Guía argumental de Advent Children – Parte 1

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Prólogo AC

  “La Corriente Vital. Un flujo constante que recorre el Planeta, otorgando vida al mundo y a todo lo que hay en él. La compañía ShinRa descubrió un modo de utilizar la energía de la Corriente Vital para nuestro beneficio; eso hizo mucho más cómoda nuestra existencia. Sin embargo, no hacíamos más que consumir la vida del Planeta. Muchos eran los que pensaban así. ShinRa utilizó la fuerza contra sus detractores. Tenían un grupo especial de guerreros, llamado “Soldier”, a cuyos miembros inyectaban células de Jénova para aumentar su potencial.
   Jénova, también conocida como la “Calamidad del Cielo”, llegó a nuestro Planeta hace muchos años, y estuvo a punto de destruirlo.
   Había un Soldier que era más fuerte que los demás: Sefirot. Era admirado y temido a partes iguales, y un ejemplo a seguir para todos los demás Soldiers. Sin embargo, un día descubrió que había sido sometido a horribles experimentos por parte de ShinRa. El odio se apoderó de él. Odiaba a todos: tanto a ShinRa como a los que se oponían a la compañía. Incluso quiso destruir el Planeta.
   Varias personas intentaron detener a Sefirot. Muchas fueron las batallas que se libraron. Cada batalla alimentaba la desesperanza. Muchos seres queridos murieron, volviendo a ser parte de la Corriente Vital. Alguien a quien yo quería mucho nos dejó para siempre.
   Entonces llegó el día definitivo. El propio Planeta puso fin a todas las batallas, usando la Corriente Vital como arma, haciéndola emerger del interior de la tierra. La codicia, la amargura… Todo sucumbió bajo el torrente de energía. “La tristeza fue el precio que pagamos para que todo acabara”. Eso fue lo que me dijeron hace ya dos años.
   Pero… el Planeta estaba mucho más enfadado de lo que pensábamos. Así fue como apareció el síndrome del Geostigma.”

– Marlene Wallace  

AC.01 – La misión de los Turcos

  Reno y Ruda, dos de los pocos Turcos que siguen en activo, sobrevuelan el Cráter del Norte en helicóptero, mientras esperan a que sus compañeros terminen la misión que les ha sido asignada. Deben buscar algo que se perdió dos años atrás. O mejor dicho: algo que les fue arrebatado por Sefirot.
  —¡Tseng! ¡Echa un vistazo! —la voz de Elena llega por radio.
  —Lo tenemos —también la de Tseng, líder de los Turcos.
  —Es repugnante —dice ella.
  —Venga, daos prisa —Reno se aburre de esperar.
  —Reno, acerca el helicóptero —le ordena Tseng.
  —Entendido.
  El Turco pelirrojo desciende al Cráter del Norte, esperando poner fin a la misión. Sin embargo, un ruido cercano de disparos le hace temer lo peor.
  —¡Date prisa, Reno! —Elena parece asustada.
  Cuando está lo suficientemente cerca de sus dos compañeros, Reno descubre el problema: están siendo atacados por unas personas de aspecto extraño, con el cuerpo cubierto de una sustancia negra.
  —¡¿Quién cojones son ésos?!
  —¡Vete, Reno! —grita Elena, al lado del helicóptero.
  La Turca les entrega el objeto que habían ido a buscar, y dispara al helicóptero para obligarles a marcharse sin ellos. Aunque Elena habría podido huir, no piensa abandonar a Tseng, que está tirado en el suelo, con una herida de bala.
  Reno vuelve a ascender, evitando por los pelos ser derribado por los hombres que están atacando a Tseng y Elena. El helicóptero se aleja del Cráter del Norte a toda velocidad…

  Puede resultar extraña la aparición de Tseng en la secuela de Final Fantasy VII, pues lo último que sabemos del líder de los Turcos es que fue herido gravemente por Sefirot (más bien Jénova), momentos antes de que el Templo de los Ancianos se viniera abajo, en teoría, con él dentro.
  Sin embargo, gracias a la novela On the Way to a Smile, que forma parte de la “Compilación FFVII”, hemos podido descubrir que Tseng fue rescatado por Reeve. El director del Departamento de Desarrollo Urbano manejaba dos Cait Sith al mismo tiempo. Uno se destruyó en aquel mismo templo para recuperar la Materia Negra, mientras que el otro rescató a Tseng, antes de reunirse de nuevo con Cloud y los demás.

AC.02 – Una nueva amenaza

  Tifa limpia la barra de su bar mientras escucha las últimas noticias de la radio.
  —El informe de la comisión difundido esta mañana ha revelado que la concentración de la Corriente Vital en la atmósfera ha caído a una mera centésima de los niveles de hace dos años, y ahora no representa amenaza alguna para el cuerpo humano. En cualquier caso, la concentración sigue siendo tóxica alrededor del edificio de ShinRa, así como de los reactores de Mako. Para prevenir ser contagiados por Geostigma, la comisión recomienda que permanezcan alejados de estos edificios y de sus áreas colindantes. El siguiente tema es: ¿debería ShinRa responsabilizarse económicamente de esta crisis?
  De pronto, Tifa escucha un ruido en el segundo piso: es el teléfono fijo. El nuevo Séptimo Cielo y su casa forman parte del mismo edificio, por lo que únicamente tiene que subir una escalera para llegar a las habitaciones.
  —Hola. Entregas a domicilio Strife, le llevamos cualqui… —el hombre al otro lado del teléfono interrumpe su frase—. ¿Con quién hablo? Ah, me acuerdo de ti…
  Tifa escucha atentamente la petición de aquel hombre, y se apresura a llamar a Cloud para transmitirle el mensaje. Sin embargo, como empieza a ser habitual, el chico no coge la llamada…

  —Te ha llamado Reno desde Healen. Tienen un trabajo para ti. Cloud… ¿cómo estás?
  No hay más mensajes en el buzón de voz. Cloud guarda el teléfono móvil y se monta en su moto, Fenrir, sin saber que tres personas lo están esperando cerca de allí. Son tres hombres jóvenes, vestidos completamente de negro y con el pelo gris, aunque no son exactamente iguales: uno tiene pelo largo, otro corto, y otro intermedio. Además, al igual que Cloud, los tres van montados en sus respectivas motos.
  —Oye, Kadaj —dice Yazoo, el de pelo largo, mirando hacia la ciudad que se divisa en el horizonte—. ¿Ahí vive nuestro hermano?
  —Sí —responde el de pelo intermedio, que parece ser el líder.
  —¿Se alegrará de vernos?
  —Lo dudo mucho.
  —No llores, Yazoo —bromea Loz, el tercero.
  —¿Madre está con él? —pregunta Yazoo.
  —Quién sabe…
  —No llores, Loz —Yazoo no bromea; Loz está llorando de verdad.
  —Mirad —Kadaj señala la moto que pasa por debajo del promontorio en que se encuentran—. Por ahí va nuestro hermano.
  Los tres hombres aceleran sus motos y se colocan detrás de Cloud. Pese a llamarlo “hermano”, no parecen ir a él con buenas intenciones, pues lo primero que hacen es invocar a unos perros monstruosos muy veloces, llamados “Shadow Creepers”, para que lo ataquen. Cloud abre el compartimento de Fenrir donde guarda su espada, y logra quitarse de encima a los Creepers que saltan sobre él.
  —¿Dónde está Madre? —Loz se ha situado a su izquierda.
  —¿La tienes escondida? —y Yazoo a su derecha.
  Cloud esquiva las arremetidas de Loz y bloquea con su espada los disparos de Yazoo, mientras liquida a los Creepers que le dan alcance. El combate se complica por momentos, y, por si eso fuera poco, el dolor de la herida de su brazo empieza a incrementar.
  Un disparo de Yazoo le roza la frente, provocando que un poco de sangre caiga sobre su ceja. Los Creepers aprovechan la ocasión para rodear la moto de Cloud y abalanzarse sobre él. Son demasiados como para defenderse de todos; es imposible que escape a ese golpe…
  Kadaj, que observa desde lejos, levanta un brazo, haciendo que todos los Creepers desaparezcan en una nube negra. Sus dos hermanos, entendiendo el mensaje, sonríen a Cloud y se dan la vuelta para regresar junto a Kadaj.
  Cloud detiene la moto y observa a aquel trío alejarse, sin entender nada de lo que acaba de suceder.

AC.03 – Aprendiendo a sonreír: Tifa

  Dos años han pasado desde Final Fantasy VII, cuando Sagrado y la Corriente Vital evitaron que Meteorito destruyera el Planeta. La ciudad de Midgar fue arrasada, pero la humanidad sobrevivió, y nuestros héroes deben regresar a una vida normal, alejada de tanta lucha. Ya hemos podido ver, en el capítulo anterior, que Tifa y Cloud llevan un negocio de transporte llamado “Entregas a domicilio Strife”, pero ¿cómo han llegado hasta ahí? Vamos a hacer un resumen rápido de estos dos años, utilizando para ello la novela On the Way to a Smile.

  Tras separarse de sus compañeros, Cloud y Tifa decidieron quedarse a vivir en Edge, la nueva ciudad construida con los materiales de la ruinosa Midgar, y que se encuentra en el borde de la vieja ciudad (de ahí el nombre). No estarían solos, pues Barret les pidió que cuidaran de Marlene, su hija adoptiva, mientras él realizaba un viaje por el mundo para poner en orden sus pensamientos.
  Por sugerencia de Barret, y con la ayuda de todos sus conocidos, Tifa y Cloud inauguraron el nuevo “Séptimo Cielo”. Un lugar donde todo el mundo pudiera olvidar las penas, y cuyo nombre, por petición de Marlene, era idéntico al del bar que Tifa regentaba en el Sector 7 de Midgar.
  El negocio marchaba bien, y los tres eran muy felices viviendo como una familia, a la espera del regreso de Barret. Esta familia aumentó poco después, cuando adoptaron a un niño llamado Denzel, cuyos padres habían muerto tiempo atrás, en medio de la guerra de ShinRa contra Avalancha.
  En realidad, Tifa aceptó adoptarlo por su gran sentimiento de culpa. Avalancha era una organización que pretendía salvar el Planeta, pero para ello utilizaba métodos extremos, como explotar reactores de Mako, lo que causó la muerte de muchos civiles que vivían cerca, y de muchos otros que se vieron envueltos en el intercambio de ataques entre Avalancha y ShinRa. Tras poner fin a los enfrentamientos y volver a un estado de paz, los remordimientos empezaban a hacer mella en la joven chica de Nibelheim.
  Durante algún tiempo, Cloud logró que aquellos pensamientos se esfumaran de su cabeza. Él siempre sonreía, transmitía su alegría a los demás, daba felicidad a aquella familia… hasta que cambió.
  En los primeros meses de negocio, Cloud se vio obligado a alquilar vehículos o chocobos cada vez que necesitaban comprar suministros para el bar, ya que casi siempre tenía que desplazarse a Kalm, la ciudad más cercana. Eso cambió el día que conoció a un mecánico, que le ofreció la moto Fenrir a cambio de un vale para comer todos los días de su vida en el Séptimo Cielo. Tifa no se opuso, pues aquello facilitaría enormemente el trabajo de su amigo. Sin embargo, aquello trajo otro tipo de consecuencias inesperadas. Gracias a su moto, Cloud podía desplazarse rápidamente de una ciudad a otra, por lo que muchos comerciantes empezaron a pedirle que hiciera la labor de transportista. Eso dio una idea a Tifa: fundar su propia empresa de transporte. Así es como nació “Entregas a domicilio Strife”.
  Pero lo que a priori parecía una buena idea, no lo fue tanto. Cloud recibía muchos encargos, por lo que pasaba más tiempo viajando que en casa. Sólo regresaba para dormir, y volvía a marcharse al amanecer. Sería incorrecto decir que el único problema de Cloud era la falta de tiempo, pues su actitud fue cambiando poco a poco, hasta casi dejar de hablar y sonreír. Cuando Tifa descubrió que Cloud pasaba horas encerrado en la iglesia del Sector 5 de Midgar, se sintió un poco dolida. Fue allí donde él encontró a Denzel, y lo llevó a casa pensando que se lo había enviado el espíritu de Aeris. Y, precisamente, era el recuerdo de su amiga fallecida la principal causa de su decadencia.
  Un día, Cloud se marchó de casa para trabajar, como era habitual, pero no regresó por la noche. Desde entonces, la única manera en que Tifa ha podido comunicarse con él ha sido mediante mensajes en el buzón de voz…

AC.04 – Aprendiendo a sonreír: Barret

  Cuando ShinRa hizo arder Corel del Norte, Barret Wallace perdió todo cuanto tenía: su hogar, su mujer Myrna, su mejor amigo Dyne.. y su brazo derecho.
  De entre todo aquel caos, únicamente pudo rescatar a la pequeña Marlene, hija de Dyne y Eleanor. Dando a sus padres por muertos, decidió adoptarla y llevársela lejos de allí (a Midgar, concretamente), donde se unió a Avalancha, convirtiéndose en el líder tras la muerte o desaparición de todos sus superiores. Y, por si la vida no le hubiera golpeado lo suficiente, también le arrebató aquello. Biggs, Wedge y Jessie, sus tres amigos y compañeros de Avalancha, murieron abatidos por ShinRa, cuando éstos hundieron (literalmente) todo el Sector 7.
  Tras dejar a Marlene bajo el cuidado de Elmyra, madre adoptiva de Aeris, Barret inició el viaje en pos de Sefirot, junto a un pequeño grupo de valientes. Aeris Gainsborough era uno de ellos; los otros: Cloud Strife, Tifa Lockhart y Nanaki, a quien rescataron del laboratorio del profesor Hojo, en el edificio ShinRa. Después se unirían el piloto Cid Highwind, el ex-Turco Vincent Valentine, la ladrona de Materia Yuffie Kisaragi, y Cait Sith, un robot manejado por Reeve Tuesti, el director del Departamento de Desarrollo Urbano, cuya misión era espiarlos, aunque después cambió de bando.
  Durante su viaje, Barret descubrió que Dyne seguía con vida. Estaba en la prisión de Corel por voluntad propia, de donde intentó sacarlo. Sin embargo, el que había sido su mejor amigo, ya no era más que una sombra del hombre que una vez fue. Atacó al propio Barret, y acabó suicidándose delante de él.
  Todo eso, sumado a la posterior muerte de Aeris, ha dejado marca en el corazón de Barret. Su arrojo y valor, y su amor por el Planeta, llevaron al grupo a la lucha contra ShinRa y posteriormente Sefirot. Barret fue la mecha que inició todo… pero también fue la mecha que provocó la muerte de gente inocente.
  Tras dejar a Marlene bajo la tutela de Cloud y Tifa, Barret inició un largo viaje por el mundo, en el que pretendía enterrar sus pecados del pasado, y buscar nuevas razones por las que seguir adelante. Un viaje de meditación.
  Durante el viaje, descubrió que ya nadie usaba energía Mako, esa energía extraída de la tierra, y que lentamente agotaba la vida del Planeta. El objetivo de Avalancha se había cumplido. Y, sin embargo, no se sentía feliz. ¿Qué lugar hay en el mundo para alguien que lleva años dedicándose exclusivamente a la guerra? ¿Cómo puede volver a la normalidad un hombre con una ametralladora injertada en el brazo?
  Barret visitó muchos lugares, incluyendo el pueblo del maestro artesano Sakaki, que fue quien fabricó su arma. Allí, tras presenciar la muerte de una niña por el Geostigma, llegó a la conclusión de que la gente que vive alejada de las grandes ciudades necesita mejores métodos de transporte. Es decir: aeronaves.
  Barret viajó a Ciudad Cohete, donde un grupo de científicos, incluyendo a Shera, estaban intentando buscar alternativas al Mako. Allí descubrió que Shera sufría de Geostigma, y que su novio, Cid, estaba construyendo un nuevo barco volador que sustituiría al Viento Fuerte. Barret le pidió que usara su nave para ayudar a los heridos de Geostigma, ante lo que Cid no pudo más que sorprenderse. Las naves voladoras usan energía Mako, y Barret era plenamente consciente de ello. Tantas muertes para acabar con el abuso de la energía del Planeta, y ahora él estaba pidiendo usarlo. Se sentía mal por ello, pues creía estar traicionando a Biggs, Wedge y Jessie, pero consideraba que utilizar una pequeña cantidad de Mako a cambio de salvar tantas vidas, era un precio que el Planeta estaría dispuesto a pagar.
  Sin embargo, para sorpresa de Barret, Shera ya estaba trabajando en recuperar una alternativa más moderna que el carbón, pero menos dañina para el Planeta que Mako: petróleo. Una energía que ya estaba siendo estudiada antes, pero que fue dejada de lado tras la irrupción del Mako. Shera recuperó todo el conocimiento previo sobre petróleo, y puso a trabajar las plataformas de extracción cercanas a Ciudad Cohete. Aún tenían mucho que avanzar, pero ya habían logrado hacer funcionar el motor del nuevo barco volador.
  Desde ese momento, Barret supo cuál era su objetivo: encontrar yacimientos de petróleo que permitieran a la tecnología avanzar, sin tener que recurrir a la energía Mako.
  Antes de regresar a Edge, Barret visitó a Sakaki para explicarle sus planes de futuro. Éste, viendo que el hombre por fin había dejado de lado sus ansias de combate, le regaló algo que había fabricado para él tiempo atrás: una prótesis que le permitía transformar su ametralladora en una mano plenamente funcional. De esta manera, nadie volvería a asustarse ante su presencia. Nadie… excepto los monstruos.

AC.05 – Aprendiendo a sonreír: Nanaki

  Los habitantes de Cañón Cosmo recibieron a Nanaki como un héroe. Día tras día se juntaban a escuchar las historias de sus viajes, y cómo él y sus amigos salvaron el mundo.
  Poco después, siguiendo los consejos que le diera su ya fallecido abuelo adoptivo, Bugenhagen, Nanaki volvió a iniciar un viaje. Pero esta vez no era un viaje para enfrentarse a nadie, sino de descubrimiento. Un viaje donde apreciar la belleza de la naturaleza y comprender mejor el mundo, para poder transmitir sus conocimientos a las futuras generaciones, pues la esperanza de vida de la raza de Nanaki es muy superior a la de casi cualquier otro ser vivo.
  Sin embargo, una vez que Nanaki se reencontró con la soledad, alejado de Cañón Cosmo, empezó a sentir algo en su corazón. Era como un agujero; un ente oscuro que se había aferrado a él, y se negaba a abandonarlo. Nanaki le puso nombre a esta sensación: Gilligan.
  Su primer destino fue Wutai, donde se reencontró con Yuffie. La chica estaba intentando sin éxito curar a Yuri, un amigo infectado de Geostigma. A Yuffie no parecía importarle la posibilidad de contagiarse en el proceso; su amabilidad sorprendió a Nanaki, quien se limitaba a observar, intentando aprender también de ello. Al fin y al cabo, las enfermedades y la muerte son una parte de la vida.
  Yuffie le pidió que, ya que planeaba viajar por el mundo, buscara una cura para el Geostigma. Quizá recopilar información era más efectivo que utilizar Materias una y otra vez, esperando que desaparecieran aquellas manchas negras provocadas por esa horrible enfermedad.
  Cuando Nanaki abandonó Wutai, sintió un miedo en su corazón que nunca antes había tenido. Era como el día que murió Bugenhagen, pero extendido a todo el mundo que conocía. Gilligan, la parte oscura de su corazón, parecía gritarle: “todos los humanos de Cañón Cosmo, así como los de Wutai, incluso la joven Yuffie, morirán en menos de un siglo. Y tú tendrás que soportar todas las pérdidas, pues vivirás mucho más”. Aunque Nanaki no quería pensar en que todos sus amigos iban a morir tarde o temprano, Gilligan no desaparecía de su corazón. El miedo, por mucho que tratara de ocultarlo, siempre existiría.
  Nanaki decidió viajar a Midgar, origen del Geostigma. El viaje prometía ser muy largo, y no se vería libre de incidentes. Mientras atravesaba un bosque cercano al Monte Nibel, descubrió a un niño siendo atacado por un oso. Nanaki rugió y se abalanzó sobre el oso, evitando que éste matara al niño. De pronto, un disparo alcanzó al oso, acabando con su vida. El cazador, padre del niño, también intentó matar a Nanaki, quien huyó de allí. Eso le hizo dudar: ¿de verdad había actuado del lado correcto? ¿Era el oso malo y los humanos buenos? Nanaki sabía que ese asunto no podía resumirse en “buenos y malos”. Aquel hombre únicamente quería comida para alimentar a su familia. Es ley de vida.
  Una vez, años atrás, Bugenhagen le explicó cuál era la diferencia entre animales y monstruos. Los animales matan para comer. Los monstruos simplemente matan.
  Cuando el cazador se marchó, Nanaki regresó junto al cadáver del animal… o lo que quedaba de él. Segundos después llegaron dos pequeños oseznos, que empezaron a posar sus pequeñas patas sobre el oso muerto, mientras le golpeaban con el hocico, intentando que despertara. Nanaki quiso convencerles de que su madre nunca despertaría, y de que se marcharan antes de que regresaran los humanos… pero ni él conocía el idioma de los osos, ni los oseznos el idioma humano.
  Nanaki agarró a uno de los pequeños y salió corriendo, procurando dar tiempo a su hermano para que los persiguiera. Cuando se detuvo en otro extremo del bosque, los dos oseznos se acurrucaron contra él con intención de dormir. Lejos de asustarse, le consideraban su nuevo protector. Nanaki sintió que se le encogía el corazón, y decidió que se ocuparía de ellos hasta que ambos pudieran independizarse.
  Nanaki enseñó a Pazu y Rin (así los llamó) cómo cazar, y cómo escapar de humanos. Ambas lecciones eran igual de importantes si querían sobrevivir. A medida que pasaban los días, su lado “bestia” iba ganando terreno a su lado “humano”. El cariño que cogió a Pazu y Rin no hizo más que alimentar el miedo que daba vida a Gilligan.
  Una noche, el sonido de disparos despertó a Nanaki. Al no ver a Pazu y Rin a su lado, salió corriendo, asustado, siguiendo su rastro. Nanaki ya conocía aquel bosque como la palma de su pata, así que tardó poco en encontrar a los dos osos. Estaban en un pueblo fuera del bosque, junto a una hoguera, colgando de sendos palos horizontales. Los humanos a su alrededor parecían estar celebrando una fiesta. Nanaki rugió y corrió hacia ellos, pero un disparo le alcanzó, haciéndole perder el conocimiento.
  Cuando despertó, Nanaki estaba dentro de una habitación. No habían sido los cazadores quienes le habían disparado, sino su amigo Vincent, para evitar un mal mayor. Nanaki no podía recordarlo, pero Vincent aseguraba que había estado a punto de arrancar el cuello a un hombre mientras su hijo, entre lágrimas, suplicaba clemencia. Si él no hubiera estado allí para detenerlo…
  Nanaki contó a Vincent todo por lo que había pasado, y como Gilligan se hacía cada vez más grande en su interior. El ex-Turco identificó aquel problema rápidamente: lo que le daba miedo no era únicamente la pérdida de amigos, sino la soledad. Algún día no le quedaría nadie.
  Sin embargo, eso no era del todo correcto. Vincent le recordó que él mismo era inmortal debido a los experimentos de Hojo, por lo que no sólo sobreviviría a todos sus conocidos, sino que también viviría más que el propio Nanaki. Ambos acordaron reunirse una vez cada año, para que Nanaki supiera que siempre tendría alguien en quien confiar.
  Además, Vincent le recordó que sus amigos no eran las únicas personas que podían estar a su lado. Quizá algún día Nanaki tuviera hijos. Por lo tanto, aunque era normal sentir tristeza sabiendo que en unos años perdería a casi todos sus conocidos, también era cierto que jamás estaría solo. Gilligan había perdido la batalla.

AC.06 – Aprendiendo a sonreír: Yuffie

  Yuffie se unió al grupo con un único objetivo en mente: robar toda su Materia. A sus dieciséis años, alejada de las enseñanzas de su padre, seguía siendo una chica inmadura, pese a que sabía buscarse la vida perfectamente por sí misma.
  El viaje junto a Cloud y compañía la hizo cambiar. Ahora era una chica mucho más preocupada por los demás y dispuesta a ayudar a los necesitados. Pero, en cuanto a la Materia, no había cambiado nada.
  Tras derrotar a Sefirot, las Materias habían dejado de ser necesarias. Cuando Barret preguntó al grupo qué harían con ellas, Yuffie no tardó en solicitar que se las entregaran. Cloud aceptó, aunque con una condición: le regalaban toda la Materia… pero sería Cloud quien la guardara. La única que le permitirían llevarse, por el momento, era la Materia curativa. Yuffie aceptó, convirtiéndose así en la persona con más Materia de todo el Planeta.
  Cuando regresó a Wutai, no podía sentirse más orgullosa. Había salvado el mundo y tenía los bolsillos llenos. ¿Qué más podía pedir la joven ninja?
  Durante todo el viaje de regreso, repasó mentalmente las historias que contaría a todos sus vecinos. Cómo se enfrentaron a ShinRa y a Sefirot, para finalmente detener Meteorito con la ayuda de la Corriente Vital. Esperaba que Wutai montara una fiesta en su honor, y todos le agradecieran sus actos.
  Nada de eso ocurrió.
  Wutai había sufrido el efecto de la Corriente Vital desbocada que detuvo a Meteorito. Muchos edificios sufrieron daños, y algunos de sus habitantes estaban contagiados de Geostigma. Habían sufrido con la solución, y habían estado a punto de sufrir con el problema. Un problema causado por la gente del este, que vivía obsesionada con la energía Mako. Un problema de ShinRa y de Soldier. Un problema de la gente con la que Yuffie se juntaba. Ella había sido parte del problema y de la solución; ambas cosas negativas para Wutai.
  Godo, el padre de Yuffie, le sugirió que no hablara a nadie de lo ocurrido, pues nadie se lo agradecería. Como mucho, se lo echarían en cara. Era mejor que se limitara a callar y trabajar; tenían una ciudad que reparar, y mucha gente a la que curar. Ella, cargada de Materias de curación, podía ser muy útil en ese aspecto.
  Sólo había una persona que no culpaba a Yuffie, y que seguía viéndola como una amiga: Yuri, un chico con el que jugaba cuando era pequeña, y cuya madre estaba enferma de Geostigma.
  Yuffie y Yuri pasaron los días siguientes investigando aquella enfermedad, y llegaron a dos conclusiones: que no se producían contagios entre personas, y que sólo afectaba a gente que creía que iba a morir en poco tiempo. El propio Yuri se contagió de Geostigma al estar a punto de morir ahogado en agua de color negro, mientras ambos exploraban una cueva en busca de nueva Materia que hiciera desaparecer el Geostigma.
  Yuffie dedicó los meses siguientes a tratar a los heridos y buscar la cura. Cuanto más tiempo pasara, más casos de Geostigma habrían, pues la gente tendría miedo de contagiarse y morir… e, irónicamente, eso es lo que podía hacer que se contagiaran.
  La madre Yuri murió poco después, y era cuestión de tiempo que el chico y los demás afectados, que cada vez eran más, sufrieran un idéntico final. Yuffie se había convertido en la única esperanza de la gente de Wutai. Y, para ello, debía encontrar una Materia capaz de curar el Geostigma…
  Pese a todos los cambios en su vida, Yuffie no había cambiado: seguía siendo una cazadora de Materia.

AC.07 – Aprendiendo a sonreír: Denzel

  A sus diez años de edad, Denzel estaba deseando unirse a la WRO (World Regenesis Organization), un ejército cuya principal tarea es la reconstrucción y protección del Planeta. Aunque pensaba que lo rechazarían a las primeras de cambio, el líder de la WRO en persona, Reeve Tuesti, aceptó concederle una entrevista en un bar de Edge.
  Antes de tomar la decisión de permitirle unirse a la WRO, Reeve le pidió que le contara cosas sobre su pasado. Denzel aceptó sin dudarlo.

  Denzel vivía en el Sector 7 de la parte superior de Midgar, encima de la placa que estaba situada sobre los suburbios. Su padre se llamaba Abel, y su madre Chloe.
  Abel, que trabajaba para ShinRa, acababa de ser ascendido, lo que significaba que pronto podrían trasladarse a una residencia para altos cargos, en una zona adinerada del Sector 5. Sin embargo, antes de que llegara ese día, algo horrible ocurrió. Abel regresó antes del trabajo, con visible nerviosismo.
  —Tenemos que irnos ya al Sector 5. Los terroristas que destruyeron el primer reactor de Mako planean hundir el Sector 7.
  —Tenemos que avisar a nuestros vecinos —respondió Chloe, asustada.
  —No hay tiempo. Además, es información privada de ShinRa.
  Chloe, enfadada con al actitud de su marido, decidió actuar por su cuenta. Abel intentó detenerla, pero no podía dejar solo a Denzel. Pensó en dejar al niño en la residencia del Sector 5 y después regresar a por Chloe, pero no hizo falta: a mitad de camino se encontró con Arkham, uno de sus trabajadores.
  —Señor, dese prisa —dijo Arkham—. Los Turcos ya están preparando las bombas.
  Denzel no entendió ese comentario. ¿Los Turcos? ¿No era el grupo terrorista Avalancha quien iba a volar el Sector 7? ¿Acaso los Turcos trabajaban para Avalancha?
  —Por favor, lleva a mi hijo a la residencia 38 de ShinRa, en el Sector 5. Tengo que buscar a mi mujer.
  —De acuerdo, señor.
  Abel entregó la llave a Arkham y corrió de vuelta hacia el Sector 7. El joven trabajador llevó a Denzel hasta su nuevo hogar, donde ambos se sentaron a ver la televisión. Las imágenes mostraban un Sector 7 totalmente arrasado. La placa superior había caído sobre los suburbios, matando a todos los que estaban allí.
  Ése fue el momento en que, entre gritos y lágrimas, Denzel decidió que algún día se vengaría de Avalancha.
  Días después, Denzel, ya más calmado, estaba paseando por las residencias de ShinRa en el Sector 5. Todas ellas parecían abandonadas. Las ventanas estaban cerradas, y no se veía luz dentro. Denzel encontró una maqueta de una nave de ShinRa tirada en el suelo. La recogió para observarla, y después la arrojó contra la ventana de una de las residencias, lleno de rabia… con la mala suerte de que ésa no estaba abandonada.
  Cuando la anciana que allí vivía salió a la calle, Denzel no pudo hacer otra cosa más que llorar. Ella, sintiendo más lástima que enojo, le invitó a pasar. Ruvi, que así se llamaba la anciana, le ofreció quedarse a vivir con ella, en la habitación de su hijo (que estaba vivo, pero ya no vivía allí).
  No tardaron en congeniar. Denzel cuidaba de Ruvi, y Ruvi cuidaba de Denzel. Fue toda una suerte que ambos se encontraran.
  Cuando Meteorito apareció en el cielo, ninguno de los dos se preocupó demasiado. Si el fin del mundo había llegado, lo esperarían viviendo tan felices y en paz como pudieran. Y, sobre todo, juntos.
  Poco después, el día llegó: Meteorito estaba sobre Midgar; toda la ciudad empezó a temblar. Intentando defenderse, el propio Planeta invocó la Corriente Vital, que se uniría a la magia Sagrado de Aeris para hacer frente al Meteorito. El problema era que la Corriente Vital arrasaba todo a su paso; muchas casas fueron destruidas, y muchos de sus habitantes murieron.
  Al observar la potente luz de la Corriente Vital, Ruvi recordó algo: el agujero que el chico había hecho en su ventana no estaba totalmente reparado (sólo parcheado), por lo que la magia de la Corriente Vital podría filtrarse por ahí. Tras obligar a Denzel a encerrarse en una habitación, la mujer trató de bloquear la ventana con su propio cuerpo. Sin embargo, la Corriente Vital era demasiado potente; Ruvi acabó por los suelos, siendo golpeada por aquella luz cargada de vida y muerte.
  Cuando todo pasó y Denzel salió de la habitación, descubrió que de la boca de la anciana emanaba una especie de agua negra. El chico, muy asustado, salió de su casa en busca de ayuda. En las calles del Sector 5 se encontró con un hombre llamado Gaskin. Él… le ayudó a enterrar a Ruvi.
  Denzel se marchó de allí con Gaskin y muchos otros. Midgar ya no era un lugar habitable. Muchos habían muerto, y otros muchos morirían por el camino. Más y más infectados aparecían cada día que pasaban en las calles de Midgar. Entre todos, decidieron que utilizarían los restos de Midgar para construir una nueva ciudad en uno de sus extremos. A esta ciudad de esperanza la llamaron Edge.
  Denzel y otros niños se ocupaban de buscar materiales en las ruinas del Sector 7. Todos eran huérfanos, y tenían que buscarse la vida por su cuenta, especialmente tras la muerte de Gaskin por Geostigma. Al principio las cosas iban bien, pero poco a poco fueron bajando en número. Algunos niños murieron; otros simplemente dejaron de acudir al Sector 7. Al final, Denzel se quedó solo, sin dinero y sin comida.
  Decidió recorrer otros sectores en busca de algo útil, y fue entonces cuando encontró una moto aparcada en la puerta de una iglesia. La moto no le interesaba, pero sí el teléfono móvil que colgaba sobre el manillar. Llamó a todos los teléfonos que conocía, pero ninguno estaba operativo. Finalmente decidió llamar al último número que aparecía en la lista de llamadas. Era el número de Tifa.
  Denzel intentó contarle su situación, pero un repentino dolor de cabeza le hizo tambalearse. Notaba la frente llena de sudor. Cuando se pasó la mano para limpiarse, pudo comprobar que aquello no era sudor, sino agua negra.

  —No recuerdo qué pasó después de eso —explicó a Reeve—. Cuando me recuperé, estaba tumbado en una cama. Tifa y Marlene me estaban cuidado. Estoy vivo gracias a mucha gente. Ellas dos, Cloud, mis padres, Ruvi, Gaskin… Quiero convertirme en alguien como ellos. Por eso, por favor, déjame unirme a la WRO.
  —Lo siento, pero la WRO no admite niños.
  —¿Qué? —Denzel estaba perplejo y algo enfadado—. ¿Entonces por qué me estás entrevistando?
  —Necesitaba escuchar tu historia. Además, quería darte las gracias.
  —¿…Por qué?
  —Por haber estado al lado de mi madre hasta el último momento.

AC.08 – El hombre de la silla de ruedas

  Ya hemos visto qué ha sido de algunos personajes en estos dos últimos años. Ahora toca regresar al presente.
  Tras su enfrentamiento con los tres hombres de pelo plateado, Cloud se dirige a Healen Lodge, sanatorio utilizado por ShinRa para tratar el Geostigma. Tifa le dejó un mensaje de voz, comunicándole que Reno había llamado al bar para pedirle que acudiera allí de inmediato. Cloud aceptó, intrigado por saber qué podían querer los Turcos de él.
  La puerta de Healen Lodge está abierta, invitándole a pasar. Sin embargo, dentro no lo reciben con los brazos abiertos: Reno intenta golpearle con su vara, pero Cloud bloquea el primer golpe con su espada y esquiva el segundo. Reno parece satisfecho con eso; no tiene intención de seguir combatiendo.
  Un segundo Turco entra en la sala: Ruda. Va acompañado de un hombre en silla de ruedas, con todo el cuerpo cubierto por una sábana.
  —Tus habilidades están al nivel del Soldier que pretendías ser. No has perdido facultades.
  —¿Eres Rufus? —Cloud ha reconocido su voz—. La suerte no te sonríe.
  —El día de la explosión, yo…
  —¿Qué quieres de mí? —lo interrumpe, dejando claro que no está allí para charlar.
  —Necesitamos tu ayuda. ShinRa tiene una deuda con el Planeta; somos conscientes de que nuestra compañía es la responsable de gran parte de las penurias que sufre este mundo. Por esa razón, ahora debemos redimirnos —Rufus hace una pausa—. Después de dos años, el Planeta parece recuperarse, pero debemos enfrentarnos a una nueva amenaza: el Geostigma. Y tenemos razones para pensar que Sefirot es el responsable. La población culpa a la energía Mago, a los reactores, e incluso a la Corriente Vital de causar el Geostigma. Sin embargo, parece obvio que se equivocan, ¿no crees? La Corriente Vital es tan antigua como el Planeta. La energía Mako ha sido parte de nuestras vidas desde hace cuarenta años. Y hasta ahora no ha habido ni una sola mención al Geostigma en los libros de historia. Entonces, ¿qué es lo que ha sucedido en nuestro tiempo para que todo eso cambie? Sólo puedo pensar en una cosa: la llegada de Sefirot.
  —Sefirot está muerto.
  —Sí, pero ¿ha muerto su voluntad? ¿Y si se hubiera unido a la Corriente Vital y pudiera viajar por ella? Por supuesto, sólo son especulaciones… pero es posible, ¿no? No podemos curar el Geostigma hasta que sepamos la verdad, así que estamos buscando rastros de Sefirot. ¿Imaginas por dónde empezamos?
  —¡El Cráter del Norte! —responde Reno, impaciente ante el silencio de Cloud.
  —No hemos encontrado nada, puedes estar tranquilo. Sin embargo, surgió un imprevisto. Fuimos atacados por Kadaj y sus secuaces.
  —¿Kadaj…? —pregunta Cloud.
  —También irán a por ti, si es que no lo han hecho ya…
  —No me metáis en esto.
  —Los vínculos que tienes con Sefirot son tan profundos como los nuestros. Si el propósito de Kadaj es prepararse para el momento, nosotros seremos su mayor amenaza.
  —¿Qué momento?
  —La resurrección de Sefirot. Pero vayamos al grano: para luchar contra Kadaj necesitamos a alguien con tu experiencia. ¿Te unirás a nosotros? Al fin y al cabo eres un ex-Soldier.
  —Olvídalo. Por cierto, ¿quién es esa “Madre” de la que hablan?
  —¿Por qué lo preguntas? ¿Te ha dicho algo Kadaj?
  —Rufus, si estás ocultando algo…
  —Nunca escondería información ante un camarada. ¿Acaso no quieres aprender todo sobre el Geostigma para ayudar a esos huérfanos con los que vives? ¿No quieres volver a verlos sonreír? Nuestro único propósito es sanar el mundo, Cloud.
  —Yo…
  —¡Venga, Cloud! —insiste Reno—. ¡Será el resurgir de ShinRa!
  —No me interesa.
  Cloud se marcha, negándose a participar en algo que tenga que ver con la reconstrucción de aquella compañía. Si Reno no hubiera abierto la boca…

AC.09 – Aprendiendo a sonreír: Rufus

  Al igual que Tseng, Rufus es un personaje al que creíamos muerto. On the Way to a Smile nos ofrece una explicación para este asunto:
  La relación de Rufus con su padre, el Presidente ShinRa, nunca había sido buena. Tuvieron sus más y sus menos en vida, y no lloró su muerte. Aceptó su puesto convencido de poder convertir la empresa en algo mucho mejor. Sin embargo, todo eso se acabó cuando Arma Diamante voló por los aires el despacho de Rufus… con él dentro.
  Cuando Rufus tenía cinco años, su padre le mostró unos planos del despacho que estaba siendo construido en la planta 70 del edificio ShinRa. Era la oficina del Presidente, que, aunque su padre tenía dudas, algún día sería suya. Viendo la estructura mostrada en aquellos papeles, Rufus se dio cuenta de una cosa: quizá era buena idea construir una trampilla de escape secreta, por si algún día alguien atacaba al Presidente. Su padre rió, considerando aquella idea realmente estúpida. Él nunca pensaba escapar; tampoco es que creyera que fuera a ser necesario estando en un lugar tan bien protegido.
  Sin embargo, ordenó a los constructores seguir el plan de su hijo. Debían añadir una trampilla bajo el escritorio, con una letra “P” dibujada, para que el “perdedor” se acordara de él si alguna vez se veía en la obligación de huir a través de ella.
  Años después, cuando Rufus vio aquella “P”, no pudo evitar reír. Su padre lo consideraba un perdedor, pero ahora eso no importaba, pues su padre estaba muerto. Lo único que importaba era que, gracias a la trampilla que él mismo ideó con cinco años, pudo ponerse a salvo del ataque de Arma Diamante.
  Rufus sobrevivió, pero no salió indemne. Fueron los Turcos quienes lo rescataron y llevaron en secreto a Kalm, donde podría recuperarse sin ser molestado. Tseng, Reno, Ruda y Elena eran los únicos que sabían que su presidente estaba allí, recuperándose, postrado en una silla de ruedas durante meses, quizá años…
  Pero estaba vivo. Y mientras Rufus siguiera con vida, ShinRa también lo estaría.
  Tiempo después, Rufus se sumó a la larga lista de personas contagiadas por el Geostigma. Buscando una cura, descubrió un dato revelador: la enfermedad podía estar relacionada con Jénova. Sus células se habían mezclado con la Corriente Vital, creando una especie de veneno para los seres humanos.
  Tras estudiar el asunto a fondo, Rufus ordenó a los Turcos viajar al Cráter del Norte.

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