Consecuencias

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“Es por eso que, aunque me haya divertido jugando, son mucho más llamativos sus fallos que sus aciertos. Aporta muy poco, tiene demasiados errores y cosas mejorables, y no aprovecha ninguna de sus buenas ideas.”

El redactor se planteó dar un “Suficiente” al juego que estaba terminando de analizar. ¿Hacía méritos suficientes para ello? ¿O quizá no se lo merecía, y debía darle un “Suspenso”? Quizá fuera lo más justo… o quizá fuera debido al cansancio del momento, o al enfado tras la derrota de su equipo de fútbol. Pero terminó optando por la última opción.

“Nota: Suspenso. Un juego nada recomendable.”

Y se fue a dormir.

Un año después

El redactor volvía a casa pasada la medianoche. De repente, notó que algo no iba bien. Se sentía observado.

—Eh, tú.

Una voz le sobresaltó. Al girarse, vio a un hombre de aspecto descuidado: ropa sucia, despeinado y con grandes ojeras. El olor a alcohol era evidente.

—Tranquilo, no quiero robarte ni hacerte nada.
—¿Qué quieres? —respondió el redactor, visiblemente nervioso.
—Tú no me conoces, pero yo a ti sí.
—¿…Papá?

La pregunta no tenía sentido, ya que el redactor conocía perfectamente a su padre. Le habían traicionado los nervios.

—No. Te conozco por la página web en la que escribes sobre videojuegos.
—¿Cómo me has reconocido?
—Bueno… Lo cierto es que llevo un tiempo buscándote. He investigado mucho.
—¿Y a qué se debe tanto interés?
—Tú… arruinaste mi vida.

El redactor no sabía cómo reaccionar a eso. ¿Cómo podía haber destrozado la vida de alguien a quien ni siquiera conocía?

—Te debes estar confundiendo. Yo…
—No. Te aseguro que no me confundo. Hoy, hace exactamente un año, analizaste un videojuego y le diste un “Suspenso”. ¿Lo recuerdas?
—Mmm… No, la verdad es que no. He dado muchos “Suspensos” como para acordarme de todos.
—Destrozaste mi vida, y ni siquiera te acuerdas de ello. Para ti es como matar una hormiga. Pero, ¿alguna vez te pusiste en el punto de vista de la hormiga?
—¿…Eh?
—Yo era parte de la pequeña compañía que desarrolló ese juego. Pusimos todos nuestros fondos en su creación. Y, entonces… con la publicación de tu análisis, todo el mundo renunció a comprarlo. Sin apenas ventas, vimos como toda nuestra compañía entraba en bancarrota. Sin dinero para seguir programando, ni para pagar el alquiler, y con dificultades para alimentar a nuestras familias. Hace un mes, tras caer en el alcoholismo por culpa de mi tremenda depresión, mi mujer me abandonó.

El redactor escuchaba en silencio. En parte, se sentía algo culpable. Pero, por otra parte…

—¿Y qué culpa tengo yo? Simplemente me limité a opinar.
—La gente se basa en las opiniones de los especialistas del sector. Poner una nota u otra puede cambiar brutalmente el mercado.
—Pero la gente no debería dar tanta importancia a la nota.
—¡Pero lo hacen!
—No deja de ser la opinión de una persona, y sobre gustos…
—¡Déjate de filosofía barata! Cuando una persona tiene poder, debe ser consecuente con él, asumir la responsabilidad…
—¿Qué quieres decir?
—No se puede juzgar un videojuego con tanta liviandad. No estás poniendo nota a las cinco, diez, veinte o doscientas horas que has dedicado a él. Estás poniendo nota a un trabajo de años. Estás poniendo nota a nuestras vidas.

Durante aquel último año, y antes del análisis que cambiaría para siempre la vida de aquel hombre desconocido, el redactor había suspendido muchos juegos. Estaba convencido de que todos ellos lo merecían. Algunos le dejaban pequeñas dudas por momentos; otros, ni las más mínimas. Confiaba en su propia honestidad. Y eso le llevó a envalentonarse:

—Si querías más nota, haber hecho un juego mejor.

El hombre metió la mano derecha bajo su chaqueta, y sacó una pistola.

—Has dicho que no me harías daño… —el redactor notaba cómo empezaba a sudar.
—Puedo cambiar de opinión, igual que tú cambias las vidas de muchas personas en un segundo. “Aprobado” o “Suspenso”. “Disparar” o “No disparar”.
—…
—¿Es que no lo entiendes? —el hombre se sujetó la frente con su mano libre— Los analistas os creéis dioses, capaces de juzgar todo, como si tuvierais una especie de… omnisapiencia. Y, para demostrar lo mucho que sabéis, tenéis que ser muy estrictos. Mejor dicho: muy crueles. Dando palos demostráis vuestra superioridad intelectual, ¿verdad? “Puede que esto sea bueno… ¡pero no es lo suficiente bueno para mí! ¡Necesito más y mejor!”
—No es verdad. Siempre intento ser justo. Lo que pasa es que muchos os conformáis con hacer lo primero que se os pasa por la cabeza… No os exigís un mínimo de calidad. Es como si yo hiciera un libro con mis análisis y exigiera a la gente que le diera buena nota, por todo el trabajo que hay detrás.
—Cállate…
—Lo único que demostraría es que sé hacer “un libro”. Eso no significa que sepa hacer “un buen libro”. En los videojuegos, hay gente que parece que se conforma con que se pueda mover al muñeco para sentirse atraído por el juego en cuestión. Da igual el resto, da igual si copia… De hecho, se suelen criticar los videojuegos con muchas cinemáticas. Eso demuestra que, para mucha gente, los videojuegos son juguetes. Y, entre esa gente, os encontráis algunos de los creadores. Sí, ya recuerdo tu juego. Era un plataformas insulso, de mecánica anticuada, del que no se podía decir nada más allá de “es entretenido para un par de horas”. ¡Si he conseguido que mucha gente se libre de perder el tiempo con él, eso es algo que deberían agradecerme!

El hombre, muy enfadado, extendió su brazo derecho, apuntando con la pistola a la cabeza del redactor. Puso el dedo índice sobre el gatillo… y lo apretó.

—…
—…
—…
—…

Pese a tener balas en el cargador, la pistola no había disparado. Se había atascado. El hombre cerró los ojos y bajó el brazo. El redactor miraba, impasible, debatiéndose entre atacar o salir corriendo. Pero ahora el peligro parecía haber pasado.

—Cálmate, por favor…
—… —el hombre apretaba el puño izquierdo.
—Entrégame el arma antes de que nos hagas daño a uno de los dos…

Lentamente, el redactor se acercó al hombre desaliñado. Puso su mano sobre la pisola y tiró de ella, sin que el hombre se resistiera. Entonces, retrocedió un par de pasos.

—Tienes razón —dijo el hombre—. ¿En qué me he convertido…?
—No importa. Entiendo tu sufrimiento, pero no debes pagarlo con los demás. Tú mismo lo has dicho: cada uno debe asumir las consecuencias de sus actos. Si tu juego ha fracasado, es únicamente responsabilidad tuya.
—…
—No te vengas abajo. Aún puedes remendar tus errores.
—¿… Tú crees?
—Claro que sí. Busca otro trabajo, recupera a tu mujer…
—Saldré de ésta. Por supuesto que saldré de ésta. Quizá sea difícil, pero reuniré a mi antiguo equipo, sacaremos dinero de donde sea, aunque tengamos que pedírselo de rodillas a nuestras familias… ¡Crearemos la segunda parte del videojuego!

¡BANG! El cañón de la pistola desprendía humo, mientras todo en la calle era silencio. El hombre miró al cielo. Estaba totalmente despejado, y la noche dejaba ver un tapiz lleno de estrellas. Entonces, cayó de rodillas. Su pecho había empezado a sangrar.
El redactor se guardó la pistola en el bolsillo interior de la cazadora. Su cara no mostraba atisbos de emoción. Ni nervios, ni rabia, ni preocupación, ni miedo… Nada.

—¿Segunda parte? No si puedo evitarlo.
—Me has… disparado… —el hombre apenas tenía voz.
—Deja que te cuente un secreto: los analistas no tenemos ni una gota de empatía. Nos da absolutamente igual lo que os pase a los demás a raíz de nuestros análisis.
—…
—Cuando intentaste dispararme, el arma se atascó… y eso ha provocado tu fin. Dime: si tuvieras que opinar sobre esta pistola, ¿acaso no la criticarías lo más duramente posible? ¿O me vas a decir que te preocuparía algo la familia de su creador?

El hombre cayó de espaldas, y permaneció mirando al cielo, sintiendo el frío de la acera, hasta que los ojos se le cerraron para siempre. Así aprendería que nadie trata de joder a un analista. Consecuencias.

7 comments to Consecuencias

  • Gold-St

    Muy grande. Pero qué pasa con los fans que ven destruído el juego que les gustó por un redactor “omnisapiente”?

    La venganza es una espiral sin fondo…. (XD)

  • L

    Me ha matado el “… Papá?”

  • jShak

    Hombre me ha encantado.

    “Pero la gente no debería dar tanta
    importancia a la nota”… Ssshh que te tiras abajo el negocio de los “analistas profesionales” xD!

  • Nicolas Flamel

    ”Estos son malos tiempos, los hijos ya no obedecen a sus padres y todo el mundo quiere escribir libros desarrollar videojuegos” :O

    ¡Dios bendiga a los analistas sin empatia! :D

  • Muchas verdades todas juntas y mezcladas xD. Me quedo con lo de la “responsabilidad”. A mí no me gusta mucho hacer análisis precisamente por eso (U^_^)

  • cdchico

    Haz un corto con esto!! :D

    • Oye pues no estaría mal. Sólo me faltan una cámara, una persona que sepa manejarla, un segundo actor, habilidad interpretativa, una calle sin gente y una pistola. El guión y la cuenta de YouTube ya están hechos, queda lo más fácil xD.

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