Análisis: Mad Max

Meses después del estreno de Mad Max: Furia en la carretera, y otros tantos antes de llevarse seis Oscar (edición, diseño de vestuario, maquillaje, edición de sonido, mezcla de sonido y diseño de producción), Avalanche Studios supo aprovechar el tirón de la película para sacar un videojuego “basado en”, que no pretende representar fielmente la historia de la última peli, pero sí utilizar su ambientación para hacernos partícipes de la guerra por la supervivencia que libra un hombre apodado “el loco”, y al que, desde 2015, muchos asociarán por siempre con el actor Tom Hardy (para otros Mel Gibson, y para otros Kenshiro).

Historia

En un futuro apocalíptico, donde la humanidad está al borde de la extinción debido a la extrema escasez de agua, Max Rockatansky vive con una única cosa en mente: sobrevivir.
Los recuerdos de su mujer y su hija cada vez parecen más lejanos, así como su humanidad. Algo que tiene en común con el resto de supervivientes, casi todos convertidos en criminales, que pueblan los páramos de lo que años atrás era Australia.

El único amigo de Max es su coche. Pero ni siquiera eso le dura para siempre, pues Scrotus y sus hombres se cruzan en su camino, dejándolo herido, sin comida… y sin medio de transporte.
Por suerte, poco después conoce a un extraño hombre llamado Chumbucket, obsesionado con la mecánica, hasta el punto de que la considera su religión. Éste se ofrece a ayudar a Max, proporcionándole un nuevo vehículo y sirviéndole como mecánico, a cambio de que él le proteja de los grupos criminales. Un trato que beneficia a ambos, y que es el primer paso de la venganza de Max.

El Gran Blanco

Desde el taller de Chumbucket (dentro de un barco, ya que aquel desierto antes era un mar) hasta la Ciudad de la Gasolina, se extienden cinco territorios llenos de peligros, y fuertemente custodiados por los hombres de Scrotus de día, y por “los buitres” de noche.
La mayor parte del juego consiste en liberar cada zona de la presencia enemiga, ya sea capturando bases, desactivando minas, matando francotiradores o destruyendo sus convoyes. No es lo único que podemos hacer en los páramos, ya que hay otro tipo de misiones secundarias, como encontrar tesoros o realizar carreras, entre otras, que no tienen una utilidad argumental, pero aportan variedad jugable.

La parte buena es que, sólo con esto, tenemos para decenas de horas de juego. Todo lo opcional compone el mayor porcentaje de la aventura. La parte mala es que es tremendamente repetitivo. Excepto un par de misiones puntuales, basta con completar un subterritorio para haberlos visto todos (que, creo, son 17). Los demás consisten en repetir las mismas tareas exactas, una y otra vez. Y no sólo por el objetivo de las misiones, sino que hasta los jefes de los campamentos importantes son clones unos de otros, únicamente cambiando el color. Cuánto habría mejorado con un mínimo de dedicación en este aspecto…

Personalmente, he disfrutado mucho de todas las misiones, a pesar de su repetitividad. Podía haberlo dejado en cualquier momento, pero no he parado hasta desactivar todas las minas, saquear los muchísimos campamentos enemigos, etcétera. Esto le da cierto mérito, está claro, pero si no os gusta tanto como a mí, os recomiendo dar un poco de lado las tareas secundarias que no aportan nada, porque podéis agobiaros, y decidir en el último capítulo si queréis hacer todo o preferís dedicaros en exclusiva a la historia.

Magnum Opus

El coche de Chumbucket va a ser nuestro principal aliado, así que tenemos que cuidarlo bien. Además de procurar que no se rompa ni se acabe la gasolina, contamos con un montonazo de mejoras para aumentar su velocidad, resistencia, armamento, etcétera. Hay tantas que al principio resulta casi agobiante.
Lo normal es ir cambiando sus características en función de lo que vayamos a hacer. Por ejemplo, ponerle todo al máximo si vamos a combatir cuerpo a cuerpo (quiero decir: “coche a coche”) contra otros vehículos. Sin embargo, para atravesar zonas desérticas o ganar en carreras, puede ser mejor quitarle el blindaje, que da mucha defensa a cambio de aumentar notablemente el peso.

Los enemigos atacan como locos, así que el armamento es fundamental. Tenemos un gancho, con el que podemos desmembrar los vehículos, ya sea rompiéndoles defensas, para que nuestras embestidas hagan más daño, o sacándoles las ruedas, para que no nos puedan perseguir. También hay lanzas explosivas, lanzallamas, e incluso un rifle de francotirador. Excepto esto último, que tenemos que detenernos para usarlo, todo lo demás puede ser utilizado en marcha, ya que Chumbucket nos ayuda desde la parte trasera del coche. Es decir, que es él quien se ocupa del gancho y las lanzas, por lo que se podría decir que manejamos a ambos personajes al mismo tiempo. Y es la caña. A destacar las misiones de “interceptar el convoy”, que representan mejor que ninguna otra el espíritu Mad Max.

Además del Magnum Opus, podemos utilizar otros vehículos que robemos a los enemigos, de forma temporal si se lo acabamos de quitar, o de forma permanente si los llevamos hasta una de las bases aliadas, donde pasarán a formar parte de nuestra colección. Allí podemos elegir qué vehículo utilizar en cada momento; a destacar el buggy con un cubículo para llevar un perro, que nos ayuda a encontrar minas.

Locura

La ambientación es perfecta; es fácil sentirse dentro del universo Mad Max. La soledad de los páramos, la locura de todos (pero TODOS) sus habitantes, la bestialidad de un mundo sin ley…

Ponerse en la piel de Max no es sencillo, porque es una persona con la que resulta muy difícil identificarse, y que apenas abre la boca. Sin embargo, es fácil entender su forma de actuar. Herido (tanto físicamente como en el orgullo), despojado de sus pertenencias y sin familia ni amigos, le lleva a ser como es: medio loco y extremadamente brutal. En pocos títulos se justifica más la jugabilidad como en éste. Cada vez que embestimos a otro vehículo, que asaltamos un campamento para saquearlo, o que rompemos un hueso a alguien, no estamos “jugando haciendo el bestia”, sino, simplemente, “jugando haciendo de Max”.

No hace falta decir que es un juego sólo para adultos. Aunque es de esos que por mucha sangre que tengan no resultan desagradables ni un segundo, pero nunca está de más avisar. Creo que es el juego con más cadáveres mutilados por metro cuadrado que existe.

Los combates cuerpo a cuerpo sirven de ejemplo para eso que digo: “muy brutal pero no desagradable”. Los golpes son tremendos, y es muy habitual romper brazos, piernas y cuellos, a veces a cámara lenta, así como rajar gargantas con dagas (entre otras armas), o reventar las tripas a escopetazos. Sin embargo, podéis dejar jugar a vuestro hermano, sobrino o hijo pequeño, y os aseguro que no va a salir traumatizado.

La sociedad de Mad Max resumida en una fotografía

Conclusiones

El ambiente Mad Max está conseguido, y la jugabilidad me ha parecido muy entretenida. Da para muchas horas de juego, pese a su repetitividad.

Tiene cosas espectaculares, como las misiones de convoy, los combates cuerpo a cuerpo o las tormentas de arena. Muy superior a lo que esperaba de un juego “basado en una película”, sinceramente. Supongo que es gracias a que no es “basado en la película” sino “basado en el mundo de la película”.

Se echan en falta misiones distintas, y ya ni hablemos de una historia en condiciones. El final mola, pero, desde luego, 10 minutos de historia no compensan 70 horas de La Gran Nada.

Me da mucha pena no darle dos Cactilios, pero es que no se puede pasar por alto tamaña dejadez. Que sirva de tirón de orejas, porque lo han tenido al alcance de la mano y lo han dejado escapar. Si encontráis un Cactilio vagando por el desierto, decidle que no se aleje demasiado. Quizá aprendan de sus errores en una posible secuela, ya que la película tiene dos continuaciones confirmadas…

Lo mejor:
– Ambientación.
– Jugabilidad, tanto en coche como combates a pie.
– Brutalidad y espectacularidad al nivel esperado en Mad Max.

Lo peor:
– Historia casi nula.
– Misiones muy repetitivas.

(Versión analizada: PlayStation 4)

2 comments to Análisis: Mad Max

  • Lázaro Oscuro

    Estoy de acuerdo en todo. Y lo normal parece ser es que los juegos basados en una película sean una mierda, y los que hacen su interpretación salgan decentes. Lo terminaré en cuanto tenga algo donde ejecutarlo en condiciones, en lugar de mi tostadora 4000 xD

    PD: He terminado Inside, y tras meditarlo un rato (no demasiado) tengo que preguntartelo. ¿Lo tienes en tu lista de “pendientes para jugar”?

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