijo que iba a perder el barco.
  Tercera parada: Tidus va a descubrir la fuerza del último de los guardianes, el hombre-bestia de color azul. Su nombre es Kimahri, de la tribu ronso, y no va a permitir a Tidus viajar con ellos sin antes probar sus habilidades de combate. El chico consigue detener los ataques con lanza de Kimahri hasta que Wakka los separa.
  —No habla mucho —dice Yuna—, pero me ha protegido desde que era pequeña.
  Cuarta parada: Wakka y Lulu quieren que Yuna demuestre lo que ha aprendido en su entrenamiento de invocadora, dejando que participe en su primer combate. El rival será un garuda (monstruos con forma de pájaro, aunque bastante más grandes que los animales convencionales). Puede que Yuna sea algo débil físicamente, pero su habilidad de invocación es tremendamente poderosa. Basta con un movimiento de su vara para que el eón Valefor acuda inmediatamente, apareciendo a través de un portal mágico. La batalla entre las dos bestias voladoras, como no podía ser de otra manera, acaba con victoria para Valefor.
  Después de tanta interrupción, Yuna y sus guardianes, además del resto de los Besaid Aurochs, los legionarios Luzzu y Gatta, y algún que otro viajero, montan en el Ferry Liki para iniciar su travesía por alta mar. Allí Tidus conoce a Oaka XXIII, un gran vendedor (según él), y se queda con la boca abierta al descubrir que el ferry se mueve gracias a unas criaturas amarillas, como pollos con tamaño de avestruz, que corren sin parar por unas ruedas. Son los chocobos.
  —Eh, Tidus —Wakka se acerca a él—. Aún no te he dicho adónde vamos.
  —A Luca, ¿no?
  —Antes tenemos que parar a rezar en el templo de Kilika, otra isla cercana a Besaid.
  —Por cierto, antes me pareció oír algo sobre el padre de Yuna. ¿Es famoso?
  —El alto invocador Braska; viste su estatua en el templo. Braska derrotó a Sinh hace diez años. Yuna ha heredado un gran legado.
  —Es duro tener un padre famoso… —él lo sabe bien.
  Tidus se acerca a hablar con Yuna, aprovechando que el resto de la tripulación ha dejado de atosigarla.
  —Eres un jugador de blitzbol de Zanarkand, ¿verdad?
  —¿Te lo ha dicho Wakka? Él no me cree…
  —Yo sí te creo. He oído que en Zanarkand hay un gran estadio, iluminado toda la noche. Hay grandes campeonatos y siempre está lleno.
  —¿Cómo lo sabes?
  —Me lo dijo Jecht, un guardián de mi padre.
  —Mi padre… se llamaba Jecht.
  —¡Increíble! Nuestro encuentro debe de ser obra de Yevon.
  —Pero no puede ser él —replica Tidus—. Mi viejo murió hace diez años, en el mar de Zanarkand. Un día fue a entrenarse al mar y nunca volvió.
  —¡Es el día que Jecht vino a Spira! ¡Lo conocí hace diez años y tres meses! Lo recuerdo porque ese día partió mi padre. La fecha coincide, ¿no?
  —Sí, pero ¿cómo llegó hasta aquí?
  —Tú estás aquí, ¿verdad?
  Tidus se queda sin saber qué decir, aunque tampoco va a ser necesario, pues apenas han pasado unos segundos cuando una enorme sacudida hace tambalearse al barco. Déjà vu. Del mar surge un monstruo enorme: es Sinh, que se dirige hacia Kilika. Los tripulantes clavan sus arpones en la aleta del monstruo, intentando desviarlo de su trayectoria para evitar una masacre, pero lo único que consiguen es ser arrastrados por él. Del cuerpo de Sinh se desprenden varias criaturas pequeñas, similares a las que Tidus y Auron tuvieron que hacer frente en Zanarkand.
  Cuando logran eliminar a los monstruos y soltar el arpón de la aleta, Wakka descubre que Tidus ha desaparecido. Sin dudarlo ni un segundo, se lanza al mar para buscarlo. Allí lo encuentra, inconsciente y a punto de ser atacado por uno de los brotes de Sinh, llamado Ekyu. Wakka arroja una poción sobre su amigo, que se recupera inmediatamente, y entre ambos eliminan al brote.
  Aunque el Ferry Liki está ya a salvo, no se puede decir lo mismo de Kilika. Una gran ola ha arrasado casi todo el poblado, cuyas casas de madera no pudieron resistir semejante catástrofe.

Capítulo 8 – Kilika

  “El día que Sinh atacó Zanarkand desperté en Spira. Esperaba que también funcionara a la inversa. Me estaba engañando. Ese día, en el mar teñido por el crepúsculo, perdí la esperanza. Estaba en un mundo desconocido. No podía volver a casa. Ésa era mi nueva realidad, de la que no podía escapar.”

  Yuna observa con impotencia el paisaje desolador.
  —Derrotaré a Sinh. Debo hacerlo.
  Afortunadamente, no todos los habitantes de Kilika han muerto. Yuna habla con los supervivientes y se ofrece a realizar el Envío, como única invocadora presente en la zona. ¿Y qué es eso del “Envío”? Lulu nos lo explica:
  —Los muertos necesitan ser guiados. Afligidos por su muerte, se niegan a aceptar su destino. Anhelan seguir viviendo y guardan rencor a los vivos. Los envidian. Con el tiempo, la envidia se convierte en odio. Si sus almas permanecen en Spira se convierten en monstruos. Con el Envío van al Etéreo, donde descansan en paz.
  Yuna comienza el ritual. Decenas de almas se elevan en el aire, camino del Etéreo, mientras los amigos y familiares de los fallecidos observan la danza de la invocadora con lágrimas en los ojos.
  —Qué duro ser invocador… —dice Tidus.
  —Yuna eligió su camino —responde Lulu—. Sabía qué le esperaba. Lo único que podemos hacer es protegerla hasta el fin.
  —¿“Hasta el fin”? ¿Qué es “el fin”?
  —Hasta que derrote a Sinh.
  El grupo pasa la noche allí. A la mañana siguiente, todo el pueblo se encuentra colaborando en las reparaciones de los destrozos. Hay semanas o meses de duro trabajo, pero esperan que algún día todo vuelva a ser como antes. Los Besaid Aurochs se están esforzando más que nadie, pero Wakka tiene otros planes para ellos:
  —Iremos al templo, a rezar por la victoria. El invocador Ohalland vivía en el Templo de Kilika —explica a Tidus—. Era un gran jugador de blitz.
  —Rezar por la victoria está bien, pero… ¿ahora?
  —¿Está mal disfrutar del blitz?
  —¿No es un mal momento?
  —Es el mejor momento. Nosotros jugamos, los hinchas animan a su equipo… Todos olvidan las penas. ¡Sólo importa el partido! Por eso el blitz existe desde hace tanto tiempo.
  Y es que eso es el deporte: no una forma de quitar importancia a los problemas de la vida, sino una válvula de escape para divertirse y ser felices en vez de pasar todo el día llorando, agobiados por los problemas. Una lástima que haya gente incapaz de entenderlo.
  Antes de partir hacia el templo, los dos chicos se reúnen con el resto del grupo. La invocadora tiene algo importante que preguntar a Tidus:
  —Quiero pedirte… que seas mi guardián.
  —Yuna, no es momento de bromas —interrumpe Wakka—. Es bueno para el blitz, pero en la lucha es un novato.
  —Sólo quiero tenerlo cerca.
  Wakka y Tidus se sorprenden con la respuesta, pero Lulu pone fin rápidamente a la conversación:
  —Vamos al templo. Hablaremos después.
  Para llegar al Templo de Kilika tienen que atravesar el bosque. No es un camino largo, aunque se complica con la presencia de un ochú, un monstruo con tentáculos que puede envenenar a quien se acerque. Afortunadamente, la magia de fuego de Lulu reduce al ochú a cenizas, despejando el camino.
  El templo está precedido por unas largas escaleras de subida.
  —Esta escalera tiene historia —Wakka la contempla con admiración—. El gran Ohalland entrenaba aquí.
  La tranquilidad se esfuma de un plumazo, pues descubren que Sinh ha dejado un recuerdo junto al templo: el brote Guno. Yuna y sus compañeros se ocupan de él.
  —Uf —Tidus está agotado—. Ser guardián cansa.
  —Lo has hecho bien —responde Wakka—. Tienes talento después de todo.
  —¿Qué son esos “brotes”?
  —Monstruos que se desprenden del cuerpo de Sinh —explica Lulu.
  —Hay que eliminarlos —añade Wakka—, o Sinh regresa a por ellos. Oye, Tidus, ¿en Zanarkand también hay monstruos?
  —Muy pocos. Cuando aparece uno se arma un jaleo tremendo. ¿Pero desde cuándo te crees mi historia?
  —He estado pensando. Quizá las víctimas de Sinh no mueren… Quizá Sinh las lleva a otra época… y un buen día vuelven.
  —Eres increíble —Lulu suspira—. ¡Siempre inventando teorías para no enfrentarte a la realidad! Sinh no se llevó a Chappu a ninguna parte. Lo aplastó y dejó su cadáver en la costa de Djose. Tu hermano no volverá. Y otra cosa: nadie podrá remplazar a Chappu. Tampoco a Jecht. Ni al gran Braska. Es inútil pensar en eso.
  Tras el manojo de dardos lanzados por Lulu, ésta se marcha junto a Yuna y Kimahri. Wakka, lleno de rabia, da un puñetazo al suelo.
  —Yo tampoco podría remplazar a Chappu…

Capítulo 9 – Templo de Kilika

  Antes de entrar al templo, los Besaid Aurochs se encuentran cara a cara con Bixen, Graav y Anbus, tres integrantes de otro de los equipos participantes en el torneo.
  —¿Habéis rezado por la victoria? —les pregunta Wakka.
  —¿Rezar? ¿Para qué? ¡Los Luca Goers siempre ganamos!
  —¿Entonces qué habéis pedido?
  —Rivales más duros.
  Los Luca Goers se marchan de allí, dejando a Tidus mordiéndose la lengua.
  —Esos pedantes… Son como mi viejo.
  —Jecht era un hombre amable —replica Yuna, sorprendida.
  —Sería otro Jecht.
  Dentro del templo se topan con una invocadora de piel morena. Va acompañada por un hombre fuerte, presumiblemente su guardián. Sus nombres son Dona y Barthello.
  —La hija de Braska… Una invocadora de pura cepa —Dona observa a sus compañeros—. Ay, ay, ay… ¿Todos estos son tus guardianes? ¡Qué gentío! Braska tenía sólo dos. La calidad vale más que la cantidad. A mí me basta con uno.
  —Los guardianes son gente a la que puedes confiar todo —responde Yuna—. Incluso la vida. Es una alegría y un honor tener tantos. Más incluso que ser la hija de Braska.
  Dona se marcha de allí, poniendo fin a ese momento de tensión. Mientras tanto, Tidus no puede evitar preguntarse si de verdad Yuna confiaría su vida en él. Todavía le cuesta asimilar que la invocadora le pidiera ser su guardián; ¿qué debería hacer?
  Una vez que Wakka ha terminado de rezar, es hora de internarse en la Prueba del Templo de Kilika.
  —El Orador está abajo. ¡Vamos!
  Todos se montan en una plataforma que desciende hasta el piso inferior del templo, pero Kimahri saca a Tidus a la fuerza. No aceptó formalmente la propuesta de ser guardián de Yuna, por lo que no puede entrar a la Prueba. En teoría, claro, ya que en la práctica, como vimos en Besaid, a Tidus todo eso del respeto y los sacrilegios le suenan a albhed. Esta vez promete portarse bien y quedarse al margen… aunque sus planes van a sufrir un serio revés.
  —¿Qué haces aquí? —Dona ha vuelto.
  —No puedo entrar porque no soy un guardián.
  Sin mediar palabra, en un intento de boicotear a Yuna, Barthello coge a Tidus en brazos y lo lanza sobre la plataforma, que había vuelto a su posición inicial. Cuando se quiere dar cuenta ya está descendiendo hacia la Prueba, desde donde no hay vuelta atrás hasta haberla superado. Sin alternativa posible, Tidus supera el laberinto de esferas y símbolos mágicos para llegar a la sala donde esperan los tres guardianes.
  —¿Qué diablos…? —a Wakka no le hace mucha gracia verlo.
  —Es culpa de Dona y ese gorila…
  —Pueden excomulgar a Yuna por esto —protesta Lulu.
  Tidus observa la puerta que lleva a la Cámara del Orador.
  —¿Por qué no entráis con ella?
  —Está prohibido —responde Wakka.
  —¿Y qué hay dentro?
  —El Orador, ¿recuerdas?
  —Ah, sí, claro, el Orador… —está claro que Tidus no sabe qué es.
  —Los Oradores son gente que dio la vida para enfrentarse a Sinh —explica Lulu—. Ofrendaron sus almas a Yevon. Ahora viven para siempre, dentro de estatuas. Cuando un invocador los llama, emergen nuevamente. Es lo que llamamos “eones”.
  —¿Todo eso ahí dentro? ¿Qué está haciendo Yuna?
  —Pidiendo ayuda para derrotar a Sinh —contesta Wakka.
  Cuando la puerta de la Cámara del Orador se abre, Tidus escucha atentamente una voz que sale de dentro, como una especie de “rezo cantado”. Lo que allí llaman “Salmo del Orador”. A Tidus le llama la atención por un motivo: conoce esa canción desde pequeño. Otra conexión entre Spira y Zanarkand, como el blitzbol.
  Yuna ha conseguido un nuevo eón: Ifrit, la bestia de fuego. Es hora de proseguir con el peregrinaje.

Capítulo 10 – El sucesor de Jecht

  El grupo abandona la isla de Kilika para dirigirse al gran continente. Durante el viaje a bordo del Ferry Winno, Tidus escucha sin querer una conversación entre Lulu y Wakka.
  —¿Te haces responsable? —pregunta ella.
  —¡Tranqui! En Luca encontrará a algún conocido.
  —¿Y si no?
  —Podría entrar en un equipo… Es mejor que dejarlo en Besaid.
  —¿Pretendes dejarlo en Luca?
  —¿Qué quieres que haga?
  —Yuna quiere que sea su guardián.
  —Vaya… Sólo faltaba eso.
  —¿Y de quién es la culpa?
  —¡Mía no! —Wakka agacha la cabeza—. Es mía, ¿no? ¿Y por qué quiere Yuna que él sea su guardián?
  —Porque es el hijo de Jecht.
  —¿Pero será realmente el hijo de Jecht?
  —No sé, pero Yuna lo cree.
  —Vale.
  —¿“Vale”? ¿Eso es todo?
  —Bueno, es que… tiene que decidir él, ¿no? Él y Yuna.
  —Por una vez tienes razón. ¿Qué sería lo mejor? —Lulu hace una pausa—. ¿Por qué no le dices que lo haga?
  —¿Que haga qué?
  —Que sea guardián de Yuna.
  —¿Por qué yo?
  —Porque Yuna no puede.
  —¿Por qué no?
  —Él odia a su padre y todo lo que hizo. ¿Crees que Yuna puede pedírselo? “Quiero que seas mi guardián, igual que tu padre lo fue del mío”.
  —¿No exageras un poco? —una vez más, Wakka recapacita al sentirse presionado por la dura mirada de Lulu—. Vale, vale, hablaré con él después del campeonato.
  —Sé discreto.
  —Lo sé, es decisión suya… Pero ¿realmente no quiere a su propio padre?
  —Eso le dijo a Yuna.
  —Odiar a tu propio padre… ¡Qué lujo! Yo ni siquiera recuerdo a mis padres. No sé si los quería o no…
  —Yo tenía cinco años… Por eso los recuerdo vagamente.
  —¡Maldita sea! —Wakka da un puñetazo al suelo—. Sinh nos lo quita todo.
  Es cierto que Tidus odiaba (y odia) a su padre, pero no por capricho de niño pequeño, sino porque siempre se estaba riendo de él y nunca lo apoyaba. Se mostraba arrogante diciendo a Tidus que jamás se podría acercar a su nivel de jugador de blitzbol, y lo acusaba de ser un llorica.
  En otra parte del ferry, Bixen y Graav, de los Luca Goers, empiezan a meterse con Tidus, pero Yuna sale en su defensa.
  —Yo sí que creo que tu Zanarkand existe. Jecht me contaba historias. Quisiera ver tu hogar algún día. Me encantaría ir.
  —¿Crees que está vivo?
  —No sé… Pero Jecht era el guardián de mi padre.
  —¿O sea que aquí también es famoso?
  —Sí. ¿Qué harías si lo vieras de nuevo?
  —No sé… Pensaba que había muerto hace diez años. Bueno… ¡Le daría un puñetazo! Por lo que pasamos mi madre y yo. Como él era famoso, yo siempre… Tú me entiendes, ¿verdad, Yuna? Tu padre es famoso en toda Spira. ¿No es duro?
  —Es difícil seguir sus pasos como invocadora. Pero el honor de ser su hija lo compensa.
  —Pues yo no me siento orgulloso de mi viejo.
  Tidus está bastante convencido de que su padre no iría a ver el torneo de blitzbol en Luca. Pero, por otro lado, hasta hace bien poco pensaba que había muerto diez años atrás, y ahora tiene dudas. Así que… ¿quién sabe?

Capítulo 11 – Luca y los Venerables

  Aunque la ciudad no se parece en absoluto a Zanarkand, el ambiente en Luca es lo más cercano que Tidus ha visto a su hogar. Toda Spira se ha reunido para presenciar el evento deportivo más importante del año, donde los seis grandes equipos de blitzbol se enfrentan por conseguir la Copa de Cristal. Buscarán retener el campeonato los Luca Goers, el equipo local, y éstos son los cinco aspirantes: Kilika Beasts, tratando de proporcionar un poco de diversión a sus habitantes en medio de la devastación que acaba de asolar su isla; Albhed Psyches, los únicos que hablan un idioma distinto en Spira, como bien pudo comprobar Tidus; Ronso Fangs, la raza de bestias azuladas de Kimahri; Guado Glories, otra raza con aspecto de elfo, de la que conoceremos más detalles pronto; por último tenemos a los menos favoritos de las apuestas: nuestros queridos Besaid Aurochs, con un fichaje estrella bajo el brazo.
  —¡Ha llegado el Venerable Mica! —un grito interrumpe las presentaciones.
  —¿“Mica”? —pregunta Tidus—. ¿“Venerable”?
  —El Venerable Mica es el guía del pueblo de Spira —le explica Lulu—. Viene de Bevelle. Se celebra el cincuentenario de su nombramiento.
  —¿Cincuenta años? ¿No debería jubilarse ya?
  —Eh, cierra el pico —protesta Wakka.
  El grupo se dirige a contemplar la llegada del barco del Venerable. La primera persona en bajar a tierra firme también parece importante. Es un hombre de raza guado, alto, de pelo largo y azul.
  El guado se arrodilla bajo la pasarela del barco y hace una reverencia hacia la parte superior. Todos los allí presentes (menos Tidus y Kimahri) lo imitan, pues es la forma correcta de recibir a una persona tan importante como el Venerable Mica.
  —Gracias por tan cálida bienvenida —dice el anciano—. Os presento al hijo del Venerable Jyscal Guado, que descansa en el Etéreo —Mica señala al hombre peliazul—. Seymour ha sido nombrado Venerable de Yevon.
  —Soy Seymour Guado. Es un honor recibir este título. Mi padre abogó por la amistad entre los hombres y los guado. Prometo continuar su labor y trabajar por el pueblo.
  Tanto los ronso como los guado utilizan el nombre de su raza como apellido, de ahí que Seymour se apellide Guado, y Kimahri se apellide Ronso.

Capítulo 12 – Albhed Psyches

  El torneo de blitzbol da comienzo, y los Aurochs tienen la suerte de saltarse la primera ronda. Al haber seis equipos, dos de ellos se clasifican para semifinales y los otros cuatro se enfrentan entre sí por los dos puestos restantes. El primer rival del equipo de Besaid serán los Albhed Psyches.
  Wakka organiza una reunión previa al partido, pero Yuna entra corriendo en el vestuario para informar a Tidus de algo importante:
  —¡Alguien ha visto a Auron en una cafetería! ¡Vamos a buscarlo! Quizá ahora podamos encontrar a Jecht.
  —¿Cómo?
  —Auron también era guardián de mi padre.
  Tidus se sorprende ante esta nueva información… aunque tiene sentido. Tidus conoció a Auron después de la desaparición de Jecht. Quizá no eran amigos de Zanarkand, sino de Spira…
  Yuna, Kimahri y Tidus salen del estadio, camino de la cafetería. Las calles están llenas de gente, así que Tidus propone a la invocadora que, si uno de ellos se pierde, silbe para que los demás sepan dónde está. Lo malo es que resulta que Yuna no sabe ni lo que significa “silbar”. Por fin algo que no hay que explicar a Tidus, sino al revés.
  Luca es una ciudad realmente grande. Concretamente, la segunda más grande de Spira, únicamente por detrás de Bevelle. Es raro que una ciudad crezca mucho, ya que Sinh se encarga de evitarlo…
  —¿Y Luca es segura? —pregunta Tidus.
  —No más que Besaid o Kilika, pero tiene el estadio. La Legión lo protege con todas sus fuerzas.
  —¿Protegen el estadio?
  —El blitzbol es nuestro único entretenimiento. En Spira no hay mucha diversión…
  —Vaya presión para los jugadores…
  —¿Zanarkand se parece a esto?
  —Hay más edificios, muy altos y todos pegados.
  No hay ni rastro de Auron en la cafetería, pero Kimahri va a encontrarse con dos viejos conocidos. Y no es un reencuentro agradable.
  —¿Por qué callas, Kimahri? Diez años sin ver a Yenke. ¡Habla! ¿Kimahri olvidó a Yenke? ¿Olvidó a Biran?
  —Deja, Yenke —añade su compañero—. Kimahri es ronso pequeño. Tanto que no puede ver las caras de Biran y Yenke.
  Kimahri impresiona a los humanos por su físico, pero al lado de esos otros dos ronso parece poca cosa. Son más grandes… y su cuerno no está roto. El guardián de Yuna permanece en silencio, aguantando los empujones y las burlas.
  —¿Kimahri olvidó cuánto le enseñamos cuando mudó cuerno? Biran fortaleció a Kimahri con mano dura.
  Harto de escucharlos, Kimahri suelta un gancho de izquierdas en toda la cara de Yenke, que cae al suelo. Biran se lo devuelve, pero la pelea se detiene cuando Tidus descubre que Yuna ha desaparecido. Kimahri y Tidus salen corriendo de la cafetería; no hay rastro de la invocadora. Lulu, que los estaba buscando, llega poco después.
  —¡¿Dónde os habíais metido?! Los Albhed Psyches han secuestrado a Yuna. Dicen que la soltarán si los Aurochs pierden —viva el fair play—. Si sólo son jugadores, no creo que le hagan daño. Pero no podemos arriesgarnos, tenemos que rescatarla. Wakka se encarga del partido y nosotros de Yuna.
  El partido entre los Besaid Aurochs y los Albhed Psyches da comienzo, mientras Tidus, Lulu y Kimahri corren hacia el barco de los secuestradores. Varias máquinas de combate obstruyen el paso, incluyendo el peligroso “artillero”, pero los albhed no contaban con la magia eléctrica de Lulu, que los hace explotar con facilidad. Gracias a ella consiguen rescatar a Yuna en pocos minutos.
  Antes de regresar al estadio, Tidus observa el barco donde retenían a la invocadora. No es el mismo en que viajó tras conocer a Rikku y compañía.
  —Cuando llegué a Spira unos albhed me salvaron la vida. Me llevaron en su barco y me dieron comida. ¿Habrán muerto todos?
  —En ese barco —dice Yuna—, ¿había alguien llamado Cid?
  —No sé, todos hablaban en albhed. ¿Quién es Cid?
  —Es mi tío, pero nunca lo he visto.
  —Un momento… ¿Entonces tú también eres albhed?
  —Por parte de madre —eso explica que uno de sus ojos sea del color verdoso característico de la raza albhed—. Cid es el hermano de mi madre. Cuando mi madre se casó, no quiso verla nunca más. Pero mi madre me dijo que lo buscara si necesitaba ayuda.
  —No hables con Wakka del origen de Yuna —Lulu se dirige a Tidus con una mirada que asusta—. Él nunca ha querido mucho a los albhed.

Capítulo 13 – Copa Yevon

  Mientras se producía el rescate de Yuna, los Aurochs trataban de hacerse con la victoria. Para ello jugaban con su equipo habitual: Keepa en portería, Botts y Jash en defensa, Letty en medio campo, y Datt y Wakka como delanteros. El partido estaba bastante igualado, con un empate a 2 a falta de pocos minutos. Sin embargo, Wakka se mostraba reticente a ir a por el tercer gol, pues temía que algo le pasara a Yuna si los Psyches perdían el partido. ¿Caerían otra vez en primera ronda?
  Tras poner a Yuna a salvo, Lulu lanza una de sus magias por encima del estadio. Es la señal que había pactado con Wakka. Sabiendo que la invocadora está a salvo, ahora pueden ir a ganar el partido sin peligro. A falta de pocos segundos, Letty consigue conectar un pase con su capitán, quien remata a portería con todas sus fuerzas tras resistir varios golpes de sus rivales, marcando el definitivo 3-2. ¡Primera victoria en diez años!
  Tal y como se esperaba, en el otro lado del cuadro han sido los Luca Goers quienes han avanzado hasta la final. Y si incluso con un jugador tan bueno como Wakka ya tenían pocas posibilidades, las cosas se complican más aún, pues ha terminado lesionado el partido contra los Psyches. Afortunadamente, Tidus consigue llegar al estadio a tiempo. El capitán ya tiene sustituto.
  —Quiero deciros algo —Wakka se levanta de la camilla con dificultad—. Después de este partido… me retiraré. He decidido que éste será mi último campeonato. Gane o pierda, dejaré el blitzbol.
  Los Aurochs hacen piña y se preparan mentalmente para la final. El partido más importante del año da comienzo.

  (En este punto, como en algún otro, los sucesos del juego pueden variar. Contaré el partido a mi manera, aunque cualquier resultado es posible.)

  La primera parte se inicia con un dominio claro de los Goers, pues todos y cada uno de ellos son mejores jugadores que los Aurochs originales. Sin la estrella del equipo (Wakka), y con Tidus desesperado ante la ausencia de buenos pases, el primer gol no tarda mucho en llegar: 1-0 para los Goers. Sin embargo, los jugadores de Besaid, lejos de venirse abajo, consiguen detener todos los avances rivales, y, tras mucho intentarlo, hacen llegar un balón a Tidus. Los dos defensas están encima suyo, pero Tidus tiene un as en la manga: el chut que tantos años estuvo practicando a pesar de las risas de su padre, y que ni siquiera jugando en los Zanarkand Abes consiguió dominar. El conocido como “Chut de Jecht”, ya que fue él quien lo inventó… y el único que sabía usarlo. Dejando a todos los allí presentes con la boca abierta, Tidus logra empatar el partido.
  En la segunda parte todo va a cambiar.
  —¡Wakka! ¡Wakka! ¡Wakka!
  El público, encantado con la actuación del capitán de los Besaid Aurochs en el partido anterior, solicita a gritos su ingreso en el campo. Tidus decide salir del agua y dar entrada a Wakka, confiando en que se haya recuperado lo suficiente como para aguantar la segunda mitad.
  —Este partido pertenece a los Aurochs y a Wakka.
  Y el milagro se produce: Wakka se desmarca y recibe un pase de sus compañeros. Sin pensárselo dos veces, golpea la pelota con todas sus fuerzas hacia la portería rival, utilizando para ello su mejor disparo (“Chut Toxis”). El balón entra por la escuadra, haciendo inútil la estirada del portero de Luca. ¿Qué mejor forma de retirarse que marcando el gol de la victoria, al equipo que más odia, en la final del torneo que reúne a todos los habitantes de Spira?
  Los jugadores regresan a los vestuarios, a excepción de Wakka, que está totalmente exhausto. Tidus entra al agua para celebrar la victoria con él… pero la alegría les va a durar poco. Un montón de guramis (peces monstruosos) aparecen de la nada, atacando a los dos jugadores, que se defienden como pueden. Los espectadores salen corriendo del estadio mientras otro grupo de monstruos, esta vez terrestres y voladores, deambulan por el graderío. Sólo un hombre se atreve a hacerles frente: Auron.
  Una vez fuera del agua, Tidus y Wakka se unen a Auron para continuar con el exterminio de monstruos, aunque son demasiados para ellos tres solos. Cuando todo parece perdido, alguien llega para echarles una mano: el Venerable Seymour Guado. Al parecer, él también es invocador, y le basta con una única criatura para destrozar a todos los monstruos del estadio. Ánima, que así se llama el eón, pulveriza a todos los intrusos con ondas psíquicas, sin ni siquiera moverse del sitio en el que es invocado. Gracias a Seymour, la gente de Luca está de nuevo a salvo.

Capítulo 14 – Promesas

  Wakka entrega la Copa de Cristal a sus compañeros y se despide de ellos antes de proseguir con el peregrinaje. Desde ahora será guardián a tiempo completo. Yuna, Lulu, Kimahri y él se preparan para partir.
  Mientras tanto, Tidus y Auron se encuentran discutiendo en los muelles. En realidad Tidus es el único que discute, mientras Auron escucha en silencio.
  —¡Todo esto es culpa tuya! ¡Que me haya tragado Sinh! ¡Que haya llegado aquí! ¡Que no pueda volver a Zanarkand! ¡Todo! ¡Todo es culpa tuya! —Auron no puede evitar reír ante el comportamiento de Tidus—. ¿Quién diablos eres? Conocías a mi viejo, ¿verdad?
  —Sí.
  —¿Y también al padre de Yuna?
  —Así es. Jecht, Braska y yo vencimos a Sinh hace diez años. Después fui a Zanarkand, para verte crecer… y traerte a Spira algún día.
  —¿Por qué a mí?
  —Me lo pidió Jecht.
  —¿Está vivo?
  —Si a eso lo llamas vida… Ya no es humano. Pero… sentí a Jecht dentro de esa cosa. Tú también debes de haberlo sentido. Sinh es Jecht.
  —¡No! ¡Es ridículo! ¡No te creo!
  —Pero es la verdad. Lo verás tú mismo. Ven conmigo.
  —¿Y si me niego?
  —Toda historia debe tener un final.
  —¡No me importan tus “historias”!
  —Ya veo. Lamento que pienses así. Puedes venir o no, tú decides.
  —¡¿Qué puedo hacer yo?! ¡Dices que yo decido… pero no tengo opción! ¡Eres el único que puede decirme qué está pasando! ¡Tengo que ir contigo aunque no quiera!
  —¿Estás enfadado? ¿O tienes miedo? Está bien, lo entiendo.
  —Auron… ¿Podré volver a Zanarkand?
  —Depende de Jecht.
  Auron y Tidus se reúnen con el resto del grupo. El primero, sin abandonar su seriedad habitual, tiene una sorpresa para todos:
  —Yuna, ¿me permitirías ser tu guardián?
  —¡Claro! —la invocadora hace una reverencia, mostrándole su agradecimiento—. Pero ¿por qué?
  —Se lo prometí a Braska —Auron agarra a Tidus del brazo—. Y él también viene. Eso se lo prometí a Jecht.
  —¿Jecht está vivo? —pregunta Yuna.
  —Hace diez años que no lo veo. Nos encontraremos en algún momento.
  Los seis se disponen a abandonar Luca, pero, antes de partir, Yuna quiere hablar con Tidus a solas. Tiene algo que enseñarle: ha aprendido a silbar.
  —Oye… Me cuesta decirlo, pero los invocadores y los guardianes somos la esperanza de Spira. Mucha gente cuenta con nosotros. Por eso he aprendido a sonreír cuando estoy triste. Sé que es difícil… ¡A ver cómo lo haces!
  Yuna, que no quiere ver a Tidus triste, pretende forzarle a reír para contagiar su felicidad a los demás. Y él, que no tiene mucha vergüenza, empieza a reír a carcajadas, de forma escandalosa, llamando la atención de todos los demás. En vez de detenerlo, Yuna se une al espectáculo, imitando la risa forzada de él… y ambos terminan riendo de verdad.
  —Gracias… —dice ella—. Quiero que mi viaje esté lleno de risas.
  —¡Vale!
  —Y si nos separamos, silba. Correré a buscarte. Lo prometo.

Enlaces:

– Final Fantasy X, parte 1: capítulos 1-14
Final Fantasy X, parte 2: capítulos 15-28
Final Fantasy X, parte 3: capítulos 29-42
Final Fantasy X, parte 4: capítulos 43-57, epílogo

Final Fantasy X-2, parte 1: capítulos 58-70
Final Fantasy X-2, parte 2: capítulos 71-83
Final Fantasy X-2, parte 3: capítulos 84-94

19 comments to Guía argumental de Final Fantasy X – Parte 1

  • Vayven

    Vamos a fingir por un momento que me la he leído (Bueno, en realidad, el capítulo 1 si me lo he leído): Perfecta, preciosa, una maravilla a la altura del juego, espero con ansias las siguientes partes. Y ahora el por qué no me la he leído/voy a leer hasta dentro de un tiempo: Final Fantasy X me lo compré de segunda mano y el disco apenas aguantó la primera partida, tras la cual cada vez que llegaba a la parte de la potente luz, ahí se quedaba. Así que, habrán pasado unos 7 años desde la última vez que lo jugué, suficiente para que se me haya olvidado la mayoría de la historia (E incluso la jugabilidad) así que es una oportunidad única de pasarme el juego casi como si fuera la primera vez (En cuanto me compre Final Fantasy X|X-2 HD Remaster, que a saber cuando lo hago), pero puedes estar seguro de que en cuanto me lo pase, lo primero que haré será leerme la guía argumental (O dormir, dependiendo de que hora sea).

  • PINCHOAL

    Una lectura muy amena. Creo que cada vez te quedan mejor. A la espera de la segunda parte.

  • Gold-St

    Muy grande, como de costumbre! Y leerla con la música en otra pestaña del navegador hacen la experiencia mejor todavía.

  • maquinangel

    El conocido como ultimo gran FF, y con razon, con su historia muy bien llevada, en todos los aspectos, romance, drama, sidequest, todo te hace sentir que realmente el mundo va a ser destruido, y que uno tiene mucho que ver en la historia.

    Recuerdo con mucho cariño tambien el FF XII, pero por otras circunstancias de la vida, no por el juego en si, ya que ahi el mundo no esta en peligro, solo dos naciones en guerra y al ir en las ciudades te das cuenta que la gente sigue con su vida, no parece importarles mucho esa situación. Ademas de que Vaan no tiene ese carisma como protagonista principal, prefiero a Balthier.

    Sin embargo, en FF X, si que sientes eso, las cinematicas, los NPC’s, todo te sumerge en ese sentimiento de que algo malo va a ocurrir. Sobre todo esa batalla final tan emotiva, la compararia con la pelea con Jenova despues de la muerte de Aeris, cuando esa batalla esta todo en silencio y solo se oyen los efectos de las magias y golpes.

    Gran trabajo de poner esta guia argumental, solo los grandes juegos inspiran a hacerlo. Felicitaciones!

    • No todo el mundo es capaz de apreciar detalles que parecen tan insignificantes como eso que comentas de Jénova. Hay muchas cosas que hacen que estos juegos nos emocionen de distintas maneras. La música es el elemento más evidente, pero detalles como ése (que no tienen uno sino muchos) también ayudan. Por ejemplo, algo muy infravalorado: los ángulos de cámara. FFXII falla en todo, o casi todo. Pero no me disgustaría hacer su guía argumental xD.

  • Leído entero. Vaya trabajo que debe de llevar hacer algo así, incluyendo los diálogos importantes tal y como aparecen en el juego ¡Qué pro!

    Una cosa que me pasa con este Final X es que pillo “cachos” de información que te van dando a medida que avanzas, pero me cuesta unificarla… hay cosas que se me hace difícil trasladar. No sé como explicarlo. En los últimos compases del juego se produce una de las secuencias de vídeo mas reveladoras, en la que…

    Spoiler del final Mostrar

    Me lo he pasado varia veces y creo que si me la pasara otra más seguiría sin entenderlo “todo”. Este juego me produce tanta satisfacción como frustración conmigo mismo. Tal vez apuntando en una libreta mientras juego y ordenando después conseguiría algo… pero qué pereza!

    • ¿No podías esperar a la parte correspondiente para hablar de ello? xD Tus dudas quedarán resueltas pronto.

      Por cierto, no siempre incluyo los textos exactamente como en el juego. Los que me parecen correctos sí, pero otros los… “remasterizo” xD (porque decir que “los cambio para que estén mejor expresados” puede sonar presuntuoso xD)

      (Es que la traducción de FFX es bastante mejorable)

  • Ahhh! No puse eso como Spoiler porque al ser una guía argumental pensé que no haría falta Sorry.
    Si por supuesto que puedo esperar, mi intención era escribir un simple comentario de agradecimiento y se me a ido la olla por completo. Sorry otra vez.

  • Yizuz Christ

    Da la casualidad de que deje de visitar esta web por exceso de trabajo y ahora que regreso hablas justo del juego que me compre el mismo dia que tu analisis, continuo jugando y zaz la guia argumental, y termina un poco atrás de donde llevo jugado, ahora estoy en una carrera contra ti para jugar antes de tu proxima guia y avanzar mas que tu… Eso y el trabajo no me dejará tiempo para mas… adios vida social, sexual y marital jajaja.
    Excelente trabajo don shock.

  • Sergio

    Gran trabajo, no puedo opinar si has hecho un mejor trabajo en comparación con las otras guías , porque no las he visto, lo haré en cuanto me vuelva a terminar sus respectivos juegos.
    Me produce mucha nostalgia leer esto, sin duda alguna uno de los mejores juegos que tuve la fortuna de jugar, en su momento no lo entendí muy bien porque era bastante joven, pero muchos recuerdos y sensaciones siguen allí y ahora que me lo compre de nuevo es una oportunidad perfecta para revivir todos esos recuerdos.
    P.D. Aprecio bastante el trabajo que haces con cada guía argumental, muchas gracias

  • joel

    esta muy buena esta idea, primera vez que visito el blog, me hiciste recordar cuando jugue este FF hace unos añitos ya. estoy impaciente por mañana para seguir recordando jejejej.

    saludos, lo haces muy bien

  • TDI

    Hace años que no lo juego, pero cuando lo hice, me encantó. De los pocos que he llegado a rejugar y terminar la historia varias veces.

  • Locke

    Bueno me lo he leido y esta muy bueno ^^ ,me entraron unas ganas enormes de rejugarlo…Me quedo una pregunta shock…. como es que tidus no sabia nada de los invocadores?
    según recuerdo el orador te dice que en la guerra, zanarkand uso a sus invocadores contra bevelle , y no tuvieron oportunidad etc etc
    Entonces el Si debería saber algo sobre ellos, ya que en su época antes de que ataque sinh si existían ….Agregando a eso, no deberían existir en esa época, porque ellos solo existen para derrotar a sinh…
    Buen articulo , ya voy a por la segunda parte 🙂

    • Aún no te puedo contar nada de eso, ya que son partes de la historia de las que se habla más adelante. Al final de la tercera parte se empiezan a intuir cosas, y en la cuarta se explica todo en profundidad.

      Ya me dirás si te quedan dudas. 😛

  • He aprovechado que me he vuelto a pasar Final Fantasy X y Final Fantasy X-2, esta vez en PlayStation 4, para rehacer en gran medida las guías argumentales. Ahora son más extensas, están mejor explicadas, y he añadido muchas imágenes de mayor calidad.

    Os recuerdo que tenéis más información en http://makosedai.com/guias-argumentales

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