El peor mejor trabajo del mundo

Hace dos días se cumplió un año desde la publicación de mi primer libro… y hace una semana publiqué el decimosexto. Una pasada, lo sé. Con algo de trampa, eso sí, ya que tenía varios de ellos escritos de antemano.

El caso es que, después de dejarme los ojos en la pantalla del ordenador escribiendo dieciséis libros, y sin dejar de lado los artículos sobre videojuegos, quería hablaros un poco sobre cómo es esta bonita profesión desde dentro, centrándome en las novelas, que no dejan de ser lo más importante, aunque den mucho menos dinero que las guías argumentales…

Y el primer día, el hombre se convirtió en Dios

Ser escritor es maravilloso. La libertad creativa que tenemos no se compara con la de ningún otro trabajo, ya que no estamos limitados por absolutamente nada. No hay normas que cumplir (aunque cumplirlas suele ser el camino más sensato). Y es por eso que, para mí, uno de los mejores momentos de ser escritor, es el tiempo en que planeo la historia de la siguiente novela.

Me explico: un autor de novelas no se limita a contar algo; lo crea. No sólo posee ideas; las fabrica. De hecho, cuenta mucho más de lo que escribe (gracias a la imaginación del lector). Similitudes aparte, decir que una historia sin escribir es “una página en blanco” sería quedarse muy corto.
A mí se me pone la piel de gallina cuando pienso en las casi infinitas posibilidades que tengo de desarrollar una historia. No dejan de ocurrírseme ideas, y suelo ceñirme a ellas, pero tener esa sensación de que, en el universo que he creado (ya sea basándome en uno real o no), todo ocurre según las teclas que decido pulsar… es algo inexplicable.

Cuando escribo el primer capítulo de una novela, realmente lo único que estoy haciendo es apretar distintas partes de un teclado para modificar un archivo virtual en mi ordenador. Sin embargo, al leer ese capítulo, se ha creado un mundo, unos personajes, una trama…
Algo que minutos atrás no existía, ahora tiene forma. Las historias en las que el mundo fue creado en siete días quedaron anticuadas; ahora es posible fabricar un universo en una hora. Y es un universo que se puede compartir con los demás.

Dentro de todo el proceso creativo de una novela, mi parte favorita es el nacimiento y desarrollo de personajes. Es una forma de crear personas (especialmente para los que tenemos un estilo de escritura realista, menos enfocado a copiar otras historias típicas de ficción).

Pero crear un personaje no es etiquetarlo con “nombre”, “edad” o “aspecto”, ni escribir sus líneas de diálogo. No hay que entrar en su mente, sino ser su mente. No es como si estuviéramos poseyendo al personaje, sino todo lo contrario: la mente del personaje tiene que controlar el cuerpo del escritor.

Por eso hay que tener muy claro cómo es un personaje por dentro. No basta con la parte que se da a conocer al lector; debemos desarrollar su personalidad mucho más allá fuera de cámara. Porque si la única parte que el escritor tiene pensada de un personaje, es la parte que se muestra, ese personaje no es más que una caricatura.

La cantidad de protagonistas no cambia esto; siempre hay que tener cuidado. Si hay un único protagonista, y los demás son claros secundarios, centrarse únicamente en el principal puede hacer que los demás parezcan seres sin personalidad. Es por eso que digo que, por poco que se muestre en el libro, siempre procuro tener una base más grande detrás. A veces apuntado, otras sólo en mi cabeza.
Cuando hay muchos personajes principales, como es el caso de Zodion, la dificultad aumenta exponencialmente. Y es muy bonito ver cómo, con el tiempo, cuando un personaje se ha desarrollado lo suficiente, más que decidir lo que ese personaje va a decir, da la sensación de que es el propio personaje quien lo decide. Lo que meses atrás era “la nada”, ahora tiene libre albedrío. Es… como si lo que hubiera creado fuera una inteligencia artificial.

Quiero contaros una anécdota, que demuestra lo que ocurre cuando te implicas mucho con los personajes, y pasas decenas de horas siendo ellos.
Durante la creación de Zodion, en un capítulo de cierto personaje (“X”, para no spoilear), tenía que analizar una situación desde un nivel psicológico y emocional bastante profundo (porque en eso se basa la novela, vaya). Entonces, como os dije antes, no bastaba con escribir sus líneas de diálogo; tenía que meterme en el personaje, para conseguir que éste actuara de forma consecuente. No “¿cómo actuaría yo si fuera él?” sino “¿cómo actuaría él si fuera él?”.
El caso es que, no recuerdo por qué motivo, tuve que ir al médico uno de esos días. Una enfermera me preguntó mi nombre y edad, a lo que yo respondí inmediatamente, sin dudarlo. Sin embargo, segundos después noté algo raro. Tuve que sacar mi DNI, comprobar la fecha de nacimiento, y, con toda la vergüenza del mundo, confesar que me había equivocado en la edad. No me había pasado antes, pero os juro que es verdad: hasta que no miré el DNI no recordé mi edad. Le había dicho la de “X”.

Todo eso de “convertirse en Dios” a la hora de crear un mundo, y de poder ser los personajes, es la parte bonita. Todo lo demás, no lo es en absoluto.

Desde que me intento dedicar profesionalmente a la escritura, tengo la sensación de perder el tiempo cada vez que no estoy escribiendo. Tengo tantísimas ideas en mi cabeza, que no plasmarlas en papel me agobia. Por ello, he llegado a tirarme días enteros escribiendo, prácticamente desde que me levanto hasta que me acuesto. Si no hiciera descansos para salir a correr, ya me habría estallado la cabeza.
El tiempo que este trabajo tiene ocupada mi mente no es sólo el que paso escribiendo, sino prácticamente la totalidad del día. De todo se sacan ideas, porque el cerebro no deja de maquinar…

El móvil se ha vuelto un imprescindible en mi día a día. No para llamar ni para enviar mensajes, sino para apuntar todas las ideas que me vienen a la cabeza. La mayoría, como curiosidad, mientras duermo. Si no apunto esas ideas en el momento preciso de despertarme, desaparecen. Por eso: el móvil siempre a mano.
Lo que expliqué en el párrafo anterior también ocurre aquí: todo el tiempo que paso sin hacer nada, o haciendo cosas que no requieran concentración, lo dedico a pensar en cómo continuar tal o cual historia.

Por suerte, puedo dedicarme plenamente a ello. Esto calma el agobio. Irónico, que el agobio se produzca si no puedo trabajar, en vez de al revés…
Además, comparte un aspecto algo incómodo con otros sectores como el cine, la música o los videojuegos: da igual las horas que dediques a crear, porque todas ellas se cobran al mismo precio: 0€ la hora. Si tardas un año en escribir un libro, ese año ganarás 0€. 0€ la hora, 0€ el día, 0€ el mes, 0€ el año.
Por contra, después se gana dinero sin hacer nada. Al final lo ideal es que termines compensando el tiempo trabajado, pero hay que tener mucha motivación para arriesgarse a trabajar en algo que puede no tener beneficio alguno… e incluso producir pérdidas. Pero bueno, como ya digo, es algo que comparte con otros trabajos.

Lo que está claro es que es un trabajo antisocial. Ya de por sí la programación, campo en el que trabajaba antes, no era precisamente el campo más social del mundo… pero esto es peor, con mucha diferencia. En programación, por ejemplo, aunque tengas tu propio ordenador, puedes estar en una oficina rodeado de cien personas. Para escribir necesito completo silencio y soledad. Puede haber alguien cerca, pero que no interrumpa. Lo único que tengo que escuchar es la música… que, eso sí, es imprescindible. Del mismo modo que no puedo escribir con gente hablando, tampoco puedo escribir sin música. Y es también algo muy bonito, ver cómo la música que escucho a la hora de escribir puede condicionar la historia. Hay que ponerle una banda sonora apropiada. Una banda sonora que sólo escucha el escritor, pero que ahí está…

Yo lo llevo bastante bien, pero está claro que no todo el mundo puede permitirse recluirse de esta forma y conservar la cordura. Es un oficio de “soledad y amigos imaginarios”. Ponerse límites es imprescindible. Son más importantes los “límites máximos” que los “mínimos”, ya sea para tener vida social u otras aficiones que permitan descansar los ojos y la mente.

Con todo esto, tengo que decir que la experiencia del primer año ha sido muy positiva. La sensación de tener entre mis manos un libro que yo mismo he escrito… no: un mundo que yo mismo he creado, es algo casi mágico.
Ahora queda lo difícil: que la gente me dé una oportunidad, y acepte entrar en estos mundos… ¿Os apuntáis?

8 comments to El peor mejor trabajo del mundo

  • Alabaster

    Hola!
    Y dime, qué tipo de géneros tocas? Viendo durante años los jueguicos que te gustan apostaría por la fantasía épica o medieval o tipo ff7. O tocas de todo? Hasta temas filosóficos en plan blade runner?Compensa el escribir o necesitas como tu caso producir 16 libros para salir rentable?
    Un saludo de otro que se dedica a la programación y demás fauna.

    • Perderías la apuesta. Mis cuatro novelas actuales son muy diferentes entre sí, pero todas ellas están muy lejos de ser historias caballerescas o de fantasía.
      Suelo disfrutar más de historias lo más realistas posibles, donde el interés está más en los sucesos y en los personajes, así que ése es mi estilo. Resumir todo en una única descripción no es posible, porque, ya te digo, son cuatro novelas muy diferentes entre sí. En Zodion lo más importante es la psicología y la intriga, mientras que en Terrakalank lo son la filosofía, política y religión. Las otras dos son más ligeras: MictlanTV está más enfocada a la acción, e Ynys es de aventuras.
      Si hay algo que tienen en común es que no son historias “de héroes”, sino “de humanos”. Sobre todo de la parte oscura que todos tenemos. Vamos, lo que dije antes: realistas.

      Empezar a escribir no compensa en absoluto. Nadie me conoce, no tengo enchufe… ¿por qué iban a comprar mis libros? Eso hay que saberlo y seguir trabajando. Yo espero que algún día escribir novelas sea rentable para mí. De momento, no lo es. No he recuperado el dinero, menos aún el tiempo.
      Las guías argumentales, en cambio, producen beneficios desde el segundo mes. Por eso veo las guías como un producto a corto-medio plazo, y las novelas a largo plazo. La mejor publicidad de una novela es otra novela, así que no queda más que seguir trabajando, hacer tanta publicidad como se pueda, y esperar.

  • Iskander

    A pesar de que llevas más de 10 años escribiendo, supongo que ya habrás experimentado que escribir una novela (independientemente del tamaño) es mucho más difícil que escribir cientos de artículos.

    Te puedo asegurar que ya nos gustaría a muchos escritores que conozco y a mi mismo que nuestra primera novela hubiese tenido la calidad que tiene Zodion, siéntete muy satisfecho con ella.

    A mi Zodion no me gustó, (pero eso es otro tema). Llegará el día en el que consigas con un libro mucho más ingresos que con todas las guías argumentales y el resto de libros, y llegará sin que lo esperes. Sólo paciencia y ganas,porque talento tienes mucho, al menos mucho más que yo cuando empezaba en este mundillo.

    Como pequeño consejo (espero que le permitas esa licencia a alguien pequeño como soy yo) te diré que escribas todos los días aunque sólo sea unas líneas. Crear personajes es algo complejo, pero si has llegado a ese nivel de interioridad, no necesitas nada que yo pueda decirte.

    Cuidado con ciertas editoriales, sobretodo con cierta editorial que contrata a jóvenes promesas con un porcentaje altísimo por ventas,, y pone los libros a precios abusivos, quemando la reputación de ese escritor en su primer libro.

    Escribir es algo complejo y podría estar horas poniendo consejos y anécdotas mías y de otros compañeros que al igual que tú, tienen la necesidad de escribir, pero esto se haría demasiado largo. Este mundillo es difícil, pero paciencia y esfuerzo, eso nunca te va a fallar.

  • Xelux

    Me gusta esta reflexión que has escrito!

    Lo de que es un trabajo poco social es completamente cierto, pero no solo escribir, leer también es algo poco social, se disfruta solo, tu y el libro, nada más.

    Yo lo que tengo claro es que la calidad de tus novelas es muy alta, pueden gustar mas o menos, pero nadie nunca jamás podrá dudar de la calidad de lo que escribes.

    En fin, ganarte la vida con esto no debe ser facil, pero tampoco lo era cuando aguantabas a tus antiguas jefas (que siguen allí por lo que me cuentan…), tampoco es facil limpiar escaleras o cuidar niños, todos los trabajos tienen sus problemas, lo importante es la recompensa que te aporten, valen más 500€ al mes haciendo lo que te gusta (pongo cifra aleatoria) que 1500€ sufriendo sandeces.

    Sigue así!

  • Lázaro Oscuro

    Creo que entiendo bien a que te refieres cuando hablas de que la cabeza nunca deja de maquinar y de que hay que ponerse límites (aunque yo no soy escritor). En cierto sentido no sabría decir que es menos saludable, si parar o seguir.

    Lo que si se es que espero conseguir llegar tan lejos como tú ya lo has hecho. A veces una obra tarda mucho en emerger, y la perseverancia es lo único que la mantiene viva.

    Un placer leeros.

  • @Iskander: Gracias, aunque ha sido un mensaje un poco dual, y me ha dejado descolocado.

    Está claro que no hay comparación entre novelas y artículos… al igual que no hay color entre la satisfacción que producen ambas cosas. Si tuviera que elegir, me quedaría primero con las novelas, después con las guías argumentales, y finalmente con los artículos.
    Ojalá tengas razón y algún día también compensen más en lo económico. De todas formas, me gustaría seguir escribiendo ambas cosas, independientemente de los beneficios. Más que nada porque las guías argumentales combinan las dos aficiones: videojuegos y escritura. De hecho, al principio publicaba las guías sin cobrar por ello. Es otro tipo de satisfacción.

    Consejos aceptaré siempre, pero te aseguro que no necesito ponerme como objetivo “escribir unas líneas cada día”, sino todo lo contrario. Hay días en los que me cuesta hacer otra cosa que no sea escribir.

    Cualquier cosa que tengas que aportar será siempre bien recibida aquí. Que si tú dices que eres “alguien pequeño”, yo no lo soy menos.

    @Xelux: Totalmente de acuerdo, especialmente para gente sin mucho apego por lo material, como es mi caso.
    Está claro que todos los trabajos tienen sus cosas malas, y hay algunos infinitamente peores, pero creo que sus “cosas negativas” son más evidentes que en la escritura; por eso quería compartirlas.

    Por cierto, tu apoyo y el de tu madre (aunque no la conozca, pero a la que considero de mis primeras fans ) ha sido muy importante también. Si algún día hacen película de una novela mía, os invitaré al preestreno.

    @Lázaro: Lo ideal es el punto medio. Es decir, ni dedicar una cantidad tan exagerada como hago yo, ni “dejarlo para luego, que ahora no me apetece”. La cosa es que ahora estoy empezando, así que sé que tengo que dedicar el 100% de mi capacidad. A lo mejor en 10 años no lo necesito… y seguramente no pueda.
    Por eso sé que ningún otro año publicaré 16 libros (ni de lejos), pero sé que tampoco habrá años en blanco. Y si los hay, que sea porque me lo he ganado.

    Sinceramente, yo no creo haber llegado lejos en absolutamente nada. Todo el reconocimiento que he tenido (especialmente con las guías) espero que, cuando eche la vista atrás en unos años, me parezca poco.
    Suerte en lo que sea que te dedicas, que no es la escritura, pero no lo has concretado.

  • Xelux

    Mi madre terminó Zodion en… Poquisimos días, fue brutal.

    El dia que hagan pelis de alguna de tus novelas… Destrozaran el libro.

    Ojala ocurra porque te dara visibilidad, ganaras fans, muchos… Pero las pelis serán basura.

    • A todo el que bromea con la idea de “hacer película de Zodion” se lo digo: es una novela que no puede ser trasladada a otros formatos. Si lo hicieran, se perdería una de las claves de la historia…

      Las otras tres sí sería posible adaptarlas correctamente, aunque el respeto a la obra ya dependería del director.

      De Ynys me gustaría hacer una aventura gráfica.

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