Guía argumental de Final Fantasy VII Remake – Parte 1

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Introducción

  Final Fantasy VII Remake ha sufrido multitud de cambios con respecto a la versión original, que llegó a nuestras PlayStation a finales del anterior milenio. Encontramos nuevas secuencias, personajes y diálogos, una mayor profundidad generalizada, e incluso alteraciones importantes en los pilares básicos del argumento, con mejor o peor resultado.
  No estamos aquí para juzgar. Mi intención es contaros la historia tal y como es, no como fue, ni tampoco, por supuesto, como me gustaría que fuera. Por lo tanto, evitaré hacer comparaciones, excepto en los momentos en que el propio juego me lleve a ello, y en un capítulo especial, el último, que contendrá spoilers del Final Fantasy VII clásico. Avisaré llegado el momento, no os preocupéis por eso.
  Tened en cuenta, también, que los sucesos de FFVII Remake cubren únicamente una pequeña porción del Final Fantasy VII original, la introducción, podríamos decir, por lo que ésta será una guía argumental incompleta, en la que quedarán incógnitas sin resolver. Tendremos que esperar varios años para ver en qué desemboca esta reinterpretación de uno de los títulos más míticos de la industria de los videojuegos.
  A modo de añadido especial, habrá un capítulo dedicado a la conexión entre Final Fantasy VII Remake y una novela del 2011 titulada The Kids Are Alright: A Turks Side Story, situada entre FFVII y Advent Children, aunque ha sido ahora, con el remake, cuando sus personajes comenzaron a cobrar importancia.
  Por último, aprovecho esta corta introducción para advertiros de que he realizado algún que otro cambio con respecto al flujo narrativo del juego, pues, como ya sabéis, no es lo mismo ver una historia en una televisión que en un “papel”. Si tenéis muy reciente el juego, tal vez notéis que omito cierta información importante en momentos puntuales. Tened paciencia y no desesperéis, que, antes o después, todo llegará.
  Espero que el resultado sea de vuestro agrado.
  ¡Vámonos a Midgar!



Capítulo 1 – Reactor de mako

  Dos centinelas vigilan la estación del reactor de mako nº1, silenciosa a tan altas horas de la noche. Son miembros del departamento de seguridad pública de la Compañía de Electricidad y Energía Shinra. Pese a lo que pueda insinuar su nombre, no se trata de una simple empresa proveedora de energía eléctrica, sino de la mayor organización del mundo, puntera en diversos campos, como investigación científica o desarrollo armamentístico, y que, por si fuera poco, ha asumido todas las funciones de gobierno en la ciudad de Midgar.
  Esta peculiar urbe circular, que más adelante conoceremos en profundidad, está dividida en ocho sectores idénticos. Cada uno de los sectores cuenta con su propio reactor de mako, que proporciona energía a los ciudadanos a costa de drenar la salud del planeta. Un precio que gran parte de la población está dispuesta a pagar, haciendo la vista gorda, preocupados únicamente por su propio bienestar. La raza humana en todo su esplendor.
  Pero no todo el mundo está dispuesto a pasar por el aro de Shinra. Hay muchos que se oponen al uso comercial de la energía mako, aunque la mayoría opta por morderse la lengua, conocedores del gran riesgo que supone enfrentarse a la gran compañía eléctrica que domina Midgar. La excepción tiene nombre: Avalancha. Este grupo activista, o más bien terrorista, lleva años combatiendo a Shinra, siempre desde las sombras, tratando de ocultar la identidad de sus integrantes. Por ahora, no han tenido mucho éxito en sus propósitos de boicot, pues Shinra sigue afianzada en el poder.
  Dentro de Avalancha hay una rama extremista, a la que sus propios compañeros ven con malos ojos, dispuesta a poner fin a la tiranía de Shinra de la forma más bestia e inmediata posible. Y hay dos centinelas del departamento de seguridad pública que están a punto de sufrir las consecuencias…
  Un tren de mercancías acaba de llegar a la estación del reactor de mako nº1. Cuando los centinelas se disponen a realizar una inspección rutinaria, se ven asaltados por dos chicos y una chica, todos ellos armados y con pañuelos rojos anudados a la cabeza. Son Biggs, Wedge y Jessie, miembros de dicha rama extremista de Avalancha. Tras ellos va su líder, Barret Wallace, un hombre de aspecto intimidante, con una ametralladora implantada en el brazo derecho.
  El propósito de Barret y los suyos es infiltrarse en el reactor y plantar una bomba en el núcleo, para así volarlo por los aires y evitar que siga extrayendo energía mako del planeta. Una misión que se antoja difícil, pues el reactor está custodiado por más centinelas y robots de combate autónomos. Es por eso que han decidido llevar consigo a un poderoso mercenario, un chico rubio llamado Cloud Strife, capaz de manejar con soltura un espadón de grandes dimensiones: la Espada Mortal. No sólo es un magnífico guerrero, sino que también es un antiguo miembro de Soldier, la unidad de élite del ejército de Shinra, por lo que pueden aprovecharse de sus conocimientos acerca de la compañía eléctrica para llevar la misión a buen puerto.
  Acceder a las profundidades del reactor de forma sigilosa es un reto casi imposible. La estrategia de Avalancha consiste en dejar que Cloud se haga cargo de todos los centinelas de la estación, mientras el resto del grupo se ocupa de piratear el panel de seguridad de la puerta que bloquea el paso al área restringida. Concretamente, serán Biggs y Jessie, ambos con avanzados conocimientos informáticos, quienes traten de abrir la puerta.
  —¿Qué pinta este tío de Soldier aquí? —Jessie no puede evitar mostrarse reticente—. ¿Ahora es de los nuestros?
  —Ya no pertenece a Soldier —le recuerda Biggs—. Además, es un profesional en combate, no como nosotros. Nos va a venir de lujo.
  —Al menos nos alegra la vista.
  —Ya empezamos…
  —Tendría que estar ciega para no fijarme —insiste ella.
  —Va a ser que no estamos en la misma onda.
  —Yo diría que ni en la misma frecuencia.
  —Basta. Déjame concentrarme.
  —Ni siquiera en la misma…
  —Vale ya.
  Mientras ellos dos manipulan el cierre de la puerta, Wedge se aproxima a Cloud.
  —Tú te encargarás de que no nos pase nada, ¿verdad, Cloud?
  —Sólo he firmado por hoy —responde de forma seca—. Cuando terminemos, me largo.
  —Venga ya… Nadie haría una locura como ésta sólo por el dinero. ¿Sabes lo que pienso yo?
  —No me interesa.
  Wedge se queda cortado ante semejante contestación. Por suerte, la tensión del momento se ve interrumpida por un suave pitido. La puerta acaba de abrirse. El reactor los aguarda.
  —Espero que valgas lo que cobras, mercenario —dice Barret, dedicándole una mirada poco amistosa—. Hasta el último guil.
  Los guiles son la moneda de Final Fantasy VII. Barret ha prometido a Cloud un pago de 2000 guiles por su asistencia en aquella misión, lo cual es mucho dinero para gente tan humilde.
  Wedge, armado con un fusil de asalto, se queda atrás para asegurar la ruta de escape, mientras el resto del grupo se interna en el reactor nº1.
  —Los de Soldier no sólo atacan por orden de sus amos —dice Barret a Cloud—, sino que también hacen la función de perritos guardianes. Eso significa que has debido de ver algún que otro reactor por dentro. Así que, dime: ¿cómo se llega hasta la pasarela del depósito de mako? —no hay respuesta—. ¿Qué pasa, acaso estás ocultando algo? ¿Te da miedo morder la mano que te da de comer? ¡¿O es que sigues siendo un fiel perrito guardián?!
  Cloud se echa las manos a la cabeza, sintiendo un dolor repentino, mientras Barret le sigue acusando por su pasado en Shinra. Cuando cesan el dolor y los gritos, Cloud responde con su habitual calma.
  —Cada reactor tiene un diseño diferente, dependiendo de cuándo se construyera. Nunca he visto éste en concreto, pero nos las apañaremos.
  Jessie, Barret y Cloud se dirigen al ascensor que conduce a las profundidades del reactor. Biggs opta por quedarse arriba, asegurándose de que nadie los siga. El ascensor requiere de una contraseña, pero no será un problema, pues la chica parece conocerla.
  —Menos mal que conozco a alguien que nos pasa las claves de acceso. Es una pena que los jefes de Avalancha nos hayan dado de lado, pero ¿qué se le va a hacer? Por cierto, Cloud, ¿de qué conoces a Tifa? Ya sé que no es asunto mío, pero…
  Antes de que Cloud pueda contestar, Barret se interpone entre ambos. No hay tiempo para cháchara intrascendente. No hasta que hayan cumplido su misión: volar el reactor.
  —El único objetivo de este chisme es dejar el planeta seco —dice Barret con desagrado—. Mientras dormimos, mientras comemos, mientras cagamos, aquí está, chupando mako sin parar. ¡Sin descanso, y sin importarle lo más mínimo! Sabes lo que es la energía mako, ¿no, mercenario? Es la sangre de nuestro planeta. Su sangre es como la nuestra, pero verde en lugar de roja. ¡¿Qué crees que pasará cuando no le quede ni una gota, eh?! ¡¿Te vas a quedar ahí pasmado ignorando los gritos de dolor del planeta?! ¡Sé que los oyes!
  —¿Tú los oyes? —le pregunta Cloud.
  —¡Claro que los oigo!
  —Pues háztelo mirar.
  —¡¿Qué has dicho?!
  —Yo que tú me preocuparía menos por el futuro del planeta —continúa Cloud—, y más por lo que pueda pasarnos en los próximos minutos. Deja los lloriqueos para más tarde.
  El ascensor llega a su destino, a mucha profundidad bajo tierra. Allí no hay centinelas, pero sí robots de combate, incluyendo unos de aspecto peligroso, armados con ametralladoras.
  —Los llaman “aniquiladores” —explica Jessie—, y con razón. Pueden cargarse un pelotón entero en unos segundos.
  —No si los conviertes en un montón de chatarra antes —replica Cloud.
  Es un buen momento para echar mano de las materias, unas esferas brillantes de diversos colores, que otorgan poderes mágicos a sus portadores. Como curiosidad, mencionar que Barret lleva dos equipadas: la materia de curación, que le proporciona el hechizo Cura, y la materia eléctrica, con la que puede conjurar el hechizo ofensivo Electro. Por su parte, Cloud tiene una materia ígnea, con el hechizo Piro.
  Los aniquiladores resisten los ataques cuerpo a cuerpo, pero quedan vulnerables al recibir ataques mágicos, por lo que no suponen ningún gran reto para los dos hombres. Jessie prefiere mirar, poco interesada en el combate.
  —Eh, mercenario, tú eras de veintialgo, ¿no? —pregunta Barret.
  —De Primera —responde el chico rubio.
  —¿Eh?
  —Soldier, Primera Clase. Los rangos no llegan hasta la veintena.
  —¿Qué cojones estás diciendo? ¡Te preguntaba por tu edad, no por tu rango!
  —Ah…
  —Aunque quizá el rango de un Soldier coincide con su edad —Barret ríe ante su propia ocurrencia—. En ese caso, aún eres un bebé. ¡Todavía tienes mucho que aprender!
  El trío alcanza la zona central del reactor. Varios metros por debajo, comunicado por una plataforma metálica, se halla el núcleo del reactor. A su alrededor hay una especie de piscina verdosa, que, en realidad, se trata del mako extraído de la Corriente Vital del planeta. La sangre de Gaia.
  —Ahí es donde tenemos que poner la bomba —dice Jessie.
  —Joder, casi puedo saborear el mako desde aquí —responde Barret—. Se me va a salir el corazón por la boca.
  —¿Tienes miedo? —pregunta Cloud.
  —¡Ja! ¡Estoy emocionado, más bien! ¡Llevo años soñando con este momento!
  Este comentario de Barret ha sido un guiño bastante evidente a los fans del FFVII original, que con tanto ansia aguardábamos su remake. Y no voy a negar que yo me sentía igual que él al jugarlo por primera vez.
  Cloud y Barret descienden hasta el núcleo del reactor, dejando a Jessie arriba.
  —Si nos cayéramos ahí dentro —dice Barret, observando el mako que los rodea—, ¿llegaríamos al fondo? ¿Al centro del planeta?
  —No, el reactor nos absorbería de inmediato.
  —Je, pues qué alivio… —concluye con ironía.
  Barret entrega la bomba a Cloud, quien será el encargado de plantarla y activarla.
  —Venga, haz los honores. A ver si el perrito Stamp es capaz de morder la mano de su amo. Demuéstrame que Tifa hace bien en confiar en ti; que eres uno de los nuestros.
  Stamp es un perro de dibujos animados que Shinra lleva usando como propaganda desde la guerra de Midgar contra Wutai, que finalizó años atrás. Más adelante se profundizará en este tema.
  De la frase de Barret también podemos intuir que fue Tifa, la chica que mencionó Jessie antes, y a la que pronto conoceremos, quien convenció a Barret y los demás para que contrataran a Cloud.
  —Nunca he dicho que fuera de los vuestros —replica el mercenario—. Hago esto únicamente por la pasta.
  —¡Entonces cumple tu puñetera misión!
  Cuando Cloud está a punto de activar la bomba, siente, de nuevo, un repentino dolor de cabeza. Y lo que es más extraño: cree ver una pluma negra cayendo del techo, que desaparece tan pronto como toca la plataforma. Algo no va bien en su cabeza.
  —¿Qué ocurre? —pregunta Barret, al ver las dudas del mercenario.
  —Nada.
  Antes de que Cloud active el temporizador, se ven asaltados por el Escorpión guardián, un enorme robot acorazado encargado de proteger el núcleo del reactor.
  —¡Pero ¿qué cojones…?! —exclama Barret, sobresaltado por la repentina llegada de semejante rival—. ¡¿Cómo narices luchamos contra esta cosa?!
  —Cuenta con un armazón reforzado, pero podemos freír sus circuitos. Usa Electro.
  La materia eléctrica les otorga una importante ventaja, aunque el Escorpión guardián es un oponente durísimo, capaz de activar una barrera de energía, lanzar misiles y, lo que es más peligroso aún, atacar con un rayo láser que lanza por la cola (pues de escorpión no tiene únicamente el nombre, también la forma).
  Tras un largo y tenso combate que acaba con todo el lugar en llamas, el Escorpión guardián pierde el control a causa de los daños sufridos, precipitándose sobre la “piscina” de mako. Antes de caer, uno de sus rayos láser alcanza el núcleo del reactor y activa la bomba por accidente. La cuenta atrás está en marcha.
  —Ese bicho sí que se toma en serio su trabajo… —bromea Barret.
  —Vamos, hay que salir de aquí.
  Cloud descubre que Jessie ha quedado semienterrada bajo los escombros que se han desprendido del techo y las paredes, tras aquel último combate. La buena noticia es que lo único que se ha dañado es un tobillo, y ni siquiera le impide correr. La mala, que una patrulla de centinelas acaba de dar con ellos.
  —¡Encuentra una salida, Jessie! —dice Barret—. ¡No te preocupes por mí, tengo al pequeño Soldier conmigo!
  —Ex-Soldier —puntualiza Cloud mientras desenfunda su espada.
  El mercenario y el líder de la célula extremista de Avalancha se hacen cargo de los centinelas y de varios robots de combate, antes de unirse a Jessie y Biggs en la entrada del reactor. Ya sólo les queda abandonar el área mediante la ruta que Wedge se ha ocupado de asegurar.
  El tobillo dañado de Jessie le causa una mala pasada durante la huida, y a punto está de ser alcanzada por la explosión, de no ser porque Cloud acude nuevamente en su ayuda.
  —¿Puedes andar?
  —Si no pudiera, créeme, te lo haría saber a ti el primero.
  —Lo tomaré como un “sí”.
  Ambos escapan a tiempo, instantes antes de que todo el reactor, y no únicamente el núcleo, salte por los aires.

Capítulo 2 – Encuentros fatídicos

  Barret, Wedge, Biggs, Jessie y Cloud se encuentran en un túnel sin vigilancia, fuera del perímetro del reactor. Aunque eso no significa que ya estén a salvo. Aún deben volver a su base, en los suburbios del Sector 7.
  —Misión cumplida, gente —dice el líder—. Y sólo hemos sufrido unos rasguños de nada. Oye, Jessie, ¿no te has pasado un poco con la potencia de la bomba?
  —Seguí las instrucciones al pie de la letra —asegura ella—. Quizá haya hecho reacción con el mako.
  —Esperemos que no haya causado grandes daños en la ciudad.
  —Pero lo que importa es el planeta, ¿no? —responde Biggs—. Quiero decir que… lo que hemos hecho habrá servido de algo.
  —Después de todo esto, más nos vale —asiente Jessie—. Bueno, en marcha. ¿Cómo llegamos al Sector 8?
  —¡Por aquí! —Wedge señala hacia el otro extremo del túnel—. ¡Seguidme!
  Cuando salen al exterior, ya en el Sector 8, se quedan sin palabras. La explosión del reactor nº1 ha causado el caos en aquel sector, destruyendo varios edificios y provocando incendios por doquier. Mediante el sistema de megafonía llega un informe alarmante.
  —Presten atención, por favor. Éste es un aviso del centro de emergencias de Shinra. Unos intrusos sin identificar han detonado un artefacto explosivo en el reactor de mako nº1. Aún siguen produciéndose explosiones, y se han desatado varios incendios. Por ello, se ha declarado la alerta de catástrofe en los Sectores 1 y 8. Las explosiones han afectado a la integridad estructural de los edificios cercanos, poniendo así en riesgo estos sectores.
  (Cuando múltiples personajes intervengan en un mismo diálogo de forma caótica, especificaré antes de cada frase quién está hablando, para hacer más cómodo el seguimiento de la conversación.)
  —[Jessie] No puede ser… —la chica se siente responsable.
  —[Biggs] No hemos sido nosotros, ¿no?
  —[Wedge] ¿Y si es culpa nuestra?
  —[Cloud] A lo hecho, pecho.
  —[Barret] El mercenario tiene razón. Es duro, pero tenemos que seguir adelante. El planeta no estará a salvo hasta que nos carguemos los otros reactores.
  —[Biggs] Ya… Sabíamos que se iba a poner feo.
  —[Wedge] Y esto es sólo el principio…
  —[Barret] Tenemos que pensar en el bien mayor. Todas las grandes causas requieren sacrificios. Aunque no gritéis de dolor, sé que lo sentís, igual que el planeta. Pero no pasa nada, porque aquí estoy yo, para apoyaros en lo que necesitéis. Vuestros miedos, vuestras preocupaciones, vuestros temores… —Barret mira a Cloud—. Y, sí, también vuestros pagos. Podéis contar conmigo para lo que sea.
  Con sus palabras, Barret ha logrado animar a los demás miembros de Avalancha. Cloud, en cambio, sigue igual de serio que siempre.
  —Bueno, jefe —dice Biggs—, ¿qué hacemos ahora?
  —Eso es fácil: ¡volvemos a casa! Nos dividiremos y cogeremos el último tren en la estación del Sector 8. Nos vemos en el vagón de mercancías, ¿entendido?
  Deben separarse para no llamar la atención de los centinelas que patrullan las calles. Pero, antes de eso, Cloud tiene algo más que tratar con Barret.
  —Eh, dame mi dinero.
  —Cuando lleguemos a la base —replica el hombre de la ametralladora implantada en el brazo, dando la espalda al ex-Soldier.
  Jessie se acerca a Cloud, con una esfera verde en la mano. Es una materia de curación.
  —Quédatela. Por salvarme la vida.
  —Estaba haciendo mi trabajo. Ni más ni menos.
  —Que sí, que sí… —Jessie le obliga a cogerla—. Tuve suerte de que estuvieras allí.
  —Sobrevivir depende de tu suerte o habilidad. Y mejor no dejarlo a la suerte.
  —¡Así se habla!
  —Ya, bueno…, gracias por la materia.
  Cloud y Jessie se separan, como el resto del grupo. Las calles están atestadas de gente deambulando, algunos heridos, bomberos tratando de hacer frente a los incendios… La situación es caótica. Ése, desde luego, no era el objetivo de Avalancha.
  Cuando está a punto de llegar a la estación, Cloud sufre uno de sus dolores de cabeza, esta vez acompañado por una visión de su pasado. En ella, casi puede sentir el calor de las casas ardiendo. Pero lo que más llama su atención es el hombre de melena plateada que permanece impasible entre el fuego. En su mano porta una nodachi (espada semejante a las katanas, aunque más larga). El hombre se gira hacia él, y… la visión desaparece.
  Cloud suspira, recuperando la compostura. Debe llegar a la estación cuanto antes.
  Pero, entonces, él aparece.
  Es el mismo hombre de melena plateada que aparecía en sus recuerdos. Un hombre al que conoce perfectamente: Sefirot.
  —¿Cómo es posible…?
  Sefirot se aleja a través de un callejón, caminando lentamente, como si esperase que Cloud lo siguiera. Y éste, sintiéndose cada vez más mareado y confuso, va tras él. Ni siquiera las llamas que envuelven el callejón los detiene. Pronto, lo único que queda en medio del fuego son ellos dos.
  —No eres real… —dice Cloud con dificultad—. ¡Estás muerto!
  —¿Seguro? —responde Sefirot, sonriendo.
  —Te maté con mis propias…
  —Sí, no has de recordármelo —lo interrumpe—. Es el recuerdo de nuestro pasado que más atesoro. Pero eso fue antaño, y estamos en el presente. He de pedirte un favor. Nuestro querido planeta está muriendo, lentamente, en silencio, agonizando. No querrás permanecer impasible ante tal tragedia, ¿verdad, Cloud? Si el planeta muriera, las pérdidas serían incontables. Tu pueblo natal, tan radiante al arder… Su voz, suplicándome que no te matara… La sensación del frío acero penetrando el cuerpo… Aquello que nos une dejaría de existir. Sería reacio a vivir en un mundo así. De ahí que te quiera pedir un favor. No te preocupes, es una tarea simple. Corre, Cloud. Escapa. Has de huir y sobrevivir.
  —¡Cabrón!
  —Muy bien, Cloud. Aférrate a ese odio.
  El mercenario carga con todas sus fuerzas sobre Sefirot…, pero allí no hay nadie. El callejón tampoco está en llamas.
  —Estoy teniendo alucinaciones. ¿Será por culpa de los vapores de mako?
  Cloud se ha desorientado durante su persecución de Sefirot, por lo que necesita encontrar otro camino que conduzca a la estación. Según el mapa, el trayecto más corto pasa por atravesar la Avenida Loveless, donde le aguarda alguna que otra sorpresa.
  El chico se topa con una vendedora de flores, que parece muy nerviosa. No es nada habitual ver flores reales en Midgar, ya que, en teoría, no crecen en ninguna parte de la ciudad, por lo que tienen que conformarse con flores de plástico. Pero no hay tiempo para nimiedades, pues, de repente, Sefirot aparece al lado de aquella chica. El tiempo parece haber quedado congelado para todo el mundo, excepto para el hombre de melena plateada y para el propio Cloud.
  —Eres demasiado débil para salvar a otros —dice Sefirot—. Incluso para salvarte tú.
  El ex-Soldier se echa las manos a la cabeza, sintiendo otro de esos dolores punzantes.
  —¿Te encuentras bien? —pregunta una voz femenina.
  Cuando Cloud abre los ojos, lo primero que ve es el rostro de la florista, a su lado. El tiempo vuelve a fluir con normalidad, y Sefirot ha desaparecido. ¿Ha sido otra ilusión?
  —Oye, ¿estás bien? —insiste la vendedora.
  —Sí.
  —Toma, para ti —la chica le ofrece una flor amarilla—. Es un regalo, por espantar a esos seres.
  —¿Qué seres?
  —Olvídalo. Quédatela de recuerdo.
  —Lo que me faltaba… —Cloud aparta la mirada, agotado.
  —Te he oído, ¿eh? —la chica le coloca la flor amarilla en la solapa—. Esta flor simboliza el reencuentro.
  —Escucha, estoy involucrado en ciertos asuntos peligrosos…
  —Pues vale, ¿y qué pasa? —no parece asustada.
  —Que es mejor que te alejes de mí.
  —¿Acaso crees que alguien va a por ti? ¿Por eso estás así de tenso? Tranquilo, nadie te va a atacar. Te lo prometo.
  —Oye, acaba de explotar un reactor —insiste Cloud, con infinita paciencia—. No deberías estar aquí vendiendo flo…
  La chica deja caer su cesta de flores y comienza a revolverse, golpeando el aire. Cloud la mira sin entender qué está pasando.
  —¡Ayúdame!
  La florista se agarra al brazo de Cloud, momento en el que numerosos espectros oscuros aparecen a su alrededor. Son como túnicas negras vacías, que dejan una estela tras de sí.
  —¿Qué son? —pregunta la vendedora.
  Pero Cloud se siente tan confundido como ella. Y la situación está a punto de empeorar, pues un grupo de centinelas de seguridad pública acaba de detectar al mercenario.
  —¡Tira la espada!
  Los guardias apuntan a Cloud, como si fueran incapaces de ver a esos espectros que hay entre medias.
  —¡Creo que tenías razón! —dice la florista—. ¡Sí que es mal momento para estar aquí! ¡Encantada de conocerte!
  La chica sale corriendo, y todos los espectros van tras ella. Pero Cloud no puede hacer nada por ayudarla, pues tiene un problema más inmediato.
  —¡Deja la espada en el suelo! ¡Ahora!
  Obviamente, no va a obedecer. Cloud se basta y se sobra para acabar con todos ellos. Los centinelas han dado la alarma, por lo que es cuestión de tiempo que más patrullas acudan en su busca, incluyendo helicópteros y otros vehículos armados. Tiene que llegar a la estación cuanto antes.
  En el puente que cruza sobre las vías del tren, muy cerca ya de la estación, Cloud se ve rodeado por una veintena de soldados, a las órdenes del capitán Gonga. El chico rubio logra incapacitar al capitán y a sus hombres, pero, inmediatamente después, aparecen más refuerzos. A este paso, jamás llegará a su destino a tiempo.
  —Espera, recuerdo esa espada… —dice uno de los centinelas.
  ¿Ha reconocido al ex-Soldier? Eso ahora no importa, pues Cloud aprovecha los segundos de dudas para huir por el único resquicio libre de guardias: saltando del puente. No es un acto desesperado, sino perfectamente calculado, pues había oído al tren acercarse. Cloud cae sobre el techo, dejando atrás a todos los centinelas, quienes no pueden hacer otra cosa más que observar desde la distancia, con impotencia, cómo aquel chico rubio con el pelo de punta se aleja de allí.

Capítulo 3 – Cuestión de principios

  Ajenos a todo lo sucedido en el puente del Sector 8, los cuatro miembros de Avalancha se han reunido en el vagón de mercancías, tal y como acordaron.
  —Pues parece que han pillado a Cloud… —se lamenta Wedge.
  —No te pongas en lo peor —replica Biggs—. Seguro que está bien. Ya lo has visto en acción, ¿no? Es todo un Soldier, una máquina de matar.
  —Podría ser un buen socio, ¿no creéis? —dice Jessie.
  En ese momento, aunque el tren está en marcha, se oyen unos golpes en el lateral del vagón. Barret abre la puerta, permitiendo a Cloud descolgarse del techo y acceder al interior.
  —Eh, me tenías un poco preocupado.
  Wedge, Biggs y Jessie miran a Barret sin dar crédito a lo que acaban de oír. Es la primera vez que su jefe muestra un mínimo de simpatía por el mercenario. Al darse cuenta, Barret decide cambiar el tono.
  —¡¿Dónde cojones te habías metido, eh?!
  —Dando esquinazo a los de seguridad pública —responde Cloud—. Tenía que alejarlos de la estación de alguna manera.
  —Bien hecho —dice Jessie.
  —Su talento es innegable, ¿eh? —Biggs da una palmada a Barret en el brazo.
  El hombre de la ametralladora se aleja, molesto.
  —Espera —dice Cloud—. Quiero preguntaros algo. ¿Os han atacado alguna vez unos seres invisibles? —todos se miran, desconcertados—. Llevaban túnicas oscuras. Se movían por el aire como si fueran niebla.
  —¿No has dicho que eran invisibles? —replica Biggs.
  —Al principio. Los vi cuando ella me agarró el brazo, creo…
  —¿Serán una nueva arma de Shinra? —sugiere Jessie.
  —¡Ja! —Barret hace patente su desacuerdo—. Más bien una alucinación provocada por el pánico.
  —Bah, olvidadlo —contesta Cloud, molesto—. No he dicho nada.
  Debido al protocolo de evacuación de emergencia del Sector 8, el tren está atestado de pasajeros. No es una mala noticia, pues los ayudará a pasar desapercibidos. Además, pueden aprovechar para averiguar qué es lo que opina la gente de lo sucedido. Y como no tardan en comprobar, hay opiniones para todos los gustos: personas que culpan a Avalancha de terrorismo, personas que se alegran de la destrucción del reactor, e incluso hay quienes consideran lo ocurrido como una señal de que el fin del mundo está cerca.
  —La gente está de los nervios —dice Wedge a Cloud.
  —Obvio.
  —Oye, Cloud, yo…
  —Si estás pensando en compartir conmigo tus remordimientos, prefiero que no lo hagas.
  —Jo, tienes un corazón de piedra.
  —No pareces afectado por nada de lo ocurrido —observa Biggs, próximo a ellos—. Ni siquiera después de ver cómo están las cosas en el Sector 8.
  —Es parte del entrenamiento de Soldier —explica Cloud.
  —Pues a mí aún me tiemblan las manos —asegura Biggs.
  —Terminas acostumbrándote.
  —Espero que sea pronto. O… mejor no.
  Jessie pide a Cloud hablar un momento a solas. Parece que a ella, a diferencia de Wedge, sí le permite “compartir con él sus remordimientos”. Pillín.
  —No dejo de darle vueltas —dice la chica—. La bomba que preparé no debería haber provocado una explosión tan grande. No tiene sentido.
  —Antes dijiste que había hecho reacción con el mako.
  —Bueno, fue lo primero que pensé…, pero ¿los reactores de mako no tienen medidas de seguridad para evitar algo así? ¿Tendrá algo que ver con esos “seres invisibles” que mencionabas antes? —Jessie suspira—. No, no debería buscar excusas para mis errores. Es mejor aceptarlos, si pretendo aprender y seguir adelante. Gracias por escucharme, Cloud.
  El mercenario sigue a Barret hasta el vagón delantero, donde presencian una conversación entre un gerente de Shinra y dos de sus empleados: un hombre y una mujer jóvenes.
  —¿Qué clase de psicópatas atentan contra un reactor? —protesta ella.
  —Aún tienen que realizar un comunicado oficial —responde el gerente—, pero he oído que ha sido obra de Avalancha.
  —¿En serio? ¿El grupo que intentó asesinar al presidente?
  —¿De qué no serán capaces? —el joven empleado se suma a las protestas.
  —Eh, dejad de decir chorradas —los interrumpe Barret, incapaz de quedarse callado—. Lo único que le interesa a Avalancha es salvar el planeta.
  —¿Q-Quién eres tú? —pregunta el gerente, tan asustado de aquel imponente hombre como sus dos trabajadores.
  —Un ciudadano honrado, preocupado por el planeta —Barret prefiere no delatarse—. En mi humilde opinión, esa explosión ha sido un mensaje para los capullos que están destruyendo nuestro planeta. ¿Lo habrán pillado? ¿Lo habrán oído bien vuestros amos?
  —¡No cederemos ante la violencia ni las amenazas! —replica el gerente—. ¡Trabajaremos por la estabilidad y la prosperidad! ¡Así es como alguien civilizado cambia el mundo!
  Los dos trabajadores aplauden las valientes palabras de su superior. Lo cierto es que, sea Shinra culpable o no, eso no convierte a todos sus empleados en seres malvados sin corazón. Ellos también hacen lo que creen correcto.
  —¡Ése es el lema de Shinra! —exclama el joven empleado.
  —Vaya idiotez… —murmura Barret.
  —¡Todos tenemos que defender nuestros principios! —insiste el gerente.
  Los tres empleados de Shinra deciden cambiar de vagón, dejando a Barret más cabreado que antes.
  —Eh, Cloud, ven a ver esto —Jessie llama su atención desde uno de los extremos del vagón, donde hay una pantalla con información sobre el tren—. Te voy a explicar una cosa, y prefiero hacerlo con ayuda visual para que no te resulte aburrido. Considéralo una especie de… iniciación.
  —¿Cuántas veces os lo tengo que decir? No quiero tener nada que ver con…
  —Sssh —la chica le pone un dedo en los labios—. Lo de hacerse el duro está pasado de moda. Mira la pantalla. Lo que ves es un modelo en 3D de la ciudad de Midgar. Lo del centro es el edificio de Shinra, rodeado por los ocho sectores. Una metrópolis resplandeciente construida sobre una plataforma que se eleva a 300 metros por encima del nivel del suelo. Todo es posible gracias a los reactores de mako, que cubren la insaciable demanda pública.
  Al haber ocho sectores y estar construidos a modo de segmentos idénticos de una circunferencia, en el orden de las agujas del reloj, se entiende por qué llegaron tan rápido del reactor de mako nº1 al Sector 8, sin necesidad de pasar por los otros seis.
  La información de Jessie se ve interrumpida por un aviso de megafonía.
  —El tren cruzará en breve un punto de control de identificación.
  —Shinra ha creado un sistema automático de comprobación de pasajeros —explica Jessie, al ver que Cloud no entiende qué está pasando—. Fecha de nacimiento, categoría de residencia, antecedentes penales… Esa información, entre otra, se coteja con sus bases de datos. El departamento de seguridad es muy concienzudo.
  Una luz roja cubre todo el vagón y desaparece en cuestión de segundos. Cloud se muestra intranquilo.
  —No te preocupes —dice Jessie—. He falsificado nuestros datos. Ten un poco de fe en mí, ¿quieres? Queda poco para nuestra parada. Relájate hasta entonces.
  El tren atraviesa el punto de control de identificación sin contratiempos. Cloud se asoma a la ventanilla lateral, desde donde pueden ver la plataforma sobre la que se encuentra la ciudad de Midgar, y el gigantesco pilar que la sostiene, rodeado por otros pilares más pequeños, uno por cada sector. Las vías, que rodean el pilar principal, descienden hasta el nivel del suelo, trescientos metros por debajo de la plataforma, pues allí abajo también vive gente. Son los barrios humildes, los suburbios.
  —Míralo bien —dice Barret—. No olvides que es por culpa de esa puta pizza chupasangre que los de abajo sufren para sobrevivir. Shinra no para de extraer mako y echar a perder la tierra. El aire se contamina, las flores se marchitan…
  —Pues vete y deja todo esto atrás —responde Cloud—. A mí siempre me ha ido bien así.
  —¡Bah! Eso sólo sirve si no miras más allá de tu ombligo. Esos pobres hombres y mujeres de ahí abajo no pueden permitirse el lujo de elegir, ¿sabes?
  —Ya veo… Supongo que todos somos como este tren: no podemos abandonar los raíles.
  El vehículo se detiene al llegar a la estación de los suburbios del Sector 7. Una vez allí, los miembros de Avalancha pueden respirar aliviados.
  —¡Joder, somos la leche! —grita Barret.
  —¡Bombas detonadas: una! —dice Wedge—. ¡Bajas: cero!
  —¡Un paso más cerca de un futuro mejor! —añade Biggs.
  —¡Chicos! —los interrumpe Barret—. No habléis tan alto, la gente nos va a oír.
  Aunque Avalancha cuenta con muchos simpatizantes en los suburbios (o “la barriada”), nunca se sabe quién puede estar oyendo. Es mejor andar con precaución.
  —Ahora, a descansar —continúa el líder de la pequeña célula ecoterrorista—. Os lo habéis ganado. Pero estad listos para la próxima misión, ¿entendido? A ti te veo ahora —dice a Cloud—, en el Séptimo Cielo. Ya sabes, donde trabaja Tifa. No la hagas esperar, que luego se preocupa.
  El grupo se separa por el momento.

Capítulo 4 – El Séptimo Cielo

  Antes de llegar al bar conocido como Séptimo Cielo, Cloud se cruza con un hombre que está arrancando carteles de Avalancha de las paredes.
  —¿“El mako es la sangre de nuestro planeta”? Vaya chorrada. La madre que trajo a estos “guerreros del planeta” y su propaganda… Los arrancas, y en una hora ya están otra vez. Como si no tuviera nada mejor que hacer… —el hombre se da cuenta de que Cloud lo está oyendo—. Eh, chico, mira ese armatoste metálico —dice mientras señala el gigantesco pilar que sostiene la zona superior de Midgar—. Si esto no es progreso, ¿qué otra cosa va a ser?
  Al mirar hacia arriba, Cloud descubre con horror que parte de la plataforma del Sector 7 acaba de desprenderse, y está a punto de caer sobre sus cabezas. El ex-Soldier se cubre la cara instintivamente, aunque no tiene mucha pinta de que eso sea suficiente para resistir un impacto de varias toneladas…
  —¿Estás bien, chico? —pregunta el hombre, quien no parece alarmado—. Ah, debes de ser un yonqui de mako… Cómo no.
  Cloud, extrañado, vuelve a examinar la plataforma del Sector 7…, que permanece intacta. Ha sido su imaginación, como cuando persiguió a Sefirot hasta el callejón en llamas del Sector 8. Y no es el único suceso extraño que se repite, pues Cloud observa cómo varios espectros, similares a los que vio durante su encuentro con la florista, se alejan volando de allí, en dirección al corazón de los suburbios. ¿Qué estarán tramando?
  Sin más interrupciones, Cloud llega al Séptimo Cielo, regentado por una joven mujer llamada Tifa Lockhart. Fue ella quien sugirió la contratación de Cloud para la misión del reactor nº1, pues, aunque llevaban años sin verse, se conocen desde pequeños. Vivían en la misma aldea, lejos de Midgar. No se menciona el nombre de la aldea en todo el juego, así que lo mantendremos en secreto por el momento.
  Tifa lo está esperando en las escaleras de entrada del Séptimo Cielo.
  —Ah, aquí estás —la chica observa la flor amarilla que Cloud lleva aún en la solapa—. Anda, ¿de dónde la has sacado? No recuerdo cuándo fue la última vez que vi una de verdad.
  —Eh…
  Para no tener que dar explicaciones, Cloud le ofrece la flor, que ella acepta de buena gana.
  —Qué amable. ¿Desde cuándo eres tan detallista?
  —La gente cambia. Y ya han pasado cinco años. Oye, tengo que hablar con Barret.
  —Está dentro. Pasa.
  El líder de la célula de Avalancha está sentado en la barra, junto a su hija adoptiva, Marlene, una niña de cuatro años. Aún es demasiado pequeña como para comprender las motivaciones de Avalancha, por lo que no sabe nada del verdadero trabajo de su padre. Cree que es parte de la policía vecinal, los voluntarios que se ocupan de mantener a salvo los suburbios, ya que el departamento de seguridad pública de Shinra no suele patrullar por esa región.
  —Papi, el sitio de mako ha hecho ¡pum! Los de la tele lo han dicho.
  —No te preocupes por esas tonterías, cariño. Papi ya está aquí, y no se va a ninguna parte esta noche.
  —¿Es verdad que los muertos han vuelto al planeta?
  —Por supuesto.
  Al estar con su hija, la actitud de Barret ha cambiado completamente. Bajo su fachada intimidatoria se esconde un hombre de gran corazón y un padre cariñoso.
  Cuando Cloud se acerca a ellos, Marlene sale corriendo y se esconde detrás de la barra.
  —¡Eh! —Barret empuja a Cloud—. ¡¿Qué haces asustando a mi niña?!
  El mercenario no sabe ni qué responder, pues no era en absoluto su intención asustar a nadie.
  —¡Papi dice que no hable con desconocidos! —exclama Marlene.
  —Bien dicho, cariño —Barret la coge en brazos para que se tranquilice—. Eres una niña muy buena que hace caso a su papá. ¿Y sabes qué otra cosa hacen las niñas buenas? Irse pronto a dormir.
  —¡Pero no tengo sueño! ¡Quiero hablar más contigo, papi!
  —Bueeeno, pero sólo un poquito.
  Con los ánimos más calmados, Tifa se acerca nuevamente a Cloud.
  —Dime, ¿qué te pongo?
  —Mi dinero. Aún estoy esperando.
  —Antes de hablar de eso… Hay un apartamento disponible al final de la calle. No es gran cosa, pero… He pensado que te podrías alojar allí por ahora. La casera apoya nuestra causa, así que no tendrías ni que pagar alquiler. ¿Te parece bien?
  —Sí, gracias.
  —Ven, te mostraré el camino —Tifa se ofrece a acompañarlo—. Por cierto, ¿qué tal fue todo en la plataforma?
  —Fue… caótico.
  —Siento haberte metido en todo esto. No tendría que haberte puesto en peligro.
  —Gajes del oficio —Cloud se encoge de hombros—. No te preocupes por mí. Podéis contar conmigo para dar por saco a Shinra.
  —Me alegra oírlo. ¿Has hecho buenas migas con los demás?
  —Lo he intentado, teniendo en cuenta la situación —qué mentiroso—. Quizá ellos piensen que no.
  —Bueno, no eres la persona más sociable del mundo.
  —No te lo niego.
  —He visto el sector ocho en las noticias —sigue Tifa, poco antes de llegar a su destino—. Parecía una zona de guerra.
  —Shinra controla los noticiarios. Los obligan a propagar todo tipo de mentiras.
  —Entonces… ¿no ha sido tan terrible?
  —Sí que lo ha sido.
  Poco sociable pero sincero hasta las últimas consecuencias.
  El bloque de apartamentos, llamado “Villa Cosmos”, está compuesto por dos pisos. En el superior hay tres habitaciones.
  —Yo me alojo en el apartamento 201 —explica Tifa—. Aunque al final me paso todo el día metida en el Séptimo Cielo. El tuyo es el 202. No te preocupes, ya le he hablado a la casera de ti.
  —¿Le has hablado de mí?
  —Quiero decir que la avisé de que un amigo buscaba dónde quedarse. No te importa, ¿no?
  —No, está bien. ¿Quién vive en el 203?
  —En ese… Bueno, mañana te lo presento, que ya es tarde.
  Cloud y Tifa acceden al apartamento 202. Es muy sencillito, sin más contenido que una cama y un cuarto de baño, pero será suficiente.
  —Si quieres algo más, avísame —dice la chica.
  —Sí que quiero algo: mi dinero. Me debéis 2000 guiles, ¿lo has olvidado?
  —No, claro… Queremos saldar cuentas contigo, sobre todo al ser tu primer trabajillo con nosotros, pero… Lo siento, sólo hemos podido reunir 500 guiles. El resto fue a los preparativos de la misión. No tenemos más. ¡Aunque por poco tiempo! Mañana recaudaré el dinero de los filtros de agua y te podré pagar.
  —¿Estás segura?
  —Sí. Aunque me vendría bien tu ayuda. Bueno, no, que entonces tendría que pagarte más… Olvídalo.
  —No, tranquila. La suma que acordamos fue 2000 guiles. Con eso me vale. Restando lo que me has dado ahora, me debéis 1500.
  —Gracias, Cloud. Nos vemos mañana, en el bar. ¡Que descanses!
  Tan pronto como Tifa se marcha de la habitación, Cloud se tumba en la cama, con intención de pasar la noche. Sin embargo, poco después empieza a oír unos ruidos extraños, como lamentos. Su origen parece ser el apartamento colindante.
  —Es hora de conocer a los vecinos.
  Cloud llama a la puerta del apartamento 203, pero no hay respuesta. Los sollozos no cesan, por lo que decide entrar con o sin permiso de su inquilino. Y a quien encuentra dentro es… ¡al mismísimo Sefirot! Los dos hombres forcejean, lo que acaba con ambos tirados en el suelo, fuera de la habitación. Sefirot parece incapaz de levantarse, momento que aprovecha Cloud para ponerse de pie y elevar su espada, esperando acabar con él de un solo golpe.
  —¡Para, Cloud!
  El grito de Tifa evita que Cloud asesine a su vecino, quien, lógicamente, no es Sefirot. Se trata de un hombre de apariencia muy débil, cubierto por una túnica negra, a través de la cual puede verse un “49” tatuado en su brazo izquierdo. El hombre únicamente es capaz de pronunciar una palabra.
  —Unión…
  Tifa ayuda al hombre a incorporarse. Si no hubiese llegado a tiempo, las alucinaciones de Cloud habrían teñido Villa Cosmos de sangre.
  —¿Qué le estás haciendo al pobre Marco? —dice la chica—. Éste es su apartamento. Tiene problemas de salud, pero no es mal tipo. La casera me ha pedido que venga a verlo de vez en cuando para asegurarme de que está bien. ¿Podrías hacerlo tú también?
  —Claro… —asiente Cloud, desconcertado ante su propio comportamiento.
  Tras ese incidente, todos regresan a sus habitaciones. El resto de la noche será más tranquila.

Enlaces:

Parte 1: introducción, capítulos 1-4
Parte 2: capítulos 5-16
Parte 3: capítulos 17-27
Parte 4: capítulos 28-39

1 comentario sobre Guía argumental de Final Fantasy VII Remake – Parte 1

  • maquinangel

    La pregunta es: ¿cuando saldrá la segunda parte? Esperemos que no tarde cinco años. Sería muy interesante leer la guía de este nuevo videojuego, ya que no es el mismo que jugamos hace tiempo.

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