Guía argumental de Final Fantasy X-2 – Parte 1

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No debería ser necesario advertir de algo tan obvio, pero algunos lectores me han hecho pensar lo contrario, así que lo diré: aunque Final Fantasy X-2 tenga su propia trama, con algunos personajes nuevos, no deja de ser una secuela de Final Fantasy X. Ambas historias están estrechamente relacionadas. Si jugáis a FFX-2 o leéis esta guía argumental sin antes haber hecho lo propio con FFX, estropearéis una de las historias más emotivas de la industria del entretenimiento.

Capítulo 58 – Dos años después

  Han pasado dos años desde que Yuna hiciera felices a todos los habitantes de Spira, dándoles la noticia de la muerte definitiva de Sinh. Con Yu Yevon enviado, ya nadie traerá de regreso al enorme monstruo que aterrorizó Spira durante todo un milenio.
  Las cosas han cambiado mucho en poco tiempo. Yuna, como es obvio, no puede seguir siendo invocadora, ya que no hay Oradores, por lo que debe buscarse otra ocupación. Y, contra todo pronóstico, parece que ha optado por ser cantante. La historia de Final Fantasy X-2 empieza en el estadio de blitzbol de Luca, adaptado para albergar un concierto de la exinvocadora.
  Yuna se encuentra sobre el escenario, cantando un tema titulado “Real Emotion”, cuando otras dos chicas se plantan frente a ella, noqueando a todos los miembros de seguridad. Una de ellas lleva una espada, traje negro y pelo de color plateado. Su nombre es Paine. La otra chica no necesita presentaciones, pues a estas alturas todos la conocemos bien: la albhed y prima de Yuna, Rikku.
  —¡Devuélvela ya! —exclama Rikku, empuñando dos dagas.
  —¡Lo siento! ¡No hay tiempo para un bis!
  Yuna sale corriendo, obligando a Paine y Rikku a perseguirla por los muelles de Luca. Allí se topan con varios esbirros, a los que derrotan fácilmente, aunque su intromisión provoca que pierdan de vista a Yuna.
  —¡Corres demasiado rápido! —protesta Rikku.
  —Tú eres demasiado lenta, niña.
  Un hombre alto, de rostro serio y armado con dos pistolas, se acerca a ellas. A su lado va otro hombre, pequeño y rechoncho, con un escudo a la espalda. Son Logos y Ormi, y salta a la vista que son más fuertes que los demás esbirros.
  —¡Fin del show! —dice Ormi—. ¡Jua, jua, jua!
  El combate parece inevitable… pero Paine y Rikku van a contar con algo de ayuda: una tercera chica, también armada con dos pistolas, se une a la batalla. Es la verdadera Yuna.
  —¿Dónde está la impostora? —pregunta a los esbirros.
  Los hombres se niegan a responder, por lo que las YuRiPa (Yuna, Rikku y Paine) se ven obligadas a quitárselos de encima a golpes.
  —¡Jefa! —grita Ormi.
  —Dejad de lloriquear, chicos —la mujer que se está haciendo pasar por Yuna sale de su escondite, uniéndose a sus dos esbirros—. Qué pesadas sois, ¿eh?
  —¡Devuélvenos la losa de atuendos de Yuny ahora mismo! —exige Rikku.
  —¿No os enseñaron que hay que compartir?
  —Devuélvenosla —insiste Yuna.
  —Muy bien, es toda vuestra. ¡Pero no por mucho tiempo, queridas!
  La falsa Yuna entrega la losa de atuendos a la auténtica, recuperando su forma original: la de la líder del Sindicato Leblanc (con el que comparte nombre). Obtuvo ese vestuario de “cantante pop” equipándose la vestisfera robada en una losa de atuendos… pero dejemos las explicaciones para más adelante.
  Leblanc se enfrenta a las tres chicas en solitario; una mala decisión.
  —¡La próxima vez no seré tan benévola con vosotras!
  Logos, Ormi y Leblanc salen corriendo, después de haber sido humillados, permitiendo a las YuRiPa regresar a su barco volador con la losa de atuendos y la vestisfera de nuevo en su poder.

Capítulo 59 – Las Gaviotas

  Yuna, Rikku y Paine están a bordo del Celsius, una nave más moderna que el Fahrenheit, el barco volador que usaron Cid (padre de Rikku) y los demás durante su enfrentamiento contra Sinh. Para ellas, parte fundamental del grupo conocido como “Gaviotas”, el Celsius es ahora su hogar y centro de operaciones.
  Al igual que le sucediera a Leblanc, cuando Yuna (o cualquier otra persona) utiliza la vestisfera de cantante, adquiere la habilidad de bailar y cantar, aunque nunca lo hubiera hecho antes. Lo mismo ocurre con su otra vestisfera, la de pistolera: en cuanto se la equipa puede manejar pistolas sin necesidad de aprendizaje (aunque sí puede mejorar su uso y aprender nuevas habilidades). Lo mismo ocurre con la vestisfera de ladrona que lleva equipada Rikku, o la guerrera de Paine. Cada uno de estos trajes de combate lleva implícitos diferentes poderes y habilidades.
  —Sentía como si me invadiera la euforia de otra persona —dice Yuna, tras desequiparse la vestisfera de cantante.
  —Eso puede ocurrir cuando se utiliza una losa de atuendos —explica Shinra, un niño muy inteligente que pertenece a las Gaviotas—. Las emociones de quien aparece en la videoesfera se transmiten al que la usa.
  Una videoesfera es un pequeño artefacto formado por lucilos, capaz de grabar imagen y sonido. Al parecer, los lucilos almacenan información de la persona que graba la videoesfera, o de alguien que aparezca en ella, y de ahí que se pueda convertir en una vestisfera, que otorga a su portador las habilidades de esa persona (más o menos). Las YuRiPa pueden equiparse las vestisferas gracias a otra creación de Shinra: las losas de atuendos. En ellas pueden almacenar varias vestisferas al mismo tiempo, e ir cambiando de una a otra en cualquier momento.
  —¿No es peligroso? —pregunta Rikku.
  —No estoy seguro —responde Shinra.
  —¡Pero si es tu invento! —protesta otro tripulante de la nave, llamado Dachi (también conocido como “Colega”).
  —Yo sólo soy un niño.
  Aniki, el hermano mayor de Rikku, también es parte de la tripulación, y ha aprendido el idioma común de Spira:
  —¿Yuna, bailando? ¡Quiero verla!
  Fue Aniki quien creó este grupo de cazaesferas, las Gaviotas, cuyo trabajo consiste en buscar videoesferas por toda Spira. El equipo original se componía de cuatro albhed: Aniki, Dachi (segundo al mando), Shinra y Rikku.
  Tiempo después, Paine se unió a ellos para poder viajar en el barco volador. Es una mujer muy callada y de la que poco se sabe, pero permanece leal a sus compañeros. El último fichaje ha sido Yuna (la verdadera, que nunca fue cantante, aunque Leblanc hiciera creer a la gente que sí), convencida por Rikku tras mostrarle una videoesfera en la que se ve a un chico rubio gritando tras los barrotes de una celda:
  —¡No pediré perdón! ¡No he hecho nada malo! Sé que estáis escuchando. ¿Qué habríais hecho si fuera vuestra chica? ¿Cómo podéis culparme por tratar de usar vuestra arma? ¡Era la única manera de salvar a la invocadora! ¿Qué habríais hecho en mi lugar? ¡Dejadme salir! Quiero verla…
  Aunque las imágenes son bastante borrosas, Yuna está convencida de saber quién es ese chico: Tidus. ¿Sigue vivo? ¿Dónde y cuándo se grabaron esas imágenes? Para descubrir todo eso, Yuna se unió a las Gaviotas.

  Aclaración importante: aceptamos que, gracias a Shinra, es posible utilizar una videoesfera en la que ha sido grabada una persona para recibir diversas habilidades y emociones. Esto se logra convirtiendo la videoesfera en vestisfera (“dressphere”), y equipándola a través de la losa de atuendos (“garment grid”). Todo gracias al niño albhed de las Gaviotas.
  Hasta aquí todo perfecto. Pero queda una gran incógnita: ¿por qué Leblanc adquiere la apariencia de Yuna al utilizar su losa de atuendos con la vestisfera de cantante? La explicación es fácil, aunque no agradable: ¡fallo argumental grave! Leblanc debería haber adquirido el traje de cantante y sus habilidades, pero jamás la apariencia física de nadie, y mucho menos la de Yuna, que nada tiene que ver con la videoesfera.
  Por lo tanto, quedémonos con este momento inicial, el concierto en Luca, como un recurso narrativo para presentar a los personajes y las vestisferas, pero quitándole toda validez argumental.

Capítulo 60 – Cazaesferas

  Aniki pide a las chicas que acudan urgentemente al puente de mando. El oscilodetector (una especie de radar) ha encontrado una nueva videoesfera, esta vez en las ruinas del Monte Gagazet. Pero no las ruinas que ya visitó Yuna durante su peregrinaje, sino unas que descubrieron tras la desaparición del muro de los Oradores.
  El Celsius deja a las YuRiPa tan cerca de la cima como le es posible. Tendrán que escalar el tramo final… aunque antes van a encontrar otro tipo de obstáculo.
  —¿Quién anda ahí? —Yuna ha escuchado un ruido.
  —Leblanc —la líder del Sindicato se acerca a las chicas—. Recordad bien ese nombre, queridas.
  —Ah, la ladrona —murmura Paine.
  —¿De qué hablas? —protesta Leblanc—. Eso es lo que me fastidia de los aficionados…
  —Quizá se vaya si no le hacemos caso —sugiere Rikku.
  —¡Eh, tú! ¡Te he oído! No tenéis ni idea de lo que significa ser una verdadera cazaesferas.
  —¿Y por qué nos seguías? —pregunta Paine de forma sarcástica.
  —¿Que os seguía? —Leblanc ríe—. Una mera coincidencia.
  Logos y Ormi entran en escena.
  —Tenías razón, jefa, como siempre —dice Ormi.
  —En efecto —asiente Logos—. Seguirlas ha dado un resultado espléndido.
  Las Gaviotas ríen, aunque a Leblanc no le hace tanta gracia, lo que provoca un combate entre los dos grupos, que termina con victoria para las YuRiPa. Pero el Sindicato no se da por vencido tan fácilmente: Leblanc y sus dos esbirros salen corriendo hacia la cima de las ruinas, intentando encontrar la videoesfera antes que las Gaviotas. Se inicia así una carrera entre ambos grupos de cazaesferas… que se ve interrumpida cuando los miembros del Sindicato quedan colgando de un saliente, a punto de caer al vacío.
  Las chicas aprovechan el resbalón de sus contrincantes para acceder a la parte superior de las ruinas. Ante ellas se halla la sala de la videoesfera, pero antes van a tener que vérselas con Boris, una gran araña que protege ese lugar.
  —Sabía que nos toparíamos con algo así… —se lamenta Rikku.
  Tras acabar con la araña, el camino hasta la videoesfera queda despejado. Yuna la recoge momentos antes de que Leblanc atraviese la puerta.
  —Es obvio para el ojo experto: esa esfera es una birria. Perfecta para las Gavidiotas.
  —¡La juventud gana de nuevo! —Rikku se burla de ella.
  La mujer se da por vencida (no es que tenga alternativa) y se marcha de allí con sus dos esbirros. Las Gaviotas regresan al Celsius, donde Shinra puede analizar la videoesfera en su ordenador. La grabación muestra imágenes borrosas de una ciudad antigua pero muy avanzada tecnológicamente. Parece Zanarkand.
  —¡No puedo creer que haya conseguido entradas! ¡Qué emoción poder estrecharle la mano!
  Eso es lo único que se escucha. Toda una pérdida de tiempo, de no ser porque pueden utilizarla como vestisfera en una de las losas de atuendos creadas por Shinra, y así conseguir nuevos poderes. De magia negra, para ser más exactos.
  Sin tiempo para descansar, la alarma del oscilodetector vuelve a activarse. Ha localizado dos videoesferas al mismo tiempo: una en Besaid y otra en las ruinas de Zanarkand.

Capítulo 61 – La nueva vida en Besaid

  Tras completar el peregrinaje, Yuna, Wakka y Lulu regresaron a Besaid. Tiempo después, la exinvocadora se unió a las Gaviotas, marchándose de Besaid sin decir nada a sus amigos. Es la primera vez que vuelve desde entonces.
  Las YuRiPa se topan con Wakka en la entrada del pueblo, quien acude rápidamente a saludarlas. Al menos a Yuna y Rikku, pues a la chica de pelo plateado no la conoce.
  —¿Una amiga?
  —Es Paine —responde Yuna—. Buscamos videoesferas juntas.
  —Así que ahora eres cazaesferas… ¡Vaya si has cambiado!
  Rikku le da un codazo amistoso en el estómago.
  —Tú no has cambiado nada, gordinflón.
  —Pronto seré padre. Me viene bien un poco de presencia, ¿no?
  Efectivamente: Wakka va a ser padre. La madre, para sorpresa de algunos y alegría de otros, es Lulu.
  —¿Cuándo nacerá? —pregunta Yuna.
  —¡Cualquier día de estos! La verdad es que no me acostumbro a la idea. ¿Cómo tiene que actuar un padre frente a sus hijos?
  Hay que recordar que los padres de Wakka murieron asesinados por Sinh cuando él era muy pequeño. Wakka y su hermano Chappu crecieron en el orfanato de Besaid, junto a Lulu y Yuna.
  —Tengo que hacer unas cosas —Wakka se despide—. Id a saludar a Lulu.
  Yuna regresa a la que fue su casa, donde se reencuentra con la que fuera guardiana de hasta tres invocadores, ahora viviendo tiempos de paz y tranquilidad. Lulu tampoco parece haber cambiado nada, excepto…
  —¡Háblanos del bebé! —le pide Rikku—. Nacerá pronto, ¿no?
  —Todavía falta un poco. No hagáis caso a Wakka; está un poco acelerado —Lulu mira a Yuna—. ¿Por qué te fuiste de repente sin decirnos nada?
  —Por esto —Yuna le muestra la videoesfera.
  —Kimahri la encontró en el Monte Gagazet —explica Rikku.
  —Se le parece, aunque tiene un aire distinto —concluye Lulu tras ver las imágenes grabadas—. ¿Habéis averiguado algo?
  —Nada —responde Yuna—. Pero aún hay muchos lugares que no hemos investigado.
  —Parece divertido, tanta libertad para ir adonde quieras.
  —Lo es. Nunca pensé que viajaría de esta manera.
  —Eres más libre ahora que no estoy cerca, ¿verdad? —bromea Lulu.
  —Quizá.
  —Pues buena suerte. Pero nunca olvides quién eres, Yuna: la alta invocadora que venció a Sinh. Hay quienes tratarán de utilizarte.
  —No te preocupes. No dejaré que nadie me utilice. Nunca más.
  Tras pasar la noche allí, Lulu informa a las Gaviotas de que Wakka salió de madrugada y aún no ha vuelto. Dijo algo de ir a una cueva, y, aunque Lulu no está preocupada (¿qué son un par de monstruos para el legendario guardián Wakka?), las tres Gaviotas deciden ir en su busca. Tras investigar un rato, encuentran a Wakka sentado en la entrada de una cueva cerca de la playa.
  —¿Hay algo en esta cueva? —pregunta Rikku.
  —Sí… Supongo que sí. Quizá no esté aquí… Pero he pensado, “¿y si en una de esas…?”. Ni siquiera sé si de veras existe. Hace tanto tiempo, que ya no estoy seguro.
  Paine intenta traducir las confusas frases de Wakka:
  —Lo que sea que buscas podría estar aquí, ¿correcto?
  —Sí, pero… Quiero saberlo, y al mismo tiempo no quiero.
  —¿Qué es eso que buscas? —Rikku no puede ocultar su intriga.
  —Bueno, eh… Oí decir que había una videoesfera antigua…
  —¿Una videoesfera? ¿De qué?
  —De… Bah, no importa.
  Paine, cansada ante la indecisión de Wakka, se interna en la cueva en busca de esa videoesfera. Al fin y al cabo es su trabajo. Yuna y Rikku corren tras ella, dejando a Wakka esperando en la entrada. La cueva no es muy profunda, por lo que no tardan en encontrar la videoesfera. La parte negativa es que está custodiada por un pirodragón.
  —Esferas y monstruos, siempre juntos —dice Paine.
  Las Gaviotas eliminan al pirodragón y se hacen con la videoesfera (cuya vestisfera les permite usar magia blanca). Después se reúnen con Wakka.
  —¿La habéis encontrado?
  —¡Por supuesto! —exclama Rikku.
  Los cuatro observan las imágenes grabadas en la videoesfera, esperando ver algo interesante. Por desgracia, lo único que muestra son paisajes de Besaid.
  —¿Era ésta? —pregunta la albhed.
  —Me temo que no —responde Wakka, decepcionado.
  —¿Y cuál era la videoesfera que buscabas?
  —Pues… una de nuestros padres. Chappu dijo que la había encontrado. Sinh se llevó a nuestros padres poco después de que naciera mi hermano. Éramos los dos tan pequeños que olvidamos sus caras. Cuando éramos críos, una vez nos peleamos, y Chappu dijo: “He encontrado una videoesfera en la que aparecen papá y mamá, pero no te diré dónde está”. Yo era demasiado tozudo como para dejar que mi hermanito me ganara, así que lo dejé correr, y con el tiempo lo olvidé. Chappu solía jugar en esta cueva, por eso he pensado que la videoesfera podía estar aquí. Pero ahora me he puesto a pensar —Wakka hace una pausa—. Es que, en mi cabeza, he creado una imagen de mis padres, fuertes y cariñosos… Cuando me sentía triste, así es como me los imaginaba. ¡Pero quizá fueran totalmente distintos! Por eso me da miedo saber la verdad.
  —Quizá la videoesfera aún esté en algún lugar de la isla —dice Yuna—. ¿Quieres que la busquemos?
  —No, da igual… Ya no pensaré más en esas cosas. Lo pasado, pasado está. Pronto seré padre. ¡Tengo que tener aplomo! Pero ¿dónde se consigue el aplomo? Quisiera tener un ejemplo que seguir.
  Con otra videoesfera poco reveladora en su poder, las YuRiPa regresan al Celsius… para alegría de Dachi, ya que Aniki se pone extremadamente pesado cada vez que Yuna está en una misión.

Capítulo 62 – De vuelta en Zanarkand

  La segunda videoesfera localizada por el oscilodetector se halla en Zanarkand. Esta vez el viaje hasta las ruinas milenarias va a durar mucho menos que en Final Fantasy X: lo que tarda el Celsius en llegar volando y aterrizar. El lugar tampoco guarda mucha relación con lo que se encontraron la última vez. Siguen siendo ruinas, pero ya no están abandonadas. Zanarkand se ha convertido en una atracción turística.
  —¿A quién se le habrá ocurrido? —protesta Rikku.
  En la entrada de la ciudad, Yuna se reencuentra con Isaaru, otro exinvocador. Aunque en el pasado tuvieron sus más y sus menos (ya que Isaaru confiaba ciegamente en el Clero, y le obligaron a luchar contra Yuna), no queda rencor entre ellos.
  —Has cambiado tanto que casi no te he reconocido —dice él.
  —Me alegro de verte. ¿Qué haces aquí?
  —Estoy ayudando a Cid con su trabajo. Hago de guía en Zanarkand, la antigua tierra sagrada. Viene gente de toda Spira, incluso cazaesferas.
  —¿Qué tiene papá en la cabeza? —Rikku suspira, molesta.
  —Veo que no aprobáis la idea, pero entendedlo: este lugar tiene una gran importancia histórica para toda Spira.
  Las YuRiPa se internan en las ruinas de Zanarkand. Deben encontrar la videoesfera indicada en el oscilodetector del Celsius. Y no son los únicos que andan tras ella, ya que hay unos cuantos grupos de cazaesferas: los Dedos Largos (especialistas en robar, no lo ocultan), las Abuelas (tampoco ocultan su edad), los Cazaesferas Relámpagos (no más jóvenes que las anteriores), y los únicos que tienen algún futuro: los Kinderguardianes, compuesto por tres niños: Pacce, Taro y Hana. El primero es el hermano pequeño de Isaaru y Maroda.
  Ninguno de esos grupos supone algún problema para las Gaviotas, pero el Sindicato Leblanc es otra historia. Varios esbirros están buscando la videoesfera, y no dudan en atacar a Yuna y las demás en cuanto las ven. La verdad es que el Sindicato, más que un grupo de cazaesferas, parece un pequeño ejército.
  Las YuRiPa llegan al Templo de Zanarkand. La sala en la que antiguamente moraba el Orador, ahora sirve de oficina improvisada para Cid. A su hija no le hace demasiada gracia el asunto:
  —¿Lósu ca da ulinna? ¡Mira que convertir este lugar en una tienda de regalos!
  —¿Por qué te molesta tanto?
  —¡Es como poner un parque de atracciones en las ruinas del Hogar!
  Lo que Rikku llama “Hogar” era el lugar donde vivían los albhed, en la isla de Bikanel, hasta que fue destruido por los guado. Parece que el argumento de Rikku ha convencido a su padre, que decide marcharse de allí.
  Las chicas avanzan hasta la sala donde sus guardianes y ella derrotaron a Yunalesca dos años atrás. Es el único rincón de las ruinas que todavía no ha sido ocupado por turistas. ¿O quizá sí…?
  —Os felicito por haber llegado hasta aquí, cazaesferas —es una voz masculina, aunque no hay rastro de su dueño—. Pero no conseguiréis tan fácilmente el tesoro que buscáis. ¡Si queréis el tesoro, debéis decirme la contraseña!
  —¡La contraseña es “mono”! —responde Rikku, que se lo escuchó decir a un esbirro de Leblanc.
  —Eh… sí, bien. ¡Vale! Y ahora decidme: ¿cuál es el sentido de la vida?
  Yuna ha reconocido la voz:
  —¿Eres tú, Isaaru?
  —¿Es ésa vuestra respuesta final?
  —¡Vale ya! —protesta Rikku.
  Viendo que las chicas lo han descubierto, Isaaru sale de su escondite.
  —¿Qué es todo esto? —pregunta Yuna.
  —Mi trabajo. Brindo emoción a los visitantes de este lugar sagrado. Yo mismo viajé una vez con la esperanza de ver este lugar. Trabajar aquí cumple de algún modo ese deseo.
  Finalmente, tras quitarse a Isaaru de encima, las YuRiPa encuentran la videoesfera. Está vigilada por una versión más débil de Custodio Sacro, la bestia de Yunalesca que tuvieron que eliminar antes de su primera visita a Zanarkand.
  Cuando eliminan al monstruo, descubren que la videoesfera no está completa; es únicamente la mitad. Aunque no sirve de nada en ese estado, deciden llevársela por si más adelante encuentran la otra mitad.
  Misión cumplida. Hora de volver al Celsius.

Capítulo 63 – Conflicto en Kilika

  Apenas han llegado al puente de mando, Dachi les informa de que hay más trabajo que hacer:
  —Han llegado informes de una “videoesfera alucinante”. Parece que ya hay una multitud tras ella. Los informes vienen del Bosque de Kilika.
  Una vez en Kilika (ya reconstruida tras la destrucción de Sinh), las Gaviotas se encuentran con la exinvocadora Dona y su guardián, Barthello, quienes viven allí desde que abandonaron el peregrinaje. Cuando las YuRiPa pasan junto a su casa, escuchan una discusión entre ambos. Dona ha echado a Barthello de casa, y éste se marcha corriendo, prácticamente llorando.
  —Anda, si tengo visita —Dona no parece muy ilusionada.
  —¿Qué le pasa a Barthello? —pregunta Rikku.
  —Nada especial. Yo soy de la Liga Juvenil, y él de Nuevo Yevon. Por eso la convivencia no es nada fácil.
  —Cada uno defiende lo suyo —responde Paine.
  —Exacto. Y ahora dejadme.
  ¿“Liga Juvenil”? ¿“Nuevo Yevon”? Quedaos con estos nombres, que son muy importantes. Ahora mismo vamos a conocer al líder de una de estas organizaciones.
  —¡Simpatizantes de la Liga, dirigíos al bosque inmediatamente! —dos soldados gritan en la calle—. ¡Pronto empezará la arenga de Nooj!
  Un gran número de habitantes de Kilika, incluyendo a Dona, se reúnen en las afueras del pueblo. Frente a ellos hay un hombre bastante llamativo: lleva gafas, una larguísima coleta y un bastón que le permite andar correctamente, pues lleva sendas prótesis metálicas en el lugar donde tiempo antes estaban su pierna y brazo izquierdos. Es Nooj, el líder de la Liga Juvenil.
  —¡Os saludo, amigos míos! —Nooj se dirige a todos los allí presentes—. En el Templo de Kilika esconden una videoesfera muy importante. Un documento de la verdadera historia de Spira. Estamos aquí para exigir a Nuevo Yevon que haga público el contenido de esa videoesfera. Pero, como siempre, no escuchan a quienes buscan la verdad. Y yo pregunto: ¿por qué? ¡Porque Nuevo Yevon quiere ocultar la verdad, como hacía el Clero! ¡Ya basta! Amigos, apoyadme, y juntos devolveremos la verdad al pueblo. Pero… no nos excedamos. Nuestros oponentes no son precisamente jóvenes.
  Tras esta pulla que hace reír a todos sus seguidores, Nooj marcha en dirección al Templo de Kilika. Los soldados de Nuevo Yevon tienen acordonada la zona, pero Dona y unos cuantos más (incluyendo a las Gaviotas) consiguen infiltrarse. Sin embargo, Nuevo Yevon tiene un as en la manga: nada menos que un gólem de combate defendiendo la videoesfera. El gólem ataca directamente a las YuRiPa, que no tienen más remedio que destruirlo. Pero que nadie se engañe: lo han hecho en defensa propia, no porque quieran posicionarse a favor de uno de los bandos en este conflicto. Y la mayor prueba de esto es que, antes de que los miembros de la Liga Juvenil y Nuevo Yevon puedan reaccionar, Paine recoge la videoesfera del suelo, y las tres chicas regresan al Celsius rápidamente, dejando a todos con un palmo de narices.

Capítulo 64 – Lenne

  A bordo de la nave, Aniki celebra la nueva hazaña de las YuRiPa, que han sabido aprovechar el conflicto entre Nuevo Yevon y la Liga Juvenil para llevarse la videoesfera.
  —¡Seremos famosos en toda Spira!
  —No olvides que la fama tiene sus desventajas —responde Paine, calmando los ánimos.
  Mientras los demás charlan, Shinra ha terminado de analizar la videoesfera de Kilika. En ella se ve nuevamente al supuesto Tidus frente a una enorme bestia mecánica:
  —Eres lo único que puede ayudarme a salvar a Lenne, ¿sabes?
  —¿Qué porras es esa máquina? —pregunta Aniki.
  —Parece una máquina extremadamente peligrosa —responde Shinra—. Un arma, sin duda.
  —(¿Eres tú?) —Yuna piensa en Tidus—. (¿O sólo se te parece? Y… ¿quién es esa Lenne?)
  —Eh… —Aniki está pensativo—. ¡Devolvamos esa videoesfera! ¿Qué os parece?
  —¡Pero nos ha costado tanto trabajo…! —protesta Rikku.
  —¡Esa cosa nos quema en las manos!
  —¿Y si la donamos para el estudio de la historia de Spira? —sugiere Dachi—. Al principio, ése era el deber de los cazaesferas, ¿verdad?
  —Es un poco tarde para acordarse de eso —replica Paine.
  —¡Aun así no la quiero! —insiste Aniki—. ¡La devolveremos, ya!
  No pueden negarse ante una orden directa del líder, así que harán lo que dice. Pero no hay prisa; la devolverán al día siguiente. Esa noche es para relajarse. Se lo han ganado.
  Sin embargo, Yuna tiene la cabeza llena de pensamientos relacionados con la videoesfera que acaban de ver:
  —¿Quién es Lenne? ¿Por qué me enfado así? ¡¿Quién leches es Lenne?!
  Yuna decide irse a dormir, aunque las cosas no mejoran en sueños, pues tiene una pesadilla…

  Tidus y Yuna corren por un pasillo, perseguidos por varios soldados armados con fusiles. Su intento de huida los lleva hasta una enorme sala, ocupada en gran parte por una máquina gigantesca. No hay otra salida; están acorralados. Tidus y Yuna se miran y cierran los ojos, mientras los soldados apuntan en su dirección. ¡Bang! Un ruido ensordecedor retumba por toda la sala; el ruido de todos los rifles disparándose al unísono. Tidus y Yuna caen abatidos, con los ojos cubiertos de lágrimas.

  Yuna se despierta sobresaltada. Paine y Rikku están junto a ella, preocupadas por cómo se agitaba y hablaba en sueños.
  —Estaba teniendo una pesadilla…
  —Es culpa de tu pijama nuevo —Rikku observa el atuendo de cantante con el que Yuna se ha dormido.
  Las chicas vuelven al puente de mando, donde encuentran a sus compañeros debatiendo sobre la videoesfera que robaron el día anterior.
  —Está bien que devolvamos la videoesfera —dice Dachi—, pero ¿a quién?
  —La Liga Juvenil o Nuevo Yevon —Shinra duda—. Uno peor que el otro.
  La Liga Juvenil, siempre buscando bronca. Nuevo Yevon, aferrados a la religión que los tuvo engañados durante mil años. Ambos están interesados en la videoesfera, como quedó claro en Kilika. Hay que elegir a uno.
  —¿Qué opinas, Yuna? —pregunta Aniki.
  —¡Haré lo que diga el líder!
  —Hm… ¡El líder ordena a Yuna que decida!
  Y lo que Yuna decide es…

  La historia puede sufrir variaciones dependiendo de nuestras decisiones. Para que no haya polémicas, seguiré el único camino con el que se puede conseguir el “final perfecto”, o “100% del juego”. Creo que es lo más justo.

Capítulo 65 – Liga Juvenil

  Tras la desaparición de Sinh, un hombre llamado Trema fundó los Buscadores, el primer grupo de cazaesferas. Tenían el apoyo de la mayor parte de la sociedad, pues aquel hombre planeaba hacer pública toda la información que consiguiera. Sin embargo, meses después (un año antes del momento actual), Trema cambió totalmente. Fundó Nuevo Yevon y se quedó todas las videoesferas, indignando a quienes esperaban usarlas para revelar el pasado de Spira. ¿Qué descubriría Trema para tomar esta decisión? Su lema era “cada cosa a su tiempo”. Sorprendentemente, muchos se unieron a su causa. La gente estaba asustada ante la posibilidad de que su vida cambiase radicalmente en este “nuevo mundo”, y preferían seguir amarrados a las tradiciones.
  Como es lógico, la decisión de Trema hizo que mucha otra gente, que antes lo apoyaba, ahora se opusiera a esta “censura” y al ocultamiento de datos del pasado. Lo que parecían protestas aisladas, pronto se convertirían en un gran movimiento, cuando un exlegionario llamado Nooj unió a toda esta gente y creó lo que ahora se conoce como Liga Juvenil. Un grupo sin demasiado orden, y quizá excesivamente violento… pero que han sido elegidos por Yuna como merecedores de la videoesfera que están a punto de devolver.
  De Nooj aún queda mucho que contar. Por ahora sabemos que era un respetado legionario y que perdió un brazo y una pierna luchando contra Sinh. Bueno, y que tiene un gran poder de convicción. Ha conseguido que se unan a su causa muchísimas personas, entre las que se encuentran algunos conocidos: Lucil (excomandante del Batallón Chocobo, ahora comandante de la Liga), sus compañeros Elma y Clasko, la exinvocadora Dona, Maroda (hermano de Isaaru y Pacce), los Besaid Aurochs…

  Aniki aterriza el Celsius en la Senda de las Rocas Hongo. Ahí está el cuartel general de la Liga Juvenil. Todos sus miembros están encantadísimos de contar con la ayuda de las Gaviotas. Después de lograr derrotar a Sinh para siempre, la alta invocadora es idolatrada por casi todo el mundo.
  —¿Quién acoge con festejos a alguien que le robó? —se pregunta Dachi.
  —Ih tadymma ceh esbundyhley —contesta Aniki—. Cyly balru, díu.
  “Un detalle sin importancia. Saca pecho, tío”.
  Nooj acude a recibirlos, mientras los demás miembros de la Liga Juvenil los aclaman como si fueran auténticos héroes.
  —Venimos a devolveros la videoesfera que buscabais —dice Yuna—. Ahora que está en vuestro poder, podéis dejar de pelear en Kilika.
  —Qué generoso… y qué repentino —responde Nooj—. Tal vez deberías empezar presentándote, alta invocadora.
  —¡Somos las Gaviotas! —exclama Rikku.
  —Ajá. Cazaesferas. En ese caso, acepto encantado la videoesfera que habéis traído. Gracias en nombre de la Liga Juvenil. ¿La habéis visto?
  —Sí —reconoce Yuna.
  —Pues olvidadla.
  —Me temo que no puedo.
  —Un consejo: esa… cosa, ese coloso que visteis, se llama Vegnagun. Tiene un increíble poder devastador. No hay que tocarlo. Pero los estúpidos de Yevon creen que pueden controlarlo. La Liga Juvenil hará lo que sea para asegurarse de que ni lo intenten. Creedme, es mejor que no os metáis en esto.
  —Dime: ¿quién era el hombre de la esfera?
  —No lo sé.
  Dachi interrumpe la conversación para advertirles de que ha llegado una señal de socorro del Celsius. El trabajo no da descanso. ¡Gaviotas, a volar!

Capítulo 66 – Misión de infiltración

  —Nos han robado —informa Shinra—. Falta la videoesfera rota de las ruinas de Zanarkand.
  —Parece que el ladrón nos ha dejado un regalo —Dachi tiene otra videoesfera en las manos, con el logo del Sindicato.
  La grabación muestra a Leblanc, Ormi y Logos a bordo del Celsius. No les bastaba con robar, que han dejado un mensaje presumiendo de ello:
  —¿Quién va ganando, Gavidiotas?
  —¡Vamos a recuperarla! —exclama Yuna—. ¡Nadie se mete con nosotras!
  —¿Y qué pasa con Vegnagun? —pregunta Paine.
  —¡Estamos olvidando quiénes somos! ¡Somos cazaesferas, las Gaviotas!
  —¡Eso es! —asiente Aniki, tan motivado como siempre—. ¡Lo que te roban, lo recuperas! ¡Es la ley de los cazaesferas! ¡A la guarida de Leblanc! ¡Atacaremos en nombre del honor!
  —Nos patearán el trasero en nombre del honor… —Shinra no lo tiene tan claro.
  —¿Y si nos infiltramos disfrazadas? —sugiere Yuna.
  Parece buena idea. Ahora sólo hay que encontrar los disfraces adecuados… Afortunadamente, no pasa mucho tiempo antes de que Yuna, Rikku y Paine se reencuentren con el dúo cansino: Logos y Ormi, acompañados por algunas esbirras de Leblanc. Tras darles una paliza, perseguirlos un rato, y darles otra paliza más (nunca tienen suficiente), las chicas consiguen hacerse con un traje para cada una.
  Más tarde, ya con los disfraces puestos, las YuRiPa entran a la mansión que hace las veces de base del Sindicato Leblanc, en Guadosalam. Es la antigua casa del Venerable Seymour. Allí se encuentra la jefa, hablando con Nooj, el líder de la Liga Juvenil.
  —Gracias, Leblanc.
  —Por ti lo que sea, querido.
  —Por fin sé dónde se encuentra Vegnagun. Habrá jaleo en Spira. Ten cuidado.
  Sorpresa: al parecer, estos dos son novios. De hecho, Leblanc se hizo cazaesferas para hacer feliz a Nooj. Quiere encontrar las mejores videoesferas únicamente para regalárselas.
  El líder de la Liga Juvenil se marcha de Guadosalam, mientras que Leblanc vuelve a su habitación. Las chicas aprovechan para espiar la base del Sindicato, y no tardan en encontrar la media videoesfera que robaron a las Gaviotas, junto con la otra mitad, que debieron encontrar por su cuenta. Eso explica que quisieran llevarse una videoesfera aparentemente rota. Antes de examinarla se quitan los disfraces de esbirras, sin imaginar que la misión está a punto de torcerse.
  —¡Aquí Aniki! ¿Qué tal va la misión?
  —¡Silencio! —responde Rikku—. ¡Es una misión de infiltración!
  —¡¿Cómo te atreves a hablarle así a tu jefe?!
  —¡Cállate ya!
  Los gritos de ambos hermanos alertan a Ormi y Logos, que acaban de regresar a la mansión. Las han pillado en pleno robo por culpa de Aniki.
  —Sólo las chicas malas revuelven las habitaciones de los demás —dice Logos.
  —¿Y vosotros qué? —replica Rikku—. ¡Os colasteis en el barco volador!
  —Seguíamos órdenes de la jefa. Con eso basta.
  Leblanc se une a ellos poco después.
  —Muy bien, queridas. Me costó mucho recoger esas piezas para mi Noojito bonito, así que ni tocarlas. ¡A por ellas, chicos!
  Una vez más, las YuRiPa consiguen imponerse en combate al Sindicato. Están en el sótano de la mansión, por lo que ningún esbirro acudirá en su ayuda.
  —¿Os apetecen un par de tortas más? —pregunta Rikku.
  —¡U-Un momento! —Leblanc ha tenido suficiente—. ¡Os permitiré ver lo que hay en la videoesfera!
  —No necesitamos tu permiso —contesta Paine.
  Las imágenes de la videoesfera, ya reparada, muestran una enorme máquina en una gigantesca sala, custodiada por un numeroso grupo de soldados.
  —Es el coloso, Vegnagun —explica Leblanc—. Analizamos la videoesfera. Parece que fue grabada en Bevelle subterráneo.
  —Veo que Bevelle no ha perdido su afición a los secretos —responde Paine.
  —¡Exacto! Los canallas de Yevon han tenido esa arma oculta todo el tiempo. Si alguien la usa, será el fin de Spira.
  —¡Pero es una máquina! —Rikku no está asustada—. ¡Sólo tenemos que llegar hasta ella y desmontarla!
  —Eso es lo que Noojito pretende. Y planee lo que planee, yo estoy con él. ¿Y tú? —Leblanc mira a Yuna—. La invocadora que derrotó a Sinh debe defender Spira una vez más.
  —…Sí —Yuna asiente, no muy convencida.
  —Así pues, estamos en el mismo bando. Os esperaremos.
  —¿Esperaréis dónde? —pregunta Paine.
  —¿Dónde va a ser, querida? En vuestro barco volador. Siempre he querido dar una vuelta en él.
  Leblanc se ha autoinvitado a subir al Celsius, acompañada por Ormi y Logos. Esperemos que esta vez realmente pretendan ayudar, y no seguir robando…

Capítulo 67 – Los secretos de Bevelle

  Leblanc está en el puente de mando, con sus dos esbirros y las Gaviotas.
  —Lo primero es lo primero: iremos a Bevelle. ¡Avante a toda máquina!
  —¡Un momento, rubia! —Aniki no está muy conforme con recibir órdenes—. Yuna, ¿qué hacemos?
  —¡Salvar Spira, por supuesto! —exclama Leblanc.
  —¡Eso es! —Yuna asiente con la cabeza.
  —Siempre dejándose arrastrar… —murmura Paine.
  —¡Seguro que en Bevelle hay montones de videoesferas! Ya que vamos, podemos buscarlas.
  Rikku y Paine suspiran, dándose por vencidas. No es que ir a Bevelle les parezca mala idea, pero no les gusta que Yuna se limite a seguir los consejos de los demás sin pararse a pensar por sí misma. Hay cosas que no cambian con los años…
  Mientras Aniki, Dachi y Shinra esperan en el Celsius, las YuRiPa, Leblanc, Logos y Ormi se apean de la nave frente al Templo de Bevelle.
  —¿Cuál es el plan? —pregunta Rikku.
  —¡Es obvio! —responde Leblanc—. Secuestraremos a su líder. Le obligaremos a que nos lleve hasta Vegnagun, y… ¡jaque mate!
  —La cosa está clara —dice Ormi—. Nuestro objetivo es el director de Nuevo Yevon, Baralai.
  —Un tipo tan afeminado como ése está perdido sin su escolta —añade Logos.
  —Cuidado —advierte Paine—, es mucho más fuerte de lo que parece.
  ¿Acaso Paine conoce bien a Baralai? Sin tiempo para preguntas, los monjes guerreros de Bevelle se acercan a los visitantes.
  —¡Los espías de la Liga Juvenil! ¡No mancillaréis este lugar como hicisteis con Kilika!
  Tras encargarse de unos cuantos monjes guerreros (sin la menor ayuda de los miembros del Sindicato, que se limitan a mirar), las Gaviotas consiguen acceder al templo. El interior del recinto es un desastre: hay partes destruidas y monstruos campando a sus anchas.
  —Los templos están plagados de secretos —dice Paine—. Los monstruos son lo de menos.
  En la sala que antiguamente servía de Cámara del Orador, ahora únicamente hay un agujero en el suelo, como si la tierra se hubiera tragado la estatua del eón. Las chicas descienden por el agujero, y descubren que allí abajo hay unas instalaciones subterráneas, con maquinaria sorprendente y en perfecto funcionamiento.
  —Hay que reconocer que tiene mérito esconder algo tan enorme —dice Logos.
  Protegiendo aquel extraño lugar hay un monstruo que les es conocido (al menos a Yuna y Rikku): Custodio Infernal, otra de las criaturas que Yunalesca utilizaba para poner a prueba a los invocadores. Al igual que el Custodio Sacro de Zanarkand, es una versión más débil, por lo que logran eliminarlo sin dificultades.
  —¡Yuny! —Rikku se ha dado cuenta de algo—. ¡Creo que la videoesfera donde sale Tidus fue grabada aquí!
  Tras deambular un rato por los pasillos subterráneos ocultos de Bevelle, en busca de Vegnagun, se topan con un hombre joven, de pelo blanco y actitud tranquila. Es Baralai, líder de Nuevo Yevon, elegido democráticamente tras la renuncia del fundador, Trema.
  —Vaya, pero si es la alta invocadora Yuna. Me preguntaba de quién se trataba.
  —¿Tú eres el malo? —Rikku esperaba a alguien mucho más viejo.
  —No seáis tan duras conmigo —ríe—. No hace falta que me lo digáis, sé que habéis venido a destruir el arma que amenaza a toda Spira: Vegnagun. Si fuera posible destruirlo, ya lo habríamos hecho hace tiempo. Pero no se debe tocar a Vegnagun. Ni vosotras ni Nooj lo entendéis.
  —¿Has hablado con Nooj? —pregunta Paine.
  —Él… no es de fiar.
  —¿Y tú sí? —replica Rikku con tono irónico.
  —Touché… Sí, supongo que Yevon se ha ganado la desconfianza de la gente. En cualquier caso, no debéis interferir. Yo me encargo de Vegnagun.
  —¿Qué piensas hacer? —Yuna no sabe si fiarse de él.
  —Lo único que puedo hacer: mantener alejados a quienes buscan destruir a Vegnagun.
  Baralai luchará contra ellas si es necesario… y Paine no lo duda: desenfunda su espada, dispuesta a seguir adelante con o sin la aprobación del líder de Nuevo Yevon. Rikku y Yuna se unen a su amiga, derrotando juntas a Baralai. Aunque el plan de Leblanc consistía en secuestrarlo para obtener respuestas, prefieren dejarlo allí y buscarlas por su cuenta.
  En la sala que estaba protegiendo aquel chico no encuentran a Vegnagun, pero sí algo más sorprendente aún: ¡Bahamut!
  —No puede ser… —Rikku lo observa con la boca abierta.
  —¿Qué es eso? —Paine no lo había visto antes.
  —¡Un eón!
  Esta vez Bahamut no tiene intenciones amistosas. Ruge a las recién llegadas, preparándose para el combate. Yuna intenta evitarlo por todos los medios, aproximándose lentamente a él para tranquilizarlo.
  —¡Detente, por favor!
  Bahamut no escucha sus palabras. Está dispuesto a matar a Yuna. Rikku y Paine sujetan a su amiga antes de que siga acercándose al eón.
  —¿Es que quieres morir? —Paine vuelve a sacar su espada—. ¡No hay otra salida!
  Con el corazón en un puño, Yuna se ve obligada a luchar contra Bahamut. Entre las tres (porque Leblanc, Logos y Ormi no mueven un dedo) logran acabar con el rey de los dragones.
  La zona subterránea oculta del Templo de Bevelle termina ahí. No hay ni rastro de Vegnagun. Lo único que encuentran es un enorme agujero en el suelo.
  —Este foso es reciente —dice Yuna, experta en fosos.
  —¿Crees que lo hizo Vegnagun? —pregunta Rikku—. Increíble… ¿Hasta dónde llegará?
  —¿Dónde está Vegnagun? —Leblanc se une a ellas—. Habrá huido despavorido al saber que yo venía. ¡Debo informar a Noojito bonito cuanto antes! Chicos, ¡a grabar! ¡No paséis por alto ni un detalle!
  Ormi se pasea por la sala, cámara en mano, mientras Paine sigue observando la grieta.
  —Vegnagun… ¿Realmente estaba aquí?

Capítulo 68 – Problemas en los templos

  La radio saca a las chicas de sus pensamientos. Es Aniki dando voces, como siempre.
  —¡Yuna! ¡Una emergencia! ¡Volved al Celsius pitando!
  Cuando regresan al puente de mando de la nave, Dachi les informa de las malas noticias:
  —¡Los templos están escupiendo monstruos!
  —¿Qué templos? —pregunta Rikku.
  —¡Todos! —contesta Aniki—. ¡Es un estado de súper emergencia! ¿Qué hacemos? ¿Entramos en acción?
  —No es un trabajo para cazaesferas —replica Shinra.
  —Cierto —asiente Dachi—. Pero la gente se tranquilizaría al ver a Yuna.
  —Y le endilgarían el trabajo sucio —añade Paine.
  Shinra y Paine tienen razón: es muy bonito eso de ayudar a gente, pero Yuna ya no es invocadora, sino cazaesferas, y no puede vivir de ayudar a los demás. Aunque eso tampoco significa que deban ignorar los problemas de Spira. A Rikku se le ocurre una solución intermedia:
  —¡Podemos ser las “Gaviotas Serviciales”!
  —¿Te refieres a liquidar monstruos por un precio? —pregunta Dachi.
  —¡Acu sa kicdy! —exclama Aniki, apoyando a su hermana en albhed.
  Yuna también está de acuerdo:
  —¡Si podemos ayudar a gente con problemas, por mí genial!
  —¡Entonces queda suspendida la caza de esferas! —concluye Rikku.
  Dachi interrumpe la conversación para informarles de otra preocupante noticia que acaba de recibir:
  —Nooj, el líder de la Liga Juvenil… y Baralai, el director de Nuevo Yevon… ¡Han desaparecido!
  A Aniki le importan bien poco esos dos, e insta a sus compañeros a dedicarse al tema de matar monstruos de los templos por dinero. Primer destino: Templo de Djose.
  Un albhed rubio, con el pelo de punta y un parche en el ojo derecho, se acerca a Rikku y empieza a revolverle el pelo. Es Gippal, líder de otro grupo numeroso: los Mecanistas.
  —¡Hey! ¡Si es la niña pequeña de Cid!
  —¡Oye, que tengo nombre!
  —¿Qué tal le va a Aniki?
  —Como siempre. Dachi sigue con él.
  —Nada ha cambiado, ¿eh?
  —Parecéis buenos amigos —dice Yuna.
  —Éramos la pareja perfecta —responde Gippal.
  —¿Banu xié telac? —Rikku está avergonzada.
  —Con Rikku siempre te ríes.
  —Aquí también hay monstruos, ¿no? —la albhed cambia de tema rápidamente—. ¿Quieres que nos encarguemos de ellos?
  —¿Cazar monstruos? ¿Habéis dejado lo de las videoesferas?
  —Temporalmente —contesta Yuna—. Ahora ayudamos a la gente. ¿Quieres contratarnos?
  —No. Tú ya te encargaste de Sinh. No podemos pedirte ayuda cada vez que tengamos problemas.
  La seguridad de ese lugar está en manos de los Mecanistas. Ellos se ocuparán de Djose, y las Gaviotas del resto.

Capítulo 69 – El Sindicato se tambalea

  Antes de partir rumbo a los demás templos, las Gaviotas hacen una parada en Guadosalam, para visitar a su amiga Leblanc. Hay rumores de que el Sindicato está a punto de disolverse, y quieren saber de primera mano qué está pasando.
  —La jefa está deprimida desde que Nooj desapareció —explica Logos.
  Yuna, Rikku y Paine suben a la habitación de Leblanc, quien no parece tener muchas ganas de hablar.
  —¿No quieres cazar videoesferas? —Rikku intenta motivarla—. Si no, las Gaviotas nos quedaremos con todas las videoesferas de Spira, ¿eh?
  —Me da igual. ¿Para qué cazar videoesferas si no haré sonreír a mi Noojito bonito? No tiene sentido.
  Lo han intentado, pero Leblanc está realmente mal, así que será mejor dejarla en paz. Antes de irse de la mansión, Logos y Ormi piden a las chicas que los ayuden a pensar en otra manera de animarla.
  —¿Y si le enseñamos una videoesfera de Nooj? —sugiere Ormi.
  Los cinco se reúnen en la habitación de Logos, buscando una videoesfera apropiada para mostrársela a Leblanc. La primera que visualizan es la que grabaron en el Templo de Bevelle, antes del enfrentamiento contra Bahamut. En uno de los momentos del vídeo, Paine pide a Logos que detenga la grabación. Una figura se vislumbra a lo lejos. Al ampliar la imagen, todos se quedan con la boca abierta: es Nooj.
  —¿Qué hacía allí? —pregunta Rikku.
  —Esto no me gusta —dice Paine—. Todos estos secretos, uno detrás de otro…
  —Os agradecería que no se lo mencionarais a la jefa —pide Logos—. Sea lo que sea ese Vegnagun, obviamente es peligroso. A nosotros, simples cazaesferas, no se nos ha perdido nada con él. Pero si la jefa supiera que Nooj está involucrado, nadie podría detenerla.
  Yuna observa que hay otra videoesfera en la habitación. Logos accede a enseñársela, ya que están intentando ayudar. No la grabó él, sino que se la encontró en el Templo de Bevelle. La imagen muestra a un soldado hablando con un preso que les es conocido: el “Tidus” de las otras videoesferas.
  —La única razón de que la guerra no termine es que Zanarkand no quiere rendirse —le reprochaba el soldado.
  —Si vosotros dejarais de atacar, no habría guerra.
  —No somos tan ingenuos.
  —Un día, vuestras queridas armas terminarán destruyéndoos.
  —Probablemente se refiera a la Guerra de Máquinas de hace mil años.
  Al escuchar aquella voz, todos dejan de mirar la videoesfera. Hay un anciano sentado en uno de los sillones de esa misma habitación. Es el sabio Maechen, viejo conocido de Yuna y sus amigos.
  —¿Cuándo has entrado, anciano? —pregunta Logos.
  —¡No esperarás que me acuerde de todo! —bromea Maechen—. Debo admitir que el parecido del chico de la videoesfera es extraordinario.
  —No puede ser él… ¿Verdad? —dice Yuna.
  —Me temo que no. Esa videoesfera fue grabada hace mil años —Maechen hace una pequeña pausa—. Yuna, últimamente corre un rumor. Tal vez lo hayas oído. Dicen que la alta invocadora Yuna iba acompañada de un guardián de Zanarkand, ¡nada menos! —obviamente se refiere a Tidus—. Sí, ese joven ciertamente llamó la atención en el campeonato de blitzbol de Luca. Yo mismo hablé con él en varias ocasiones. Percibí que pertenecía a otro mundo. Creo que no puede ser una mera coincidencia que se parezca tanto al hombre de esa videoesfera.
  —Hay una conexión.
  —Sí. Me gustaría tener la oportunidad de preguntárselo y aclarar este asunto definitivamente.
  —Pero él ya no está… Lo dijeron los Oradores: “Nuestro sueño se desvanecerá”.
  —¿Un sueño de los Oradores…? ¡Cielos! Tenía algo en la punta de la lengua, pero lo he olvidado… Algo muy importante… Es frustrante. Bueno, tendré que pensar en ello un poco más. Hasta la próxima, Yuna. Todos estamos conectados. Puede que haya una manera de reunirnos con los que nos han dejado.
  —¿Qué?
  —Perdonadme. Disculpad los desvaríos de este pobre viejo.
  Tras darle un apretón de manos a Yuna, Maechen se marcha de allí, dejando a todos con más dudas que nunca. ¿El chico de las esferas es Tidus? ¿O es igual que Tidus pero no es Tidus? ¡Maldito Maechen y su mala memoria!

Capítulo 70 – Templos y eones

  Las Gaviotas tienen mucho trabajo por delante, y deben darse prisa si no quieren que los monstruos provoquen una tragedia en algún punto del mundo. Pero ¿por dónde empezar…?
  Hay cuatro lugares en alerta roja: Besaid, Kilika, Djose y la Cueva del Orador Robado. En sitios como Zanarkand o Macalania no parece haber peligro por el momento, y de Djose se encargan los Mecanistas, así que las Gaviotas se ocuparán de los otros tres.

  Primer destino: cueva del Orador robado. Los monstruos han atacado a varios turistas que se encontraban visitando aquel lugar, así que parece el sitio que requiere ayuda más urgente. Todo parecía originarse en una grieta de la Cámara del Orador. ¿Y quién está allí liderando la salida de monstruos? El mismísimo eón Yojimbo. Primero Bahamut y ahora él. Yuna se ve obligada a liquidar a otro de sus antiguos compañeros para que los turistas puedan escapar sanos y salvos.

  Segundo destino: Besaid. Aunque Wakka y los Aurochs se bastan para defender el pueblo ellos solos, hay otro asunto que pone en peligro el Templo de Besaid. Se trata de Beclem, un miembro de la Liga Juvenil, cuyos planes para detener la salida de monstruos no terminan de convencer a Wakka.
  —¡Podemos terminar con los monstruos de inmediato! —grita Beclem a Wakka.
  —¡Quemar el templo sería demasiado!
  —¿Tienes otra sugerencia? Hay que hacer algo. ¿Qué pasa si siguen saliendo monstruos? ¿O no te importa poner en peligro a tu familia?
  —Basta con que paremos a los monstruos, ¿no?
  Wakka se interna en el templo, con la intención de eliminar a todos los monstruos que están saliendo por la grieta de la Cámara del Orador. No habría tenido muchas dificultades de no ser por el que parece ser el “jefe” de todos estos monstruos: el eón Valefor. Por suerte, las YuRiPa llegan a tiempo de salvar a Wakka y eliminar a Valefor. Tras su desaparición, dejan de salir monstruos a través de la grieta.
  —Fue mi primer eón… —para Yuna es muy duro enfrentarse a ellos.
  Tras contarle lo ocurrido, Beclem acepta no quemar el templo (de momento), pero recrimina a Wakka el haberse jugado la vida:
  —¿No estás a punto de ser padre? ¿Y si te hubiera pasado algo, qué?
  —¡Cállate, odioso! —Rikku sale en defensa de su amigo.
  —Está bien… —Wakka suspira—. Tiene razón. Si morimos para salvar un recuerdo, los perdemos todos.
  —¿Y si es un recuerdo muy importante? —pregunta Rikku.
  —“Los recuerdos son bellos, pero son sólo recuerdos”. Así decís los albhed, ¿no?
  —Sí, pero…
  —Si vuelven a salir monstruos del templo, creo que tendré que quemarlo.
  —Supongo que sí —Yuna entiende que no pueden poner en peligro a la población por salvar el templo—. Pero llámame antes. El fuego será nuestro último recurso.

  Tercer destino: Kilika. Acceder al templo va a ser difícil, ya que siguen los conflictos entre la Liga Juvenil y Nuevo Yevon. Los primeros vigilan que nadie entre o salga de Kilika, mientras que los segundos hacen lo mismo con el templo que hay tras cruzar el bosque.
  Los soldados de la Liga no van a hacer una excepción con las Gaviotas, y les prohíben atravesar las puertas del poblado. Por suerte, Dona se ofrece a ayudar a Yuna.
  —Distraeré a uno de los guardias para que podáis colaros. Hay un camino oculto.
  ¿Dona ayudando a Yuna? Eso sí que es raro… Aunque Rikku tiene la teoría de que lo que en realidad quiere es asegurarse de que Barthello está bien, ya que no pueden verse desde que se acrecentó el conflicto entre la Liga Juvenil y Nuevo Yevon.
  El bosque es un caos. Monstruos por todas partes, partidarios de Yevon tratando de huir, miembros de la Liga construyendo murallas para que ninguno de ellos pueda llegar a Kilika… Pronto todos los de Nuevo Yevon, incluyendo niños pequeños, quedarán emparedados entre las murallas de la Liga y los monstruos que salen del templo. Hay que hacer algo antes de que ocurra una masacre. Afortunadamente, las YuRiPa consiguen llegar al templo siguiendo el camino secreto que mencionaba Dona.
  Los monstruos han acabado con todos los que se han atrevido a adentrarse en busca de la Cámara del Orador. El que más lejos ha llegado ha sido Barthello, a quien encuentran tirado en el suelo, aún con vida.
  —Si los monstruos llegan al pueblo, ¡atacarán a mi Dona!
  —Dona tiene ganas de verte —Rikku trata de animarlo—. No lo ha dicho, pero se le nota.
  —Yo también quiero verla. Aunque creamos en cosas diferentes, mis sentimientos por ella nunca cambiarán. Puede que haya pasado la época de los invocadores, pero siempre seré el guardián de Dona. ¡Sólo vivo para protegerla!
  Yuna, Paine y Rikku llegan a la Cámara del Orador. Allí hay otra grieta… y otro eón: Ifrit. Tras acabar con él, la aparición de monstruos se detiene.
  Las Gaviotas han devuelto la paz a los templos. O eso es lo que creen…

Enlaces:

Final Fantasy X, parte 1: capítulos 1-14
Final Fantasy X, parte 2: capítulos 15-28
Final Fantasy X, parte 3: capítulos 29-42
Final Fantasy X, parte 4: capítulos 43-57, epílogo

– Final Fantasy X-2, parte 1: capítulos 58-70
Final Fantasy X-2, parte 2: capítulos 71-83
Final Fantasy X-2, parte 3: capítulos 84-94

5 comments to Guía argumental de Final Fantasy X-2 – Parte 1

  • Gold-St

    La vestiesfera de “escritor de guías argumentales que consigue eliminar la vergüenza ajena que embebe el universo de X-2” es algo así como una mezcla entre Psicomante, Psiconauta y Reencarnación de Buda, ¿no? XD

    Gran guía, por supuesto 🙂

  • @Gold-St: Así me gusta, que lleves a cabo las directrices de la Política de Privacidad.

    Aprovecho para decir que parte del mérito de la guía argumental es de Gold, que me ha ayudado en diversos apartados de la misma, especialmente en el último capítulo.

  • Locke

    jajajaja ese gif xD
    Nose si rejugar el juego y luego leer la guia o solo leerla , porque me acuerdo poco o nada..
    Pero ni ganas de rejugarlo la verdad xD

  • Sergio

    @Chris H: Cometiste un pequeño error en la guía, recuerda que Chappu llevaba muerto un par de años y no unos pocos meses, eso saludos y por cierto gran trabajo con la guia, apenas se notan los momentos vergonzosos del juego xD.
    Se agradece también la ayuda de Gold

    • Tienes razón, decir “pocos meses antes” da a entender menos de un año, y en realidad son tres ya los que han pasado desde que Chappu nos dejó. Cambiado. Gracias, se nota que la has leído con atención.

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